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«Anónimo» era una mujer

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Imagen obtenida de Pinterest

Durante estos primeros días de marzo nos encontramos celebrando la Semana de la Mujer, que alcanzará su culminación este viernes día 8. En Grupo Tierra Trivium queremos sumarnos a las aspiraciones y reivindicaciones por la igualdad entre hombres y mujeres con lo que mejor sabemos hacer, escribir. Nuestra humilde contribución de hoy será el homenaje a las mujeres escritoras que a lo largo de la historia debieron esconderse bajo el deshonroso disfraz de «anónimo».

«Durante la mayor parte de la historia, “Anónimo” era una mujer» es una de las más célebres citas de Virginia Woolf, una de las principales representantes del feminismo de las primeras décadas del siglo XX (aunque es posible que ella no fuera consciente de ello). Su pensamiento y su forma de escribir la convirtieron en fuente de inspiración y figura influyente para el movimiento sufragista y otros movimientos liberales y feministas. Woolf analizó y denunció en sus obras el uso de la violencia de hombres sobre mujeres para reprimirlas tanto de forma política como intelectual. En una de sus obras más importantes, Una habitación propia podemos encontrar otra de sus frases más conocidas, «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción», haciendo alusión a la necesidad de independencia económica de la mujer como premisa para alcanzar su autonomía vital y la liberación del yugo al que muchos varones y las estructuras patriarcales la mantienen sometida. Virginia Woolf es además una de la más firmes defensoras de la tesis de que debajo de «Anónimo» subyace una mujer.

El Lazarillo de Tormes, La epopeya de Gilgamesh, el Cantar de Mío Cid, el Romancero viejo o la mayoría de la literatura medieval artúrica son ejemplos de autoría anónima, y durante las últimas décadas se ha extendido la sospecha de que fueran escritas por mujeres, que decidieron ocultar sus nombres seguramente debido al temor (por otro lado, fundado) de que sus obras no fueran publicadas, adquiridas o leídas o al miedo a posibles represalias (familiares, económicas, sociales, incluso penales…).

Esta práctica no solamente tuvo lugar durante los siglos pertenecientes a la Edad Media o la Edad Moderna. Ya en nuestra época contemporánea podemos encontrar diversas obras publicadas como «Anónimo», algunas muy conocidas, de las que tenemos constancia que su autor era una mujer. En estos casos, los motivos para permanecer en el anonimato son muy variados. En algunos casos se trata de manuscritos encontrados tras la muerte de sus autoras, en cuya publicación sus herederos han decidido preservar su intimidad, muchas veces por expreso deseo de las fallecidas.

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Es el caso de Una mujer en Berlín, un estremecedor relato del fin de la Segunda Guerra Mundial que narra la entrada del Ejército Rojo en Berlín. Se publicó en 1944 de forma anónima para respetar la privacidad de su autora, que cuenta en primera persona las violaciones que sufrió por parte de soldados rusos. Aunque muchos especialistas han atribuido su escritura a la periodista Marta Hillers, la polémica sobre su verdadera autoría aún continúa viva. También ocurre con bastante frecuencia en la literatura erótica, como en La pasión de Mademoiselle S, una recopilación de cartas encontradas de forma casual en un desván, escritas entre 1928 y 1930 por una misteriosa mujer que firmaba como Simone, dirigidas a su amante Charles, un hombre más joven y casado, en la que expresa sus deseos y fantasías mientras se adentra en un mundo de placer físico que, con cada tabú que derriba, toma rumbos inesperados. No habría sido difícil averiguar su identidad (se puede deducir incluso de la lectura), pero se publicó como anónima por respeto a la intimidad de la autora.

Otro ejemplo reciente es Pregúntale a Alicia, el diario de una adolescente de los años setenta, que se ha convertido en un bestseller a lo largo de los años. A pesar de que se presentó originalmente como un diario verdadero, las dudas sobre su autenticidad han hecho que desde los años ochenta se catalogue como obra de ficción. Lo que sí se ha mantenido es su carácter anónimo, a pesar de que es conocido que su autora es Beatrice Sparks, terapeuta y consejera juvenil. Desde que en 1971 se publicara Pregúntale a Alicia, estos otros diarios también se publicaron como «autoría de un adolescente anónimo», siendo de conocimiento público que la mayoría fueron escritos por Beatrice Sparks: Diario de Jay (1978), Le sucedió a Nancy: Por una adolescente Anónimo (1994), Casi perdido: La verdadera historia de la vida de un adolescente anónimo en las calles (1996), El bebé de Annie: El Diario de Anónimo, una adolescente embarazada (1998), Amor Traicionero: El diario de una adolescente Anónimo (2000), Kim: Empatía Interior: El diario de una adolescente Anónimo (2002), Encontrar Katie: El Diario de Anónimo y A Teenager in Foster Care (2005).

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Uno de los casos de anonimato desvelado más conocidos es el de Jane Austen, que publicó Sentido y sensibilidad en 1861 bajo el nombre de de «by a Lady» (por una mujer). Este es un supuesto curioso, ya que está a medio camino entre el anonimato completo y el reconocimiento de que su autora era una mujer.

Junto a la anonimia, el otro método empleado por las mujeres escritoras a la hora de publicar sus obras es el uso de seudónimos masculinos, o el de los nombres de sus propios esposos. Podríamos aportar decenas de ejemplos de ambos casos, pero lo dejaremos para una próxima ocasión. Por el momento, recomendamos a nuestros lectores y lectoras el sugerente juego de releer con detenimiento alguno de los clásicos «anónimos» y buscar en ellos algún atisbo de su posible autoría femenina. Seguramente nunca llegaremos a confirmarla, pero, como a Virginia Woolf, nos gusta pensar que «Anónimo» era una mujer.