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Cima

Cima

cima

Alcanzar la cima de una montaña, ya sea pequeña o faraónica, para mí simboliza muchas cosas. Comprendo que nadie me ha subido en un helicóptero sino que lo he conseguido yo, con mi cadera reumática. Significa también dejar atrás muchos conflictos que ya se resolvieron y tengo que permitir que se olviden las malas emociones para que sobrevivan sus recuerdos más bellos. Representa que se acabó una etapa de mi vida y empieza una nueva con muchísima ilusión. Que toda la rabia y la culpa de un silencio que tardé en romper lo abandoné en lo alto de aquel precioso pico, y descendí con menos bagaje emocional. Para nada me parece que mi siguiente paso vaya “cuesta abajo y sin frenos”.

Siempre he tenido facilidad para vivir mirando más al pasado que al futuro, haciendo mis necesidades en el presente. Eso fue un tremendo error. Completar una cumbre con esfuerzo personal implica, entre otras muchas cosas, hincarle el diente y tragarme todo el dolor antes de que este me reviente.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

 

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En el Sur todo sabe mejor

En el Sur todo sabe mejor

en el Sur todo sabe mejor

La mejor manera de quitarte el estrés será robándote besos a hurtadillas cuando duermas. O descarados, cuando me sonrías a centímetros de distancia. Tal vez quedándonos en el sofá a deshoras, abrazadas, soñando. Quizá intentando masajear las cosquillas de tus pies mientras reímos sin parar. O puede que mis manos cambien los pies por todo el mapa de tu piel.

Quiero hacer contigo tanto como sea posible. Tanto como la Vida nos permita. Pero lo que gana es esa idea compartida de apagar los teléfonos, servir dos vinos y charlar hasta que el Amanecer nos diga que hemos pasado toda la noche entre risas, hablando sin cansarnos de todo y de nada, con caricias cómplices de nuestros dedos, con miradas traviesas que pedían a gritos los besos de piel, pero que la magia de una buena conversación nocturna ha podido con nosotras. Que el poder de tocarnos el Alma es la fuerza de la Naturaleza más robusta. Sin duda, en el Sur junto a ti todo sabe mucho mejor. En el Sur todo sale mejor.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Ríe risas verídicas

Ríe risas verídicas

ríe risas verdaderas

Ríe, amor. Al amanecer el Sol te muestra el camino a escoger.

Ríe, preciosa. Se acentúan tus ojitos y me enamoran de a poquito.

Ríe, linda. Ya suspiro yo por ti para que la pena no te vuelva a herir.

Ríe, hermosa. Llora de la risa, que las lágrimas te las guarde la brisa.

Ríe, cariño. Celebra las victorias, demasiado pocas son las glorias.

Apapáchate, mastúrbate, ámate, concédete, asómate, despídete, márchate, destiérrate, interésate, empéñate, cállate, exprésate, revélate, late.

Pero, sobre todo, DESTERNÍLLATE de risa, bella. Así, tu Corazón de oro refleja su profunda huella.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Oídos sordos

Oídos sordos

oídos sordos

Aunque haga oídos sordos, ya te adoraba antes incluso de saberlo yo misma. Aunque no quisieras escucharlo, yo te lo descubría con todas mis sonrisas. Aunque sé que no me estás esperando, yo sigo con los brazos abiertos, porque la vida da muchas vueltas. Y quién sabe si, al final, te decides a curar tus oídos sordos para poder escuchar mis “te quiero”, que he ido cobijando en cada rincón de la ciudad, con el paso del tiempo.

Y que no hace falta que me lo digas, porque yo no puedo parar de escribir, de escribirte. Si con ello logro abrazarte el corazón, a mí me basta para soportar la vida sin sentirme triste.

Cuando no sé de ti, a veces me gana mi lado suicida, pero solo con intención de matarme los miedos, los “es que” y los “pero…”, en caso de que regreses a mis días.

Y no volveré a quedarme muda de asombro, paralizada de terror, ante tu mirada brillante. Me armaré de valor para sincerarme contigo, aunque me suponga acabar con los pies por delante.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Idioma

Idioma

idioma

Querida amiga:

Ojalá algún día pudieras entender lo que intento recitar de la manera en que me hago menos daño(s). Para mí no es un trabajo. Es un idioma. Una lengua. La única lengua con la que nos podemos unir tú y yo. La única con la que alcanzamos a besarnos.

Ahora que he abierto los ojos para mirarte y después verte sin dar rodeos, a ser sincera primero con mi corazón y después contigo tachando los “pero”, yo no quería dejar pasar otra vez la oportunidad de cogerte de la mano y contarte a caricias un secreto. Te confesaré que mi insistencia por verte era para susurrarte cuánto me encanta tu dulzura y tu mala hostia. Tus bufidos de desesperación y los latidos esculpidos de tu corazón. Que aún ansío darte un beso en vez de dos a las tres de la mañana, que me muero por sanarme de la ausencia de tu cariño en la playa de Ojalá.

Escribir no es mi trabajo, es mi idioma. Mi forma de decir lo que hablando no me atrevo a descubrir. La manera en que me entiendes porque también escribes; porque también lloras cuando tus poemas te estrujan el alma sin compasión. Porque solo otra artista de las palabras puede intuir lo que pretendo desvelar así. Porque hablamos el mismo idioma. Y si ves que mi relato no te seduce, avísame que recojo los restos del cenicero y me voy a escribir bajo otro aguacero, a seguir desenredando en versos mis “te quiero”.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Este cariño maldito

Este cariño maldito

este cariño maldito

Te sueño constantemente, igual que una aficionada al sado. Como si disfrutase haciéndome daño a mí misma. Como si no fuera ya bastante cruel saber que es otra la que te despega las bragas, la que come de ti, la que te acompaña hasta el final. Otra con la que te sentirás feliz y no querrás saber de nadie más. Otra cuyo nombre explotará del fondo de tu garganta cuando disfrutes un orgasmo. Otra a la que acariciarás el pelo mientras la ves dormir. Otra que fue valiente y puede deleitarse con tu amor. Como si eso no fuera suficientemente cruel. Este cariño maldito, tan real como el mundo real.

 

Me cortejaste con los ideales que ilustrabas tras tu sonrisa eterna, embustera. Y yo me dejé engañar. Quedé atrapada en tus promesas, que no se sostenían por ningún lado. Tus palabras ocultaban un significado que no conseguí adivinar. Las mías también. Llegué a decirte “te quiero” con voz sorda para tus oídos, que se habían quedado mudos. Me alegro de que seas feliz. En realidad, no. Pero una de las dos tiene que serlo. Prefiero que seas tú.

 

Ahora que sigues tan lejos, todo sería más fácil para mí, si no le hubiera enseñado a mis canciones preferidas a acordarse de ti, a pincharme con sus acordes más agudos, a estrangularme un poco más fuerte cada vez que llega el estribillo. A vivir dentro de una contradicción que es un afecto condenado. Un cariño que, en vez de ser reconfortante, es embaucador y maldito.

 

© Sara Levesque

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8 de marzo

8 de marzo

8 de marzo

Hago mi lucha a través del Arte antes de que la absurda brutalidad te obligue a marcharte. Es el terreno que domino, el que se despliega en mi camino, donde al miedo arruino, donde mis colores no relucen albinos.

Cuido mis derechos a mi manera, lucho sin violencia por no caer en el silencio; será esta idea tan frágil como una quimera pero yo la toco, la presencio, me la agencio.

Aborrezco la política, no me gustan los debates. Prefiero la astucia metafísica bebiendo un buen par de mates.

No eres reina para que así alguien se adjudique el rol de consorte. Que nadie te endiñe el papel de bruja del Oeste o la loca del coño buscando su norte. No eres la reina de los corazones morados, no se trata de una partida de cartas. Eres el Corazón morado que reina sobre los interiores más desamparados cuando sus afiladas lenguas atacan.

Si tienes que ser reina que sea porque tu sonrisa gobierna a sus anchas por el descampado de las Almas sin Vida. Ten presente que yo desenvainaré mi lapicero para remendar con firme suavidad todas nuestras heridas.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Te escucho

Te escucho

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Eres como un vendaval arrollador pero discreto. Igual que un temporal lluvioso que guarda entre las gotas tus acordes en secreto. Como una ventisca a finales de julio del que llueve tu música y versos a la guitarra. A veces suaves y profundos, a veces con ira y eterna garra.

Yo prefiero arriesgarme por una vez en lugar de permanecer sin hacer nada. Empaparme con tus palabras cantadas mientras te enamoro con mi mirada. Y confesarte que estás más guapa recién levantada y toda despeinada. Que lo que más Amo de ti  es escucharte la sonrisa libre y destapada.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Mucho mejor, corazón

Mucho mejor, corazón

mucho mejor, corazón

Mi corazón se expresa mucho mejor después de destrozar el huevo, el cascarón. Alguna vez tenía que ser la primera, prefiero antes de que me muera. Río ahora sin parar, deseando abrazar lo que esté por llegar. Íbamos juntas por un trayecto inverso sorteando cada una su particular capítulo perverso, escondiendo idénticos anhelos por todo el universo.

Al final comprendimos lo que nos susurramos a miradas bajo la luna, con mi prosa lobuna aullando a tu melodía oportuna. Siempre que miro a la perla del refugio nocturno, rápido surgen las estrellas fugaces de turno. Y aprovecho para repetir sin parar el mismo deseo. “Ojalá sigamos compartiendo cualquier ciudad bajo nuestro propio cielo”.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letrras.

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El límite del horizonte

El límite del horizonte

el límite del horizonte

Escribo a lo lejano, al abrazo que nunca nos dimos porque nuestro destino es manco, a la Musa inalcanzable, al Amor imposible, a la traición de la razón… a tu Corazón.

Me atrae lo difícil. Mi Corazón no se excita si se lo dan todo hecho. Aun así, los obstáculos que pone la Vida en medio me sirven para aprender a escalar desde el nivel más básico, el de las propias conmociones. Esas que se esconden en el límite del horizonte y a las que, a diario, te expones. Las mismas que te provocan una frustración de cojones. Aquellas que no se resuelven discutiendo sino con acciones.  Acciones en las que te ves obligado a esforzarte y estirar todos los tendones aunque, en el intento, se te caigan los pantalones. Aunque se te queden sin aire los pulmones.

Nosotros somos los auténticos ladrones cuando nos dejamos robar todas las emociones.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.