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Uno, diez… Nosotras

Uno, diez… Nosotras

una detrás de otra

Un beso

repartido en dos tiempos.

Ni tres cenas a tu lado

ni más de cuatro(cientas) cervezas en el cuerpo,

lograron arrancar las cinco letras

que tardé seis años en decirte.

Ojalá los gatos me prestaran una de sus siete vidas

para trasnochar contigo aunque sean las ocho de la mañana,

suplicando que no te marches hasta las nueve de una noche muy lejana.

Y si lo haces, contaré hasta diez antes de echarte de menos.

 

Y yo le seguiré confesando al horizonte, como cada amanecer,

que no existe un número capaz de contar lo mucho que te llegué a querer.

© Sara Levesque 2019

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Ave del paraíso

Ave del paraíso

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Y entonces la vi. Una mujer diferente a las demás que me hechizaba porque no seguía el jodido guion. Con piernas tan eternas dentro de su pantalón verde tirando a marrón. Aparentaba una silueta angulosa desde lejos, apuñalando el suelo con sus zapatos de tacón. Sus cabellos cobrizos de seda natural, más esponjosos que el algodón, me hicieron creer que era la viva imagen de la pasión. De piel de raso tropical, quise esnifar su aroma por completo aunque, por defecto, me llevase un sonoro bofetón.

Su flor fue lo que más me enamoró. No era de las que se ponen en la solapa o tiesas en un jarrón. Una flor más dulce que el sabor de cualquier pezón. Una flor en la que, cuando hace calor, siempre apetece darse un chapuzón y, si el clima es frío desilusión, reconforta más que atiborrarse en la soledad devorando un bombón. De la que nunca te sacias y se lo expresas gimiendo a pleno pulmón. Aquella flor exótica entre su jardín sin corrupción brotaba brillando con cada lametón. Parecía estar en llamas y resultó ser ese tipo de luz que uno tanto ama sin pedir perdón.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Al revés (II)

Al revés (II)

abrazos desde el corazón - besos en verso - lo-cura

Si te asusta el matrimonio, ¿te quieres divorciar conmigo? ¿Quieres que digamos “no” a todo lo negativo? Vamos a deshacernos el amor, a ponerle un cinturón de castidad a nuestra pena. A asustarnos del rebose de fortuna con precaución y a no temer que las cosas puedan torcerse. A ser felices en los días más grises. Hagamos las tareas deprisa y también con calma y riámonos de lo que no es apropiado. Atrevámonos a bucear en un monte y, si no sabes cuál, yo te enseño a hacerlo en el de Venus.

Sobre todo, vamos a construir las cosas bien aunque empecemos por el tejado. Pero vamos a hacerlas de una vez.

© Sara Levesque 2019

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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El puto horizonte

el puto horizonte

El puto horizonte

“The Nose” impone.

Su perfil es enorme y poderoso. De lejos parece una gigantesca nariz. Una tocha infinita. La montaña más lisa, preciosa y peligrosa que he visto. Como tú. Con tu pelo liso, también eres preciosa. Y peligrosa. Como la montaña.

A solas en la explanada, decidimos tumbarnos sobre el césped. Frondoso. Mullido. Me hace recordar partes del cuerpo que no vienen a cuento.

Te miro de reojo. Tienes la vista alzada al cielo. Hacia el horizonte. El puto horizonte que tanto te gusta. Es tan eterno… el puto horizonte.

Quiero empezar la escalada, pero tu hipnótica figura me impide despegar los ojos de ti. Entonces, te giras y me besas. No me lo esperaba, a veces me desconciertas. Nos besamos. Sólo existen nuestros labios, y el deseo de ambas lenguas juguetonas. Toco tu camiseta turquesa, pensando que estarías mejor sin ella, queriendo de repente escalar tu peligrosidad en vez de la de la montaña.

“The Nose”, con su roca lisa, infinita hasta el puto horizonte, ha desaparecido.

Sin esperarlo, te separas y corres con los pantalones llenos de raquíticas briznas de hierba, a ponerte tu material, dispuesta a comenzar la ascensión. Tu impulsividad me deja perpleja. Una vez más. Te observo con la boca abierta, con cara de tonta.

Delante de mí, el azul de tu camiseta. Arriba, el azul del puto horizonte. Y tú, con el paisaje, si te desnudaras formarías el conjunto ideal para que Reverón te incluyera en su período azul.

Corres muy rápido. Saltas, vuelas, con esa encantadora forma de mirar al cielo con los brazos abiertos.

Adoro pillarte mirando el puto horizonte.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

 

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De ti aprendí

De ti aprendí

de ti aprendí

De ti aprendí que era mejor decir algo y quizá, quizá, obtener un “no”, que callar y vivir un silencio tras otro junto a un sinfín de suposiciones en preguntas sin respuesta. Que era mejor aprovechar a besarte cuando compartíamos la ciudad, que no poder abrazarte la boca en tu nueva localidad.

Y es que te guardo tan dentro de mí que ya no te alcanzo.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.