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Poesía sin títulos: Mujer y poesía

Esta semana Alberto Morate nos trae a unas cuantas poetas en Mujer y poesía, en un bonito homenaje a todas ellas, las que están y las que se perdieron en la memoria del tiempo.

Mujer y poesía

 Desde Dulcinea a Gloria Fuertes
siempre una sonrisa conspicua.
Muchas veces el cuarto de la plancha,
Rosalía de Castro bajo los laureles,
Alfonsina Storni y la espuma del mar que salpica a Pizarnik
mientras baila Frida.
 No quiero callarme decía María Teresa León
y sor Juana Inés no rezaba, escribía.
Gabriela Mistral enseñaba a Neruda recordando a Safo sin túnica ni zapatillas,
Silvia Plath que no quería hablar con Dios
y más tarde se rompía como campana de cristal
para que le cantara Violeta Parra con su guitarra,
posiblemente versos de Ernestina.
 Siempre su presencia a oscuras,
Concha Méndez proclama vivir libremente para ser poeta, actriz, pintora, o ama de casa,
pasear con Josefina, leer a Ángela, tener la sensibilidad de Blanca.
 Mujeres poetas que hablan, gritan y no descansan
aunque se llamen Macarena, Isabel o María.
 No puedo nombrarlas a todas,
a Olvido García Valdés, a Pardo Bazán, a Wallada,…
 Mujeres poetas que me señalan la luna,
que marcan mi camino,
que siempre me hablan,
que me dicen que no me crea nada,
que van un paso por delante,
y todas las que hoy me comparten su amistad
a través de poemas
aunque no me conozcan de nada.

Por Alberto Morate

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Rosa sobre blanco: Bella durmiente

Esta semana en Rosa sobre Blanco tenemos un nuevo poema de Rosa García Gasco con aires de cuento de hadas de una Bella durmiente en el siglo XXI.

Bella durmiente

 Despertaste en la ciudad
de la noche hecha de miles.
Veinte años arañados en la carne.
La casa olía a limpio y las cortinas
a soledad. Octubre
no venía acuoso como antes.
Por las aceras caminaban
dioses del inframundo, cucarachas,
cambios climáticos, efectos
invernaderos que abrazaban
una muerte pequeña en cada esquina.
 
Allí estaba tu figura hecha de puntos
suspensivos y goteras.
Al otro lado, pared por medio
un loco insulta a gritos a tu sombra.
Allí estaba la rutina, disfrazada
de guadaña o media luna.
Ya no estaba mi sonrisa de aspirante
a todo, ni aquel peinado
de niña bien con hoyuelos.
 
Pero estaba aquel aroma a madera tratada.
Estaban los cuadernos, cien, a medias.
Dedos cansados
que siguen mal el ritmo de un disco de rock sucio.
 
Luego, también estaba
la impresión de haber dormido
diez mil inviernos. 

Por Rosa García Gasco

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37º Latitud Norte: Tempestad sobre el escenario

Esta semana Rosa María Mateos nos lleva al teatro a ver una obra muy especial que seguro que os gusta.

Tempestad sobre el escenario

La compañía de teatro Maravillas era un auténtico guirigay. La actriz que hacía de Bernarda Alba, en la función de las ocho, estaba liada con el actor que encarnaba a don Juan Tenorio, en la función de las diez; la señora Abadesa de las Calatravas se entendía con Pepe el Romano, y entre doña Inés, la Poncia y las hijas de Bernarda Alba existía una relación abierta que ahora se conoce como «poliamor». El aroma pasional se podía respirar en los camerinos, donde proliferaban los besos de tornillo, los tocamientos pecaminosos, pellizcos en el trasero y una variedad de gestos y guiños en todas las direcciones. El director de la compañía se dejó influenciar por tanto delirio amoroso y comenzó a desvariar mezclando las dos obras al mismo tiempo.

Bernarda: Las mujeres en la iglesia no deben mirar a más hombre que
al oficiante, y a ése porque tiene faldas.
Don Juan:  ¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es

Unió a Lorca y Zorrilla con tal desenvoltura que los espectadores, en vez de protestar por el disparate, aplaudieron la osadía. El dueño del teatro prolongó varios meses el contrato y el patio de butacas se fue llenando — noche tras noche— desde las primeras filas de la platea hasta las últimas de los palcos. Los críticos dedicaron páginas de tinta a esta nueva forma de hacer teatro y la compañía Maravillas comenzó a salir en los suplementos culturales del domingo, con el reparto ataviado con ropa de postín y recitando banalidades a tutiplén.

Pero esta harmonía no tardó en resquebrajarse. Bernarda Alba empezó a verse en secreto con el padre de doña Inés, con el que retozaba a escondidas en el foso de la orquesta. La señora Abadesa se dejó seducir por uno de los tramoyistas, abandonando a Pepe el romano con una brevísima carta manuscrita: «id con Dios». En el grupo poliamoroso prendieron los celos, las revanchas y las envidias. Las puertas de los camerinos se cerraron con pestillos y entre bambalinas se escuchaban gritos, llantos e improperios. La chispa de la discordia prendió también en el espectáculo: los actores tomaron la iniciativa de modificar el guión a su antojo, colocando los versos y las frases más mordaces a destiempo.

Bernarda
Alba: ¡Qué pobreza la mía no tener un
rayo entre los dedos!
Don Juan:  ¡Por Satanás,
amor insano,
que no sé cómo he tenido
calma para haberte oído
sin asentarte la mano!

Todo estalló la noche que se esperaba a las autoridades en el palco. Nada más levantar el telón comenzó una batalla campal sobre el escenario. Hubo palos, zancadillas, tirones de pelos, puñetazos, collejas a dos manos y patadas con acrobacia. La Poncia perdió un par de dientes en la contienda y el Tenorio recibió un mordisco en la oreja de tal calibre, que dejó un reguero de sangre por el entablado. Las hijas de Bernarda Alba se arremangaron los vestidos negros hasta la cintura y comenzaron a soltar sopapos a diestro y siniestro. Para rematar, doña Inés se quitó la cofia de novicia y arrancó parte del escenario para estrellarlo contra el apuntador, que estaba intentando poner algo de calma desde la escotilla.

El director ya no estaba cuando sonó la ovación, ni fue testigo de los veinticinco minutos de gloria con el público en pie. Tampoco posó ante las cámaras con los representantes de la cultura, que se pavonearon de un país a la vanguardia. Al presenciar el cuarto zurriagazo, Agustín Valeriana tomó la decisión de regresar a la empresa familiar de colchones y almohadas «La Dormilona», que su padre había preservado con una dedicación enfermiza. Salió del teatro con lo puesto, dejando la petaca de orujo en una esquina del telón y los sueños de literato entre bastidores. En el tren reafirmó su iniciativa. Había representado a los más grandes, desde Calderón a Chejov, pasando por Lope y Molière. No quería pasar a la historia como el impulsor del reality show sobre el escenario.

No, de ninguna manera.

Y con el chacachá del tren, pensando cómo encaminar su vida buscando acomodo a los sueños de los demás, le salió la vena de dramaturgo. Saltó de un bote al pasillo, se agarró a los laterales del vagón y se puso a declamar como un poseso:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Por Rosa María Mateos

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Especial 25N en La Buhardilla de Tierra Trivium

El lunes pasado fue 25 de noviembre, uno de esos días cuya conmemoración nos recuerda que aún hay mucho por hacer y que podemos hacer más de lo que estamos haciendo. Se que mi aportación de hoy poco va a cambiar, pero cada gesto cuenta y más en estos tiempos en los que se están negando desde ciertos ámbitos la existencia de un problema estructural de violencia contra las mujeres por el simple hecho de haber nacido o sentirse mujeres.

Por eso hoy, en vez de una entrevista quiero recuperar un relato que escribí para la antología No me silencies, escúchame que se presentó el 25 de noviembre de 2016. Y sin enrollarme mucho más os dejo con Huellas Invisibles. Ojalá exista un día en el que no tengamos que añadir más victimas a esta larga lista.

Huellas invisibles

Vivo en otra ciudad, uso otro nombre, visto de otra forma, casi no tengo contacto con mi familia y mis antiguas amistades. Se que no hacía falta ser tan drástica, que el pasará unos años en prisión por lo que me hizo, y tanto me costó comprender y exteriorizar, pero sentía que no había otra forma de rehacer mi vida. Me equivocaba.

Ahora nadie sabe que me sucedió y aun así sigo notando su presencia. Siento que mi comportamiento no es natural, pero ya no recuerdo como era yo antes de que él entrase en mi vida. He intentado engañarme pensando que simplemente tenía que actuar de forma opuesta a como lo hacía con él, pero al final siento que estoy representando otro papel, que tampoco soy yo.

A veces, siento que ya no queda nada de mi personalidad, que soy una extraña para mí, y que la única forma de seguir adelante es comportándome como él me imponía. Me cuesta disfrutar de la lectura de una novela, sigo escondiéndolas en los sitios más inverosímiles e inventando excusas extrañas cuando alguna de mis escasas conquistas encuentra un libro dentro de una caja de galletas, escondido en el cesto de la ropa sucia… Me produce pánico ir de compras con las amigas, así que me invento planes inverosímiles para no ir, y cuando voy me cuesta mucho encontrar algo que me guste y no tenga miedo de ponerme. Entre esas y otras “excentricidades” me es muy difícil tener una relación que dure más de un par de citas. Hay veces que siento como las boicoteó de manera intencionada pienso que por miedo a que mi cita se convierta en él.

Hasta ahora no me he atrevido a contárselo a ninguno de ellos, no se si por miedo a que se piensen que soy una mujer débil o a que se queden conmigo por compasión. Precisamente esa compasión es la que más daño me ha hecho al normalizar situaciones que no lo eran, vejaciones de todo tipo y reforzando mi sumisión a él.

Debo romper este pacto de silencio que me he autoimpuesto ya que no me ha servido para evitar las depresiones periódicas, sentirme la causa de los males de mi alrededor, superar los repentinos cambios de carácter… Solo ha sido una constante huida hacia delante no me ha servido para nada más que para hacerme yo misma más daño del que él me hizo.

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Poesía sin títulos: Has dejado tu firma

Has dejado tu firma

 Has dejado tu firma
en mis sentidos
cuando pasabas la uña
por mis lunas.
Conseguiste que mi sangre
se agolpara en un punto fijo
y que mis gemidos
fueran un estribillo repetido.


Has abierto mi apetito,
mi sed de besos y caricias,
me has hecho sentirme
alguien querido.


Me has mostrado tus encantos
dejándome embelesado
y expuesto totalmente
a tus designios.


Me has desafiado
como poeta amante
diciéndome que en tu piel
podía escribir un manuscrito
y entonces, dentro de ti,
te he recitado el mejor verso,
y eso solo ha sido
el principio.

Por Alberto Morate

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Los cuentos del bardo: El beso de la sirena

Esta semana Josep Salvia Vidal nos deleita con un relato a la orilla del mar con ese olor tan característico a mar.

EL BESO DE LA SIRENA

Estoy delante del mar. Es tan azul, tan ancho y tan grande que hace que me sienta pequeño, vulgar e insignificante ante semejante inmensidad. El mar es un demiurgo antiguo, un Dios salvaje que de vez en cuando se enfurece y muestra su cólera. Hoy, sin embargo, está bastante tranquilo y las locas gaviotas pasan volando bajo. A lo lejos, en la línea del horizonte, se alzan unas nubes blancas que parecen estar hechas de algodón. Cerca, unas olas pequeñas llegan una y otra vez a la orilla de la playa como hijas pródigas, produciendo un ruido sordo y continuo. La felicidad son buches de espuma. Si supiera dibujar pintaría un cuadro, una marina, como las de Sorolla. Imposible. No sé hacerlo. En lugar de eso me siento sobre la arena con las piernas cruzadas, saco de la mochila un cuaderno y un bolígrafo y me pongo a escribir. Me sale un cuento lleno de sal y de arena. Es un relato con marejada.

De repente, se oye una música y me detengo. Mi mano queda paralizada a media hoja, la punta metálica del bolígrafo suspendida en el aire en medio de un desierto blanco. Es una voz femenina, dulce y cantarina. Miro en derredor. La playa está vacía. No hay nadie. Estoy solo. No es de extrañar cuando estamos a finales de otoño, en ese punto del calendario donde el otoño y el invierno hacen esquina. A decir verdad, no sé cómo he llegado hasta aquí ni qué hago sentado sobre la arena de una playa deshabitada. Bueno, sí lo sé pero es como si no quisiera saberlo. No me apetece volver a casa y cualquier excusa es buena para demorar el regreso. En casa la vida se me aplasta. Allí, el aire es tóxico y me ahogo. Por eso estoy aquí con la coartada de escribir. La escritura justifica los medios.

La voz femenina sigue cantando, cada vez más alto y más fuerte. La melodía que produce es hechizante. Y entonces aparece, de la nada, la dueña de esa voz. De las profundidades marinas, emerge una sirena bellísima, sus largos cabellos rojizos que caen más allá de su espalda son hilos preciosos de un atardecer en llamas. Mis ojos atónitos no dan crédito. No me lo creo. Pero es real. La realidad es un hilo que cuelga de un mundo de fantasía. La sirena me mira. Sonríe. Entonces ella empieza a nadar, acercándose.

Al cabo de un instante alcanza la orilla y se detiene en el punto donde mueren las olas. Dejo el cuaderno sobre la arena y me levanto. Quiero irme pero no puedo. Quiero salir corriendo de la playa pero mis piernas no obedecen y hago justo lo contrario. Me acerco a ella. La culpa es de la música, de su voz. Soy una presa fácil, embrujada. Entonces me besa, me coge de una mano y tira de mí. El agua va cubriéndome lentamente y mientras me hundo no pienso nada. En ese momento me doy cuenta: me he convertido en un tritón y mis piernas se han juntado para formar una cola de pez en una metamorfosis indolora de la que ni me he enterado. Desaparecemos de la playa sin dejar rastro. Poco queda de nosotros sobre la arena. Solo la huella de un beso, un cuaderno abandonado y un cuento sin terminar.


Por Josep Salvia Vidal

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La vida en las solapas de mis libros: Sabor a miel

SABOR A MIEL de Shelagh Delaney

14 de junio de 1975

Me había tirado tres años en la escuela de interpretación dirigida por Trino Trives, un genial director de teatro que se había exiliado a Méjico y regresado a España con la muerte de Franco. «Todos los intelectuales inteligentes nos exiliamos, excepto los burros que se quedaron con el enano para hacerle reverencias», siempre decía riendo con su dentadura grande y perfecta. Los tres años que pasé con él fueron enriquecedores. Trives no vivía de las clases de interpretación, vivía de una millonaria que lo adoraba. Una mujer con clase que cuando hablaba sentaba cátedra. Hacían una pareja extraña. Cuando cerró la escuela se fueron a vivir a un caserón que tenía ella en Murcia y tardé muchos años en volverlo a ver. Fue en la 5º Semana de Cine Español 1989 en Murcia, donde me habían seleccionado Mordiendo la vida, mi tercer largometraje. Nos encontramos en el bar del Hotel Rincón de Pepe. Me dijo que había montado otra escuela de interpretación y que estaba muy contento de que yo siguiera en la profesión. Después de aquella ocasión nunca más lo volví a ver, y un día supe que había muerto. Según la solapa de Sabor a miel de Shelagh Delaney, autora inglesa famosa sobretodo por esta obra, considerada una de las más representadas de su época, me contrató un director, al que llamaremos Gig Young (actor americano que se pegó un tiro porque le dejó la novia) por su cierto parecido. Era un hombre de estatura media, delgado y de pelo negro peinado con ralla y flequillo. Trabajaba en Iberia y cada año montaba una obra subvencionada por la compañía de vuelo. Contrataba actores profesionales y siempre buscaba funciones americanas en las que él y su mujer se pudieran lucir. Ging se creía el mismísimo Alberto Closas por su voz grave y su buen hacer sobre el escenario. Es verdad que no lo hacía mal, pero siempre era el mismo, una prolongación de su personalidad. Fue mi primer trabajo remunerado como actor profesional. Mi papel era el de un negro y me tenía que tiznar en cada representación la cara y manos como Al Jolson en la primera película sonora de la historia, El cantor de Jazz. Esto es cierto aunque parezca mentira. En Mallorca en esos años aún no había negros. Pero me hacía ilusión y lo hice. La protagonista femenina era su mujer, a la que llamaremos Susy Spak (actriz americana protagonista de Carrie) por su cierto parecido, y el protagonista masculino era Juan Santamaría, que gracias a él había entrado en la compañía. Hasta aquí bien, pero el problema vino cuando Susy se enamoró (encaprichó o lo que sea) de mí. Era una mujer angelical, bajita y con la cara llena de acné. A mí más bien me daba dentera. La putada es que teníamos una escena de amor sobre una cama y la muy puta me metía la lengua cuando nos besábamos, con el marido en el patio de butacas dirigiendo el ensayo. Hay que decir que le dábamos la espalda cuando lo hacíamos. La primera vez no le di importancia, pero la que hizo diez le dije que no era necesario meterme la lengua. «Hay que hacerlo lo más real que se pueda», me dijo toda ingenua. Yo decidí pasar del tema, pero ella siguió metiéndome la lengua hasta que opté por mantener la boca cerrada. Entonces se sintió ofendida y empezó a meterse conmigo en cuanto a mi actuación. Ging, que era un calzonazos prepotente que se creía Alberto Closas, hacía lo que ella decía, por lo que me rectificaba continuamente. Pero tuve suerte y Susy empezó a fijarse en Juan Santamaría, que a sus cuarenta años se conservaba muy bien. No le dejaba en paz, y siempre que podía se acercaba a él. Un día, Juan me dijo que Susy se presentó en su camerino y lo intentó violar: «En otra ocasión no te digo que me la tiro, pero con el marido pululando por aquí, ¿qué quieres qué te diga?» me dijo divertido el actor. Y a una semana de estrenar, Susy nos dijo que lo dejaba por incompatibilidades con Santamaría y se fue. Nos dejó a todos sin habla, pero Gig enseguida nos calmo diciendo que antes de estrenar siempre le daba la neura, pero que no debíamos preocuparnos. Y tuvo razón, al día siguiente se presentó al ensayo como si nada ignorándonos a todos. Nunca más me dirigió la palabra, pero siguió metiéndome la lengua en la escena que teníamos juntos. Yo mantenía mi boca cerrada. La obra se estrenó con éxito de crítica y publico. Estuvimos un mes en cartel y luego nos despedimos. Gig Young siguió haciendo obras de teatro pagadas por Iberia, pero con distinta protagonista porque Susy lo dejó a él y a sus dos hijos para irse a vivir con una amiga con la que años después se casaría. Cuando la compañía de vuelos jubiló anticipadamente a Gig, éste montó unos cuantos videoclubs que le fueron bien, pero no se supo retirar a tiempo con la entrada del DVD y se arruinó. Actualmente recorre los pueblos de Mallorca con patéticos montajes de clásicos americanos que ven cuatro.

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Ecos de Tierra Trivium: Noviembre 2019 (II)

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

Hoy quiero aprovechar esta entrada para rendirle un homenaje a Asunción Balaguer, fallecida en el día de ayer, ya que el centro cultural que lleva su nombre está íntimamente ligado con mi carrera literaria y a cuyas puertas he participado en varias ferias del libro.

ENTREVISTAS

Entrevista a Martín Garrido Ramis en Novela más que negra.

Juan Ramón Biedma o el compromiso con la calidad literaria y el lector (Moon Magazine 2019)

Entrevista a Mari Carmen Sinti en La Tarde con Marina (CV radio 2019) (21/11/19 a partir del minuto 100)

Entrevista a Jesús Velasco Moro en Hoy por Hoy Medina (Cadena Ser/Radio Medina, 18-11-2019)

Entrevista a Jesus Velasco Moro en Hoy por Hoy Medina (Cadena Ser/Radio Medina, 18-11-2019)

RESEÑAS

“Zoilo Pollès”, de Martín G. Ramis, la oscuridad de un personaje que retrata el significado de lo que es un novela negra (Todo Literatura 2019)

Reseña en pijama de Versografía Maldita de Paco Gómez Escribano

Reseña en pijama de Caricias de fogueo de Pedro de Paz (1 y 2)

Una sonrisa en el espíritu (Reseña de El año americano de Jesús Velasco Moro) (Diario 16, 2019)

NOTICIAS

Rosa María Mateos: “La España vaciada es el telón de fondo de mi novela” (Diario de Mallorca, 2019)

Cicatrices bajo la piel de Joan Roure nominada a los Premios Britt (Las Chicas Britt, 2019)

Critica de la película Turbulencia Zombie de nuestro autor Martín Garrido Ramis

El escritor sevillano Juan Ramón Biedma gana el XXI Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones (Europa Press, 2019)

Juan Ramón Biedma, Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones (Papel en blanco, 2019)

“El sonido de tu cabello” gana el XXI Premio Unicaja de Novela (EFE, 2019)

La XXI edición del Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones ya tiene ganador: Juan Ramón Biedma con su obra ‘El sonido de tu cabello’.

En el acto, celebrado ayer día 15 en Cádiz, estuvieron presentes Rafael Muñoz, director de Actuaciones Socioculturales de la Fundación Unicaja; Valeria Ciompi, en representación de Alianza Editorial; y Mercedes Monmany, como miembro del jurado.

La obra de Biedma es un thriller que se desarrolla en la barriada de las tres mil viviendas en Sevilla.

‘Con Alma de gata’ en Málaga (Hilos finitos 2019)

 ACADEMIA TIERRA

Seminario teórico-práctico Crimen Perfecto por Jimena Tierra del 4 de Diciembre de 2019 al 26 de Febrero de 2020 en el Ateneo Escurialense (San Lorenzo de El Escorial, Madrid) (Necesaria Inscripción previa).

Seminario teórico-práctico Crimen Perfecto por Jimena Tierra, modalidad a distancia del 9 al 11 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

Corrección para escritores por Quela Font, modalidad a distancia del 10 al 12 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

Poesía para el principio por Alberto Morate, modalidad a distancia del 10 al 12 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

Herramientas para escribir Género Negro por Paco Gómez Escribano, modalidad a distancia del 11 al 13 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

Formación en locución profesional por Mari Carmen Sinti, modalidad a distancia del 16 al 18 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

Primeros pasos para enfrentarte a tu novela por Marta González Peláez, modalidad a distancia del 16 al 18 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

Un amor de libro por Carmen F. Etreros, modalidad a distancia del 19 al 21 de Diciembre de 2019 (Necesaria Inscripción previa).

 EVENTOS

27 de Noviembre de 2019 en Valencia: Presentación de Efecto Transilvania de Juan Ramón Biedma.

27 de Noviembre de 2019 a las 19:30 en la Librería Jepi de Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona): Presentación de 21 días de ira de David Casals-Roma.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Librería Alibri (Barcelona): Literatura y Cine por Martín Garrido Ramis, Martín Garrido Barón y David Casals-Roma.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en el Gat Pelut (Barcelona): Presentación de Canción de Mayo de Rosa María Mateos.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Librería Gigamesh (Barcelona): Presentación de Orbe Dividido de Michel Deb.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Biblioteca Medina del Campo (Medina del Campo, Valladolid): Presentación de El año americano de Jesús Velasco Moro.

30 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Librería Burma: Presentación de Versografía Maldita de Paco Gómez Escribano.

4 de Diciembre de 2019 a las 19:00 en la librería La Sombra (Madrid): Presentación de El Bosque de Euxido de Rodolfo Arévalo.

5 de Diciembre de 2019 a las 19:00 en la Biblioteca Publica de Municipal de Bubión (Bubión, Granada): Presentación de Canción de mayo de Rosa María Mateos.

5 de Diciembre de 2019 en la SGAE de Madrid: Presentación de El tren de juguete de Martín Garrido Baron.

6 de Diciembre de 2019 en la 50 Hispacon que se celebra en Valencia: Participación Michel Deb, autor de Orbe Dividido.

12 de Diciembre de 2019 a las 18:00 en la Librería Omega (Madrid): Presentación de Orbe Dividido de Michel Deb.

12 de Diciembre de 2019 a las 19:00 en el Gat Pelut (Barcelona): Presentación de la edición limitada de La niña de la cajita de cerillas y otras historias de Paco Riera con ilustraciones de Juan Carlos Calzado.

Y tras las fechas navideñas tendremos más presentaciones.

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El Relato Caleidoscópico de Josep Salvia Vidal

Esta semana el encargado de El Relato Caleidoscópico es nuestro bardo Josep Salvia Vidal. Esta semana usaremos #RCaleidoscópico29 como hashtag para comentar esta entrada, tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium).

Y tras los enlaces a las entradas anteriores doy paso a la nueva peripecia de Elíseo de la mano de Josep Salvia Vidal.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Día 27 (Rosa María Mateos)

Cuando despertó, el reflujo de las olas traía de nuevo el olor -picante e intenso- del aliento de los leones marinos. Supo así que estaba en la barriga de un barco perdido entre la banquisa. Comprendió también que la sirena sonó para avisar del vuelco de la nave hacia estribor, cuando todo se volvió horizontal. De esta forma pudo Elíseo acercarse a la claraboya y romper el cristal de la oscuridad, para asomar la cabeza y sentir el golpe de frío. Absorto contempló cómo se cuarteaban los icebergs, estallando con truenos de hielo. A pesar de no tener recuerdos, jamás imaginó que pudiera ver algo tan bello.

El desierto blanco.

En el silencio eterno de la mañana se acercaron las ballenas jorobadas a merodear por la proa. Gigantes, soberbias, nadando en círculos. Elíseo les hizo señas para que se acercaran. Fue así como se dio cuenta que sabía cantar en la misma frecuencia que los cetáceos, entre los 15 y los 25 hercios, y pudo narrarles su desconsuelo. Las jorobadas arrastraron el barco a mar abierto, para evitar que la presión del hielo hiciera volar la goleta por los aires.

Le estaban regalando un futuro.

Elíseo no fue programado para el agradecimiento, pero quiso cantarles una despedida; algo así como un blues melancólico que hizo llorar a las colosas del mar.

Día 28 (Luisa Gil)

Se oye una Sirena

⸺ATENCIÓN FIN DEL SIMULACRO

⸺REPITO FIN DEL SIMULACRO

⸺Cesa la Sirena

⸺PROCEDAN A DESCONECTARSE DE LA PLATAFORMA

⸺Soy el supervisor número 223. Sigan las instrucciones.

⸺Nuevos Humanos con uniforme caqui, retomen sus actividades.

⸺Aspirantes a Nuevos Humanos, vistan los uniformes amarillos que encontrarán al lado del puesto de conexión y diríjanse a la arteria de movilidad número 4.

⸺Aspirantes a Nuevos Humanos etiquetados con DOP F/SU NO, vistan los uniformes rojos, aseguren el cable a la barandilla de la cinta transportadora y colóquense en la zona marcada en rojo.

Elíseo abrió los ojos, se sentó en la camilla y siguió las instrucciones de manera mecánica. Una etiqueta roja luminosa se mostraba intermitentemente en su display:

DOP F/SU NO HHHHHHHHHHH DOP F/SU NO HHHHHHHHHHH

Se vistió con el uniforme rojo, aseguró el cable en la barra metálica y, sin tener aún muy claro lo que implicaba, se situó en la zona marcada en rojo. La cinta comenzó a moverse llevando a Elíseo por un pasillo cubierto de plástico hasta situarle ante una puerta sobre la cual había un cartel en el que se podía leer:

PELIGRO

ZONA DE DESINFECCIÓN

BORRADO DE MEMORIA

NO PASAR SIN AUTORIZACIÓN

Description 	Mariposa en vaso 1
Date 	6 September 2012, 14:38
Source 	Mariposa en vaso 1
Author 	David Santaolalla from León, spain

This image was originally posted to Flickr by Cebolledo at https://flickr.com/photos/83413162@N00/7944517892. It was reviewed on 11 June 2017 by FlickreviewR and was confirmed to be licensed under the terms of the cc-by-2.0.

Día 28 (Josep Salvia Vidal)

Elíseo salió de la cinta transportadora, abrió la puerta y encontró al otro lado una sala con aspecto de fábrica que olía de una forma peculiar. El aire tenía restos de algún tipo de gas. Siguió las instrucciones que había recibido en la entrada y caminó entre cabinas transparentes, donde había congéneres suyos, hasta la que le correspondía a él. Entró y cerró la mampara. Aquello era como una jaula translúcida, un ataúd de cristal. Al instante, empezó a emanar desde el techo un gas que provocó una especie de niebla que le irritó los ojos y la garganta. Era la desinfección anunciada, un paso más, un trámite más en su proceso de transformación. Y por un instante, tuvo la sensación de ser un gusano de seda metamorfoseándose en mariposa. La única diferencia era que a Elíseo jamás le saldrían alas para volar.

La desinfección borró de nuevo su memoria aunque poco había ya por borrar. Era un desierto de recuerdos. El gas dejó de fluir y se encendió en alguna parte una luz verde que le indicó que ya podía abrir la cabina. Se sintió renovado. Ya era un nuevo humano preparado para vestir el uniforme caqui.



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Poesía sin títulos: Encadenado estoy por un soneto

Es semana Alberto Morate, como ya habréis adivinado por el título, no trae un soneto. Así que sin más preámbulos os dejo con el poema.

Encadenado estoy por un soneto

 Encadenado estoy en un soneto
mas no por las palabras y la rima,
es más una cuestión de autoestima,
lo que me tiene preso es tu secreto.

Porque a tus directrices me someto
aun a riesgo de hacer que me deprima.
Si no dices nada me desanima,
sin saber salir de este parapeto.

Me has dejado encerrado sin consuelo,
miras con indiferencia y no sientes
y te pido: déjame alzar el vuelo.

Mientras que tú sonríes entre dientes
diciendo, «no amor no te encarcelo,
eres tú el que sin pudor siempre miente».

Por Alberto Morate