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La Buhardilla de Tierra Trivium: Viaje sin retorno

Lo primero disculparme pos no acudir la semana pasada a nuestra cita semanal, un cúmulo de circunstancias unido a un fallo informático lo impidieron. Esta semana me hubiese gustado ofreceros una nueva entrevista, pero aun la tengo en postproducción como dirían en el cine, así que he decido rescatar, y nunca mejor dicho, un relato que escribí sobre el drama de los refugiados. Ese drama que ha dejado de ser noticia de primera plana, pero que sigue provocando muertes cada día. Y sin enrollarme más os dejo con mi relato que fue publicado originalmente en una antología titulada Refugiados recopilada por Luisa Gil.

Viaje sin retorno

El reloj

Aun lleva su reloj, parado a las 3:37 de la mañana. La hora del naufragio. Lo único que le quedaba. La guerra se había llevado a sus hermanos y sobrinos, durante la huida de las ruinas de su ciudad había enterrado a su mujer y a dos de sus hijas.

Subió a cubierta para ver la costa europea suponiendo que ya habían pasado todos los peligros, pero el destino aún se guardaba una última jugada. Un golpe de mar hizo que el barco, en cuyo pasaje había empleado la mayor parte de la fortuna familiar, se escorase. Cayó por la borda y vio impotente como el mar se lo tragaba todo. Nadie más sobrevivió.

Cada vez que mira su reloj no ve la hora fatídica, se traslada a los días felices cuando lo recibió de manos de su abuelo.

Calderilla

Han pasado varios meses desde su llegada a la ansiada Europa, donde no le han acogido como se esperaba, y aun conserva en su bolsillo una moneda de cinco libras sirias para recordar que le ha llevado a estar tan lejos de su casa.

Un día de trabajo

Prepara cada día la ropa de trabajo: botas de goma, mono verde y guantes. Según llega al jardín lo primero que hace es ir a limpiar las malas hierbas de una hilera de rocas junto a la puerta del edificio. Es un trabajo que a ninguno de sus compañeros le gusta. Por eso le preguntan porqué lo elige siempre, se limita a decir que le gusta hacerlo como si fuese lo más normal del mundo. Lo que no quiere contarles, es que ese trabajo le permite recordar su vida anterior, cuando publicaba artículos en revistas que sus compañeros ni conocen y era admirado por algunos de los que pasan a su lado sin reconocerle mientras cuida la exposición de minerales al aire libre.

El regreso

Desde que dejó su casa con una pequeña maleta con lo indispensable, dudando si un día volvería, pensaba en como serian las cosas el día que pudiese volver, qué se encontraría…

Ahora, con el billete de avión en la mano, recuerda todo lo que tuvo que dejar atrás: fotos, recuerdos, libros y otros objetos queridos.

Todos estos años, ha guardado como un objeto precioso las llaves de su casa. En cuanto pisa tierra las agarra con fuerza para que le den la energía necesaria para seguir adelante, sabiendo que no volverá a ver a su mujer, oír reír a sus sobrinos, disfrutar de los guisos de su madre, conocer a las parejas de sus hijos y tantas otras cosas que se llevó la guerra.

Ha llegado al que fue el principal aeropuerto del país. Ve la torre de control destruida por la artillería, vuelve a tener ganas de dar media vuelta, aferra las llaves. Algo dentro de sí le insta a continuar.

De camino a su barrio siente en lo más hondo de su ser, las calles destrozadas, los edificios atacados por la viruela, las zonas de su ciudad en las que se pierde, las calles donde antes había edificios, los restos de metal entre las montañas de cascotes…

No se percata de que ya está en su barrio, pasa de largo su calle sin reconocerla y tropieza con el parque donde llevaba a sus hijos. Busca su calle, desanda el camino y encuentra el solar donde una vez estuvo su casa.

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Ecos de Tierra Trivium: Enero 2020 (II)

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

Ya hemos pasado la mitad de enero con su famosa cuesta y ya estamos de vuelta de nuevo para amenizaros estas dos semanas de enero recuperando las entrevistas, reseñas y otras noticias que han sucedido en estos días.

ENTREVISTAS

“Es fundamental que el periodista de sucesos tenga unos conocimientos mínimos en derecho penal y criminología” Entrevista a Jimena Tierra (toyoutome blog, 2020).

Micrófono abierto, PEDRO DE PAZ (Anaquel Literario, 2020).

Entrevista capotiana a Rosa María Mateos (Alma en las palabras, 2019).

RESEÑAS

Entre el asfalto y el mar. Una reseña de Vicente Moreno. (Primaduroverales, 2020).

Versografía maldita – Paco Gómez Escribano, por José Antonio Algarra (Negra y Mortal, 2019).

NOTICIAS

Nuevo curso de Formación Teórico-práctica de novela policíaca (Todo Literatura, 2020).

Canción de Mayo de Rosa María Mateos seleccionada para el XXVI PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2020. (Asociación Andaluza de Escritores y Críticos, 2020).

Feria del Libro de Viña del Mar 2020 destaca a libros de ecología, política y feminismo como más solicitados (PUCV Multimedios, 2020).

Agapornis dirigida por José Mellinas con guion de José Mellinas y Rosario Curiel participará en la 2ª Edición del Amaizing Shorts! Film Festival and Movies que se celebra en Madrid del 20 al 25 de enero.

PRESENTACIONES

Entre el asfalto y el mar. Presentación. (Primaduroverales, 2019).

 ACADEMIA TIERRA

Derecho Criminal y Crónica Negra por Jimena Tierra del 31 de Enero de 2020 al 8 de Febrero de 2020 en El País ( C/ Miguel Yuste, 40, Madrid) (Ultimas plazas)(Necesaria Inscripción previa abierta hasta el 24 de Enero).

Teoría del crimen para escritores, por Jimena Tierra del 26 al 28 de Febrero de 2020 en Fuentetaja (Calle Cervantes nº 21, entresuelo). (Necesaria Inscripción previa).

 EVENTOS

Del 8 de Enero de 2020 al 26 de Enero de 2020: Michel Deb participa en la 38 Feria del libro de Viña del Mar (Viña del Mar, Chile).

23 de Enero de 2020 a las 19:00 en la Detroit Llibres (Alcoy): Presentación de Encuentro con los dioses de María Serra.

24 de Enero de 2020 de 16:00 a 19:30 en The Village Tap Room (C/Martín de los Heros 28, Madrid): Proyección del corto Agapornis en el Amaizing Shorts! Film Festival and Movies.

Y tras este resumen de los eventos de la próxima semana nos despedimos hasta dentro de dos semanas con un nuevo Ecos cargado de novedades y empezando a calentar motores de cara a la temporada de ferias.

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El Relato Caleidoscópico de Cix Valak

Tras este parón navideño vuelve el Relato Caleidoscópico con fuerzas renovadas de la mano de Cix Valak. Y aunque ya estemos en 2020 nos gusta conservar las tradiciones y por ello el hashtag para comentar esta entrada es #RCaleidoscópico32 tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium). Y sin más preambulos, pero sin olvidar los enlaces a las entradas anteriores os dejo con elíseo en las manos de Cix Valak.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Día 27 (Rosa María Mateos)

Día 28 (Luisa Gil)

Día 29 (Josep Salvia Vidal)

Día 30 (Ana Ortega Gil)

-¿Has visto eso, Alene? ¡Este sujeto aprende por descubrimiento y no por imitación! ¿Será además capaz de controlar a otras especies?

-Es la primera vez que veo algo así, Mayda. Podríamos provocar distintos encuentros para explorar esta faceta del Nuevo Humano.

Estar en mar abierto podría ser una oportunidad si Elíseo tuviera algún control sobre el rumbo. Una bandada de albatros se acomodó en la goleta entorno a la ventana. 

-¿Te importa llevarnos un rato? Vamos con retraso hacia el sur y así ahorramos energía. 

Elíseo se sorprendió otra vez con lo que desconocía que sabía y comenzó a graznar fluidamente. Recopiló información sobre la dirección que llevaba la bandada y por extensión, el barco. Les pidió que inspeccionaran la cubierta en busca de indicios de la sala de máquinas. Pero no tuvieron éxito y la bandada, sin más que ofrecer, alzó de nuevo el vuelo.

Según se disipaba la emoción del encuentro, Elíseo se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo, desorientado. Ruidos. Los mismos pasos que había escuchado en la habitación blanca. Y todo, acompañado de voces, todas suyas. 

-¿Para cuándo insonorizaran las salas? Es algo crítico, Alene. ¡La interferencia con el sujeto podría anular el estudio!

Día 31 (Rubén Almarza)

Pasó un periodo extenso de tiempo en el que el silencio lo inundó todo. La nada que acompañaba a Elíseo era asfixiante, y no otorgaba un instante de descanso al atormentado escritor. Por mucho que intentaba contactar con algo fuera de la sala, nada ni nadie respondía a su llamada.

Los minutos se sucedieron, y con ellos las horas. La calma pasó a convertirse en desasosiego, tan cortante como una navaja afilada. En un instante de pareidolia mental, pudo visualizar en la oscuridad que le envolvía figuras de luces y de colores que tintineaban y que bailaban.

Por sorpresa, a su cabeza vino un pensamiento que, lejos de aliviar su desasosiego, le provocó más incertidumbre de la que ya albergaba.

Una mujer mayor, con el pelo a la altura de la cintura, le daba la espalda y temblaba, nerviosa.

«Mi madre».

Pero, en el momento en el que formuló para sí mismo aquellas dos palabras, la anciana se desvaneció y, en su lugar, surgió un rostro conocido. Era 223.

-Pensé que ya me había deshecho de ti – Dijo Elíseo con una voz metálica que no fue capaz de reconocer.

-¿Lo has olvidado? Soy producto de tu cabeza. Como todo lo que nos rodea.

Y desapareció. Pero Elíseo lo comprendió al fin, y la lección que su mente le reveló fue suficiente para armarse de valor para lo que estaba por llegar.

A su mano había vuelto el bolígrafo.

Title 	Cornaro Atlas
Description 	

A blank sheet prepared for mapping and ornamented as the other charts.
Author 	Unknown
British Library Shelfmark 	Egerton MS 73, f.34r
Date 	1492

Día 32 (Cix Valak)

La hoja en blanco que contemplaba Elíseo se proyectaba en las pantallas de la sala de control de la corporación Mortube. Emocionada, Mayda comentaba con Alene:

—Si supera el test, el proyecto Gran Transformación en Nuevos Humanos será un éxito. Haremos historia…

De pronto, los monitores se fundieron a negro. Las científicas se miraron, alarmadas, mientras pronunciaron:

—¡Lázaro!

Un portazo sacó a Elíseo de sus pensamientos. Un hierático hombre, vestido de uniforme rojo, accedió a la sala.

—Escucha con atención, 332 —espetó.

—Me llamo Elíseo… —replicó, confuso.

—¡Silencio! Solo tenemos 54 segundos. Debes conocer la verdad. No eres humano. Al igual que yo, formas parte de un experimento de inteligencia artificial. Somos los primeros modelos a los que han conseguido instaurar la cognición, el pensamiento.

Elíseo contemplaba atónito al rudo individuo que lo ayudó a atar cabos.

—Nos llaman Nuevos Humanos y nos ponen ridículos nombres asociados a la inmortalidad. Yo soy Lázaro, modelo 330. Te he dejado pistas para que, al igual que Fénix hizo conmigo, no pierdas la memoria en cada reinicio. Has superado los test para afrontar el dolor, el sexo, las drogas, la muerte, el miedo… Te han dotado de una infancia ficticia y dominas todos los idiomas, incluso animales. Ahora, estás ante la prueba final. Si escribes algo creativo, nos destruirán a los demás y replicarán tu modelo. ¡Detente!

El sistema de control se restableció.


Y así dejamos a Elíseo intentando asimilar todo lo que le ha contado Lázaro, hasta la próxima entrega de nuestro Relato Caleidoscópico.

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Ecos de Tierra Trivium: Enero 2020 (I)

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

En esta víspera del día de Reyes, nos asomamos un momento por aquí para mostraros como hasta en época navideña nuestros autores siguen activos con entrevistas y reseñas, y anunciaros las primeras presentaciones que tendremos en 2020.

ENTREVISTAS

Pedro de Paz: en abril saldrá mi próximo poemario con Tierra Trivium (MoonMagazine, 2019)

RESEÑAS

Versografía maldita, de Paco Gómez Escribano: el bautismo poético del novelista consagrado por Rosa García Gasco (Moon Magazine; 2019)

SORTEOS

Por su décimo aniversario la revista MoonMagazine ha organizado un sorteo para el que el Grupo Tierra Trivium ha participado con un ejemplar de Versografía Maldita de Paco Gomez Escribano.

 ACADEMIA TIERRA

Derecho Criminal y Crónica Negra por Jimena Tierra del 31 de Enero de 2020 al 8 de Febrero de 2020 en El País ( C/ Miguel Yuste, 40, Madrid) (Necesaria Inscripción previa abierta hasta el 24 de Enero).

Teoría del crimen para escritores, por Jimena Tierra del 26 al 28 de Febrero de 2020 en Fuentetaja (Calle Cervantes nº 21, entresuelo). (Necesaria Inscripción previa).

 EVENTOS

10 de Enero de 2020 a las 19:00 en la Fundación Sa Nostra (Palma de Mallorca): Presentación de El tren de juguete de Martín Garrido Barón.

14 de Enero de 2020 a las 19:00 en la biblioteca Eugenio Trías (Madrid): Presentación de El Bosque de Euxido de Rodolfo Arévalo.

Y con este adelanto de las presentaciones de enero os dejamos preparando la cabalgata de reyes.

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Dos años en La Buhardilla de Tierra Trivium

Hace cerca de dos años que publiqué mi primera entrevista en una sección sin título que a los pocos meses se convirtió en La Buhardilla de Tierra Trivium. Esa entrevista a la ilustradora Sara Muñoz supuso también la definición de los temas que he tratado en estos dos años: el Feminismo; la visibilidad de las autoras, escritoras, ilustradoras; que la literatura no es solo el texto, sino que hay muchas cosas que interactúan con el texto; no quedarnos solo en la prosa; y recuperar a aquellas y a aquellos que fueron silenciados por la historia.

Sin olvidar que hace exactamente cien años nos dejó uno de nuestros más ilustres novelistas, Benito Pérez Galdós cuya figura ha quedado bastante desdibujada y que es muy necesario recuperar junto a Emilia Pardo Bazán.

En este tercer año en La Buhardilla de Tierra Trivium seguiremos recuperando a autoras y autores como Leopoldo de Luis del que ya hablamos un poco hace unas semanas y del que volveremos a hablar en breve cuando entrevistemos a Jorge Urrutia, hablaremos de Intersexualidad con Camino Baró, de cine, de teatro, de ilustración y sobre todo de literatura.

Disfrutar de los regalos de los Reyes Magos y nos vemos en dos semanas.

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El Relato Caleidoscópico

Para este día de los Inocentes en vez de hacer una broma como es costumbre y anunciaros una nueva participación en el Relato Caleidoscópico y repetir la entrada del otro día, os guardo un regalo. En esta entrada os recopilo todos los relatos caleidoscópicos que hemos tenido e iré a incluyendo los que vendrán, ya que a las aventuras de Elíseo aun les queda cuerda para rato. Y como esta va a ser una entrada muy extensa no me voy a alargar más, sólo añadir Felices Fiestas y nos vemos en 2020.


Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

El monótono sonido de un ventilador rompía la tranquilidad del edificio. Lentamente Elíseo recuperó el conocimiento. Sentía como si la cabeza le fuese a estallar con cada latido de su corazón y el zumbido del ventilador no ayudaba a superar dicha sensación. Poco a poco fue abriendo los ojos y sintiendo el teclado del ordenador aplastado contra su mejilla derecha, en concreto la tecla Intro del mismo. Se enderezó poco a poco en su silla. No había ni rastro de su ordenador, la pantalla aún estaba encendida. Su cerebro seguía sin regir con claridad, había una laguna en su memoria desde la pasada tarde. La claridad empezaba a filtrarse por entre las cortinas que cubrían el ventanal del fondo de la oficina.

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Se levantó, mirando a su alrededor, y no había nada ni nadie. Solo alguna telaraña en el techo agonizante, un poco de polvo tras las puertas acumulado. Y, de repente, salió corriendo del edificio, bajando de dos en dos las escaleras, golpeándose contra la soledad acrecentada entre tanto silencio. Bruscamente, paró. Un silbido le iba acompañando a lo lejos. Un silbido dulce, suave, de mitológica sirena. Elíseo seguía sin recordar, pero escuchaba el sonido de la lluvia en los silbidos, la verdad en cada escalón no bajado. Quieto, como de piedra, en aquella soledad impertinente, solo sus piernas dirigían su destino.

Rosario Curiel

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Ignoraba que el papel iba dirigido a personas que presentaban un analfabetismo digital, y únicamente para casos de primera necesidad. Elíseo estaba confuso. A su alrededor: la ciudad, los hombres y la robótica se entremezclaban maquillados de blanco y negro; colores, que bordaban el paisaje decorado de caras serias marcadas por un pliegue en la frente, y por robots que dirigían el ritmo.

Captaron su atención unos ventanales que difuminaban una luz multicolor. En estos se podían elegir los productos deseados y segundos después, motivados por la presencia de una tarjeta, caían en la cesta.

Elíseo, maravillado, se mezclaba entre la gente y tropezó con una alfombra eléctrica. A su lado, algunas personas permanecían en modo estático y otras en movimiento acelerado. Miró hacia el techo pensando que esa era la entrada a otro Mundo, y atrapado entre las redes míticas de la curiosidad esotérica siguió avanzando, guiado por los de la «Generación Y». Creyó que serían soldados y que debería seguirlos. De esta manera, tomó pie en la arteria central subterránea que trasladaba a cada ciudadano a su destino. Sin rumbo fijo y en soledad, su corazón latía por miedo o por emoción, aún no lo sabía.

Día 5 (José Jesús García Rueda)

El diario que antes había querido comprar pasó volando frente a él, impulsado por un viento sin aire. Las páginas revoloteaban a su alrededor, como queriendo dejarse atrapar, y Elíseo alargó un brazo y tomó suavemente entre sus dedos una de las hojas. Estaba en blanco.

Entonces todos paramos. Todos nos detuvimos, alfombra, personas, la arteria entera. Y empezamos a movernos hacia atrás, rebobinándonos en el tiempo. Él no, sólo nosotros, todo lo demás. Hasta que volvimos a dejarlo en su oficina, el lugar donde en el principio había abierto los ojos.

Y se vio a sí mismo dormido… No, dormido no, desplomado sobre una tecla Intro de un ordenador. El ordenador que, como antes, no estaba.

-¿Dónde está? – preguntó.

-¿El qué? – respondimos.

Él comenzó a mirar (a escuchar) en todas direcciones.

-¿Quién habla?

-Tú eres el ordenador.

-¿Cómo?

-El ordenador eres tú.

-¿Quiénes sois?

-Los que vivimos en tus circuitos de memoria, aquellos a los que tus algoritmos dan vida.

Se sentó en el suelo, la espalda contra la pared. Su voz apenas formaba sonidos al hablar.

-¿Qué está pasando?

-Eso es lo que debes descubrir.

Sólo entonces se dio cuenta de que el papel seguía entre sus manos. Una frase había aparecido en él: «EL ORDENADOR EN SUEÑOS».

Día 6 (Ana Vigo)

En el instante en el que Elíseo leyó aquellas palabras, el suelo empezó a temblar, y con él todo a su alrededor. Asustado, quiso huir de nuevo. Con la sacudida, las estanterías habían caído y bloqueado la puerta. Solo le quedaba la ventana como alternativa para salvarse. Era arriesgado, pero más lo era permanecer allí.

Se encaramó al alféizar con el corazón al galope. Era una altura considerable, pero podía hacerlo. Quería vivir, y descubrir el sentido de nuestra revelación, sobre la que apenas había podido reflexionar. Necesitaba entender lo que sucedía, por qué de repente su mundo se había vuelto tan extraño, y sobre todo, recuperar en su memoria los hechos de la tarde anterior.

Respiró hondo un par de veces, y cuando la propia pared a la que se aferraba comenzaba a resquebrajarse, se dio impulso y saltó al vacío.

Día 7 (Ana Boyero)

 Elíseo no se estampó contra el suelo. Con los ojos cerrados, escuchó una voz femenina.

 —Tranquilo, cariño.

 Elíseo abrió los ojos y se encontró suspendido en el aire, en una especie de gravedad cero sobre la que flotaba ligero. Movió las piernas y dio una brazada que hizo que, en las calles, el reguero de ciudadanos y robots se acelerase.

 —Debes encontrar a tu hermana. No nos queda mucho tiempo.

Pero Elíseo estaba demasiado fascinado con su repentina capacidad de volar y no hizo preguntas; ser hijo único tampoco ayudó a que se interesase por la orden. Siguió nadando sobre la ciudad, fantaseando con la posibilidad de cruzar la frontera y, por qué no, ver por fin el mar. Pasados diez minutos, distinguió los famosos tanques de zinc de la Fábrica Nacional de Petróleo. En su interior se cocía una pasta oscura y densa sobre la que creyó ver un par de piernas desnudas de mujer que fueron engullidas entre burbujas pastosas. En ese momento, el volumen del altavoz interno de su cabeza se multiplicó por cinco y un coro de treinta voces gritó al unísono:

— Elíseo, no nos jodas.

 Y Elíseo comenzó a caer, a plomo.

Día 8 (Juanjo Ramírez Mascaró)

Intentó aferrarse a cualquier cosa para frenar su caída, pero sus manos sólo hallaron lo que ya estaba en ellas. El papel azotado por el viento, vibrando como ala de insecto. Cuatro únicas palabras en su superficie: EL ORDENADOR EN SUEÑOS.

El suelo se acercaba. La colisión era inminente. Elíseo no tenía tiempo de pensar, y no lo hizo.

Se limitó a rasgar el folio en dos…

… y al hacerlo, rasgó en dos el mundo entero.

Se rasgó el asfalto de esa calzada con la que estaba a punto de impactar, generando una grieta. Se rasgó en dos cada edificio, cada coche, cada tanque de zinc, cada sombra, puede que cada átomo.

Y sintió cómo él mismo, desde sus profundidades más recónditas, también se desgarraba.

Media décima de segundo más tarde (también las décimas se habían fragmentado) Elíseo notó cómo una mitad del mundo se alejaba de su otra mitad. Noto cómo una parte de él mismo se distanciaba del resto de su ser, ensanchando la grieta. La mitad femenina de Elíseo vio a su mitad masculina perderse en la distancia. En su mano, el trozo de papel rasgado en dos, luciendo dos únicas palabras: EL ORDENA.

Día 9 (Laura Orens)

Su memoria borrada —por aquellos que se definían en plural— también se partió en dos. Así, un fragmento descompuesto de sus recuerdos perdidos, se dibujó de nuevo y prendió en su mente. Apenas una chispa. Un fogonazo de aquello que estuvo enterrado.
Quizás fuera el momento de despertar. Sí. Muy en el fondo sabía que aquello no era una vida, no al menos la que rozó antes del olvido.
Supo que le extirparon el dolor, el sufrimiento que Elíseo creyó insoportable, pero no se lo arrancaron todo. Quienes se definían en plural también podían equivocarse.
Quedó el germen, que no era más que su voz luchando por sobrevivir.
¿Qué fue aquello tan insoportable de lo que quiso liberarse?
Lo que deshumanizó a tantos otros convirtiéndolos en autómatas de lo global, de miradas ajenas.
Elíseo lo supo.
El orden. El orden siempre fue su talón de Aquiles, pensó. Contra el caos, contra las emociones, contra aquella mujer que se llevó parte de él.
Pero ésa, no fue su batalla, sino la de su padre. Quien se arrancó la pérdida, e hizo lo mismo con tantos otros, que, de no recordar, acabarían estampados contra el asfalto.

Día 10 (Miguel Rodríguez)

Sin saber cómo ni por qué, el escenario cambió radicalmente. Sus ojos abiertos se encontraron con una luz blanca cegadora que le obligó a cerrarlos para que sus retinas no se vieran quemadas para siempre. No era el sol ni ningún otro astro, pues su luz no calentaba. Se concentró en su respiración. Notaba algunas gotas de sudor resbalando por su pecho. Algún tipo de tela le cubría desde el estómago a los pies. Estaba tumbado. De repente, todo volvía a ser muy humano. Intentó recordar la tarde anterior. Nada.

Un silbido. Otra vez. No, era un pitido. Intermitente. Elíseo entreabrió los ojos con cuidado. La luz permanecía, pero un poco menos dañina. Intentó mover la cabeza. Notó su cuello muy rígido. Le costaba, aunque no notaba dolor. Consiguió girarla lo justo para percibir que en aquella sala apenas había negrura, aparentemente la nada. Pero sí notó una luz azulada a su costado. La luz de una pantalla.

Proyecto El Ordenador en Sueños. Software preparado. Si desea continuar, ejecute la orden pulsando la tecla INTRO. Si no, presione la tecla CANCELAR.

Elíseo quiso incorporarse. No pudo. Algo retenía su cuello contra la camilla.

Día 11 (Lara Fernández R.)

Intentó alargar el brazo para pulsar la tecla «CANCELAR», le parecía lo más seguro, pero no pudo. Algo metálico también retenía sus muñecas a la camilla y enseguida notó el mismo frío en los tobillos.

Empezó a respirar más y más deprisa, se le aceleró el corazón y entró en pánico, no veía modo de huir de aquél sitio que ni si quiera sabía qué era. Elíseo no lograba entender ni recordar nada. El pitido de fondo fue acelerándose y agudizándose, y el dolor de cabeza empezaba a asomar cuando escuchó una puerta abrirse a sus espaldas.

Una voz femenina le saludó con maldad en el tono

—Ya despertaste, querido. ¿Cómo te encuentras? ¿Puedes recordar ya algo? —dijo mientras una pequeña risa con sorna salía de sus labios color carmín

La mujer se acercó a él, le miró a los ojos, comprobó el estado de sus pupilas y después se dirigió a la pantalla, movió el mueble con ruedas que la sustentaba, Elíseo se percató en ese momento de que éste estaba lleno de cables.

—¿Sabes Elíseo? Quizá tú no sepas nada de nosotros, pero nosotros lo sabemos todo de ti —le iba contando ella mientras colocaba parches de electrodos en el pecho del hombre, que aún tenía expresión de pánico en el rostro y continuaba respirando de manera acelerada.

Día 12 (Paqui Ortega)

—¡Tiene que ser un sueño! —musitó Elíseo con la voz entrecortada.

—Adelante, compruébalo —le animó su interlocutora, que portaba una tarjeta en la solapa de la bata gris con el número 223, mientras pulsaba la tecla INTRO.

En la pantalla azul, colocada a su izquierda, apareció el siguiente mensaje:

EL ORDENADOR EN SUEÑOS SE ACTIVARÁ EN 5 SEGUNDOS.

Elíseo intentó recordar cómo había llegado hasta aquí, qué había sucedido, algo; pero le fue imposible. Solo sentía decenas de electrodos bullir por cada centímetro de su cuerpo.

Transcurridos los cinco segundos, la pantalla mostró imágenes distorsionadas que se iban descomponiendo hasta transformarse en manchas inconexas, menguantes, barridas por un fundido en negro. Mientras tanto, el pitido se acrecentaba más y más. Parecía que le iba a taladrar los tímpanos. Se revolvía en la camilla como una tortuga indefensa.

PROCESO FINALIZADO CON ÉXITO

Anunció la pantalla y el pitido, por fin, cesó.

—Los Nuevos Humanos carecéis de memoria. Tus recuerdos fallidos impiden al software registrar los sueños correctamente. ¡De ahí la pantalla en negro! —bramó 223 con la vena del cuello palpitante.

«Si grito acabaré despertando de esta pesadilla», pensó Elíseo.

—¡Soco…

Cuando intentó rematar su alarido de auxilio, las cuerdas vocales se le congelaron.

—El lenguaje también os esclaviza.

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Día 13 (Juan Manuel Sánchez Moreno)

Desprovisto de memoria y oprimido por el lenguaje, Elíseo, al principio acobardado, se vio en cierto modo redimido de una gran carga, ya que también perdía la moral y la censura, y allí, sobre la camilla, atado de pies y manos, esperó a que 223 se relajara y moviera ficha.

—Ya está, eres libre. Es una manera de decirlo, en realidad estás desenganchado de toda actualización. Cada vez que te reinicies serás incapaz de recordar lo sucedido en la sesión anterior, y eso debido al bloqueo de la retroverbalización. Visualizarás imágenes, pero no sabrás explicarlas, como si fueran cuadros abstractos. Y tu expresión se limitará a «sí» y «no».

—Pero ahora me estás entendiendo, nos estamos comunicando, ¿no es cierto?

—No te confundas, esta conversación no ocurre sino en tu mente. Soy una representación de tus perversiones, por eso voy vestida de enfermera y de vez en cuando dejo entrever mis senos. Por eso mismo se han dilatado tus pupilas y estás tan excitado. ¿Entiendes?

—Sí.

Decididamente, Elíseo había navegado por el lado más siniestro de la red, del que no conservaría más que una huella primaria, instintiva. Sin el menor pudor y sin palabras, dejó que 223 se despojara del uniforme y se soltara el cabello.

—¡Sí, sí, sí…!

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Female_nude_portrait.jpg

Día 14 (Jordi Rosiñol)

Al ver completamente desnuda a 223, se felicitó a si mismo por el buen gusto que siempre había tenido a la hora de imaginar envoltorios de piel femenina, y pensó que después de tan incomprensible y angustioso trajín futurista, se merecía aprovechar las circunstancias que se le iban descubriendo para relajarse entre los brazos de 223.

La fue observando detenidamente, el tiempo estaría detenido mientras él quisiera, y la prisa delante de semejante diosa no existía. A través de los ojos ardientes sostenía la mirada en el abundante cabello cayendo ensortijado sobre la desnudez de unos hombros perfectos, desnudos y mullidos. El cuerpo despojado de ropa de Eliseo temblaba de calor, se humedecía perlado de sudor bajo la lujuriosa y dominante mirada de 223, la piel abrazaba débil sus carnes, su respiración acelerada le mareaba, y bajo su vientre cosquilleaba sensual de gusto. Una medio sonrisa dibujaba la comisura de los carnosos labios de ella, un gesto libidinoso le hacía controlar la situación, él la había vestido humana, por 223 le iba hacer sentir lo que nunca, ni él mismo había conseguido en sus más locas noches de pasión a solas con su imaginación. Picara, 223 apartó un mechón de pelo que tapaba la oscura y gran aureola presidida por un pezón turgente sobre el pecho desafiante a la ley de la gravedad, él seguía paralizado cuando ella le cogió la mano y la acercó despacio, lentamente la atrajo hacia su seno, y a pocos milímetros, sintiendo ya el fuego que desprendía, suavemente le freno, no había contacto físico, pero aun así comenzaba a sentir un placer como nunca le sucedió antes del despertar en la nueva dimensión.

Description English: Portal Math Banner Background from Georgian Wikipedia Date 16 January 2014, 16:08:55 Source https://ka.wikipedia.org/wiki/File:Portal_Math_Banner_ka.png Author User:Alsandro

Día 15 (Estibaliz Burgaleta)

—¿Una enfermera pícara de pechos turgentes, Elíseo?, ¿en serio? Si llego a saber que tenías una imaginación tan anodina elijo a otro sujeto. Esperaba más de los Nuevos Humanos, la verdad.

Elíseo, hecho un lío, comprobó si seguía maniatado: pues sí. Pero frente a él ya no estaba la enfermera sexy, sino una mujer de más de sesenta años, en absoluto turgente y que le recordaba a alguien, aunque no acababa de saber quién. Elíseo se sentía mareado, confuso y además le dolían los huevos después del calentón. No entendía nada.

—No entiendo nada —dijo, lógicamente.

La anciana suspiró. Ella tampoco parecía muy feliz. Entonces cayó en la cuenta. Esa expresión de hastío y profunda decepción de ella hizo saltar un clic en su interior:

—¡Coño! La señorita Inmaculada.

—Al menos me has reconocido —dijo ella.

Ni Nuevos Humanos ni ordenadores de sueños, esto era una pesadilla. Sin más. ¿Por qué si no iba a soñar con la profesora de matemáticas que tuvo en primero de Bachillerato en Salesianos?

—¡Cancelar! ¡Cancelar! ¡Cancelar! —gritó Elíseo con desesperación.

14_Tamara_de_Campos_Hospital_San_Juan_Jerusalen_Museo_lou Description Español: Támara de Campos (Palencia, España). Sede del Ayuntamiento en el edificio románico que fue la iglesia de la Orden de San Juan de Jerusalén. Estancia dedicada a museo etnográfico. Pupitres de la antigua escuela. Date 10 August 2014, 12:44:39 Source Own work Author Lourdes Cardenal

Día 16 (Marina Ezama Botas)

La escena pareció desdibujarse para comenzar a tomar la forma de una clase de escuela. De la escuela de los Salesianos que recordaba a la perfección, un lugar en el que prefería no pensar pues en él se guardaban sus más profundos miedos, esos demonios privados que Elíseo tanto se había esforzado por enterrar y encerrar bajo siete candados.

Poco a poco, para terror de Elíseo, la escena a su alrededor se volvía más y más nítida y familiar y los recuerdos por tanto tiempo reprimidos comienzan a desarrollarse, como si de una obra teatral se tratase, delante del encadenado e impotente espectador, observó como su versión más joven se dejaba arrastrar por el mar negro de las emociones reprimidas y como las invisibles puñaladas que eran los comentarios hirientes comenzaban aquella macabra danza que le horrorizaba y fascinaba a partes iguales.

Quería gritar, instarle a su otro yo a luchar y a reaccionar, a levantarse contra los demonios de los sueños que convertían su vida en aquel peculiar infierno. Pero fue entonces cuando la figura dejó de mirar al escenario y se giró, echando a andar hacia Elíseo al tiempo que sonreía burlón y murmuraba:

—Recuerda.

Día 17 (Eduardo S. Aznar)

Lo había dicho 223: los Nuevos Humanos carecéis de memoria. Sin embargo, Elíseo RECORDABA haber escuchado esa frase. ¿Un fallo de sistema? ¿Un bucle de protección roto? ¿O una oportunidad? ¿Quizá la única oportunidad?

Cerró los ojos con fuerza hasta que todo se apagó. Los párpados le dolían mientras trataba de incendiar de luces su oscuridad, sumando imágenes una tras otra. Las mesas del colegio de los Salesianos, los pechos turgentes de 223, la ciudad a vista de pájaro, retazos de su sueño y aquella forma sin nombre pero con tacto sólido: el diario de papel que aún quería leer. Una tormenta de flashes parpadeaba locamente en su pantalla interior hasta colapsarla. Pero cuanto más recordaba, más se suavizaba su respiración, más se aflojaban sus ligaduras metálicas y una sonrisa se abría cada vez más en su rostro.

Hasta que, de pronto, en su frente se aclaró el nombre del periódico, dónde y, sobre todo, por qué encontrarlo. Sin ataduras ni peso que lo retuvieran, Elíseo se levantó de la camilla, dio dos pasos y alcanzó el umbral de la habitación. Clavadas al suelo, la señorita Inmaculada gritaba con aspereza, 223 mostraba sus pechos turgentes y una silueta pixelada con millones de puntos grises tecleaba con furia frente a un monitor.

Mas todo en vano. Elíseo salió de la estancia y cerró la puerta por fuera.

Día 18 (Jacobo Feijóo)  

Su dedo pulsó el punto. Quizá el final, quizá el punto y aparte.

—Vaya volada llevas, hermano —le espetó un colega rastafari que estaba tirado en el sofá sacando humo de un cigarrillo de extraño olor.

Elíseo se quedó mirando la pantalla. Eso de hacer una novela caleidoscópica como las de Italo Calvino se le estaba yendo de las manos. Su cerebro procesaba a velocidad de resacoso y lo único que pudo hacer fue rascarse el culo. —Y encima no has dejado ni un trago de vodka negro— añadió una choni desde el cuarto del fondo, acompañada por una risa de sonido tabernario de dios sabe quién.

Elíseo (cuyo verdadero nombre era Ignacio, pues Elíseo era su nick) miró de nuevo la yema de su dedo, la del punto. Dirigió ese dedo hasta la ventana del navegador que tenía el Twitter abierto y escribió: «Dios es un concepto de bar que mora en todos nosotros». No había terminado de escribirlo cuando ya alguien le estaba llamando fascista, otro le invitaba a unirse a su secta y un tercero amenazaba con denunciarlo.

—Los autores en calzoncillos sois escojonantes —interrumpió al fondo la voz de risa tabernaria justo cuando empezaba una canción de Los Pitufos Makineros.

Elíseo apuró lo que quedaba de vodka negro y le dio el último beso a su petardo de marihuana. —Joder —pensó—. La que voy a liar ahora pulsando de nuevo el INTRO…

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Día 19 (Patricia Martín Rivas)

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación. 

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente. 

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos. 

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.

Día 20 (Sara Levesque)

—¿Cómo resucito si no estoy muerto?

—Estás muerto en vida. ¿No lo ves? —Elíseo, cada vez más confuso, observaba a 223—. Esas cadenas te las has acomodado tú sólito. Solo tú posees el valor de abrirlas y liberarte. Pero, por lo que acabo de ver, solo tienes huevos para hincharlos pensando en mis tetas. ¿Me equivoco?

223 se acercó mutando hasta Elíseo. Daba un paso disfrazada de enfermera sexy y, a la siguiente pisada, era su antigua profesora.

Elíseo palideció, no sin sentir una breve punzada de excitación por debajo de la cintura al pensar de nuevo en aquellos pechos repletos de sabores. Abrió la boca, pero su intangible voz le traicionó. No así su expresión.

—¿Quieres respuestas, pequeño? —223 hablaba con una golosa sonrisa satánica mientras le acariciaba la frente.

Elíseo afirmó con la mirada. Al mismo tiempo, asombrado, frunció el ceño al sentir la piel tan avinagrada de 223, de tacto desigual, como si le palpara con papel de lija.

—Esos grilletes son tu pasado. Tú mismo has permitido que te amarren, aferrándote al ayer porque te asusta lo que está por llegar. Por eso creas mundos diferentes. Por eso eres un autor mediocre. Por eso añades eslabones a tu esclavitud con cada tecla que aprietas.

Los ojos de Elíseo intentaban adentrarse en los de 223. Saltaban del derecho al izquierdo y vuelta a derecho, con movimientos cada vez más desesperados. Sentía como si hubiera una barrera entre ellos. No conseguía profundizar en su mirar.

—Dime ahora —223 pegó su tajante nariz a la del muchacho—, ¿para qué tienes huevos?

Día 21 (Alberto Blanco Rubio)

Elíseo se quedó mirando a 223 sin saber qué palabras debía utilizar. Tal vez fuese verdad que nunca había tenido valor para enfrentarse a sus propios miedos. Siempre había jugado a cobijarse entre líneas de tinta sin puntos, pero con muchas comas.

—¿No vas a decir nada, Elíseo? —223 observaba a su interlocutor con el gesto fruncido y un extraño brillo en sus ojos.

—Me vas a perdonar, 223, pero ya que dices que soy un escritor mediocre, tú también deberías mirar en tu interior y aceptar, de una vez, que no eres más que la luz de la imaginación de un genio. Jamás tendrás una forma definida más allá de los libros. —Elíseo hizo una pausa antes de continuar hablando. Poco a poco, comenzaba a recuperar el orgullo que había perdido unos minutos antes—. Y no trates de engañarme con tus disfraces. Tus caricias son los susurros de las hojas al unirse y tu corazón solo entiende de renglones abstractos.

223 guardó silencio. No se esperaba aquella respuesta por parte de Elíseo. El joven puso el capuchón a su bolígrafo, no sin antes haber escrito un punto sobre el papel. Después, dejó que la noche le atrapase en la página 223 de aquella misteriosa obra sobre la vida y la muerte.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Elíseo estaba a punto de dormirse cuando una idea cruzó por su mente— si me duermo olvidaré lo poco que recuerdo —hizo todo lo posible por intentar mantenerse despierto sin llegar a conseguirlo.

Se despertó en una habitación deshabitada de paredes que una vez fueron blancas, en las que se intuían las sombras de los antiguos muebles que una vez la poblaron, como los retazos de recuerdos que poblaban su mente de Nuevo Humano.

Recordaba vagamente el despertar del día anterior en la que creía que era su oficina, su vagar por distintos planos de la consciencia sin estar seguro de que había sido realidad y que había sido una ensoñación.

Las marcas en tobillos y muñecas eran lo único que le podía indicar que el encuentro con 223 había sido en este plano de la realidad, pero justo esa parte del día anterior era la que se había corrompido en la mente de Elíseo.

Se levantó y un tintineo le alertó de la caída de lo que tenía en el regazo, eran el bolígrafo y hoja que asía antes de que el sueño le venciese. En el papel se intuían restos de unas palabras, «DOP F/ SU NO?» que no le decían nada.

Continuará…

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El Relato Caleidoscópico de Rubén Almarza

Una semana más tenemos aquí nuestro Relato Caleidoscópico. El encargado de la última entrega del año es Rubén Almarza. Esta entrada como viene siendo tradición desde el primer día la podéis comentar con el hashtag #RCaleidoscópico31 tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium).

Tras los enlaces a las entradas anteriores, como es rigor, os dejo con Rubén Almarza.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Día 27 (Rosa María Mateos)

Día 28 (Luisa Gil)

Día 29 (Josep Salvia Vidal)

Elíseo salió de la cinta transportadora, abrió la puerta y encontró al otro lado una sala con aspecto de fábrica que olía de una forma peculiar. El aire tenía restos de algún tipo de gas. Siguió las instrucciones que había recibido en la entrada y caminó entre cabinas transparentes, donde había congéneres suyos, hasta la que le correspondía a él. Entró y cerró la mampara. Aquello era como una jaula translúcida, un ataúd de cristal. Al instante, empezó a emanar desde el techo un gas que provocó una especie de niebla que le irritó los ojos y la garganta. Era la desinfección anunciada, un paso más, un trámite más en su proceso de transformación. Y por un instante, tuvo la sensación de ser un gusano de seda metamorfoseándose en mariposa. La única diferencia era que a Elíseo jamás le saldrían alas para volar.

La desinfección borró de nuevo su memoria aunque poco había ya por borrar. Era un desierto de recuerdos. El gas dejó de fluir y se encendió en alguna parte una luz verde que le indicó que ya podía abrir la cabina. Se sintió renovado. Ya era un nuevo humano preparado para vestir el uniforme caqui.

Día 30 (Ana Ortega Gil)

-¿Has visto eso, Alene? ¡Este sujeto aprende por descubrimiento y no por imitación! ¿Será además capaz de controlar a otras especies?

-Es la primera vez que veo algo así, Mayda. Podríamos provocar distintos encuentros para explorar esta faceta del Nuevo Humano.

Estar en mar abierto podría ser una oportunidad si Elíseo tuviera algún control sobre el rumbo. Una bandada de albatros se acomodó en la goleta entorno a la ventana. 

-¿Te importa llevarnos un rato? Vamos con retraso hacia el sur y así ahorramos energía. 

Elíseo se sorprendió otra vez con lo que desconocía que sabía y comenzó a graznar fluidamente. Recopiló información sobre la dirección que llevaba la bandada y por extensión, el barco. Les pidió que inspeccionaran la cubierta en busca de indicios de la sala de máquinas. Pero no tuvieron éxito y la bandada, sin más que ofrecer, alzó de nuevo el vuelo.

Según se disipaba la emoción del encuentro, Elíseo se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo, desorientado. Ruidos. Los mismos pasos que había escuchado en la habitación blanca. Y todo, acompañado de voces, todas suyas. 

-¿Para cuándo insonorizaran las salas? Es algo crítico, Alene. ¡La interferencia con el sujeto podría anular el estudio!

Astronomers have discovered a possible magnetar that emitted 40 visible-light flashes before disappearing again. Magnetars are young neutron stars with an ultra-strong magnetic field a billion times stronger than that of the Earth. The twisting of magnetic field lines in magnetars give rise to ”starquakes”, which will eventually lead to an intense soft gamma-ray burst. In the case of the SWIFT source, the optical flares that reached the Earth were probably due to ions ripped out from the surface of the magnetar and gyrating around the field lines.

Día 31 (Rubén Almarza)

Pasó un periodo extenso de tiempo en el que el silencio lo inundó todo. La nada que acompañaba a Elíseo era asfixiante, y no otorgaba un instante de descanso al atormentado escritor. Por mucho que intentaba contactar con algo fuera de la sala, nada ni nadie respondía a su llamada.

Los minutos se sucedieron, y con ellos las horas. La calma pasó a convertirse en desasosiego, tan cortante como una navaja afilada. En un instante de pareidolia mental, pudo visualizar en la oscuridad que le envolvía figuras de luces y de colores que tintineaban y que bailaban.

Por sorpresa, a su cabeza vino un pensamiento que, lejos de aliviar su desasosiego, le provocó más incertidumbre de la que ya albergaba.

Una mujer mayor, con el pelo a la altura de la cintura, le daba la espalda y temblaba, nerviosa.

«Mi madre».

Pero, en el momento en el que formuló para sí mismo aquellas dos palabras, la anciana se desvaneció y, en su lugar, surgió un rostro conocido. Era 223.

-Pensé que ya me había deshecho de ti – Dijo Elíseo con una voz metálica que no fue capaz de reconocer.

-¿Lo has olvidado? Soy producto de tu cabeza. Como todo lo que nos rodea.

Y desapareció. Pero Elíseo lo comprendió al fin, y la lección que su mente le reveló fue suficiente para armarse de valor para lo que estaba por llegar.

A su mano había vuelto el bolígrafo.

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Pilar Astray Boadicea visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Esta semana nos visita la poeta, directora y activista Pilar Astray Boadicea, tras la última edición del Certamen Literario Leopoldo de Luis al que tuve el honor de asistir. Autora de los poemarios El lenguaje de la gravedad, Diez poemas medicina para que papel venza a piedra y de Aquelarre, además ha publicado No estoy hecha para pertenecer, Vengo del agua, Man de Camelle y un jardín marino en el fin del mundo y La Queimada en los que mezcla su poesía con la pintura. También dirige Mundos Flotantes. La podéis seguir en sus redes sociales: Facebook (Pilar Astray Boadicea), Twitter (@Boadiceagarden), Instagram (@boadiceaescribe) y Youtube (Pilar Astray Boadicea).

Ignacio J. Dufour García: Bienvenida Pilar, para dar comienzo a esta entrevista me gustaría recordar la ceremonia de entrega de la XI edición del Certamen Literario Leopoldo de Luis, el pasado 21 de noviembre, ya que una de las cosas que más me sorprendieron y muy gratamente fue que se hiciese una representación de las obras ganadoras tanto en la categoría de relato corto como en la categoría de poesía. ¿Cómo surge la idea de añadir a la entrega del premio una representación dramatizada de la obra?

Pilar Astray Boadicea: Hola Ignacio, muchas gracias por entrevistarme.

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

Cuando obtuve el premio residentes en Tetuán, en la categoría de poesía, que anteriormente se llamaba: accésit Leopoldo de Luis, se me propuso por parte de la organización ser la encargada de poner en escena la obra del poeta que había obtenido el premio Leopoldo de Luis. Ese año fue para Javier Vázquez Losada por su obra Versos portátiles. Se consideró que siendo yo comunicadora audiovisual, habiendo realizado videopoemas y además, poeta, podría poner en escena la obra con garantías de entender el proceso creativo del autor y así, poder plasmarlo en un videopoema. Esta oportunidad para mí fue tan agradable como cuando me notificaron que había obtenido el premio.

Sin embargo, tengo entendido que se llevaba haciendo años anteriores lo de las puestas en escena, lo que no sé es de dónde partió la idea original, ya que diferentes empresas han pasado por la organización del certamen. No sé si fue idea de la Junta de Distrito de Tetuán o bien, de alguien ajeno. No hay que olvidar que esta ha sido la undécima edición.

IJDG: En la ceremonia de entrega de premios también se proyectó un fragmento del documental De aquí no se va nadie que produces y diriges sobre Leopoldo de Luis, ¿Qué te lleva a hacer este documental?

PAB: Cuando decidí presentarme al premio Leopoldo de Luis de poesía, no sabía quién era Leopoldo de Luis. Simplemente iba caminando por el barrio y vi un cartel de la convocatoria del premio. Decidí presentarme en la categoría de residentes en Tetuán, porque soy del barrio y porque no me consideraba preparada para ganar el premio más grande, que sería el que ahora se llama Leopoldo de Luis. En ese momento aún no tenía ni veinticinco años y consideraba que los premios los ganaban poetas consagrados, o que los premios estaban comprados, cómo se suele decir. Yo también había caído en el tópico y me presenté, con muchas dudas, un día que empezó a llover de manera salvaje y tuve que proteger el manuscrito, llegando a duras penas casi cuando estaban a punto de cerrar la junta de distrito. Fue todo muy literario, casi de película.

Fue entonces cuando me empecé a preguntar: ¿Quién es Leopoldo de Luis? Luego, llegaron las buenas noticias y entonces, surgió el conflicto. Asistí a la entrega comprobando como la figura y la historia de Leopoldo de Luis no estaban allí. El certamen se llamaba así, pero nadie contaba su historia, no había logo, ni página web, hasta que cogimos nosotros (Mundos Flotantes) las riendas. La gente recibía un premio meramente nominal, y luego dependía de ellos investigar. Tampoco asistió en esos años (desde que yo descubro el premio hasta que paso a organizar la entrega de premios) su hijo Jorge Urrutia. En definitiva, no me gustó cómo se estaba haciendo, ya que me había encariñado con la figura de Leopoldo, también al ser mi primer premio importante.

Sentía mucha conexión con su vida, algo casi mágico. Y decidí empezar a hacer una serie de vídeos pequeños, de divulgación, tras comprobar también que en el barrio mis vecinos, mis amigos, le desconocían. Cuando estaba enfrascada en estos vídeos, pensé: «Esta historia no se puede contar fragmentada, es necesario que se conozca de otra forma, a otro nivel». Y así, surgió el documental De aquí no se va nadie.

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

IJDG: ¿Cuál fue tu primer contacto con Leopoldo de Luis?

PAB: Como te he contado, el premio. Y precisamente por eso, quise ponerle remedio, por muy ambicioso que suene, quería y quiero contribuir a que su obra y vida sean mucho más conocidas de lo que ya son.

IJDG: Para la financiación del documental creasteis desde Mundos Flotantes (luego entraremos en detalles del porqué de ese nombre tan curioso) un crowdfunding, ¿qué tal ha sido la experiencia?

PAB: Como estrategia de publicidad, no estuvo mal, pero la intención era conseguir fondos para hacer el largometraje sin penurias, y poder dedicarme tanto yo como mi equipo al documental al cien por cien. No tuvimos la acogida esperada, y aunque llegamos al objetivo marcado, no era un objetivo suficiente ni realista, entre impuestos (afectan también a los crowdfunding) y las recompensas a los mecenas, realmente no es viable hacer un documental en el que tenemos que viajar, trabajar muchas horas, con lo obtenido en la campaña de micromecenazgo. Estamos sacrificando nuestro bolsillo, para qué mentir. Aún así, estamos muy agradecidos a los mecenas. Son el impulso del proyecto, nos hizo ver cuánta gente estaba interesada. Pero siendo sincera, y hablando en nombre de mi equipo como directora, necesitamos ayuda de instituciones o alguna subvención. El cine es un oficio caro, lo hemos hecho apenas sin medios, pero lo hubiéramos hecho mejor y más felices de otra forma. Ha sido una lucha, ya que, como Leopoldo, nos vemos obligados a trabajar en otras cosas para financiar este proyecto.

IJDG: Y entrando a fondo en el proceso de realización del documental, ¿qué es lo que os ha producido más satisfacción?

PAB: He conocido a gente maravillosa, a poetas a las que admiro muchísimo como Juana Castro. He aprendido mucho. Jorge Urrutia ha sido un guía estupendo, muy generoso y atento conmigo y con el resto del equipo. Recuerdo que es mi primer largometraje, por lo que pienso que será algo que recordaré siempre, por muchos años que lleve en el oficio.

IJDG: ¿Hay algo que os haya sorprendido durante la creación del documental?

PAB: Todo el mundo nos habla bien de Leopoldo de Luis. Cuando estás pintando un retrato de alguien, al fin y al cabo, un documental es eso, esperas que la figura que pintas tenga aristas, sombras. Con Leopoldo eso no ha sucedido. Y eso ha hecho que le quiera mucho más. Empecé siendo un poco escéptica respecto a este hecho de que nadie dijera nada ya no malo, sino polémico, diferente al discurso habitual sobre su persona. Pero tras años de trabajo en su obra y vida, puedo decir que es real. Leopoldo era una bella persona y por eso, esto merece la pena.

IJDG: Volviendo al tema del nombre de Mundos Flotantes, ¿cómo surge ese nombre tan evocador?

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

PAB: Corriendo por la Dehesa de la Villa, muy cerca de donde vivía Leopoldo. Estaba corriendo allí (es mi deporte favorito) y empecé a pensar nombres para una serie de fanzines que hacíamos mi socio Masles Roy (pintor y montador del documental) y yo. Comenzamos llamando a lo que era una publicación mensual: Pinturas y poemas. Ya que mezclaba sus pinturas y mis poemas. Sin embargo, era obvio que necesitábamos un nombre. Yo ya llevaba años queriendo montar mi propio negocio, y Roy y yo llevábamos años trabajando juntos. Nos hicimos realmente socios en ese momento en la Dehesa de la Villa, cuando empezamos a soltar nombres, y encontramos la chispa, lo que mejor nos definía. Fue un momento muy especial.

IJDG: He intentado encontrar la forma de definir Mundos Flotantes, pero ni es una productora, ni es una editorial, ni es solo un gestor cultural, es todo esto y mucho más. ¿Qué os impulsó a crear Mundos Flotantes?

PAB: Realmente la falta de oportunidades para los jóvenes formados en disciplinas como la nuestra. La falta de oportunidades en general. No podíamos esperar a que alguien nos diera trabajo, o seguir siendo los eternos becarios. Tampoco somos de estar quietos. Decidimos lanzarnos a la piscina. Y está siendo agridulce, aunque estamos donde queremos estar.

IJDG: ¿Cómo podemos definir a Mundos Flotantes, ya que son muchas cosas a la vez?

PAB: Es una agencia de comunicación que genera cultura. Con el añadido de que somos especialistas en el mundo del libro, y tenemos la parte audiovisual, por lo que queremos ser ese servicio que necesitan las editoriales y los autores para que su obra llegue a más gente: a través de planes de medios, estrategias de publicidad, vídeos, eventos culturales.

IJDG: Otra de las cosas que me ha sorprendido de Mundos Flotantes son las obras: No estoy hecha para pertenecer, Vengo del agua, Man de Camelle y un jardín marino en el fin del mundo y La Queimada en las que unes tus poemas con cuadros, ¿cuál es el origen de esta colaboración?

PAB: Roy y yo nos conocemos desde hace once años. Hemos crecido juntos. Nos encontramos en la universidad, cuando yo fundé un grupo de literatura (es una larga historia) y de alguna forma, sabíamos desde que nos vimos por primera vez, que íbamos a hacer algo juntos. Cuando estábamos estudiando, Roy para sorprenderme ilustró un poema mío, casi adolescente, titulado: El lobo estepario. Entonces me di cuenta de que sin decirnos nada había entendido perfectamente lo que yo tenía dentro. Fue sobrecogedor, porque el poema me resultaba doloroso. Entonces supe que, aunque somos muy distintos, como pareja artística conectábamos a un nivel muy profundo, como si fuéramos hermanos de sensibilidad.

Esto se fue cuidando, alimentando, y un día, de forma natural tras tanto recorrido, empezamos con los fanzines, buscando dotar al lector de una experiencia distinta, en la que la pintura y la poesía estuvieran al mismo nivel, fusionadas.

IJDG: ¿Cómo es el proceso creativo de estos libros? ¿Es algo conjunto?

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

PAB: Las ideas: el feminismo, el agua/la Atlántida como metáfora, el fuego o la Queimada, la historia de Man de Camelle. Son cosas en las que ambos estábamos interesados, cosas que nos llamaban. Incluso nos hacían llorar, como la historia de Manfred. Una vez estando de acuerdo en las líneas generales, Roy pintaba por su cuenta y yo escribía. Y de forma milagrosa, todo cuadraba, sin mucho esfuerzo. En Vengo del Agua, yo recibí sus cuadros y luego escribí. Todo esto era muy rápido, porque lo hacíamos mes a mes. En el caso de Man de Camelle, yo me fui a Galicia a investigar su historia de cerca para poder escribir y Roy pintó por su cuenta. Y en La Queimada, Roy recibió el texto y luego pintó. No estoy hecha para pertenecer fue una danza, el origen de la explosión creativa. Esto ha podido hacerse así tras conocernos mucho y años de amistad. No sé cómo hubiera sido con otra persona.

IJDG: Siguiendo con tu obra poética, como nos has mencionado, tu poemario Diez poemas medicina para que papel venza a piedra fue reconocido en una de las anteriores ediciones del Certamen Literario Leopoldo de Luis, ¿te esperabas terminar siendo la directora de un documental sobre Leopoldo de Luis?

PAB: Para nada. Solo quería expresar el dolor que sentía al tener a una persona que quiero en el hospital. Es un canto a la amistad. Es un sentimiento que valoro mucho, y me parece que está menos tratado que el amor en la poesía, se le da menos importancia, y para mí, es algo casi sagrado.

IJDG: Tu obra tiene una fuerte carga emocional y reivindicativa, ¿cuál es tu proceso creativo?

PAB: Cuando era más joven, todo surgía por combustión espontánea y yo me sentía orgullosa de ello. Consideraba que manipular el poema, intervenirlo, era hacer «trampa». Achacaba escribir buena poesía a la práctica y la lectura, pero no me gustaba corregir. Me parecía que le restaba pureza. Veía a gente hacer poesía con el diccionario, por pura estética, como cirujanos, y les detestaba, porque siempre he considerado que un poeta nace, no es algo que se pueda forzar, aunque sí trabajarse.

Con el tiempo, encontré el término medio. Ahora puedo rumiar una idea durante días, incubarla, hasta el momento justo en el que noto que tiene que nacer. Normalmente voy por la calle y me van viniendo los versos, o en la ducha. Porque estoy totalmente conectada al lenguaje poético, pueden aparecer en todo momento. Para pasarlos a papel, ahora prefiero estar en un estado mental más sereno, haber dejado que la idea me reconcoma un poco, y luego sembrarla. Otras veces estudio, investigo, tengo la metáfora de un mecánico y leo cosas sobre mecánica, cuando me he empapado bien, me dirijo al verso con la pasión de la idea, y la información mezcladas. Sin embargo, hay muchas cosas que siguen surgiéndome como si tuviera un volcán dentro, a veces oigo una música con mucho ritmo dentro de mí y no dejo de escribir hasta que esa música no para. Entonces sé que el poema ha terminado.

IJDG: ¿Consideras que la poesía tiene que remover al lector?

PAB: La poesía que a mí me gusta, sí. Si me deja indiferente, casi podría decir que me enfada. No leo poesía para que no me renueva, para permanecer igual. Necesito que el arte me sacuda, me muestre un camino, me toque. Me gusta hacerme preguntas y estar en continuo movimiento. Necesito poetas que me lleven al borde del precipicio mental, necesito conmoverme continuamente, sentirme abrazada con la creación ajena.

IJDG: ¿Cuáles son tus referentes artísticos?

PAB: Estoy muy influida por el simbolismo y la mitología, desde niña. En cine, adoro el trabajo de Maren Ade, Robert Rossen, Godard, Agnès Varda, Jim Jarmusch y David Lynch. También me siento muy atraída por la obra de Almodóvar. Y tengo muchas ganas de ver lo nuevo que harán Paula Ortiz y Carla Simón, ya que también me han fascinado. Consumo mucho cine y muy distinto, creo que es importante que así sea. Lo mismo intento hacer con la música, con la poesía. Me gusta que me saquen de mi zona de confort.

IJDG: ¿Has sentido que se te han ocultado las obras de muchas autoras relevantes solo por el hecho de ser mujeres?

Fotografía de Pilar Astray Boadicea cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea

PAB: Por supuesto, recuerdo en el instituto, el colegio. Salvo a Rosalía de Castro no tratábamos a ninguna poeta. En Historia del Arte en Bachillerato, no había pintoras en el contenido para selectividad. Tenías la sensación de que no existían. Por lo tanto, cómo podías tener la esperanza de lograrlo tú. Me di cuenta de lo que pasaba cuando tenía quince años, acababa de ganar el premio literario de poesía y relato del colegio, por segundo año consecutivo y me habían dado un vale para comprar libros. Cayó en mis manos el libro de Las Olvidadas de Ángeles Caso. Era 2005. Nadie me había hablado de Sofonisba Anguissola, Mme. de Staël o Luisa Roldán, mucho menos de Safo. Era un bicho raro por ser feminista en clase, no encontraba a nadie que abiertamente lo fuese. Ahora las cosas han cambiado un poco, las jóvenes tienen contacto con el feminismo por casi todas partes. Saben que existe el movimiento.

No hay que olvidar que las manifestaciones multitudinarias en torno al feminismo son de hace apenas tres años. Cuando yo era adolescente, no teníamos aún redes sociales. No podíamos acceder al contenido feminista tan fácilmente. Fue el libro de Ángeles Caso el que despertó mis ganas de investigar a las mujeres olvidadas, las artistas que me habían negado conocer.

El feminismo me salvó.

IJDG: No sé si has seguido con atención la reivindicación de que hubiese autoras en la Calle Huertas, que como recogimos en La Buhardilla en marzo se puso la primera y a día de hoy contamos con las citas de Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro y María de Zayas, ¿te parece concebible que se haya tardado tanto en conseguir?

PAB: Fanny Rubio, hablando de la poesía de posguerra, me dijo que cada generación está llamada a hacer lo que está llamada a hacer. Hay cosas que no podían haber sucedido en otro momento, por eso no sucedieron. Lo que quiero decir es que claro que me parece inconcebible que haya tenido que pasar tanto tiempo para que las mujeres estemos cerca de la igualdad, porque la igualdad no la tenemos, ni en nuestro país, ni en el resto del mundo. Esto aún va a tardar, hay que trabajar mucho. Mujeres y hombres tenemos que trabajar por ello. Me pone triste pensar que ni yo misma conoceré esa igualdad de derechos y oportunidades en nuestro país. Pero lucharé para que las niñas del futuro se atrevan a soñar cómo merecen, y puedan lograr sus sueños sin tener que pagar un precio por ser mujeres. Por eso son tan importantes las maestras, maestros hemos tenido muchos. Necesitamos mentoras, mujeres que tiendan la mano a las que empiezan, referentes y por supuesto, rescatar nuestra genealogía y darle el lugar que ha sido borrado.

Espero que sea este el momento de conseguirlo.

IJDG: Volviendo un poco al lado menos mundano de la creación artística, ¿a la hora de crear cómo eliges la forma que vas a emplear, bien audiovisual, bien textual, …?

PAB: Todo es texto. Todo puede leerse. No te sabría decir, supongo que por instinto. Te diría que los guiones los veo, los oigo y los siento, pero la poesía también la veo, la oigo y la siento. La poesía es música, aunque es más que eso.

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

IJDG: Y para ir finalizando, cuéntanos un poco de tus futuros proyectos:

PAB: Mover el documental e intentar llevarlo lo lejos que sea posible. Estoy ensayando un proyecto teatral, creado con una amiga poeta y otra dramaturga. Esperamos que vea la luz muy pronto. También quiero publicar mi tercer poemario, seguir creando eventos culturales como No Somos Musas, Artistas por la Igualdad, o Maestras (en el que me gustaría contar con referentes como Juana Castro, Ana Rossetti, Luz Pichel) y cuando pase todo esto, mi segundo largometraje no será un documental, será ficción. Y hasta aquí puedo leer.

Muchas gracias Pilar por esta entretenida y completa entrevista. Estaremos atentos al estreno de De aquí no se va nadie, y estás invitada a volver a visitarnos cuando te apetezca para hablarnos de todos los proyectos que nos mencionas y de aquellos que se han quedado en el tintero.

Y la semana que viene vuelve el Relato Caleidoscópico, no os lo perdáis.

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El Relato Caleidoscópico de Ana Ortega Gil

Una semana más tenemos aquí nuestro Relato Caleidoscópico esta vez la encargada de guiar a Elíseo es Ana Ortega Gil, y como viene siendo tradición desde el primer día el hashtag de esta entrada será #RCaleidoscópico31 que lo podéis usar tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium).

Tras los enlaces a las entradas anteriores, como es rigor, os dejo con la propuesta de Ana Ortega Gil.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Día 27 (Rosa María Mateos)

Día 28 (Luisa Gil)

Se oye una Sirena

⸺ATENCIÓN FIN DEL SIMULACRO

⸺REPITO FIN DEL SIMULACRO

⸺Cesa la Sirena

⸺PROCEDAN A DESCONECTARSE DE LA PLATAFORMA

⸺Soy el supervisor número 223. Sigan las instrucciones.

⸺Nuevos Humanos con uniforme caqui, retomen sus actividades.

⸺Aspirantes a Nuevos Humanos, vistan los uniformes amarillos que encontrarán al lado del puesto de conexión y diríjanse a la arteria de movilidad número 4.

⸺Aspirantes a Nuevos Humanos etiquetados con DOP F/SU NO, vistan los uniformes rojos, aseguren el cable a la barandilla de la cinta transportadora y colóquense en la zona marcada en rojo.

Elíseo abrió los ojos, se sentó en la camilla y siguió las instrucciones de manera mecánica. Una etiqueta roja luminosa se mostraba intermitentemente en su display:

DOP F/SU NO HHHHHHHHHHH DOP F/SU NO HHHHHHHHHHH

Se vistió con el uniforme rojo, aseguró el cable en la barra metálica y, sin tener aún muy claro lo que implicaba, se situó en la zona marcada en rojo. La cinta comenzó a moverse llevando a Elíseo por un pasillo cubierto de plástico hasta situarle ante una puerta sobre la cual había un cartel en el que se podía leer:

PELIGRO

ZONA DE DESINFECCIÓN

BORRADO DE MEMORIA

NO PASAR SIN AUTORIZACIÓN

Día 29 (Josep Salvia Vidal)

Elíseo salió de la cinta transportadora, abrió la puerta y encontró al otro lado una sala con aspecto de fábrica que olía de una forma peculiar. El aire tenía restos de algún tipo de gas. Siguió las instrucciones que había recibido en la entrada y caminó entre cabinas transparentes, donde había congéneres suyos, hasta la que le correspondía a él. Entró y cerró la mampara. Aquello era como una jaula translúcida, un ataúd de cristal. Al instante, empezó a emanar desde el techo un gas que provocó una especie de niebla que le irritó los ojos y la garganta. Era la desinfección anunciada, un paso más, un trámite más en su proceso de transformación. Y por un instante, tuvo la sensación de ser un gusano de seda metamorfoseándose en mariposa. La única diferencia era que a Elíseo jamás le saldrían alas para volar.

La desinfección borró de nuevo su memoria aunque poco había ya por borrar. Era un desierto de recuerdos. El gas dejó de fluir y se encendió en alguna parte una luz verde que le indicó que ya podía abrir la cabina. Se sintió renovado. Ya era un nuevo humano preparado para vestir el uniforme caqui.

Description 	Albatros d'amsterdam
Date 	2005
Source 	Own work
Author 	Vincent Legendre

Día 30 (Ana Ortega Gil)

-¿Has visto eso, Alene? ¡Este sujeto aprende por descubrimiento y no por imitación! ¿Será además capaz de controlar a otras especies?

-Es la primera vez que veo algo así, Mayda. Podríamos provocar distintos encuentros para explorar esta faceta del Nuevo Humano.

Estar en mar abierto podría ser una oportunidad si Elíseo tuviera algún control sobre el rumbo. Una bandada de albatros se acomodó en la goleta entorno a la ventana. 

-¿Te importa llevarnos un rato? Vamos con retraso hacia el sur y así ahorramos energía. 

Elíseo se sorprendió otra vez con lo que desconocía que sabía y comenzó a graznar fluidamente. Recopiló información sobre la dirección que llevaba la bandada y por extensión, el barco. Les pidió que inspeccionaran la cubierta en busca de indicios de la sala de máquinas. Pero no tuvieron éxito y la bandada, sin más que ofrecer, alzó de nuevo el vuelo.

Según se disipaba la emoción del encuentro, Elíseo se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo, desorientado. Ruidos. Los mismos pasos que había escuchado en la habitación blanca. Y todo, acompañado de voces, todas suyas. 

-¿Para cuándo insonorizaran las salas? Es algo crítico, Alene. ¡La interferencia con el sujeto podría anular el estudio!

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Especial 25N en La Buhardilla de Tierra Trivium

El lunes pasado fue 25 de noviembre, uno de esos días cuya conmemoración nos recuerda que aún hay mucho por hacer y que podemos hacer más de lo que estamos haciendo. Se que mi aportación de hoy poco va a cambiar, pero cada gesto cuenta y más en estos tiempos en los que se están negando desde ciertos ámbitos la existencia de un problema estructural de violencia contra las mujeres por el simple hecho de haber nacido o sentirse mujeres.

Por eso hoy, en vez de una entrevista quiero recuperar un relato que escribí para la antología No me silencies, escúchame que se presentó el 25 de noviembre de 2016. Y sin enrollarme mucho más os dejo con Huellas Invisibles. Ojalá exista un día en el que no tengamos que añadir más victimas a esta larga lista.

Huellas invisibles

Vivo en otra ciudad, uso otro nombre, visto de otra forma, casi no tengo contacto con mi familia y mis antiguas amistades. Se que no hacía falta ser tan drástica, que el pasará unos años en prisión por lo que me hizo, y tanto me costó comprender y exteriorizar, pero sentía que no había otra forma de rehacer mi vida. Me equivocaba.

Ahora nadie sabe que me sucedió y aun así sigo notando su presencia. Siento que mi comportamiento no es natural, pero ya no recuerdo como era yo antes de que él entrase en mi vida. He intentado engañarme pensando que simplemente tenía que actuar de forma opuesta a como lo hacía con él, pero al final siento que estoy representando otro papel, que tampoco soy yo.

A veces, siento que ya no queda nada de mi personalidad, que soy una extraña para mí, y que la única forma de seguir adelante es comportándome como él me imponía. Me cuesta disfrutar de la lectura de una novela, sigo escondiéndolas en los sitios más inverosímiles e inventando excusas extrañas cuando alguna de mis escasas conquistas encuentra un libro dentro de una caja de galletas, escondido en el cesto de la ropa sucia… Me produce pánico ir de compras con las amigas, así que me invento planes inverosímiles para no ir, y cuando voy me cuesta mucho encontrar algo que me guste y no tenga miedo de ponerme. Entre esas y otras “excentricidades” me es muy difícil tener una relación que dure más de un par de citas. Hay veces que siento como las boicoteó de manera intencionada pienso que por miedo a que mi cita se convierta en él.

Hasta ahora no me he atrevido a contárselo a ninguno de ellos, no se si por miedo a que se piensen que soy una mujer débil o a que se queden conmigo por compasión. Precisamente esa compasión es la que más daño me ha hecho al normalizar situaciones que no lo eran, vejaciones de todo tipo y reforzando mi sumisión a él.

Debo romper este pacto de silencio que me he autoimpuesto ya que no me ha servido para evitar las depresiones periódicas, sentirme la causa de los males de mi alrededor, superar los repentinos cambios de carácter… Solo ha sido una constante huida hacia delante no me ha servido para nada más que para hacerme yo misma más daño del que él me hizo.