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Ecos de Tierra Trivium: Noviembre 2019 (I)

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

En este domingo de Noviembre que para muchos parecerá que nos encontramos en la película de El día de la marmota desde Tierra Trivium queremos romper con la monotonía y el monotema que copará el día para recuperar las reseñas de nuestros autores, entrevistas, estrenos cinematograficos y eventos varios así como para anunciaros los eventos de la editorial para las próximas tres semanas, que ya os adelanto que vienen cargaditos y repartidos por toda la geografía.

ENTREVISTAS

Entrevista a María Serra en el programa Qué et contes? en TV Intercomarcal.

RESEÑAS

‘Equinoccio’, de Jimena Tierra en Culturamas

Equinoccio, de Jimena Tierra en Entretanto Magazine

Equinoccio de Jimena Tierra en El Cotidiano

Sudor frío, de Mari Carmen Sinti en Letralia

PRESENTACIONES

Grabación de la presentación de El año americano de Jesús Velasco Moro en la Biblioteca Ricardo León de Galapagar (Madrid) por Radio Clístenes de Galapagar.

NOTICIAS

El libro ‘Hasta los andares’, de Laura Orens, se presentó en la Casa de Galicia en Madrid (Crónicas de la emigración, 2019)

La interpretación de Carril y la palabra escrita de Curiel irrumpen en la UIMP (El Diario Montañés 2019)

Jesús Velasco Moro con su novela El año americano en el primer programa de Biblioteca Radio Activa

 EVENTOS

12 de Noviembre de 2019 a las 20:00 y a las 22:00 en el Teatro de las Letras (Madrid) : Estreno de Turbulencia Zombie dirigida por Martín Garrido Ramis.

15 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Librería Agapea (Palma de Mallorca): Presentación de Canción de mayo de Rosa María Mateos.

16 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Biblioteca Pública Cas Metge Rei de Santa María del Camí (Mallorca): Presentación de Canción de Mayo de Rosa María Mateos.

16 de Noviembre de 2019 a las 18:00 en Navalanegra (Navalagamella, Madrid): Presentación de Efecto Transilvania de Juan Ramón Biedma.

17 de Noviembre de 2019 a las 12:00 en la librería Sin Tarima (Madrid): Vermut literario con Laura Orens y Joan Roure.

19 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Casa de la cultura de Colmenarejo (Madrid): Presentación de El año americano de Jesús Velasco Moro.

20 de Noviembre de 2019 a las 17:30 en la ONCE (Madrid): Presentación de Cambio de Rasante de Jimena Tierra.

21 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Valencia: Presentación de Sudor Frío de Mari Carmen Sinti.

22 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Biblioteca Pública de Cabrils (Barcelona): Presentación de La niña de la cajita de cerillas y otras historias de Paco Riera.

27 de Noviembre de 2019 en Valencia: Presentación de Efecto Transilvania de Juan Ramón Biedma.

27 de Noviembre de 2019 a las 19:30 en la Librería Jepi de Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona): Presentación de 21 días de ira de David Casals-Roma.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Librería Alibri (Barcelona): Literatura y Cine por Martín Garrido Ramis, Martín Garrido Barón y David Casals-Roma.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en el Gat Pelut (Barcelona): Presentación de Canción de Mayo de Rosa María Mateos.

29 de Noviembre de 2019 a las 19:00 en la Librería Gigamesh (Barcelona): Presentación de Orbe Dividido de Michel Deb.

Y en diciembre tendremos más presentaciones de Rodolfo Arévalo, Rosa María Mateos, Michel Deb, Paco Riera y Martín Garrido Barón. Estar atentos a nuestras redes para conocer las fechas.

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La Buhardilla de Tierra Trivium

Esta semana no ha sido posible por diferentes razones tener una nueva entrega de La Buhardilla de Tierra Trivium o de El Relato Caleidóscopico, así que me he decidido a publicar un poema que nació hace dos años en una actividad de Órbita Diversa y como se supone que hoy es una jornada de reflexión os dejo con el poema por si os ayuda a reflexionar.

De la oscuridad a la luz

a S. A. R., quien me hizo poeta

 Estaba en las tinieblas
hasta que llegaste
a mí


Fuiste el faro
que me guío
Aquella que me hizo
conocer
mi verdadero
ser


la que me permitió
romper
esta coraza
que tanto
me había costado
construir


que tanto
me había protegido
de todo.


Aquella que me ayudó
a ser
lo que soy
a mostrarme
como soy
a ser libre
al fin.
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El Relato Caleidoscópico de Luisa Gil

Empezamos noviembre con una nueva entrega de el Relato Caleidoscópico, esta vez de la mano de Luisa Gil. El hashtag para comentar esta entrada es #RCaleidoscópico28, tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium).

Y sin más preámbulos os dejo con la historia, de la que dejado solo el enlace de todas menos las dos anteriores , para que no se alargue en exceso la historia y en breve tendremos una sorpresa, pero mientras tanto disfrutar de la nueva vuelta de Caleidoscopio de Luisa Gil.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Por muchos recuerdos robaos, por mucho que alguien intentara que no recordara nada, algo prevalecía en él, algo así como su memoria ancestral y, si de todo esto había alguna pequeño resquicio para salir de este encierro involuntario, este era esa pequeña claraboya del techo.

La observo minuciosamente, era inalcanzable, al menos estaba a cuatro metros de altura y a pesar de que alrededor de él, había algo de claridad, en todo lo que alcazaba a ver, no había ni un solo objeto que le pudiera ayudar en esta empresa.

Se movió unos cuantos pasos en uno y otro sentido tratando de localizar algo que le ayudara a salir, pero solo el ancho y cada vez más oscuro pasillo, según se alejaba de la claraboya.

Entonces recordó esas veces que en su encierro, imaginaba que en salas idénticas a las suya, se encontrarían otros seres como él, en circunstancias idénticas a las suyas, busco puertas como por la que acababa de salir, pero en ese lago pasillo, nada parecía indicar ni el más mínimo resquicio de aperturas de ningún tipo, intentó volver a su lugar de origen, tal vez con el deseo de volver a refugiarse en esa sala en la que estaba enclaustrado, pero que al menos tenía luz.

Desorientado, perdido y asustado corrió a lo largo del pasillo, sin viso alguna de esa puerta por la que había salido, se tiró de rodillas desesperado en medio del corredor y en su desesperación comenzó a gritar.

Fue entonces, cuando se cerró la claraboya, produciendo una oscuridad mucho más intensa en todo el espacio, que le dejo absolutamente paralizado, a la vez que una aguda sirena comenzó a sonar y un olor intenso y picante inundó todo el espacio, dejándolo inerte en el suelo.

Día 27 (Rosa María Mateos)

Cuando despertó, el reflujo de las olas traía de nuevo el olor -picante e intenso- del aliento de los leones marinos. Supo así que estaba en la barriga de un barco perdido entre la banquisa. Comprendió también que la sirena sonó para avisar del vuelco de la nave hacia estribor, cuando todo se volvió horizontal. De esta forma pudo Elíseo acercarse a la claraboya y romper el cristal de la oscuridad, para asomar la cabeza y sentir el golpe de frío. Absorto contempló cómo se cuarteaban los icebergs, estallando con truenos de hielo. A pesar de no tener recuerdos, jamás imaginó que pudiera ver algo tan bello.

El desierto blanco.

En el silencio eterno de la mañana se acercaron las ballenas jorobadas a merodear por la proa. Gigantes, soberbias, nadando en círculos. Elíseo les hizo señas para que se acercaran. Fue así como se dio cuenta que sabía cantar en la misma frecuencia que los cetáceos, entre los 15 y los 25 hercios, y pudo narrarles su desconsuelo. Las jorobadas arrastraron el barco a mar abierto, para evitar que la presión del hielo hiciera volar la goleta por los aires.

Le estaban regalando un futuro.

Elíseo no fue programado para el agradecimiento, pero quiso cantarles una despedida; algo así como un blues melancólico que hizo llorar a las colosas del mar.

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Día 28 (Luisa Gil)

Se oye una Sirena

⸺ATENCIÓN FIN DEL SIMULACRO

⸺REPITO FIN DEL SIMULACRO

⸺Cesa la Sirena

⸺PROCEDAN A DESCONECTARSE DE LA PLATAFORMA

⸺Soy el supervisor número 223. Sigan las instrucciones.

⸺Nuevos Humanos con uniforme caqui, retomen sus actividades.

⸺Aspirantes a Nuevos Humanos, vistan los uniformes amarillos que encontrarán al lado del puesto de conexión y diríjanse a la arteria de movilidad número 4.

⸺Aspirantes a Nuevos Humanos etiquetados con DOP F/SU NO, vistan los uniformes rojos, aseguren el cable a la barandilla de la cinta transportadora y colóquense en la zona marcada en rojo.

Elíseo abrió los ojos, se sentó en la camilla y siguió las instrucciones de manera mecánica. Una etiqueta roja luminosa se mostraba intermitentemente en su display:

DOP F/SU NO HHHHHHHHHHH DOP F/SU NO HHHHHHHHHHH

Se vistió con el uniforme rojo, aseguró el cable en la barra metálica y, sin tener aún muy claro lo que implicaba, se situó en la zona marcada en rojo. La cinta comenzó a moverse llevando a Elíseo por un pasillo cubierto de plástico hasta situarle ante una puerta sobre la cual había un cartel en el que se podía leer:

PELIGRO

ZONA DE DESINFECCIÓN

BORRADO DE MEMORIA

NO PASAR SIN AUTORIZACIÓN

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El Relato Caleidoscópico de Rosa María Mateos

Esta semana volvemos con una nueva participación en el Relato Caleidoscópico, esta vez la encargada de narrar la historia de Elíseo es Rosa María Mateos. Como es costumbre el hashtag para comentar la entrada es #RCaleidoscópico27, tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium).

Como os comentaba hace dos semanas para no alargar en exceso la entrada voy a ir dejando solo parte de los textos anteriores, quedando el resto accesibles desde los enlaces correspondientes.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Al otro lado de la puerta no se veía más que negro. Negro como lo que Elíseo imaginaba que habría dentro de su cráneo, despojado de recuerdos; negro, pero al fondo, muy al fondo, una luz titilaba.

Elíseo respiró hondo y forzó a sus pies a dar un paso hacia delante.

Luego, otro. Y luego, otro.

Cuando quiso darse cuenta, Elíseo estaba caminando por un pasillo a oscuras.

Con un temblor de la tierra, de las paredes, del suelo, la puerta que se había abierto se cerró detrás de él.

—Ya no hay vuelta atrás —se dijo Elíseo, en un susurro que apenas si podía oír él mismo—. Ya no hay… vuelta atrás.

La oscuridad era absurda, densa, pegajosa; Elíseo miraba hacia abajo y no se veía los pies. Solamente sabía que estaban andando porque escuchaba sus pasos, porque notaba el rozar en los callos, y la luz que había allá lejos se acercaba poco a poco.

Elíseo parpadeó. Se frotó los párpados. Los entrecerró, intentando ver qué era.

La bombilla —o lo que fuera— pareció guiñarle un ojo.

Al cabo de un tiempo que Elíseo no sabía calcular —y aunque hubiera sabido, se le habrían escurrido los segundos de entre los dedos, como agua— llegó a estar justo debajo de la luz.

Era una ventana.

En medio del techo, un ventanuco circular, una claraboya cerrada, le invitaba a contemplar lo que había fuera: un desierto.

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Por muchos recuerdos robaos, por mucho que alguien intentara que no recordara nada, algo prevalecía en él, algo así como su memoria ancestral y, si de todo esto había alguna pequeño resquicio para salir de este encierro involuntario, este era esa pequeña claraboya del techo.

La observo minuciosamente, era inalcanzable, al menos estaba a cuatro metros de altura y a pesar de que alrededor de él, había algo de claridad, en todo lo que alcazaba a ver, no había ni un solo objeto que le pudiera ayudar en esta empresa.

Se movió unos cuantos pasos en uno y otro sentido tratando de localizar algo que le ayudara a salir, pero solo el ancho y cada vez más oscuro pasillo, según se alejaba de la claraboya.

Entonces recordó esas veces que en su encierro, imaginaba que en salas idénticas a las suya, se encontrarían otros seres como él, en circunstancias idénticas a las suyas, busco puertas como por la que acababa de salir, pero en ese lago pasillo, nada parecía indicar ni el más mínimo resquicio de aperturas de ningún tipo, intentó volver a su lugar de origen, tal vez con el deseo de volver a refugiarse en esa sala en la que estaba enclaustrado, pero que al menos tenía luz.

Desorientado, perdido y asustado corrió a lo largo del pasillo, sin viso alguna de esa puerta por la que había salido, se tiró de rodillas desesperado en medio del corredor y en su desesperación comenzó a gritar.

Fue entonces, cuando se cerró la claraboya, produciendo una oscuridad mucho más intensa en todo el espacio, que le dejo absolutamente paralizado, a la vez que una aguda sirena comenzó a sonar y un olor intenso y picante inundó todo el espacio, dejándolo inerte en el suelo.

Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=321066

Día 27 (Rosa María Mateos)

Cuando despertó, el reflujo de las olas traía de nuevo el olor -picante e intenso- del aliento de los leones marinos. Supo así que estaba en la barriga de un barco perdido entre la banquisa. Comprendió también que la sirena sonó para avisar del vuelco de la nave hacia estribor, cuando todo se volvió horizontal. De esta forma pudo Elíseo acercarse a la claraboya y romper el cristal de la oscuridad, para asomar la cabeza y sentir el golpe de frío. Absorto contempló cómo se cuarteaban los icebergs, estallando con truenos de hielo. A pesar de no tener recuerdos, jamás imaginó que pudiera ver algo tan bello.

El desierto blanco.

En el silencio eterno de la mañana se acercaron las ballenas jorobadas a merodear por la proa. Gigantes, soberbias, nadando en círculos. Elíseo les hizo señas para que se acercaran. Fue así como se dio cuenta que sabía cantar en la misma frecuencia que los cetáceos, entre los 15 y los 25 hercios, y pudo narrarles su desconsuelo. Las jorobadas arrastraron el barco a mar abierto, para evitar que la presión del hielo hiciera volar la goleta por los aires.

Le estaban regalando un futuro.

Elíseo no fue programado para el agradecimiento, pero quiso cantarles una despedida; algo así como un blues melancólico que hizo llorar a las colosas del mar.

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Laura Orens visita de nuevo La Buhardilla de Tierra Trivium

Segunda visita de Laura Orens de La Buhardilla de Tierra Trivium

Esta semana nos sentimos halagados por volver a contar con Laura Orens en esta humilde buhardilla, esta vez viene a hablarnos de Hasta los andares, novela que ha publicado con el Grupo Tierra Trivium y gracias a la cual ha sido seleccionada como miembro de la #CosechaNegra del festival de novela negra Getafe Negro. Como ya os comenté en su anterior visita podéis encontrarla en su blog (https://entramada.wordpress.com/) donde mezcla, o mejor dicho entreteje, sus dos grandes oficios los tejidos y la literatura; en Twitter tanto en su cuenta personal (@LauraOrens) como en la de su novela (@hastalosandare2) y en su Instagram (@lauraorens).

Ignacio J Dufour García: Nos encontramos frente a una novela en la que de entrada se rompen todos los estereotipos del genero negro actual, sucede en un pueblo de Galicia, en una industria cárnica que está a punto de firmar su expansión internacional y no da comienzo con la aparición de un cadáver. Como dice su prologuista (Lorenzo Silva) Hasta los andares es «una suerte de Cluedo rural gallego con su galería de
personajes donde cualquiera podría ser el asesino». Lo que nos lleva a preguntarte, ¿qué es lo que te lleva a ambientar tu novela en Galicia?

Laura Orens: La cuestión es que la idea de la historia nació allí. El 31 de diciembre de 1999 mientras comíamos a las afueras de Santiago de Compostela y en las noticias hablaban del primer bebé del milenio. Pensé que sería mucho más interesante que fuera el primer muerto del milenio, que se convirtió en el subtítulo del libro «O primeiro morto do milenio» porque no podía separar la historia de donde nació. La dejé reposar durante muchos años hasta que quise regresar. A la escritura de esta historia y a Galicia.

IJDG: ¿Porqué elegiste ambientar la historia en una industria cárnica?

LO: Hasta los andares forma parte de una trilogía. Es la historia intermedia. Está concebida con una parte fundamental de la cultura gallega, el hambre y el alimento. Esta dicotomía se traduce en sus personajes, en el buen comer, pero también en las malas digestiones. Las literales y las metafóricas. Además, como dijo el doctor Marañón: «en España, el cerdo salvó más vidas que la penicilina». Y por tanto, forma parte del paisaje de la historia. Así como del crimen, donde la grasa y la sangre se mezclan en todo aquello que alimenta el mal comer.

IJDG: ¿De donde surge Fraguiña de Bergantinos?

LO: Si algo tenía claro cuando me puse a escribir de Fraguiña de Bergantiños es que quería que no existiera. Fraguiña es ese lugar que fluye, que es y no es. Que se mueve como las mareas y con las leyendas. Que apareció de una pedrada en un bancal en Costa da Morte, pero no junto al mar. Y de todas las lecturas y documentación que la hicieron posible: muchas leyendas como San Borondón en Canarias, la ciudad de Ys en Bretaña francesa. Inevitablemente también tiene un sabor a Atlántida no sumergida —al menos, de momento—. También me han hablado de Castroforte de Baralla de La saga/fuga de J. B. de Torrente Ballester, lectura que tengo pendiente. Fraguiña se acabó convirtiendo en un personaje más, ése en el que se hace el caldo a fuego lento. Fraguiña de Bergantiños nace de una pedrada, y de mi imaginación.

IJDG: ¿En qué inspiraste para crear a tu pareja de investigadores el inspector Castelao y el subinspector Cunqueiro?

LO: Castelao y Cunqueiro son dos autores gallegos. Al primero me lo descubrió mi padre con Nós y Cousas da vida. Dos libros que ilustran Galicia. Del caciquismo. Del poder. De la corrupción. Viñetas de hace casi cien años que tristemente siguen siendo actuales en el panorama nacional. Acerca de Álvaro Cunqueiro, que destacó por su narrativa fantástica y además, cuyo planteamiento literario era más poético y gastronómico que el de Castelao me servía como contrapunto para ambos personajes, para ambas miradas de Galicia. Y con distintos sabores y saberes. Además quería hacer un guiño a toda esa cultura local que, por motivos de tiempo en la enseñanza, no trasciende a lo general. A veces así es como se descubren nuevas referencias, de las que hay más en esta historia. Desde Picadillo, Pardo Bazán, Rosalía De Castro y cómo no, Valle-Inclán y su esperpento que está muy presente en el ambiente.

IJDG: ¿Y la razón de hacerlos miembros de la PAGA, policía autóctona gallega?

LO: No quería que fueran detectives, si no que formaran parte de un cuerpo policial. Pero no de cualquiera. Del mismo modo que inventé a Fraguiña de Bergantiños, quería que tuvieran una policía autóctona y autónoma. Que pudiera ser, o no, caldo de cultivo de posibles tramas. Como decía antes, forma parte de una trilogía. La construcción de la historia tiene ramificaciones hacia el pasado y hacia el futuro. Y en lo que concierne a la parte del pasado, tiene su importancia el momento de creación de este cuerpo policial. Para Manuel Castelao, que antes de inspector será subinspector en la nueva historia, para cambiar y mejorar el mundo, hay que hacerlo desde dentro del sistema. Por corrupto que esté. A pesar —y precisamente— de sus contradicciones. Además, me gusta mucho jugar con las palabras y me parecía un guiño surrealista, muy del tono de la historia, que la policía autonómica se llamara así.

IJDG: ¿La historia surgió de origen como una historia coral o fue la propia historia la que se volvió coral?

LO: En realidad, cuando me pongo a escribir, lo vivo como un viaje. Es decir: parto con una idea. Pero lo demás va «asaltándome». Como ocurre también en la vida. Hace años, en lo personal, que no en mis textos, me gustaba tenerlo todo más o menos armado. Pero aprendí a fluir en otras direcciones y resultó muy enriquecedor. Mi escritura también se sirvió de aquello. No tenía previsto que hubiera tanto personaje, pero sí es cierto que salía de escribir una historia intimista, a veces incluso algo claustrofóbica y quería hacer todo lo contrario. Igual que así fue como necesité acercarme al humor. Nunca había reído escribiendo hasta que estos personajes se fueron construyendo, a veces, por caminos maravillosamente improbables que exploré con ellos. Y después de haber recibido opiniones o de haber visto fragmentos de su lectura y encontrar más de una sonrisa, incluso risa, resultó tremendo.

IJDG: Antes mencionabas a Valle Inclán y su esperpento, ¿el tono de la novela tiene alguna otra influencia?

LO: Por supuesto. Como dijo Borges «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído». Es inevitable guardar en algún rincón de la memoria sentimental todas esas referencias que nos construyen, no sólo como sujetos, también como seres pensantes y deseantes. En Hasta los andares hay mucho de todas mis lecturas de adolescencia que aún mantengo de Agatha Christie. Pero también de mi primer enamoramiento literario que fue Mario Benedetti con Primavera con una esquina rota. Además de otra de las influencias que fue siempre tan importante en casa, Manuel Vázquez-Montalbán con sus guisos y su Carvalho. Sin obviar a Manuel Rivas. Leí en la adolescencia ¿Qué me quieres amor? y me atrapó el tono, ese estilo tan delicado y potente. Para la nueva historia en la que trabajo, hay mucha influencia de mi primer contacto con la literatura: la recopilación de cuentos de los Hermanos Grimm que me leía mi madre de pequeña y profundizar en ese recuerdo, en aquel tono que me costó aceptar de la nueva historia pero acabó por imponerse por lo que decía antes, porque las historias son un viaje y están vivas. Y me encanta que sea así. Es lo mágico.

IJDG: Además al final de la novela incluyes la banda sonora de la historia, ¿Cómo de importante es la música en tu forma de escribir y en la novela?

LO: Mucho. La música es otro lenguaje más. Y del mismo modo que me puede cambiar el tono en un mal día, también tiene la capacidad de darme un rumbo, un horizonte o un camino a la hora de escribir. Sólo he escrito sin música partes incómodas o desagradables. Porque no quiero contaminar la música. Pero para el resto de textos, siempre me acompaña. El final de Hasta los andares lo escribí escuchando el réquiem de Mozart en bucle. Para el resto de trama mucha música gallega: Milladoiro, Luar na Lubre… hubo una pieza con la que siempre me sentaba a escribir: A bruxa interpretada por Nathalie Haas y Alasdair Fraser porque me llevaba directamente a un rincón muy preciso de Costa da Morte. Lugar que ya tiene esa banda sonora en mi cabeza.

IJDG: ¿Cómo surge la idea de que cada una de las partes de la novela se abra con una receta en la que los personajes se convierten en ingredientes?

LO: En el cine. Fui a ver un documental El Bosco, el jardín de los sueños y probablemente sentí hambre. Para quienes me conocen ya saben que me ocurre bastante. Y entonces pensé en un caldo. Y el caldo, también eran metafóricamente todos y cada uno de los personajes de Fraguiña. Me gustó la idea porque, como decía, añade información a la historia. Y lo hace como la música, a través de otro lenguaje. El saber y el sabor están a una sola letra de distancia. Y ambos términos guardan mucha verdad. Muy subjetiva, también. Porque, en el fondo, todo lo que nos importa es lo que nos afecta a este lado de la piel. Y en el saber también.

IJDG: En relación con El Jardín de las Delicias de El Bosco, ¿qué otras influencias pictóricas tiene la novela?

LO: Esta historia tiene algo de retablo dividido en tres, es muy clásica en cuanto a la estructura: presentación, nudo o desarrollo y desenlace. Pero más que referencias pictóricas, sí puedo decirte la importancia del tono. Tanto estilísticamente en lo literario, como plásticamente en el color. Siempre tuve muy presente el color rosa del cerdo, así como la fragmentación del animal en la portada. Creo que las referencias pictóricas tienen más que ver con todos los paisajes, los colores y las percepciones. Por ejemplo: cada historia de la trilogía tiene un color. En la que estoy trabajando hay una gama de verdes, pero sobre todo, el verde niebla. La última será azul atlántico.

IJDG: ¿Qué te lleva a ubicar Fraguiña en las cercanías de Costa da Morte?

LO: En este caso, no tengo una respuesta concreta. No al menos de manera consciente. No recuerdo si fue una decisión o si, simplemente nació así. Lo que sí puedo decir es que no hubiera podido ser en ningún otro lugar. El topónimo Bergantiños es de esa zona. Malpica, Cabana… de Bergantiños. Y por mucho que Fraguiña se mueva, que lo hace, a veces incluso para engancharse a un bosque donde quedarse a vivir una temporada, no podía «surgir» en otro lugar. Desde que empecé a documentarme viajé mucho a esta zona y nació un idilio tremendo con Camariñas, el faro, Muxía y las playas que unen y separan ambas poblaciones.

IJDG: Volviendo al tema de la comida, mencionas a Vázquez-Montalbán y su relación con la comida, ¿qué otras influencias hay de Vázquez-Montalbán hay en la novela?

LO: Supongo que podría encontrar paralelismos entre el inspector Castelao y Carvalho, quizás las más evidentes son que ambos son gallegos y sus contradicciones. Éstas me parecen muy enriquecedoras para dar humanidad a los personajes. Su evidente desencanto, pero su lucha. Los dos tienen algo de marginal que los hace diferentes. Y como guiño me planteé que Manuel Castelao —inspector de Hasta los andares— hubiera nacido de Carballo, pero de sus orígenes, aún hay mucho por escribir y por contar.

IJDG: Has mencionado varias veces que esta novela es parte de una trilogía, ¿por qué empezar por la que cronológicamente sería la segunda novela?

LO: Porque no me gusta el camino fácil, claramente… Fuera de bromas. Todo nació con esta historia, como contaba antes, el 31 de diciembre de 1999. A raíz de ella, nació el hambre de seguir sabiendo más de los personajes. De las historias que dejé por resolver de sus pasados, pero también de sus futuros. Ir hacia atrás era un reto tremendo, por todo. Porque vivimos en una sociedad en la que todo va muy rápido y porque es otro viaje al pasado. A aquel en el que existían las cabinas de teléfono, el oficio de viajante y se escribían cartas. Y yo a veces siento que tengo un pie en cada lugar. Sigo escribiendo cartas. Me encanta el tac tac duro y contundente de las teclas de la máquina de escribir, pero también me encanta viajar en alta velocidad a otros lugares del mundo, leer acerca de platos exóticos en las redes e investigar en ambas direcciones.

IJDG: ¿Qué nos puedes adelantar de esas dos historias que acompañarán en un futuro a esta?

LO: Que también suceden en Galicia. Que también forman parte de la cultura culinaria gallega. Que podremos encontrar a otros tipos de investigación, no sólo la clásica y habitual de Castelao. Que los paisajes siguen alimentando al relato como un personaje más.

IJDG: Tu novela lleva el prólogo de Lorenzo Silva, como mencionaba al principio de la entrevista. ¿Cómo fue conseguir que un referente de la novela negra prologase Hasta los andares?

LO: Con trece años, mi madre me regaló un libro de Lorenzo Silva que se llama El cazador del desierto. En esa novela, aparecía un personaje que explicaba que cada uno debería cambiar su nombre y él elegía Orens. Aquello me gustó. Me marcó. Y alimentó la fidelidad lectora. Con los años, fui a las firmas de Lorenzo Silva a la feria del libro y entonces le pedí si cuando llegara el momento de publicar podría contar con su prólogo. Y aquí lo tenemos. ¿Lo que significa para mí? Emocionante es la palabra.

IJDG: Además, el próximo 21 de Octubre participarás en la mesa redonda #CosechaNegra del festival de novela negra Getafe Negro en el Instituto Cervantes, ¿te habrías imaginado llegar a estar allí?

LO: He fantaseado muchas veces con participar en Getafe Negro, no diré lo contrario. La imaginación y la curiosidad son dos herramientas básicas para este oficio. Pero la gran sorpresa fue y será hacerlo en el Instituto Cervantes. Es todo un honor y un privilegio enorme.

IJDG: Y tras Getafe Negro, ¿cuáles serán los siguientes pasos de Hasta los Andares?

LO: Este otoño llevaremos a Fraguiña de Bergantiños a Barcelona, donde el libro vio la luz por Sant Jordi, para presentarlo en la librería Alibri con Lyona. Ilustradora y amiga. Después, Fraguiña se vendrá conmigo a Madrid a Sin Tarima para hacer una presentación conjunta con otro colega del género oscuro, Joan Roure.

Muchas gracias por visitarnos de nuevo, de la mano de tu nueva novela, ha sido una entrevista maravillosa, y reiteramos la invitación a visitar La Buhardilla de Tierra Trivium las veces que quieras. Y aprovechamos para invitaros a la mesa redonda #CosechaNegra el próximo lunes 21 de Octubre a las 19:00 en el Instituto Cervantes.

La próxima semana tendremos nuevo Relato Caleidóscopico y La Buhardilla de Tierra Trivium volverá en dos semanas.

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Ecos de Tierra Trivium: Octubre 2019 (I)

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

Vuelven los Ecos de Tierra Trivium con la primicia de la participación de nuestra autora Laura Orens en la mesa redonda Cosecha Negra del festival de novela negra Getafe Negro, junto con más entrevistas a nuestros autores, premios literarios, reseñas y algunos de los próximos eventos de la editorial.

ENTREVISTAS

Operación Inuit es el título del libro que acaba de publicar Lola Fernández Estévez (Columna Cero 2019)

Joan Roure, autor de ‘Cicatrices bajo la piel’, passa pel ‘Lletres i música’ (cugat mèdia 2019)

Abrasha Rotenberg y su libro “La amenaza” (Radio Sefarad 2019)

RESEÑAS

Reseña de Operación Inuit de Lola Fernández Estévez en Una Imagen vs Mil Palabras

Operación Inuit en ANIKA entre libros

NOTICIAS

Presentación de Zoilo Pollés de Martín G. Ramis en la SGAE

Laura Orens en Getafe Negro:

Cosecha Negra (Instituto Cervantes 2019)

-La “Cosecha negra” de Getafe Negro 2019 (Getafe Negro 2019)

Debate sobre la ‘Cosecha negra’ de Getafe Negro en el Instituto Cervantes (Getafe al día 2019)

Diálogo entre Abrasha Rotenberg y Ana Lavesa de Santiago con motivo del Día Europeo de la Cultura Judía. (Casa de América 2019)

Alberto Blanco Rubio ha resultado finalista del Premio Fenix Internacional Euroamericano organizado por la Asociación Internacional Italiana de Arte Sin Fronteras (Art Senza Frontiere) y cuya ceremonia de entrega se realizó el pasado 6 de octubre en el Ateneo Mercantil de Valencia.

Cómo escribí “Operación Inuit” (Lola Fernández Estévez en Todo Literatura 2019)

Presentación de Canción de Mayo de Rosa María Mateos

Sara Levesque participó el pasado 11 de octubre en el Club de lectura de la librería La Forja de las Letras

EVENTOS

17 de Octubre de 2019 a las 19:00 en la sala Valle- Inclán de la SGAE: Presentación de Zoilo Pollés de Martín G. Ramis

21 de Octubre de 2019 a las 19:00 en el Instituto Cervantes: Laura Orens participa en la mesa redonda Cosecha Negra dentro del festival de novela negra Getafe Negro.

Nos vemos en dos semanas con una nueva hornada de Ecos de Tierra Trivium y mientras tanto para estar al día de los eventos de la editorial podéis seguirnos en Twitter (@TierraTrivium), Facebook (GrupoTierraTrivium) o suscribiros a nuestro canal de Telegram (GrupoTierraTrivium).

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El Relato Caleidoscópico de Adolfo Pascual

Aunque la semana pasada os anuncié que esta semana tendríamos una nueva entrevista en La Buhardilla de Tierra Trivium hemos tenido que hacer un cambio de planes y esta semana Adolfo Pascual Mendoza es el encargado de continuar la historia de Elíseo. Esta semana el hashtag para comentar la entrada es #RCaleidoscópico26, tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium).

A partir de esta semana empezaré a conservar solo los enlaces de los textos anteriores para no alargar innecesariamente la entrada, así que sin más preámbulos os dejo con el Relato Caleidoscópico.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Tenía que calmarse y pensar, pero ¿cómo pensar cuando careces de recuerdos? Lo único que tenía en su mente era una amalgama de frames pululando sin ningún sentido. ¿Y si lo que querían en realidad era extirparle algún recuerdo concreto de una vida anterior? Tal vez eso explicara la insistencia de su subconsciente por no recordar. Acaso un día existió otro Elíseo que debía proteger algún tipo de secreto ante cualquier circunstancia. A lo mejor no recordar fuese lo mejor para tal cometido… En cualquier caso, ¿qué sentido tenía eso si por otro lado le privaba de rememorar su pasado y por tanto no reconocerse a sí mismo? La respuesta solo podía ser una: ese recuerdo valía mucho más que su vida. 

Recogió el papel del suelo y se fijó de nuevo en esas palabras, tal como si fueran un código: «DOP F/ SU NO?». Parecía una locura, pero ¿qué podía perder? Se acercó a la puerta papel en mano. No se veía cerradura alguna. Mirada baja. «Elíseo, piensa, está todo en tu cabeza». Concentración, gotas de sudor y mirada otra vez a la puerta. 

De pronto apareció un teclado alfanumérico incrustado justo a la derecha. Sin más dilación pulsó el código.

La puerta emitió un breve sonido eléctrico y se abrió lentamente.

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Al otro lado de la puerta no se veía más que negro. Negro como lo que Elíseo imaginaba que habría dentro de su cráneo, despojado de recuerdos; negro, pero al fondo, muy al fondo, una luz titilaba.

Elíseo respiró hondo y forzó a sus pies a dar un paso hacia delante.

Luego, otro. Y luego, otro.

Cuando quiso darse cuenta, Elíseo estaba caminando por un pasillo a oscuras.

Con un temblor de la tierra, de las paredes, del suelo, la puerta que se había abierto se cerró detrás de él.

—Ya no hay vuelta atrás —se dijo Elíseo, en un susurro que apenas si podía oír él mismo—. Ya no hay… vuelta atrás.

La oscuridad era absurda, densa, pegajosa; Elíseo miraba hacia abajo y no se veía los pies. Solamente sabía que estaban andando porque escuchaba sus pasos, porque notaba el rozar en los callos, y la luz que había allá lejos se acercaba poco a poco.

Elíseo parpadeó. Se frotó los párpados. Los entrecerró, intentando ver qué era.

La bombilla —o lo que fuera— pareció guiñarle un ojo.

Al cabo de un tiempo que Elíseo no sabía calcular —y aunque hubiera sabido, se le habrían escurrido los segundos de entre los dedos, como agua— llegó a estar justo debajo de la luz.

Era una ventana.

En medio del techo, un ventanuco circular, una claraboya cerrada, le invitaba a contemplar lo que había fuera: un desierto.

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Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Por muchos recuerdos robaos, por mucho que alguien intentara que no recordara nada, algo prevalecía en él, algo así como su memoria ancestral y, si de todo esto había alguna pequeño resquicio para salir de este encierro involuntario, este era esa pequeña claraboya del techo.

La observo minuciosamente, era inalcanzable, al menos estaba a cuatro metros de altura y a pesar de que alrededor de él, había algo de claridad, en todo lo que alcazaba a ver, no había ni un solo objeto que le pudiera ayudar en esta empresa.

Se movió unos cuantos pasos en uno y otro sentido tratando de localizar algo que le ayudara a salir, pero solo el ancho y cada vez más oscuro pasillo, según se alejaba de la claraboya.

Entonces recordó esas veces que en su encierro, imaginaba que en salas idénticas a las suya, se encontrarían otros seres como él, en circunstancias idénticas a las suyas, busco puertas como por la que acababa de salir, pero en ese lago pasillo, nada parecía indicar ni el más mínimo resquicio de aperturas de ningún tipo, intentó volver a su lugar de origen, tal vez con el deseo de volver a refugiarse en esa sala en la que estaba enclaustrado, pero que al menos tenía luz.

Desorientado, perdido y asustado corrió a lo largo del pasillo, sin viso alguna de esa puerta por la que había salido, se tiró de rodillas desesperado en medio del corredor y en su desesperación comenzó a gritar.

Fue entonces, cuando se cerró la claraboya, produciendo una oscuridad mucho más intensa en todo el espacio, que le dejo absolutamente paralizado, a la vez que una aguda sirena comenzó a sonar y un olor intenso y picante inundó todo el espacio, dejándolo inerte en el suelo.

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El Relato Caleidoscópico de Haizea M. Zubieta

Esta semana la encargada de continuar el Relato Caleidoscópico es Haizea M. Zubieta autora de la novela Infinitas. Antes de dar paso a su vuelta del caleidoscopio os recuerdo que el hashtag para comentar la entrada de hoy en #RCaleidoscópico25, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Elíseo estaba a punto de dormirse cuando una idea cruzó por su mente— si me duermo olvidaré lo poco que recuerdo —hizo todo lo posible por intentar mantenerse despierto sin llegar a conseguirlo.

Se despertó en una habitación deshabitada de paredes que una vez fueron blancas, en las que se intuían las sombras de los antiguos muebles que una vez la poblaron, como los retazos de recuerdos que poblaban su mente de Nuevo Humano.

Las marcas en tobillos y muñecas eran lo único que le podía indicar que el encuentro con 223 había sido en este plano de la realidad, pero justo esa parte del día anterior era la que se había corrompido en la mente de Elíseo.

Recordaba vagamente el despertar del día anterior en la que creía que era su oficina, su vagar por distintos planos de la consciencia sin estar seguro de que había sido realidad y que había sido una ensoñación.

Se levantó y un tintineo le alertó de la caída de lo que tenía en el regazo, eran el bolígrafo y hoja que asía antes de que el sueño le venciese. En el papel se intuían restos de unas palabras, «DOP F/ SU NO?» que no le decían nada.

Día 22 (Salvador Ramírez)

—Debe haber un problema de circuitos. Esto no está funcionando…

—Sí, pero no entiendo qué puede ser. Hemos revisado todo. Otros han ido bien, pero éste… De repente recuerda algo, lo mezcla con sucesos extraños, viaja a la infancia… Y esa insistente interferencia de deseo sexual con la enfermera…

Entre tanto, Elíseo, aturdido en el nuevo escenario en que se encuentra, observa desconcertado el bolígrafo y el papel recién caídos al suelo. Su cabeza es ahora un remolino de confusión. Algunas ideas vagas le rondan, vienen y van, pero no logra atrapar ninguna.

Al otro lado, mientras le observan a través de una oculta cámara, las dos mujeres continúan la conversación.

—Es comprensible, Mayda. Son cosas que forman parte de su pasado, de fantasías, no sé, juegos infantiles, pesadillas, miedos… Y el deseo erótico es más normal, si cabe. Lo hemos visto ya en otros. Son pensamientos muy arraigados. Tú lo sabes bien, se ha discutido en el equipo, el propio Plan advertía de algo así. La Gran Transformación en Nuevos Humanos no iba a ser tan sencilla.

—Ya… sí… Lo sé, Alene, lo sé. Pero aquí hay algo más. Éste se resiste, cambia con demasiada frecuencia, lucha incluso con cierta conciencia de ello. Es como si no quisiera abandonar su pasado.

En ese momento, Elíseo gritó.

Día 23 (Eva Palomares)

Y Elíseo se escuchó a sí mismo.

Pero él no había abierto la boca para proferir ningún sonido. Los gritos provenían de todas direcciones. Múltiples gargantas de Elíseos invisibles se colaban en su tímpano a través de los muros que delimitaban aquella habitación.

¿Qué era aquello? ¿Una broma macabra? Rápidamente, los ojos de Elíseo recorrieron la estancia en busca de una salida. No la halló. No existía.

Estaba emparedado en aquella habitación. La única pista que podría sacarle de allí pendía de su mano agarrotada. Y estaba tan exaltado que no se dio cuenta de cómo el sudor le corría por la muñeca, humedeciendo el trazo de bolígrafo que, hasta ese momento y, sin que él lo supiera, era su «as en la manga».

Se apoyó en las paredes y escuchó. Ruidos, alguien caminaba. Oía su propia voz al otro lado.

Elíseo se dio cuenta de que estaba en una ratonera de alguna mente psicótica. Allí había otros Elíseos repartidos en dios sabe cuantas habitaciones iguales a la suya.

Se acercó a una de las paredes y la tocó. La pintura rugosa revelaba algo escrito.

Fijó la vista. Un código igual al que se aferraba su mano. Otro, otro, otro más… Aquellos muros estaban repletos de códigos.

Día 24 (Joan Roure)

Tenía que calmarse y pensar, pero ¿cómo pensar cuando careces de recuerdos? Lo único que tenía en su mente era una amalgama de frames pululando sin ningún sentido. ¿Y si lo que querían en realidad era extirparle algún recuerdo concreto de una vida anterior? Tal vez eso explicara la insistencia de su subconsciente por no recordar. Acaso un día existió otro Elíseo que debía proteger algún tipo de secreto ante cualquier circunstancia. A lo mejor no recordar fuese lo mejor para tal cometido… En cualquier caso, ¿qué sentido tenía eso si por otro lado le privaba de rememorar su pasado y por tanto no reconocerse a sí mismo? La respuesta solo podía ser una: ese recuerdo valía mucho más que su vida. 

Recogió el papel del suelo y se fijó de nuevo en esas palabras, tal como si fueran un código: «DOP F/ SU NO?». Parecía una locura, pero ¿qué podía perder? Se acercó a la puerta papel en mano. No se veía cerradura alguna. Mirada baja. «Elíseo, piensa, está todo en tu cabeza». Concentración, gotas de sudor y mirada otra vez a la puerta. 

De pronto apareció un teclado alfanumérico incrustado justo a la derecha. Sin más dilación pulsó el código.

La puerta emitió un breve sonido eléctrico y se abrió lentamente.

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Al otro lado de la puerta no se veía más que negro. Negro como lo que Elíseo imaginaba que habría dentro de su cráneo, despojado de recuerdos; negro, pero al fondo, muy al fondo, una luz titilaba.

Elíseo respiró hondo y forzó a sus pies a dar un paso hacia delante.

Luego, otro. Y luego, otro.

Cuando quiso darse cuenta, Elíseo estaba caminando por un pasillo a oscuras.

Con un temblor de la tierra, de las paredes, del suelo, la puerta que se había abierto se cerró detrás de él.

—Ya no hay vuelta atrás —se dijo Elíseo, en un susurro que apenas si podía oír él mismo—. Ya no hay… vuelta atrás.

La oscuridad era absurda, densa, pegajosa; Elíseo miraba hacia abajo y no se veía los pies. Solamente sabía que estaban andando porque escuchaba sus pasos, porque notaba el rozar en los callos, y la luz que había allá lejos se acercaba poco a poco.

Elíseo parpadeó. Se frotó los párpados. Los entrecerró, intentando ver qué era.

La bombilla —o lo que fuera— pareció guiñarle un ojo.

Al cabo de un tiempo que Elíseo no sabía calcular —y aunque hubiera sabido, se le habrían escurrido los segundos de entre los dedos, como agua— llegó a estar justo debajo de la luz.

Era una ventana.

En medio del techo, un ventanuco circular, una claraboya cerrada, le invitaba a contemplar lo que había fuera: un desierto.


La semana que viene habrá una nueva entrada de La Buhardilla de Tierra Trivium y en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo de la mano de un nuevo autor.

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Ecos de Tierra Trivium: Septiembre 2019

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

Tras el descanso estival retomamos los Ecos de Tierra Trivium con un resumen de lo sucedido en el universo Tierra Trivium durante los meses de agosto y septiembre, así como los próximos eventos de la editorial.

ENTREVISTAS

Abrasha Rotenberg: La vida en peligro de Abrasha Rotenberg (El País, 2019)

RESEÑAS

La Amenaza de Abrasha Rotenberg en El Cultural

Hasta los andares de Laura Orens en Revista Leer nº294

Ararat de Christopher Golden en El caballero del árbol sonriente

Ararat de Christopher Golden en Todo Literatura

NOTICIAS

Abrasha Rotenberg visita Madrid para presentar su novela La Amenaza (Todo Literatura)

La Costa da Morte, escenario de la novela «Hasta los andares» (La Voz de Galicia, 2019)

“La Mujer Mora”, il romanzo del filosofo Massimo Desiato (La voce d’Italia, 2019)

EVENTOS

2 de Octubre de 2019 a las 19:00 en la Biblioteca Eugenio Trías: La mujer protagonista a lo largo de la historia, con la participación de Inma Gómez, Sara Levesque y Lola Fernández Estévez, moderadas por Albahaca Martín.

4 de Octubre de 2019 a las 19:00 en La Forja de las letras: Presentación de Caricias de Fogueo de Pedro de Paz.

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Sobremesas manchadas de café y tinta en La Buhardilla de Tierra Trivium

Abrimos temporada de La Buhardilla de Tierra Trivium con una entrevista a las autoras de Sobremesas manchadas de café y tinta (Blanca Armenteros, Lourdes Chorro, Mercedes Lázaro y Carmen Soteres).

Ignacio J. Dufour García: Empecemos la entrevista por una pregunta clásica, ¿cuándo supisteis que las letras corrían por vuestras venas?

Blanca Armenteros: Desde muy niña cuando, por primera vez, oí a mi padre teclear en la Olivetti y fantaseé sobre las historias que allí se escondían. La imagen, el sonido y el olor a papel carbón, alimentaron mi interés por buscarlas.

IJDG: ¿Qué fue lo primero que escribisteis? ¿Cómo os llegó?

Lourdes Chorro: Casi no me acuerdo de lo pequeña que era. Fue un poema que además leí en la fiesta fin de curso del colegio y ni siquiera llegaba al micrófono.

IJDG: ¿Qué mujeres creativas estudiasteis en vuestro período escolar?

Mercedes Lázaro: Carmen Martín Gaite, Rosa Chacel, Rosalía de Castro, Carmen Laforet o las hermanas Bronte fueron buenos ejemplos de mujeres representativas para mi posterior interés literario.

IJDG: ¿El hecho de ser mujer ha influido en vuestra carrera profesional?

Carmen Soteres: No lo creo, pero es posible que en la vida de toda mujer haya unos condicionantes de los que no se puede escapar.

IJDG: ¿Habéis pensado en cambiar de género literario?

BA: Hoy por hoy me atrae el relato corto, es intenso a la vez que conciso, por lo que exige al lector una mayor implicación. Una vez dicho esto, no me cierro a nada.

IJDG: ¿Por qué creéis que la generación actual no está interesada en la literatura?

LCh: Creo que la literatura tampoco está interesada en ellos, porque no aborda los temas directos, de rápida resolución, que les llegan. Deberíamos fijarnos en los raperos. La literatura best seller de hoy no está en su onda y la otra, la LITERATURA, la asocian a otros tiempos.

IJDG: ¿Cómo podríamos animar a los jóvenes a participar de la creación literaria?

ML: Creo que es más fácil si el ambiente lo propicia, tanto familiar como escolar. Enseñar, mostrar la literatura desde lo que les interesa según el momento que viven.

IJDG: ¿Tinta o tinto?

CS: La tinta, claro que me interesa, me interesa mucho, pero siempre dejo un hueco para el relax y otra forma de diversión.

IJDG: ¿Es posible disfrutar la literatura en compañía?

BA: La literatura en sí misma es un disfrute y la opción de compartirla con alguien resulta muy atractiva. El teatro ofrece esa posibilidad, al igual que los clubs de lectura. En compañía o en soledad, lo importante es que forme parte de nuestra vida.

IJDG: ¿Cómo podemos visibilizar la figura de la mujer creativa sin caer en el hembrismo?

LCh: Que las propias mujeres visibilicemos a las demás mujeres y conseguir así hacernos a cada una de nosotras visibles.

IJDG: ¿Qué ha sido lo más complicado que habéis escrito?

ML: Mi último trabajo, precisamente los relatos recogidos en el libro «Sobremesas manchadas de café y tinta», un reto personal.

IJDG: ¿Y lo que recordáis con mayor cariño?

CS: Recuerdo con mucho cariño el relato que leí en mi primer taller. Me sentí muy orgullosa.

IJDG: ¿Qué proyectos literarios tenéis en la cabeza?

BA: Seguir escribiendo y si el tiempo me lo permite, hacer una incursión en el guion, construir un buen diálogo es un reto para cualquier escritor.

IJDG: ¿Sois escritoras a tiempo completo?

LCh: Soy escritora sin tiempo; y esto nos lleva a mi respuesta sobre la visibilidad de las mujeres. Busquemos ese tiempo para valorarnos y decir que estamos aquí.

IJDG: ¿Eliminaríais la literatura clásica de calidad por su concepción machista?

ML: Para nada, lo considero fundamental. Simplemente hay que saber situar la literatura en su contexto histórico.

IJDG: ¿Se la leeríais a vuestros hijos?

CS: Sí, se las daría a leer; primero por conocimiento y después precisamente porque leyendo clásicos y contemporáneos, podrían hacer comparaciones.

Muchas gracias por vuestro tiempo, ha sido un placer retomar las entrevistas en La Buhardilla de Tierra Trivium en la compañía de estas cuatro autoras. Os deseo una larga carrera literaria y que nos volvamos a encontrar con nuevas obras de las que hablar.

La semana que viene tendremos una nueva entrega de El Relato Caleidoscópico de la mano de una de las autoras más en boga del momento y dentro de dos semanas volveremos con una nueva entrevista en La Buharidlla de Tierra Trivium.