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David Álvarez Sánchez visita La Buhardilla de Tierra Trivium

David Álvarez Sánchez visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Esta semana Albahaca Martín entrevista en La Buhardilla de Tierra Trivium al escritor David Álvarez Sánchez con motivo de la publicación de su poemario Secretos en la Vida de Paula.

Albahaca Martín: Me gustaría saber ¿Por qué decides en un momento dado ponerte a escribir, emprender el camino literario?

David Álvarez Sánchez: Fue a raíz de la muerte de mi abuelo cuando tomé la decisión de empezar a escribir sobre el papel, en ese momento me emocioné recordando las historias que me solía contar en nuestros paseos.

AM: ¿Cómo realizas la planificación de la obra antes de escribirla, tienes todo atado antes de escribir o sin embargo vas dando pie a la improvisación?

DAS: Lo primero que hago es coger una libreta para empezar a escribir la idea que quiero transmitir al lector. A medida que va avanzando la historia que estoy contando sobre el papel suelo improvisar alguna idea que se me está ocurriendo en ese momento.

AM: Ciñéndonos a Secretos en la vida de Paula, ¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de escribirla?

DAS: A la hora de desarrollar la historia, había momentos en los que no sabía cómo continuar, por suerte a mi lado tenia mi libreta.

AM: Creo que aparte de novelista también escribes poesía, en qué género te sientes más cómodo o te gusta más.

DAS: No sabría decirte, en un futuro me planteo escribir un libro de poemas.

AM: Tienes en mente nuevos proyectos literarios.

DAS: Ahora mismo estoy con la promoción de Secretos en la vida de Paula y lo compagino con las oposiciones a Correos. Estoy escribiendo una nueva historia que lleva por título Alma y su nueva vida para el concurso de Amazon.

Antes de despedirme quisiera dar las gracias a la editorial Grupo Tierra Trivium por darme la oportunidad de formar parte de ella.


La próxima semana retomaremos el Relato Caleidoscópico con un nuevo autor.

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El Relato Caleidoscópico de Eva Palomares

Esta semana la encargada de los designios de Elíseo es Eva Palomares. Y como comenté hace un par de semanas la historia continúa desde el primer punto intermedi, siendo el hashtag de hoy #RCaleidoscópico23, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook para comentar la entrada de hoy.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Elíseo estaba a punto de dormirse cuando una idea cruzó por su mente— si me duermo olvidaré lo poco que recuerdo —hizo todo lo posible por intentar mantenerse despierto sin llegar a conseguirlo.

Se despertó en una habitación deshabitada de paredes que una vez fueron blancas, en las que se intuían las sombras de los antiguos muebles que una vez la poblaron, como los retazos de recuerdos que poblaban su mente de Nuevo Humano.

Recordaba vagamente el despertar del día anterior en la que creía que era su oficina, su vagar por distintos planos de la consciencia sin estar seguro de que había sido realidad y que había sido una ensoñación.

Las marcas en tobillos y muñecas eran lo único que le podía indicar que el encuentro con 223 había sido en este plano de la realidad, pero justo esa parte del día anterior era la que se había corrompido en la mente de Elíseo.

Se levantó y un tintineo le alertó de la caída de lo que tenía en el regazo, eran el bolígrafo y hoja que asía antes de que el sueño le venciese. En el papel se intuían restos de unas palabras, «DOP F/ SU NO?» que no le decían nada.

Día 22 (Salvador Ramírez)

—Debe haber un problema de circuitos. Esto no está funcionando…

—Sí, pero no entiendo qué puede ser. Hemos revisado todo. Otros han ido bien, pero éste… De repente recuerda algo, lo mezcla con sucesos extraños, viaja a la infancia… Y esa insistente interferencia de deseo sexual con la enfermera…

Entre tanto, Elíseo, aturdido en el nuevo escenario en que se encuentra, observa desconcertado el bolígrafo y el papel recién caídos al suelo. Su cabeza es ahora un remolino de confusión. Algunas ideas vagas le rondan, vienen y van, pero no logra atrapar ninguna.

Al otro lado, mientras le observan a través de una oculta cámara, las dos mujeres continúan la conversación.

—Es comprensible, Mayda. Son cosas que forman parte de su pasado, de fantasías, no sé, juegos infantiles, pesadillas, miedos… Y el deseo erótico es más normal, si cabe. Lo hemos visto ya en otros. Son pensamientos muy arraigados. Tú lo sabes bien, se ha discutido en el equipo, el propio Plan advertía de algo así. La Gran Transformación en Nuevos Humanos no iba a ser tan sencilla.

—Ya… sí… Lo sé, Alene, lo sé. Pero aquí hay algo más. Éste se resiste, cambia con demasiada frecuencia, lucha incluso con cierta conciencia de ello. Es como si no quisiera abandonar su pasado.

En ese momento, Elíseo gritó.

Día 23 (Eva Palomares)

Y Elíseo se escuchó a sí mismo.

Pero él no había abierto la boca para proferir ningún sonido. Los gritos provenían de todas direcciones. Múltiples gargantas de Elíseos invisibles se colaban en su tímpano a través de los muros que delimitaban aquella habitación.

¿Qué era aquello? ¿Una broma macabra? Rápidamente, los ojos de Elíseo recorrieron la estancia en busca de una salida. No la halló. No existía.

Estaba emparedado en aquella habitación. La única pista que podría sacarle de allí pendía de su mano agarrotada. Y estaba tan exaltado que no se dio cuenta de cómo el sudor le corría por la muñeca, humedeciendo el trazo de bolígrafo que, hasta ese momento y, sin que él lo supiera, era su «as en la manga».

Se apoyó en las paredes y escuchó. Ruidos, alguien caminaba. Oía su propia voz al otro lado.

Elíseo se dio cuenta de que estaba en una ratonera de alguna mente psicótica. Allí había otros Elíseos repartidos en dios sabe cuantas habitaciones iguales a la suya.

Se acercó a una de las paredes y la tocó. La pintura rugosa revelaba algo escrito.

Fijó la vista. Un código igual al que se aferraba su mano. Otro, otro, otro más… Aquellos muros estaban repletos de códigos.


La semana que viene vuelve La Buhardilla de Tierra Trivium y en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.



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El Relato Caleidoscópico de Salvador Ramírez

Tras una semanas de parón retomamos el Relato Caleidoscópico de la mano de Salvador Ramírez dando comienzo a este nuevo ciclo en la vida de Elíseo.

Como adelanté el otro día con la creacción del primer punto intermedio de la historia, a partir de ahora solo guardaré los enlaces desde el primer intermedio, en el que podreís encontrar las referencias a todo lo anterior. Y para no complicar mucho los hashtags continuaremos la numeración desde el último día, es decir, el hashtag será #RCaleidoscópico22, que usaremos tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook para comentar la entrada de hoy.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Elíseo estaba a punto de dormirse cuando una idea cruzó por su mente— si me duermo olvidaré lo poco que recuerdo —hizo todo lo posible por intentar mantenerse despierto sin llegar a conseguirlo.

Se despertó en una habitación deshabitada de paredes que una vez fueron blancas, en las que se intuían las sombras de los antiguos muebles que una vez la poblaron, como los retazos de recuerdos que poblaban su mente de Nuevo Humano.

Recordaba vagamente el despertar del día anterior en la que creía que era su oficina, su vagar por distintos planos de la consciencia sin estar seguro de que había sido realidad y que había sido una ensoñación.

Las marcas en tobillos y muñecas eran lo único que le podía indicar que el encuentro con 223 había sido en este plano de la realidad, pero justo esa parte del día anterior era la que se había corrompido en la mente de Elíseo.

Se levantó y un tintineo le alertó de la caída de lo que tenía en el regazo, eran el bolígrafo y hoja que asía antes de que el sueño le venciese. En el papel se intuían restos de unas palabras, «DOP F/ SU NO?» que no le decían nada.

Día 22 (Salvador Ramírez)

—Debe haber un problema de circuitos. Esto no está funcionando…

—Sí, pero no entiendo qué puede ser. Hemos revisado todo. Otros han ido bien, pero éste… De repente recuerda algo, lo mezcla con sucesos extraños, viaja a la infancia… Y esa insistente interferencia de deseo sexual con la enfermera…

Entre tanto, Elíseo, aturdido en el nuevo escenario en que se encuentra, observa desconcertado el bolígrafo y el papel recién caídos al suelo. Su cabeza es ahora un remolino de confusión. Algunas ideas vagas le rondan, vienen y van, pero no logra atrapar ninguna.

Al otro lado, mientras le observan a través de una oculta cámara, las dos mujeres continúan la conversación.

—Es comprensible, Mayda. Son cosas que forman parte de su pasado, de fantasías, no sé, juegos infantiles, pesadillas, miedos… Y el deseo erótico es más normal, si cabe. Lo hemos visto ya en otros. Son pensamientos muy arraigados. Tú lo sabes bien, se ha discutido en el equipo, el propio Plan advertía de algo así. La Gran Transformación en Nuevos Humanos no iba a ser tan sencilla.

—Ya… sí… Lo sé, Alene, lo sé. Pero aquí hay algo más. Éste se resiste, cambia con demasiada frecuencia, lucha incluso con cierta conciencia de ello. Es como si no quisiera abandonar su pasado.

En ese momento, Elíseo gritó.


La semana que viene volverán las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium y en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.

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Javier Joya visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Javier Joya visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Esta semana tenemos el placer de contar en La Buhardilla de Tierra Trivium con Javier Joya autor de las novelas Esperanza de Sangre y Paula X, la joven con el síndrome del corazón roto, recientemente publicada por el Grupo Tierra Trivum, así como de relatos entre los que se puede destacar El Pederasta publicado en la antología Premios Literarios Fusionarte. Podéis seguirle en Twitter (@Javi_Joya)

Ignacio J. Dufour García: Es un placer contar con tu presencia en La Buhardilla de Tierra Trivium, para charlar de tu última novela publicada, que formará un biología con tu siguiente novela, y de tu carrera literaria, ¿desde cuándo escribes? ¿Por qué?

Javier Joya: Empecé a escribir en el 2017, más o menos. La verdad es que mi contacto con la narrativa fue algo… digamos que «poético», me inspiró una película: El ladrón de palabras.

IJDG: En relación a la escritura… ¿en qué te beneficia tu profesión actual? ¿En qué te perjudica?

JJ: El ser policía y centrarme a escribir novela policíaca, negra o criminal (de momento), me da muchas ventajas a la hora de crear historias, por el simple hecho de ser conocedor de cómo funciona el sistema policial, judicial y palpar la realidad desde la perspectiva delincuencial.

La escritura ha creado en mí, una especie de adicción, y con ello, la reducción de mis horas de sueño y algún que otro reproche de mi mujer: «¿Otra vez estás escribiendo?».

IJDG: Nos gustaría saber cuál es el libro de literatura española independiente que más te ha gustado. ¿Qué te llevó a su lectura?

JJ: La última raya del escritor Javier Jorge Urbano. El libro me lo dejó un amigo y reconozco que me gustó la historia y el cómo la escribió.

IJDG: ¿Qué motivación necesitan los españoles para leer? ¿Por qué estamos por debajo de la media? Se aceptan ideas…

JJ: Leer tiene este poder: «Ver el mundo con otros ojos y desde otras perspectivas». Así que, la lectura tiene un alto componente empático que a la vez nos hace mejores seres humanos; por ello, me gusta decir que leer nos enriquece en sentimientos y emociones, y, nos aleja de lo analógico, mecánico y digital. ¿Hay algo más motivador que intentar ser mejor persona?

No hay que mirar ninguna estadística para saber que cada vez se le dedica menos tiempo a la lectura, sólo hay que viajar en un vagón de tren para ser consciente de ello. Demasiadas distracciones, un amplio ocio invitando dosis de euforia y… el gran peligro de la humanidad (para mí): el móvil; un «arma» que nos roba tiempo y anula los sentidos.

Creo que una forma amena y divertida de coger el hábito de leer, es apuntarte a un club de lectura, una manera de compartir momentos literarios, de hacer amigos e incluso ser tú mismo el propulsor para leer un libro. De esta forma, al igual que te apuntas a un gimnasio con el objetivo de fortalecer tu cuerpo, haces lo mismo en un club de lectura, solo que haces gimnasia cerebral…

IJDG: En relación a Paula X… ¿por qué una temática tan dura?

JJ: En esta historia me he inspirado en tres palabras: empatía, resiliencia y amor. He querido de esta forma representar a una víctima de acoso escolar, para que todos aquellos que leyeran el libro fueran conscientes que el bullying va más allá de lo físico y emocional… va directo al alma.

IJDG: Inspirada en hechos reales o fruto de la imaginación.

JJ: El acoso escolar, existe; el narcotráfico, existe; la prostitución, existe; la maldad, existe y… el amor, existe. El cóctel final es fruto de mi imaginación.

IJDG: ¿Cuál es la escena que más te gusta de tu libro? ¿Y la que menos?

JJ: Cuando «Javier» lee una poesía en el tanatorio, no es que sea esta la escena que más me guste, sino la que más me emociona. Respecto a la que menos, diré que una escena del capítulo 26, pero por su dureza.

IJDG: ¿Cuánto tiempo tardaste en escribirla?

JJ: Nueve meses, más o menos.

IJDG: ¿Te imaginas escribiendo poesía o comedia?

JJ: Escribo poesía pero es muy cotidiana. Estoy a siglos luz de los genios poetas que fueron bendecidos con el don de escribir con el alma. Sobre la comedia, ni me lo planteo; rotundamente, no.

IJDG: ¿Qué expectativas tienes sobre tu ópera prima?

JJ: El haber sido capaz de escribir este libro, ha hecho que rebosara mi orgullo. Pensar que algún día mis hijas puedan decir «esto lo ha escrito mi padre»… me emociona. Así que, con humildad y sin ser demasiado atrevido, si llegase a vender mil libros, para mí sería un éxito personal…, y no pido nada más que no sea salud.

Tras esta interesante charla con Javier Joya, le invitamos a visitar la Buhardilla de Tierra Trivium para hablar de la segunda parte de Paula X y confiamos en que ese día podamos celebrar que la primera parte haya llegado al millar de ejemplares vendidos.

La semana que viene vuelve el Relato Caleidoscopio con el primer texto tras el primer intermedio.

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El Relato Caleidoscópico Primer Intermedio

Primer Intermedio de El Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Como ya empezaba a picar el gusanillo de volver a tener el destino de Elíseo en mis manos, aprovechando que ya han pasado los primeros veintiún fragmentos de esta poliedrica historia y que el veintidos es mi número, voy a jugar un poco. Y que mejor forma de hacerlo que creando un punto de inflexión en la historia, a partir del cual los autores son libres de tener en cuenta los veintiun textos anteriores, pero necesariamente tendrán que tener en cuenta este texto y los que le sucedan hasta que dentro de veintiun autores lleguemos a otro punto de inflexión como los puntos de salvado de los videojuegos.  En consecuencia este relato no usará el hashtag  sino que inaugurará una nueva serie de hashtag #RCaleidoscópicoPI, que usaremos tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook para comentar la entrada de hoy.

Rompiendo la tradición solo voy a recopilar los enlaces a las entradas anteriores, antes de dar paso a mi texto, y las proximás semanas solo se incluirán los enlaces posteriores a este.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

Día 7 (Ana Boyero)

Día 8 (Juanjo Ramírez Mascaró)

Día 9 (Laura Orens)

Día 10 (Miguel Rodríguez)

Día 11 (Lara Fernández R.)

Día 12 (Paqui Ortega)

Día 13 (Juan Manuel Sánchez Moreno)

Día 14 (Jordi Rosiñol)

Día 15 (Estibaliz Burgaleta)

Día 16 (Marina Ezama Botas)

Día 17 (Eduardo S. Aznar)

Día 18 (Jacobo Feijóo)

Día 19 (Patricia Martín Rivas)

Día 20 (Sara Levesque)

Día 21 (Alberto Blanco Rubio)

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Elíseo estaba a punto de dormirse cuando una idea cruzó por su mente— si me duermo olvidaré lo poco que recuerdo —hizo todo lo posible por intentar mantenerse despierto sin llegar a conseguirlo.

Se despertó en una habitación deshabitada de paredes que una vez fueron blancas, en las que se intuían las sombras de los antiguos muebles que una vez la poblaron, como los retazos de recuerdos que poblaban su mente de Nuevo Humano.

Recordaba vagamente el despertar del día anterior en la que creía que era su oficina, su vagar por distintos planos de la consciencia sin estar seguro de que había sido realidad y que había sido una ensoñación.

Las marcas en tobillos y muñecas eran lo único que le podía indicar que el encuentro con 223 había sido en este plano de la realidad, pero justo esa parte del día anterior era la que se había corrompido en la mente de Elíseo.

Se levantó y un tintineo le alertó de la caída de lo que tenía en el regazo, eran el bolígrafo y hoja que asía antes de que el sueño le venciese. En el papel se intuían restos de unas palabras, «DOP F/ SU NO?» que no le decían nada.


La semana que viene volverán las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium y en en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.

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La cala de Nuria Barnes en La Buhardilla de Tierra Trivium

De Rjcastillo - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24708664

Esta semana le hemos dado un ligero cambio a La Buhardilla y nos acompaña el Tio Mallo recitando el poema La Cala de Nuria Barnes.

Disfrutarlo y nos vemos la semana que viene con una nueva entrega de El Relato Caleidoscópico con algunas sorpresas. Y os adelanto que en breve tendremos cambios en La Revista Tierra.

https://soundcloud.com/el-tiomallo/la-cala-mp3

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El Relato Caleidoscópico de Alberto Blanco Rubio


Vigesimo primer Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

En esta vigesimo primera semana de El Relato Caleidoscópico el encargado de continuar la historia ha sido Alberto Blanco Rubio. Os recuerdo que podeís comentar esta entrada con el hashtag #RCaleidoscópico21, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook.

Para no romper la tradición, paso a recopilar los enlaces a las entradas anteriores, antes de dar paso al texto de Alberto.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

Día 7 (Ana Boyero)

Día 8 (Juanjo Ramírez Mascaró)

Día 9 (Laura Orens)

Día 10 (Miguel Rodríguez)

Día 11 (Lara Fernández R.)

Día 12 (Paqui Ortega)

Día 13 (Juan Manuel Sánchez Moreno)

Día 14 (Jordi Rosiñol)

Día 15 (Estibaliz Burgaleta)

Día 16 (Marina Ezama Botas)

Día 17 (Eduardo S. Aznar)

Día 18 (Jacobo Feijóo)

Día 19 (Patricia Martín Rivas)

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación.

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente.

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos.

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.

Día 20 (Sara Levesque)

—¿Cómo resucito si no estoy muerto?

—Estás muerto en vida. ¿No lo ves? —Elíseo, cada vez más confuso, observaba a 223—. Esas cadenas te las has acomodado tú sólito. Solo tú posees el valor de abrirlas y liberarte. Pero, por lo que acabo de ver, solo tienes huevos para hincharlos pensando en mis tetas. ¿Me equivoco?

223 se acercó mutando hasta Elíseo. Daba un paso disfrazada de enfermera sexy y, a la siguiente pisada, era su antigua profesora.

Elíseo palideció, no sin sentir una breve punzada de excitación por debajo de la cintura al pensar de nuevo en aquellos pechos repletos de sabores. Abrió la boca, pero su intangible voz le traicionó. No así su expresión.

—¿Quieres respuestas, pequeño? —223 hablaba con una golosa sonrisa satánica mientras le acariciaba la frente.

Elíseo afirmó con la mirada. Al mismo tiempo, asombrado, frunció el ceño al sentir la piel tan avinagrada de 223, de tacto desigual, como si le palpara con papel de lija.

—Esos grilletes son tu pasado. Tú mismo has permitido que te amarren, aferrándote al ayer porque te asusta lo que está por llegar. Por eso creas mundos diferentes. Por eso eres un autor mediocre. Por eso añades eslabones a tu esclavitud con cada tecla que aprietas.

Los ojos de Elíseo intentaban adentrarse en los de 223. Saltaban del derecho al izquierdo y vuelta a derecho, con movimientos cada vez más desesperados. Sentía como si hubiera una barrera entre ellos. No conseguía profundizar en su mirar.

—Dime ahora —223 pegó su tajante nariz a la del muchacho—, ¿para qué tienes huevos?

Día 21 (Alberto Blanco Rubio)

Elíseo se quedó mirando a 223 sin saber qué palabras debía utilizar. Tal vez fuese verdad que nunca había tenido valor para enfrentarse a sus propios miedos. Siempre había jugado a cobijarse entre líneas de tinta sin puntos, pero con muchas comas.

—¿No vas a decir nada, Elíseo? —223 observaba a su interlocutor con el gesto fruncido y un extraño brillo en sus ojos.

—Me vas a perdonar, 223, pero ya que dices que soy un escritor mediocre, tú también deberías mirar en tu interior y aceptar, de una vez, que no eres más que la luz de la imaginación de un genio. Jamás tendrás una forma definida más allá de los libros. —Elíseo hizo una pausa antes de continuar hablando. Poco a poco, comenzaba a recuperar el orgullo que había perdido unos minutos antes—. Y no trates de engañarme con tus disfraces. Tus caricias son los susurros de las hojas al unirse y tu corazón solo entiende de renglones abstractos.

223 guardó silencio. No se esperaba aquella respuesta por parte de Elíseo. El joven puso el capuchón a su bolígrafo, no sin antes haber escrito un punto sobre el papel. Después, dejó que la noche le atrapase en la página 223 de aquella misteriosa obra sobre la vida y la muerte.


La semana que viene volverán las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium y en en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.



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El Relato Caleidoscópico de Sara Levesque

Vigesimo Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

A modo de celebración de estas veinte semanas de Relato Caleidoscópico, hemos invitado a nuestra compañera Sara Levesque, de la que podeís leer sus colaboraciones cada viernes. Como es costumbre, os invitamos a comentar este relato con el hashtag #RCaleidoscópico20, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook.

Como no iba a ser de otra manera en esta vigesima entrada volvemos a recopilar los enlaces a las anteriores entradas del relato caleidoscópico, seguidas del texto de Sara Levesque.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

Día 7 (Ana Boyero)
Día 9 (Laura Orens)
Día 12 (Paqui Ortega)
Día 14 (Jordi Rosiñol)
Día 18 (Jacobo Feijóo)
Su dedo pulsó el punto. Quizá el final, quizá el punto y aparte.
— Vaya volada llevas, hermano — le espetó un colega rastafari que estaba tirado en el sofá sacando humo de un cigarrillo de extraño olor.
Elíseo se quedó mirando la pantalla. Eso de hacer una novela caleidoscópica como las de Italo Calvino se le estaba yendo de las manos. Su cerebro procesaba a velocidad de resacoso y lo único que pudo hacer fue rascarse el culo.
—Y encima no has dejado ni un trago de vodka negro — añadió una choni desde el cuarto del fondo, acompañada por una risa de sonido tabernario de dios sabe quién.
Elíseo (cuyo verdadero nombre era Ignacio, pues Elíseo era su nick) miró de nuevo la yema de su dedo, la del punto. Dirigió ese dedo hasta la ventana del navegador que tenía el Twitter abierto y escribió: «Dios es un concepto de bar que mora en todos nosotros». No había terminado de escribirlo cuando ya alguien le estaba llamando fascista, otro le invitaba a unirse a su secta y un tercero amenazaba con denunciarlo.
—Los autores en calzoncillos sois escojonantes —interrumpió al fondo la voz de risa tabernaria justo cuando empezaba una canción de Los Pitufos Makineros.
Elíseo apuró lo que quedaba de vodka negro y le dio el último beso a su petardo de marihuana.
—Joder —pensó—. La que voy a liar ahora pulsando de nuevo el INTRO…

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación.

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente.

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos.

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.

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Día 20 (Sara Levesque)

—¿Cómo resucito si no estoy muerto?

—Estás muerto en vida. ¿No lo ves? Elíseo, cada vez más confuso, observaba a 223. Esas cadenas te las has acomodado tú sólito. Solo tú posees el valor de abrirlas y liberarte. Pero, por lo que acabo de ver, solo tienes huevos para hincharlos pensando en mis tetas. ¿Me equivoco?

223 se acercó mutando hasta Elíseo. Daba un paso disfrazada de enfermera sexy y, a la siguiente pisada, era su antigua profesora.

Elíseo palideció, no sin sentir una breve punzada de excitación por debajo de la cintura al pensar de nuevo en aquellos pechos repletos de sabores. Abrió la boca, pero su intangible voz le traicionó. No así su expresión.

—¿Quieres respuestas, pequeño? 223 hablaba con una golosa sonrisa satánica mientras le acariciaba la frente.

Elíseo afirmó con la mirada. Al mismo tiempo, asombrado, frunció el ceño al sentir la piel tan avinagrada de 223, de tacto desigual, como si le palpara con papel de lija.

—Esos grilletes son tu pasado. Tú mismo has permitido que te amarren, aferrándote al ayer porque te asusta lo que está por llegar. Por eso creas mundos diferentes. Por eso eres un autor mediocre. Por eso añades eslabones a tu esclavitud con cada tecla que aprietas.

Los ojos de Elíseo intentaban adentrarse en los de 223. Saltaban del derecho al izquierdo y vuelta a derecho, con movimientos cada vez más desesperados. Sentía como si hubiera una barrera entre ellos. No conseguía profundizar en su mirar.

—Dime ahora 223 pegó su tajante nariz a la del muchacho, ¿para qué tienes huevos?


La semana que viene volverán las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium y en en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.

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El Relato Caleidoscópico de Patricia Martín Rivas

By Tamorlan - Photo taken by Tamorlan, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2004388

Decimonoveno Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Y para finalizar esta semana del Día del Libro retomamos el Relato Caleidoscópico de una autora que ya ha pasado varias veces por La Buhardilla de Tierra Trivium, que no es otra que Patricia Martín Rivas. Esta semana os invitamos a comentar este relato con el hashtag #RCaleidoscópico19, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook.

Y para no olvidar las buenas costumbres os dejo los enlaces a las anteriores entradas del relato caleidoscópico, junto con el texto de Patricia Martín Rivas.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

Día 7 (Ana Boyero)
Día 9 (Laura Orens)
Día 12 (Paqui Ortega)
Día 14 (Jordi Rosiñol)

Lo había dicho 223: los Nuevos Humanos carecéis de memoria. Sin embargo, Elíseo RECORDABA haber escuchado esa frase. ¿Un fallo de sistema? ¿Un bucle de protección roto? ¿O una oportunidad? ¿Quizá la única oportunidad?

Cerró los ojos con fuerza hasta que todo se apagó. Los párpados le dolían mientras trataba de incendiar de luces su oscuridad, sumando imágenes una tras otra. Las mesas del colegio de los Salesianos, los pechos turgentes de 223, la ciudad a vista de pájaro, retazos de su sueño y aquella forma sin nombre pero con tacto sólido: el diario de papel que aún quería leer. Una tormenta de flashes parpadeaba locamente en su pantalla interior hasta colapsarla. Pero cuanto más recordaba, más se suavizaba su respiración, más se aflojaban sus ligaduras metálicas y una sonrisa se abría cada vez más en su rostro.

Hasta que, de pronto, en su frente se aclaró el nombre del periódico, dónde y, sobre todo, por qué encontrarlo. Sin ataduras ni peso que lo retuvieran, Elíseo se levantó de la camilla, dio dos pasos y alcanzó el umbral de la habitación. Clavadas al suelo, la señorita Inmaculada gritaba con aspereza, 223 mostraba sus pechos turgentes y una silueta pixelada con millones de puntos grises tecleaba con furia frente a un monitor.

Mas todo en vano. Elíseo salió de la estancia y cerró la puerta por fuera.

Día 18 (Jacobo Feijóo)
Su dedo pulsó el punto. Quizá el final, quizá el punto y aparte.
— Vaya volada llevas, hermano — le espetó un colega rastafari que estaba tirado en el sofá sacando humo de un cigarrillo de extraño olor.
Elíseo se quedó mirando la pantalla. Eso de hacer una novela caleidoscópica como las de Italo Calvino se le estaba yendo de las manos. Su cerebro procesaba a velocidad de resacoso y lo único que pudo hacer fue rascarse el culo.
—Y encima no has dejado ni un trago de vodka negro — añadió una choni desde el cuarto del fondo, acompañada por una risa de sonido tabernario de dios sabe quién.
Elíseo (cuyo verdadero nombre era Ignacio, pues Elíseo era su nick) miró de nuevo la yema de su dedo, la del punto. Dirigió ese dedo hasta la ventana del navegador que tenía el Twitter abierto y escribió: «Dios es un concepto de bar que mora en todos nosotros». No había terminado de escribirlo cuando ya alguien le estaba llamando fascista, otro le invitaba a unirse a su secta y un tercero amenazaba con denunciarlo.
—Los autores en calzoncillos sois escojonantes —interrumpió al fondo la voz de risa tabernaria justo cuando empezaba una canción de Los Pitufos Makineros.
Elíseo apuró lo que quedaba de vodka negro y le dio el último beso a su petardo de marihuana.
—Joder —pensó—. La que voy a liar ahora pulsando de nuevo el INTRO…
By Tamorlan - Photo taken by Tamorlan, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2004388
Día 19 (Patricia Martín Rivas)

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación. 

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente. 

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos. 

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.


Con esta vuelta al interior de la historia dejamos a Elíseo luchando con sus fantesmas. La semana que viene como en Madrid tenemos un pequeño puente volverá el Relato Caleidoscópico de la mano de una nueva autora.

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Creadoras letras visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Creadoras letras visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Con motivo del día del libro de este año en La Buhardilla de Tierra Trivium queremos seguir hablando de esas grandes escritoras que fueron olvidadas por la historia, por decirlo finamente. Y por ello esta semana vamos a entrevistar a Teresa Hernández González, Virginia González Ventosa, Nela Linares Antequera, Patricia Martín Rivas y Ofelia E. Oliva López miembros del equipo de Creadoras de Órbita Diversa y artífices de que Doña Emilia Pardo Bazán disponga de una cita en la calle Huertas.

Ignacio J. Dufour García: Tras ver la primera de las citas de escritoras en el pavimento, ¿cómo surge la reivindicación de escritoras en la calle Huertas?

Fotografía realizada por Ignacio J. Dufour García, cedida a Tierra Trivium
Patricia Martín Rivas en la mesa de votación del pasado 23 de marzo

Patricia Martín Rivas​: La reivindicación surge al abrir los ojos ante la desigualdad, algo que sucedió gracias al feminismo. A pesar de que sentimos la cultura machista a lo largo de nuestras vidas, hay un antes y un después al tener contacto con el feminismo, ya que a lo que antes nos molestaba inconscientemente, ahora le podemos poner palabras. Así, antes de tener contacto directo con el feminismo, paseaba por la calle Huertas con los ojos cerrados; pero gracias a escuchar y leer a otras mujeres, las desigualdades entran en el plano de lo visible. En fin, cuando me di cuenta de que faltaban mujeres en Huertas, pensé en cómo reivindicar su presencia y, con influencias del arte performativo de reivindicación, se me ocurrió la idea de las tizas y los libros. Desde que se la conté al equipo de Órbita Diversa, se entusiasmaron con la idea y la hicieron realidad activando todos los mecanismos necesarios antes, durante y después. Desde luego, el trabajo posterior de gestión, comunicación, redes y realización de más actividades ha sido fundamental para llegar a donde estamos ahora: con las primeras citas de mujeres incrustadas en letras de cobre en la calle Huertas.

IJDG: ¿Os Esperabais la repercusión de la acción del 7 de enero de 2017?

Fotografía realizada por Ignacio J. Dufour García, cedida a Tierra TriviumPMR: ​Para nada. Al tratarse de la primera acción activista creada por mí, no esperaba en absoluto que hiciera tanto ruido y que llegara tan lejos. Obviamente, no hubiera sido posible sin el trabajo incansable de Órbita Diversa y #CreadorasLetras.

Ofelia E. Oliva López:​ Éramos optimistas, claro que sí. Sobre todo confiábamos en el apoyo de la red y las compañeras, porque somos muchas y diversas trabajando en materia de herstory y en la lucha feminista. Juntas en los últimos años hemos logrado mucho, incluida nuestra petición. Si bien es cierto, no esperábamos estar, en tan sólo 12 días, en el Pleno de Distrito Centro con la petición aprobada y con el apoyo de todos los grupos parlamentarios, menos la abstención del PP, así como, el interés de determinados medios de comunicación.

IJDG: ¿Qué os parece que la primera cita sea de Emilia Pardo Bazán?

Fotografía realizada por Ignacio J. Dufour García, cedida a Tierra Trivium
Virgina González Ventosa caracterizada como Emilia Pardo Bazán

Nela Linares Antequera: Justicia poética. Emilia fue pionera en muchas cosas, no sólo en el ámbito literario, también en el reivindicarse dentro de un mundo puramente masculino. Fue presidenta de la sección de literatura del Ateneo de Madrid, organizaba tertulias literarias en el salón de su casa, se separó de su marido cuando éste le pidió que dejase de escribir. Era —porque, entre otras cosas, su posición de noble se lo permitía— una mujer que aspiraba a la libertad que ellos ya disfrutaban. Y no reparó en una época que se le quedaba pequeña. Ella intentó acceder hasta tres veces a la Real Academia, era una incansable. Recibió insultos, burlas por saberse inteligente, creadora y literata. El problema no era que lo fuese, el problema, además, era que ella lo reivindicaba, lo exponía y reclamaba su posición. Emilia sacaba de quicio a más de uno. Que ella sea la primera es un honor, pero también una manera de hacerle justicia a su legado, a su lucha. Al fin y al cabo, entre muchas otras cosas, Emilia fue quien nos dejó uno de los mejores argumentos feministas: «que se otorgue al mérito lo que es sólo del mérito y no del sexo».

IJDG: El pasado 23 de marzo, además de celebrar la colocación de la inscripción de Emilia Pardo Bazán en el pavimento, se realizó una consulta vecinal para seleccionar las dos citas que se van a incluir a continuación, una de Rosalía de Castro y otra de María de Zayas, ¿cuáles fueron las frases elegidas en la consulta?

Fotografía realizada por Ignacio J. Dufour García, cedida a Tierra Trivium
Lectura de los resultados de la votación del 23 de marzo

Teresa Hernández González​: La cita de María de Zayas procede de su obra Novelas amorosas y ejemplares y es: «Las almas no son hombres ni mujeres: ¿qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?»

En cuanto a la cita de Rosalía de Castro es de su obra Lieders «Sólo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios, […] porque el patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud.»

IJDG: Durante la consulta tres actrices hicieron de Emilia Pardo Bazán, María de Zayas y Rosalía de Castro, y en la mesa de votación se empleó una estética de principios del siglo XX, ¿Cómo se os ocurrió?

Virginia González Ventosa:​ Nos parecía importante que de alguna manera las tres escritoras que van a abrir camino yendo al pavimento de la calle Huertas estuvieran ese día representadas. Dada la andadura de Órbita Diversa en el artivismo y teniendo en cuenta que la asociación tiene un grupo teatral y varios proyectos en torno a las artes escénicas, y en confluencia con Jana Pacheco de Clásicas y Modernas, pensamos que lo mejor era traerlas al presente de la mano de la caracterización y la teatralización, revivirlas en nosotras del modo más respetuoso posible, homenajearlas pudiendo ser ellas.

IJDG: Además del equipo de creadoras, en la selección de frases han participado otras entidades. ¿Cómo ha sido este trabajo conjunto?

Fotografía realizada por Ignacio J. Dufour García, cedida a Tierra Trivium
Intervención de Jana Pacheco

OEOL: ​La cita de Emilia Pardo Bazán ha sido elegida por el Área de Cultura y Deporte del Ayuntamiento de Madrid. Las citas de María de Zayas Sotomayor y Rosalía de Castro, sí que han sido elegidas por nosotras. María de Zayas mano a mano con la Asociación Clásicas y Modernas, en concreto Jana Pacheco (escritora, dramaturga y directora de teatro, además de activista feminista) ha sido «una más» de nuestro equipo en los últimos meses. En el caso de Rosalía de Castro, nos pusimos en contacto con su Fundación (cuya sede está en Padrón, Galicia) y fueron ellas quienes propusieron la cita finalmente elegida. Personalmente me hizo muy feliz, en los mails que intercambiamos, ver la firma de la escritora y poeta gallega Chus Pato. Además del trabajo y aprendizaje, en materia herstory, que ha implicado para todas nosotras la petición y el proyecto Creadoras Letras, el trabajo conjunto con estas entidades está siendo una oportunidad de conocer y entablar relación con muchas mujeres y creadoras contemporáneas a las que admiramos y a quiénes, por supuesto, confiamos que el relato presente y futuro no borre sus letras de la memoria colectiva.

IJDG: Volviendo a la víspera de ese 7 de enero de 2017, ¿os esperabais conseguir las citas en tan breve tiempo?

OEOL: ​Han sido dos años arduos y no se nos han hecho cortos (risas). Aún así estamos muy satisfechas de cómo ha sido el proceso y la relación con todos los agentes implicados en él. También ha sido todo un aprendizaje lo que ha implicado el camino (sonríe). Y lo que queda por andar… diez autoras y citas por tener su lugar en cobre en la calle Huertas.

IJDG: Y ya hablando del futuro, ¿cómo será el proceso de selección de las citas y autoras que completarán las 13 autoras a semejanza de los 13 autores que ya están presentes en el pavimento de la calle Huertas?

OEOL: ​No los sabemos con seguridad. Sí tenemos el compromiso tanto del Área de Cultura y Deportes como de los/as responsables de Distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid de mantenernos informadas de cada paso y hacerlo de forma colaborativa y participada. Por nuestra parte, el deseo es seguir colaborando en todo el proceso con el Consejo de las Mujeres del Municipio de Madrid (tal y como se establece en la resolución distrital en la que se aprobó la petición «Queremos escritoras en el Barrio de las Letras») y la Asociación Clásicas y Modernas, así como con las organizaciones o fundaciones de las propias escritoras en los casos que existen.

THG:​ Y el criterio es el mismo, que hayan habitado Madrid a lo largo de su vida, que su obra tenga reconocimiento y calidad y por último un criterio cronológico, es decir, desde el Siglo de Oro hasta el siglo XX.

Muchas gracias por visitar La Buhardilla de Tierra Trivium para hablarnos de las escritoras que estan y estarán en la calle Huertas y estáis invitadas para celebrar la instalación del resto de citas en el pavimento.

El próximo sábado volverá El Relato Caleidoscópico con un nuevo giro de la trama.