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Llegó la semana más esperada: la Semana del Libro

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Por fin ha dado comienzo la semana más esperada del año para todos los que nos dedicamos a la literatura: autores, librerías, lectores y, por supuesto, editoriales, como Grupo Tierra Trivium, cuyo equipo ha preparado con gran ilusión un montón de actividades para disfrutar y aprovechar a tope esta Semana del Libro.

Y es que, parafraseando a Joan Manuel Serrat Serrat, hoy puede ser un gran día, y mañana también; seguramente mucho mejor, porque será 23 de abril, el Día Internacional del Libro, fecha elegida por coincidir con la muerte (o así siempre se ha pensado) de tres ilustres literatos, Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, los tres supuestamente fallecidos un 23 de abril de 1616.

Es también el 23 de abril el día de la festividad de San Jorge (Sant Jordi en catalán). En el siglo XV ya se organizaba en Barcelona una feria de rosas en esta fecha, a la que acudían jóvenes enamorados, lo cual hace pensar que la costumbre de regalar una rosa tiene su raíz en esta fiesta, que se celebraba en el Palau de la Generalitat. En cuanto al origen de la vinculación del libro con Sant Jordi, fue en los años 20 del siglo pasado cuando el escritor valenciano Vicent Clavel i Andrés, director de la editorial Cervantes, propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona y al Gremio de Editores y Libreros organizar una fiesta para promover el libro en Cataluña. Los dos primeros años la fecha elegida fue  el 7 de octubre, hasta que, con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, los libreros se organizaron y salieron a la calle colocando «paradas», como se suelen denominar, para presentar sus novedades y fomentar la lectura entre los viandantes. La iniciativa tuvo tanto éxito que en 1930 se decidió cambiar la fecha a una más favorable en cuanto a climatología, el 23 de abril, coincidiendo con la muerte de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso. Finalmente, en 1995 la Conferencia General de la UNESCO declaró el 23 de abril como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

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Aunque gracias a esta proclamación ahora es de celebración mundial, es en Cataluña donde se mantiene la costumbre de regalar rosas y libros a los seres queridos. Y es en la ciudad de Barcelona, en concreto en sus ramblas y avenidas más céntricas, donde se concentra la mayor afluencia de libreros y paseantes, que disponen de cientos de «paradas» ante las que detenerse para disfrutar con los cinco sentidos del placer del libro en papel, placer que el electrónico nunca nos podrá ofrecer: su olor, su tacto, incluso el sonido del papel al pasar las hojas…

En el Grupo Tierra Trivium no queremos perdernos este acontecimiento tan importante para todos los que amamos el libro, y dispondremos de una parada propia por segundo año consecutivo, donde nuestros amigos, lectores y asistentes a la feria podrán consultarnos cualquier duda sobre nuestras novedades, hojear nuestros libros, olerlos, tocarlos y, por supuesto, llevárselos firmados por sus autores, muchos de los cuales nos acompañarán mañana a lo largo de toda la jornada. Nos encontraréis a la altura del paseo de Gracia número 69 de Barcelona.

Adjuntamos toda la información sobre las horas de firmas de cada autor para que ningún amigo de Grupo  Tierra Trivium y de la lectura en general pueda quedarse sin conversar con su escritor preferido y llevarse a casa ese precioso ser que es un libro, que es mucho más que un objeto, que muchas veces se convierte en amigo y algunas incluso en amante de quien lo posee, y que con la firma de su creador incrementa su valor hasta lo incalculable.

Feliz Día del Libro 2019, Feliz Sant Jordi.

Nuestros libros os esperan. Felices lecturas.

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Tierra Trivium, en el Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid

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El pasado sábado día 15 tuvimos la oportunidad de participar por vez primera en el Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid, que este año celebra su 42ª edición en el Centro Conde Duque. Llevamos a cabo la actividad Inventa tu alienígenaque los niños disfrutaron dibujando originales extraterrestres de tres o cuatro cabezas, cinco o seis ojos, otras tantos brazos y patas y, sobre todo, muy muy coloridos. Después les pusieron nombre, así como a los planetas y continentes donde habitan estos aliens, y se inventaron divertidas historias protagonizadas por ellos. La actividad gira en torno a la genial novela La guerra Súcrea, escrita por nuestra joven autora Ana Vigo, que está alcanzando grandes éxitos de crítica y público.

Puede ser un estupendo regalo para estas navidades, tanto para niños y jóvenes lectores como para los adultos, porque el libro está pensado para todos los públicos. Puede ser adquirido online a través de nuestra página web https://tierraeditorial.com/producto/la-guerra-sucrea-2/ o en la librería física que se encuentra dentro del mismo Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid.

Damos las gracias a Ainhoa, Maya, Yago, Celia, Alejandro, y muchos más, por su interés en la actividad, por el entusiasmo y energía que pusieron mientras dibujaban y coloreaban y por sus maravillosas creaciones, algunas de las cuales mostramos a continuación.

Todos ellos, más las niñas y niños que lo deseen, podrán acompañarnos nuevamente en una repetición de la actividad dentro del mismo Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid, de cuya fecha os informaremos en cuanto la tengamos confirmada.

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El Relato Caleidoscópico de Juanjo Ramírez Mascaró

Octavo Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Después de conocer a Juanjo Ramírez Mascaró para la entrevista en dos partes (I y II) no me pude resistir a proponerle participar en este juego, que es El Relato Caleidoscópico, y para mi sorpresa aceptó gustoso; así que otro sábado más contamos con su presencia.

Antes de dejar al pobre Elíseo en sus manos, os recuerdo que podéis comentar la historia e ir proponiendo posibles títulos en el Facebook del Grupo Tierra Trivium, en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico8.

Como ya es tradición, os dejo los enlaces a las anteriores entradas del relato caleidoscópico seguidos de la continuación del relato por Juanjo Ramírez Mascaró.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

En el instante en el que Elíseo leyó aquellas palabras, el suelo empezó a temblar, y con él todo a su alrededor. Asustado, quiso huir de nuevo. Con la sacudida, las estanterías habían caído y bloqueado la puerta. Solo le quedaba la ventana como alternativa para salvarse. Era arriesgado, pero más lo era permanecer allí.

Se encaramó al alféizar con el corazón al galope. Era una altura considerable, pero podía hacerlo. Quería vivir, y descubrir el sentido de nuestra revelación, sobre la que apenas había podido reflexionar. Necesitaba entender lo que sucedía, por qué de repente su mundo se había vuelto tan extraño, y sobre todo, recuperar en su memoria los hechos de la tarde anterior.

Respiró hondo un par de veces, y cuando la propia pared a la que se aferraba comenzaba a resquebrajarse, se dio impulso y saltó al vacío.

Día 7 (Ana Boyero)

Elíseo no se estampó contra el suelo. Con los ojos cerrados, escuchó una voz femenina.

—Tranquilo, cariño.

Elíseo abrió los ojos y se encontró suspendido en el aire, en una especie de gravedad cero sobre la que flotaba ligero. Movió las piernas y dio una brazada que hizo que, en las calles, el reguero de ciudadanos y robots se acelerase.

—Debes encontrar a tu hermana. No nos queda mucho tiempo.

Pero Elíseo estaba demasiado fascinado con su repentina capacidad de volar y no hizo preguntas; ser hijo único tampoco ayudó a que se interesase por la orden. Siguió nadando sobre la ciudad, fantaseando con la posibilidad de cruzar la frontera y, por qué no, ver por fin el mar. Pasados diez minutos, distinguió los famosos tanques de zinc de la Fábrica Nacional de Petróleo. En su interior se cocía una pasta oscura y densa sobre la que creyó ver un par de piernas desnudas de mujer que fueron engullidas entre burbujas pastosas. En ese momento, el volumen del altavoz interno de su cabeza se multiplicó por cinco y un coro de treinta voces gritó al unísono:

— Elíseo, no nos jodas.

Y Elíseo comenzó a caer, a plomo.

Imagen cedida por Ignacio J. Dufour García a Tierra Trivium
Día 8 (Juanjo Ramírez Mascaró)

Intentó aferrarse a cualquier cosa para frenar su caída, pero sus manos sólo hallaron lo que ya estaba en ellas. El papel azotado por el viento, vibrando como ala de insecto. Cuatro únicas palabras en su superficie: EL ORDENADOR EN SUEÑOS.

El suelo se acercaba. La colisión era inminente. Elíseo no tenía tiempo de pensar, y no lo hizo.

Se limitó a rasgar el folio en dos…

… y al hacerlo, rasgó en dos el mundo entero.

Se rasgó el asfalto de esa calzada con la que estaba a punto de impactar, generando una grieta. Se rasgó en dos cada edificio, cada coche, cada tanque de zinc, cada sombra, puede que cada átomo.

Y sintió cómo él mismo, desde sus profundidades más recónditas, también se desgarraba.

Media décima de segundo más tarde (también las décimas se habían fragmentado) Elíseo notó cómo una mitad del mundo se alejaba de su otra mitad. Noto cómo una parte de él mismo se distanciaba del resto de su ser, ensanchando la grieta.

La mitad femenina de Elíseo vio a su mitad masculina perderse en la distancia. En su mano, el trozo de papel rasgado en dos, luciendo dos únicas palabras: EL ORDENA.

La semana que viene no nos vamos de puente. Estibaliz Burgaleta visitará La Buhardilla de Tierra Trivium para hablarnos de su novela Loser, que por estos azares del destino presentó junto a Juanjo Ramírez Mascaró. Y así le damos tiempo a Laura Orens a recomponer a Elíseo después de pasar por las manos de Juanjo.

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El Relato Caleidoscópico de Ana Boyero

Séptimo Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Como os comentaba la semana pasada, por temas de agenda, para abrir boca a la presentación de la novela Luces que parpadean de Juan Manuel Sánchez Moreno alteré la frecuencia de La Buhardilla de Tierra Trivium y El Relato Caleidoscópico. Por ello, hoy nos acompaña Ana Boyero con su aportación a este collage en el que se está convirtiendo está sección. Os invito a comentar la historia e ir proponiendo posibles títulos en el Facebook del Grupo Tierra Trivium, en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico7.

Sin más preámbulos os dejo los enlaces a las anteriores entradas del relato caleidoscópico y el relato de Ana Boyero, que estoy seguro que no os dejará indiferentes.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

El diario que antes había querido comprar pasó volando frente a él, impulsado por un viento sin aire. Las páginas revoloteaban a su alrededor, como queriendo dejarse atrapar, y Elíseo alargó un brazo y tomó suavemente entre sus dedos una de las hojas. Estaba en blanco.

Entonces todos paramos. Todos nos detuvimos, alfombra, personas, la arteria entera. Y empezamos a movernos hacia atrás, rebobinándonos en el tiempo. Él no, sólo nosotros, todo lo demás. Hasta que volvimos a dejarlo en su oficina, el lugar donde en el principio había abierto los ojos.

Y se vio a sí mismo dormido… No, dormido no, desplomado sobre una tecla Intro de un ordenador. El ordenador que, como antes, no estaba.

—¿Dónde está? —preguntó.

—¿El qué? —respondimos.

Él comenzó a mirar (a escuchar) en todas direcciones.

—¿Quién habla?

—Tú eres el ordenador.

—¿Cómo?

—El ordenador eres tú.

—¿Quiénes sois?

—Los que vivimos en tus circuitos de memoria, aquellos a los que tus algoritmos dan vida.

Se sentó en el suelo, la espalda contra la pared. Su voz apenas formaba sonidos al hablar.

—¿Qué está pasando?

—Eso es lo que debes descubrir.

Sólo entonces se dio cuenta de que el papel seguía entre sus manos. Una frase había aparecido en él: “EL ORDENADOR EN SUEÑOS”.

Día 6 (Ana Vigo)

En el instante en el que Elíseo leyó aquellas palabras, el suelo empezó a temblar, y con él todo a su alrededor. Asustado, quiso huir de nuevo. Con la sacudida, las estanterías habían caído y bloqueado la puerta. Solo le quedaba la ventana como alternativa para salvarse. Era arriesgado, pero más lo era permanecer allí.

Se encaramó al alféizar con el corazón al galope. Era una altura considerable, pero podía hacerlo. Quería vivir, y descubrir el sentido de nuestra revelación, sobre la que apenas había podido reflexionar. Necesitaba entender lo que sucedía, por qué de repente su mundo se había vuelto tan extraño, y sobre todo, recuperar en su memoria los hechos de la tarde anterior.

Respiró hondo un par de veces, y cuando la propia pared a la que se aferraba comenzaba a resquebrajarse, se dio impulso y saltó al vacío.

Imagen cedida por Ignacio J. Dufour García a Tierra Trivium

Día 7 (Ana Boyero)

 Elíseo no se estampó contra el suelo. Con los ojos cerrados, escuchó una voz femenina.

 —Tranquilo, cariño.

 Elíseo abrió los ojos y se encontró suspendido en el aire, en una especie de gravedad cero sobre la que flotaba ligero. Movió las piernas y dio una brazada que hizo que, en las calles, el reguero de ciudadanos y robots se acelerase.

 —Debes encontrar a tu hermana. No nos queda mucho tiempo.

Pero Elíseo estaba demasiado fascinado con su repentina capacidad de volar y no hizo preguntas; ser hijo único tampoco ayudó a que se interesase por la orden. Siguió nadando sobre la ciudad, fantaseando con la posibilidad de cruzar la frontera y, por qué no, ver por fin el mar. Pasados diez minutos, distinguió los famosos tanques de zinc de la Fábrica Nacional de Petróleo. En su interior se cocía una pasta oscura y densa sobre la que creyó ver un par de piernas desnudas de mujer que fueron engullidas entre burbujas pastosas. En ese momento, el volumen del altavoz interno de su cabeza se multiplicó por cinco y un coro de treinta voces gritó al unísono:

— Elíseo, no nos jodas.

 Y Elíseo comenzó a caer, a plomo.


Rompiendo las pocas leyes de la física que nos quedaban dejamos a Elíseo cayendo en las manos de Juanjo Ramírez Mascaró con los resultados que conoceremos la semana que viene y que a lo mejor pondrá un poco de cordura en está exquisita narración.

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El Relato Caleidoscópico de Ana Vigo

Sexto Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Esta semana la encargada de dar una vuelta de tuerca al Relato Caleidoscópico es Ana Vigo. Os invito a comentar la historia e ir proponiendo posibles títulos para el relato caleidoscópico en el Facebook del Grupo Tierra Trivium, en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico6.

Para no alargar mucho está entrada, voy a dejar los enlaces a los dos primeros relatos y ahora sin más preámbulos,  os dejo con el relato caleidoscópico.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Ignoraba que el papel iba dirigido a personas que presentaban un analfabetismo digital, y únicamente para casos de primera necesidad. Elíseo estaba confuso. A su alrededor: la ciudad, los hombres y la robótica se entremezclaban maquillados de blanco y negro; colores, que bordaban el paisaje decorado de caras serias marcadas por un pliegue en la frente, y por robots que dirigían el ritmo.

Captaron su atención unos ventanales que difuminaban una luz multicolor. En estos se podían elegir los productos deseados y segundos después, motivados por la presencia de una tarjeta, caían en la cesta.

Elíseo, maravillado, se mezclaba entre la gente y tropezó con una alfombra eléctrica. A su lado, algunas personas permanecían en modo estático y otras en movimiento acelerado. Miró hacia el techo pensando que esa era la entrada a otro Mundo, y atrapado entre las redes míticas de la curiosidad esotérica siguió avanzando, guiado por los de la «Generación Y». Creyó que serían soldados y que debería seguirlos. De esta manera, tomó pie en la arteria central subterránea que trasladaba a cada ciudadano a su destino. Sin rumbo fijo y en soledad, su corazón latía por miedo o por emoción, aún no lo sabía.

Día 5 (José Jesús García Rueda)

El diario que antes había querido comprar pasó volando frente a él, impulsado por un viento sin aire. Las páginas revoloteaban a su alrededor, como queriendo dejarse atrapar, y Elíseo alargó un brazo y tomó suavemente entre sus dedos una de las hojas. Estaba en blanco.

Entonces todos paramos. Todos nos detuvimos, alfombra, personas, la arteria entera. Y empezamos a movernos hacia atrás, rebobinándonos en el tiempo. Él no, sólo nosotros, todo lo demás. Hasta que volvimos a dejarlo en su oficina, el lugar donde en el principio había abierto los ojos.

Y se vio a sí mismo dormido… No, dormido no, desplomado sobre una tecla Intro de un ordenador. El ordenador que, como antes, no estaba.

-¿Dónde está? – preguntó.

-¿El qué? – respondimos.

Él comenzó a mirar (a escuchar) en todas direcciones.

-¿Quién habla?

-Tú eres el ordenador.

-¿Cómo?

-El ordenador eres tú.

-¿Quiénes sois?

-Los que vivimos en tus circuitos de memoria, aquellos a los que tus algoritmos dan vida.

Se sentó en el suelo, la espalda contra la pared. Su voz apenas formaba sonidos al hablar.

-¿Qué está pasando?

-Eso es lo que debes descubrir.

Sólo entonces se dio cuenta de que el papel seguía entre sus manos. Una frase había aparecido en él: “EL ORDENADOR EN SUEÑOS”.

Fotografía propiedad de Ignacio J. Dufour García cedida al Grupo Tierra Trivium.

Día 6 (Ana Vigo)

En el instante en el que Elíseo leyó aquellas palabras, el suelo empezó a temblar, y con él todo a su alrededor. Asustado, quiso huir de nuevo. Con la sacudida, las estanterías habían caído y bloqueado la puerta. Solo le quedaba la ventana como alternativa para salvarse. Era arriesgado, pero más lo era permanecer allí.

Se encaramó al alféizar con el corazón al galope. Era una altura considerable, pero podía hacerlo. Quería vivir, y descubrir el sentido de nuestra revelación, sobre la que apenas había podido reflexionar. Necesitaba entender lo que sucedía, por qué de repente su mundo se había vuelto tan extraño, y sobre todo, recuperar en su memoria los hechos de la tarde anterior.

Respiró hondo un par de veces, y cuando la propia pared a la que se aferraba comenzaba a resquebrajarse, se dio impulso y saltó al vacío.

 


Y así con nuestro protagonista dando un salto a lo desconocido le cedemos el caleidoscopio a Ana Boyero. Y la semana que viene podréis disfrutar de la segunda parte de la entrevista Juanjo Ramírez Mascaró en La Buhardilla de Tierra Trivium.

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El Relato Caleidoscópico de José Jesús García Rueda

Quinto Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Después del puente retomamos El Relato Caleidoscópico con el texto de José Jesús García Rueda. Os invito a comentar la historia e ir proponiendo posibles títulos para el relato caleidoscópico en el Facebook del Grupo Tierra Trivium, en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico5.

Sin más preámbulos que las entradas anteriores, os dejo con este nuevo relato.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

El monótono sonido de un ventilador rompía la tranquilidad del edificio. Lentamente Elíseo recuperó el conocimiento. Sentía como si la cabeza le fuese a estallar con cada latido de su corazón y el zumbido del ventilador no ayudaba a superar dicha sensación. Poco a poco fue abriendo los ojos y sintiendo el teclado del ordenador aplastado contra su mejilla derecha, en concreto la tecla Intro del mismo. Se enderezó poco a poco en su silla. No había ni rastro de su ordenador, la pantalla aún estaba encendida. Su cerebro seguía sin regir con claridad, había una laguna en su memoria desde la pasada tarde. La claridad empezaba a filtrarse por entre las cortinas que cubrían el ventanal del fondo de la oficina.

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Se levantó, mirando a su alrededor, y no había nada ni nadie. Solo alguna telaraña en el techo agonizante, un poco de polvo tras las puertas acumulado. Y, de repente, salió corriendo del edificio, bajando de dos en dos las escaleras, golpeándose contra la soledad acrecentada entre tanto silencio. Bruscamente, paró. Un silbido le iba acompañando a lo lejos. Un silbido dulce, suave, de mitológica sirena. Elíseo seguía sin recordar, pero escuchaba el sonido de la lluvia en los silbidos, la verdad en cada escalón no bajado. Quieto, como de piedra, en aquella soledad impertinente, solo sus piernas dirigían su destino.

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Ignoraba que el papel iba dirigido a personas que presentaban un analfabetismo digital, y únicamente para casos de primera necesidad. Elíseo estaba confuso. A su alrededor: la ciudad, los hombres y la robótica se entremezclaban maquillados de blanco y negro; colores, que bordaban el paisaje decorado de caras serias marcadas por un pliegue en la frente, y por robots que dirigían el ritmo.

Captaron su atención unos ventanales que difuminaban una luz multicolor. En estos se podían elegir los productos deseados y segundos después, motivados por la presencia de una tarjeta, caían en la cesta.

Elíseo, maravillado, se mezclaba entre la gente y tropezó con una alfombra eléctrica. A su lado, algunas personas permanecían en modo estático y otras en movimiento acelerado. Miró hacia el techo pensando que esa era la entrada a otro Mundo, y atrapado entre las redes míticas de la curiosidad esotérica siguió avanzando, guiado por los de la «Generación Y». Creyó que serían soldados y que debería seguirlos. De esta manera, tomó pie en la arteria central subterránea que trasladaba a cada ciudadano a su destino. Sin rumbo fijo y en soledad, su corazón latía por miedo o por emoción, aún no lo sabía.

Día 5 (José Jesús García Rueda)

El diario que antes había querido comprar pasó volando frente a él, impulsado por un viento sin aire. Las páginas revoloteaban a su alrededor, como queriendo dejarse atrapar, y Elíseo alargó un brazo y tomó suavemente entre sus dedos una de las hojas. Estaba en blanco.

Entonces todos paramos. Todos nos detuvimos, alfombra, personas, la arteria entera. Y empezamos a movernos hacia atrás, rebobinándonos en el tiempo. Él no, sólo nosotros, todo lo demás. Hasta que volvimos a dejarlo en su oficina, el lugar donde en el principio había abierto los ojos.

Y se vio a sí mismo dormido… No, dormido no, desplomado sobre una tecla Intro de un ordenador. El ordenador que, como antes, no estaba.

-¿Dónde está? – preguntó.

-¿El qué? – respondimos.

Él comenzó a mirar (a escuchar) en todas direcciones.

-¿Quién habla?

-Tú eres el ordenador.

-¿Cómo?

-El ordenador eres tú.

-¿Quiénes sois?

-Los que vivimos en tus circuitos de memoria, aquellos a los que tus algoritmos dan vida.

Se sentó en el suelo, la espalda contra la pared. Su voz apenas formaba sonidos al hablar.

-¿Qué está pasando?

-Eso es lo que debes descubrir.

Sólo entonces se dio cuenta de que el papel seguía entre sus manos. Una frase había aparecido en él: “EL ORDENADOR EN SUEÑOS”.

 


Sin proponérnoslo la distopía toma cuerpo y la próxima entrega vendrá de la mano de Ana Vigo. Y ya sin más retrasos la semana que viene os espero en La Buhardilla de Tierra Trivium con un nuevo invitado.

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Dolores Ordóñez Pérez en el Relato Caleidoscópico

Cuarto Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

Esta semana por diversas razones no ha sido posible sacar una nueva entrevista en La Buhardilla de Tierra Trivium, pero en cambio os trago una nueva continuación de El Relato Caleidoscópico, esta vez de la mano de la escritora Dolores Ordóñez Pérez. Os invito a comentar la historia e ir proponiendo posibles títulos para el relato caleidoscópico en el Facebook del Grupo Tierra Trivium, en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico4.

Sin más preámbulos que las entradas anteriores, os dejo con este nuevo relato.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

El monótono sonido de un ventilador rompía la tranquilidad del edificio. Lentamente Elíseo recuperó el conocimiento. Sentía como si la cabeza le fuese a estallar con cada latido de su corazón y el zumbido del ventilador no ayudaba a superar dicha sensación. Poco a poco fue abriendo los ojos y sintiendo el teclado del ordenador aplastado contra su mejilla derecha, en concreto la tecla Intro del mismo. Se enderezó poco a poco en su silla. No había ni rastro de su ordenador, la pantalla aún estaba encendida. Su cerebro seguía sin regir con claridad, había una laguna en su memoria desde la pasada tarde. La claridad empezaba a filtrarse por entre las cortinas que cubrían el ventanal del fondo de la oficina.

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Se levantó, mirando a su alrededor, y no había nada ni nadie. Solo alguna telaraña en el techo agonizante, un poco de polvo tras las puertas acumulado. Y, de repente, salió corriendo del edificio, bajando de dos en dos las escaleras, golpeándose contra la soledad acrecentada entre tanto silencio. Bruscamente, paró. Un silbido le iba acompañando a lo lejos. Un silbido dulce, suave, de mitológica sirena. Elíseo seguía sin recordar, pero escuchaba el sonido de la lluvia en los silbidos, la verdad en cada escalón no bajado. Quieto, como de piedra, en aquella soledad impertinente, solo sus piernas dirigían su destino.

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Ignoraba que el papel iba dirigido a personas que presentaban un analfabetismo digital, y únicamente para casos de primera necesidad. Elíseo estaba confuso. A su alrededor: la ciudad, los hombres y la robótica se entremezclaban maquillados de blanco y negro; colores, que bordaban el paisaje decorado de caras serias marcadas por un pliegue en la frente, y por robots que dirigían el ritmo.

Captaron su atención unos ventanales que difuminaban una luz multicolor. En estos se podían elegir los productos deseados y segundos después, motivados por la presencia de una tarjeta, caían en la cesta.

Elíseo, maravillado, se mezclaba entre la gente y tropezó con una alfombra eléctrica. A su lado, algunas personas permanecían en modo estático y otras en movimiento acelerado. Miró hacia el techo pensando que esa era la entrada a otro Mundo, y atrapado entre las redes míticas de la curiosidad esotérica siguió avanzando, guiado por los de la «Generación Y». Creyó que serían soldados y que debería seguirlos. De esta manera, tomó pie en la arteria central subterránea que trasladaba a cada ciudadano a su destino. Sin rumbo fijo y en soledad, su corazón latía por miedo o por emoción, aún no lo sabía.


Fragmento a fragmento nos adentramos por esta senda distópica desconociendo que le deparará a Elíseo en su viaje, pero eso será en unas semanas. La semana que viene os espero en La Buhardilla de Tierra Trivium con un nuevo invitado.

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Comienza la temporada otoñal en el Grupo Tierra Trivium

Con la mesa redonda titulada «La literatura como forma de resistencia durante la Dictadura», que tuvo lugar el pasado sábado 29 de septiembre en la encantadora librería La Forja de las Letras, situada en el corazón del barrio de las Letras de Madrid, inauguramos nuestra temporada otoño-invierno de conferencias y presentaciones, tras el paréntesis veraniego, bajo el evocador nombre de «El dardo en la palabra», tal como habíamos anunciado hace unos meses.

Mañana, 6 de octubre, tendremos la oportunidad de conocer de cerca a dos autores recién incorporados a nuestra gran familia Tierra Trivium en la preciosa Librería Burma, ubicada en el céntrico barrio de Lavapiés de Madrid, que en los últimos años ha experimentado un espectacular resurgimiento escénico y cultural. Se trata de los escritores Paz Mancebo, residente en Madrid, y Jordi Rosiñol, a quien agradecemos el esfuerzo de desplazarse desde su lugar de residencia, Murcia, para poder acompañarnos en una tarde muy especial, en la que trataremos una cuestión tan sugerente como «la oscuridad en la literatura», de la que sus últimos libros publicados, Las siete caras del destripador o la venganza de Oscar Wilde, en el caso de Paz, y Relatos al límite, en el de Jordi, son destacados exponentes.

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El próximo miércoles, 10 de octubre, nuestra directora Jimena Tierra visita la Biblioteca Lope de Vega, situada en el municipio madrileño de Tres Cantos, para dar a conocer su segunda obra de suspense, Cambio de rasante, como parte de una gira que la ha llevado ya por gran parte del territorio nacional, habiendo sido su escala anterior la maravillosa ciudad de Santander, que es además el escenario donde se desarrolla la novela. La cita con el público tricantino será a las 19h en el salón de actos de la Biblioteca, y, por supuesto, serán bienvenidos todos aquellos vecinos de otras localidades que deseen acompañarnos en una muy interesante conversación con Jimena, en la que hablaremos de la histórica obsesión del ser humano por retrasar el envejecimiento y alargar la vida, y del binomio ética-ciencia, que ha generado controvertidos debates en los últimos años.

CARTEL PRESENTACIÓN CAMBIO DE RASANTE EN TRES CANTOS

Aunque iremos informando puntualmente a nuestros amigos, lectores y suscriptores de todas las presentaciones, mesas redondas y conferencias que tengan lugar próximamente, les recomendamos que consulten nuestro calendario, que podrán encontrar en el enlace web https://tierraeditorial.com/calendario/ para apuntar en su agenda todas las citas ya programadas y de esta forma no perderse ninguno de los encuentros con el público de nuestros autores y colaboradores y de las presentaciones de nuestras novedades literarias.

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Rosario Curiel retoma El Relato Caleidoscópico

Tercer Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

En vista del poco interés que ha tomado la posibilidad de que cualquiera pueda ser el que continúe El Relato Caleidoscópico he decidido volver a cambiar las reglas del mismo. De ahora en adelante me encargaré de invitar a un/a escritor/a a ser quien continúe la historia. Y os invito a opinar sobre la historia en el Facebook del Grupo Tierra Trivium en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico3.

Dentro de dos sábados os presentaré al próximo autor, pero antes tengo que dar la bienvenida como se merece a la polifacética Rosario Curiel finalista del Premio Fernando Lara 1996 y del Premio Nadal 2006, entre otras muchas cosas que ha tenido la amabilidad de sacar un rato para escrivivirnos, como ella misma dice, este tercer día de El Relato Caleidoscópico dándole su toque.

Y antes de dar paso a su texto os recuerdo los dos previos:

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

El monótono sonido de un ventilador rompía la tranquilidad del edificio. Lentamente Elíseo recuperó el conocimiento. Sentía como si la cabeza le fuese a estallar con cada latido de su corazón y el zumbido del ventilador no ayudaba a superar dicha sensación. Poco a poco fue abriendo los ojos y sintiendo el teclado del ordenador aplastado contra su mejilla derecha, en concreto la tecla Intro del mismo. Se enderezó poco a poco en su silla. No había ni rastro de su ordenador, la pantalla aún estaba encendida. Su cerebro seguía sin regir con claridad, había una laguna en su memoria desde la pasada tarde. La claridad empezaba a filtrarse por entre las cortinas que cubrían el ventanal del fondo de la oficina.

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Se levantó, mirando a su alrededor, y no había nada ni nadie. Solo alguna telaraña en el techo agonizante, un poco de polvo tras las puertas acumulado. Y, de repente, salió corriendo del edificio, bajando de dos en dos las escaleras, golpeándose contra la soledad acrecentada entre tanto silencio. Bruscamente, paró. Un silbido le iba acompañando a lo lejos. Un silbido dulce, suave, de mitológica sirena. Elíseo seguía sin recordar, pero escuchaba el sonido de la lluvia en los silbidos, la verdad en cada escalón no bajado. Quieto, como de piedra, en aquella soledad impertinente, solo sus piernas dirigían su destino.

Rosario Curiel

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.


Tras adentrarnos en la distopía de la mano de Rosario Curiel os espero dentro de dos semanas para desvelar quien continuará la historia. Mientras tanto os animo a visitar La Buhardilla de Tierra Trivium la próxima semana.

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Jordi Rosiñol Lorenzo abre la nueva temporada de La Buhardilla de Tierra Trivium

Entrevista a Jordi Rosiñol Lorenzo en La Buhardilla de Tierra Trivium

 

Damos inicio a esta nueva temporada de La Buhardilla de Tierra Trivium con la visita del escritor Jordi Rosiñol Lorenzo, con motivo de su participación en la Feria del Libro de Murcia (Del 21 al 23 de septiembre) con su antología Relatos al límite. Jordi Rosiñol ganó en 2017 el Primer Premio de Relatos Navidad de Molina de Segura y ese mismo año resultó finalista en el I Premio Premio Nacional de Relatos Espacio Ulises. Su twitter es @Gaziel1968.

Ignacio J. Dufour García: Jordi, es un halago contar con tus relatos en el catálogo del Grupo Tierra Trivium. ¿Qué te llevó a elegir el Grupo Tierra Trivium para publicar esta antología de relatos?

Jordi Rosiñol Lorenzo: El halago es mío por la apuesta y la confianza del Grupo Tierra Trivium por mí trabajo, eso sumado al momento que inhalé un aroma a humanidad por encima de simples y espurios intereses empresariales disipó cualquier duda previa.

IJDG: En la antología recoges 30 relatos con los que tocas todos los aspectos el ser humano, ¿cómo surge el título de la antología Relatos al límite?

JRL: Porque todos ellos me trasladan a mundos interiores, que de una manera u otra me llevan al límite de los sentimientos.

IJDG: ¿Qué es lo que que hace que todos ellos sean relatos al límite?

JRL: Igual que decía en la pregunta anterior, todos ellos tienen algo en común, todos están escritos con el alma, y las sensaciones al límite. El teclado fue testigo de risas, lloros y pánico al pulsarlo.

IJDG: ¿Cómo surgió la inspiración de crear esta antología?

JRL: Por la necesidad de compartir diversas emociones con el lector, y desnudar mi alma de encorsetamientos sociales o simplemente liberarme de la timidez que arrastro escondida en una personalidad extrovertida, una coraza que protege mis debilidades.

IJDG: ¿Alguno de los relatos ya lo tenías escrito o los creaste todos para la antología?

JRL: Sí, algunos ya estaban escritos, pero estos están revisados, y como sucede siempre cada vez que relees algún texto siempre cambias cosas en la creencia que lo vas a mejorar.

IJDG: Recuerdo que en una antología que coordiné, nos hablabas de como te picó el gusanillo de la literatura con la lectura de Juan Salvador Gaviota, ¿cuánto queda de ese niño en el escritor en que te has convertido?

JRL: Ignacio, te recuerdo con un cariño especial por tu sensibilidad en aquella antología. Realmente no es que quede el niño, el niño es el que escribe, él es el que medio siglo más tarde ha tenido la valentía de ponerse a escribir.

IJDG: Además de esa primera novela que a todos nos deja su huella, ¿cuáles son tus otros referentes literarios?

JRL: Soy bastante anárquico en mi lectura, muchas veces depende de mi estado de ánimo, me gusta mucho el ensayo histórico o político, la novela histórica, Los episodios nacionales de Pérez Galdos, o la obra de Delibes, Los cachorros de Vargas llosa, la obra de Muñoz Molina, La araña negra de Blasco Ibañez, La madre de Gorky, o Los Durrell de Gerald Durrell, etc.

IJDG: Novela, relato, microrrelato… ¿Hay alguno que te atraiga más?

JRL: No, depende de la historia que el niño quiera contar, hay veces que no hacen falta muchas palabras para hacer llegar el mensaje, y otras veces si.

IJDG: Ahora que ya tienes tu libro en brazos, ¿cuáles son tus futuros proyectos?

JRL: Ahora mismo ando enfrascado en una novela histórica, ambientada en un contexto real y con unos personajes y tramas también bastante reales. Además estoy publicando artículos sobre hechos históricos concretos y muchas veces poco conocidos.

Muchas gracias Jordi por tu visita a esta humilde buhardilla. Te deseamos mucha suerte en la Feria del Libro de Murcia con tu antología y esperamos tenerte pronto de vuelta por La Buhardilla de Tierra Trivium con tu novela histórica.

Por otro lado, os informo de una ligera modificación de las bases de El Relato Caleidoscópico. Hemos decidido que todos los textos presentados hasta el miércoles sean tenidos en cuenta de cara a la elección del texto que continué la historia, así que aún estáis a tiempo a que vuestro texto sea el elegido para continuar la historia de Elíseo el próximo sábado.

Y para estar al día de las novedades del Grupo Tierra Trivium no se a que esperáis para uniros al grupo de Telegram de Tierra Trivium.