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Brevedades improvisadas: Oscuridad Superstar

Guitarras, batería y microfonos en un escenario

En este primer lunes de marzo tenemos de nuevo con nosotros a Chema Montes, que esta vez nos trae un relato titulado Oscuridad Superstar, que os atrapará hasta el final. Y sin más preámbulos os dejo con la prosa de Chema Montes.

OSCURIDAD SUPERSTAR

Te colocaste frente al micro y no supiste ni tan siquiera qué hacías allí. Todos esos años de seguridad se desvanecieron. El suelo comenzó a temblar y con cada vibración la cabeza te estallaba. Te fallaron las fuerzas, te temblaban las manos, todo tu interior se removía. Menos tu voz, que permanecía apagada, ausente, lejana. Comenzaste a sudar, las luces te cegaban, se te resbalaba de entre los dedos la púa, la guitarra te pesaba, se te había olvidado todo, la letra, la melodía, habías olvidados hasta tararear. Tu mirada no solo estaba perdida, sino que parecía que nunca había estado allí, que jamás te había permanecido, como si todos los años anteriores no hubieran existido. Quietud. Nervios. Silencio. Por primera vez. Silencio.

En esas décimas de segundo que hay entre la lucidez y el desmayo comprendiste que nada quedaba ya de aquel niño que se dormía bajo los acordes que su padre fabricaba con su vieja guitarra. Nada quedaba de aquel adolescente que componía sus primeras canciones llenas de tormento y nostalgia de un futuro que no comprendía ni había vivido, aquellos torpes punteos, aquellas melodías que intentaba, sin éxito, replicar. Nada quedaba de aquel joven que daba sus primeros conciertos a compañeros de instituto, que se encerraba en su habitación por las noches a pulir sus dedos para que no le fallaran, que se dio cuenta de que su voz nunca sería melodicamente perfecta pero que sí sería reconocido por sus letras, como Joaquín, como Krahe, como Vega, Flores o Urquijo. Nada quedaba ya de aquel Dust in the wind que convertiste en himno, del Born to be wild del que compusiste una versión acústica con la que te gustaba terminar cada concierto. Nada quedaba ya de aquello porque de un plumazo, de una sudorosa hostia en toda la cara y con la mano abierta, todo lo que fue ya no era y todo lo que podría ser jamás lo sería. En esas décimas de segundo entre la lucidez y el desmayo comprendiste que habías perdido la pasión por lo que tanto amabas. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo afrontar una pérdida interior cuando ni siquiera uno mismo se conoce por dentro? Con los focos apuntándote y los primeros susurros del público, pensaste en que perdida ya la seguridad en ti mismo no podías hacer otra cosa que no fuera huir, escapar y esconderte hasta que el vendaval pasara, hasta que el tiempo y la gente se olvidara de ti. Salir corriendo hasta llegar a casa, desnudarte y meterte bajo el edredón dejando que el tiempo hiciera su trabajo y al fin, en vida, murieras. Porque nadie, pensaste, te había preparado para el fracaso, porque para eso nadie nos prepara porque desde pequeños nos dicen que tenemos que ser los mejores. Pero nadie nos dice qué hacer cuando dejamos de serlo, cuando nos vencen nuestros miedos, nuestras inseguridades, cuando nos tiemblan las cuerdas vocales o las manos se olvidan de lo que mejor saben hacer. ¿Por qué nadie nos enseña a fracasar? ¿Por qué no sabemos sonreírle al miedo? ¿Por qué nos acojona tanto no ser lo que la gente esperaba que fuéramos? Te preguntabas en qué momento había dejado de importarte y te habías vendido a un público que, con toda seguridad, en unos meses no recordaría tu nombre. De la misma manera en la que tú, en este instante, no te reconocías. ¿Por qué nadie nos enseñó a enfrentarnos a nosotros mismos?

Viste caer todos y cada uno de tus principios, todas y cada una de tus férreas convicciones. Te creíste un cuerdo que en la locura momentánea residía su genio y su fuerza. Cambiaste una y mil veces tu manera de pensar y con el tiempo descubriste que nunca tuviste una manera propia de hacerlo. Te avergonzabas de tus pensamientos pero los necesitabas, acudías a ellos cuando todo a tu alrededor se desmoronaba, cuando todo fallaba y se caía. Cuando tropezabas y te costaba levantarte, cuando ninguna mano se ponía a tu servicio. Perdiste tu personalidad, la poca que podías tener y la poca de la que podías presumir. Porque caíste en el error de creerte un dios, un virtuoso, un pensador, un ídolo. Y ahora, en este preciso instante en que te sientes una mierda, te das cuenta de que nada de lo que creíste existe. Ni siquiera es un espejismo. Ni tan siquiera una quimera. Ni mucho menos humo. No es nada. Simplemente. Nada.

Tuviste un amigo, un viejo cantautor andaluz, que te avisó. Que te dijo que te podía pasar, que podrías verte en esa situación. Que podías perder todo lo que creías ser en el momento más inoportuno, y que si lo hacías era porque jamás habías sido alguien. Lo perderás todo, te dijo, y no sabrás encontrarte de nuevo. No sabrás en qué momento comenzaste a morir por dentro porque no te habrás parado en ningún momento a escucharte, a tomar conciencia de lo que está pasando, nunca te habrás tomado una caña contigo mismo porque siempre tendrás la necesidad del ruido que ofrecen los demás. Porque el ruido no te dejará pensar ni escucharte. Porque te tienes miedo. Porque prefieres creerte lo que otros creen de ti. Por eso te gusta tanto el ruido. Pasarás por la vida, te dijo, pero la vida no pasará por ti. Desaparecerás sin haber tenido presencia, sin dejar un legado, pero creyendo en todo momento que eres alguien y que el mundo te debe un favor. ¿Pero sabes qué? Nunca serás nadie porque creerás serlo todo, sentenció. Y dos semanas después, el viejo cantautor andaluz que tocó el cielo y beso el barro casi a partes iguales, murió de un infarto. Solo. De la misma manera en la que había vivido. Solo y, por primera vez en toda su vida, sin ruido.

Conociste una suerte mejor o, eso parecía. Creíste conocer a la suerte. Creíste tenerlo todo y acabas de darte cuenta de que no tienes nada. Que no tienes amigos, que nunca te quiso ninguna mujer, que confundiste el amor con el miedo a estar solo, confundiste el amor con la necesidad de amar. El dinero salía de la misma manera en la que entraba y tú, que pensabas tener control sobre ti, vivías en un descontrol que otros orquestaban. Los amigos de verdad se fueron, dejaste de componer temas que amabas y sentías para cantar lo que decían que tenías que cantar. Y se esfumaron de un plumazo las versiones de Calle Melancolía, perdiste las llaves de El sitio de mi recreo, te cantaste una y otra vez Déjame. Se cayeron las paredes del Hotel California, perdiste una y mil veces a tu Mary Austin. Creíste que Hurt se había escrito para ti. Se apagó la creatividad, esas ansias por encerrarte en tu estudio y no dejar de componer y recomponer la misma canción una y otra vez. De pensar en si a Bowie le gustaría escucharte, de si Quique viajaría contigo en caravana por todo el país, de si, algún día, tú serías el padre que durmiera a un hijo con canciones tuyas.

Pero no había tiempo para pensar en eso. No, el público esperaba, impaciente, irritado, nervioso. El gerente de la sala se iba acercando poco a poco con una mueca dibujada mezcla entre incomprensión y decepción. El chico que hoy te acompañaba al piano tosió un par de veces e incluso acarició algunas teclas como si con eso pudiera despertarte. Como si todo fuera un sueño, una pesadilla de que la podrías despertar. Pero a ti seguía sin salirte la voz, el cuerpo seguía inmóvil. La vista te seguía fallando y empezaste a oír pitidos, a sentir un mareo frío y seco. En esas décimas de segundo que hay entre la lucidez y el desmayo una persona es capaz confundir con errores cada paso que dio en su vida, olvidando que alguna vez, por muy remota que fuera, acertó e hizo las cosas bien. Y tu, pensaste, jamás habías acertado.

Seguías perenne frente al micro, como si detrás de él nada existiera, como si el tiempo se hubiera detenido, como si nadie estuviera esperando que comenzaras a hablar, a cantar, a moverte, a dar señales de vida. El micro era tu tótem, tu amuleto, tu capa de invisibilidad. Detrás de él te sentías seguro, tranquilo, aun sabiendo que nada marchaba como debía marchar. Entonces, una a una, miles de imágenes empezaron a centellear en tu cabeza. Y te viste de la mano de tu padre, en el regazo de tu madre, en tu cama. Te viste corriendo desnudo por la playa, te viste abriendo regalos en la mañana de Reyes, te viste aguantando la risa para que el profesor no te pillara. Te viste comiéndote un bocadillo de chocolate y otro de jamón York con mantequilla. Te viste viajando en coche mientras en la radio sonaban los Chichos y el Fari. Te viste montando en una BH azul que te venía grande. Te viste estrenando unas Puma blancas, tus primeras zapatillas de marca. Y te viste echándote libros de Chipas. Y poniéndote el Casio negro que te habían regalado por tu comunión. Te viste bebiendo Tang, chupando un flash, comiéndote un Frigopie. Te viste durmiendo la siesta sin camiseta. Te viste a remojo durante horas en la piscina. Te viste contemplando el atardecer, sin prisas, sin preocupaciones, como si fuera lo último que fueras a ver. Te viste siendo un niño, te viste libre, te viste viviendo en esa época en la que lo trascendente era un mundo y lo intrascendente una cuestión vital. Viste cómo se plegaba el tiempo, como cuando eras niño y te daba igual que fuera de día o de noche porque tu única obligación era simplemente ser, estar, permanecer. No buscabas ser trascendente porque para ti nada lo era. Todo era fugaz y relativo, todo olía y sabía a tarde de primavera, a hierba recién cortada, a cloro y crema de sol, a sandía, a tardes que se confundían con la noche y que nunca terminaban. Te viste otra vez siendo lo que fuiste y lo que, hasta ese momento, creíste no echar de menos. Tú pensabas que todo había pasado. Que todo era pasado. Pero no, el único que se había convertido en pretérito eras tú.

Mientras, tu presente seguía mudo, revolcándose entre la mierda de tus decisiones. Te ibas convirtiendo en un punto negro en un vacío oscuro y abismal. La gente comenzó a silbar, arrastrando en el aire lamentos y quejas, miradas de desprecio, de incomprensión. Pasaban los segundos y tú seguías quieto. ¿Eras tú? ¿Quién eras realmente? ¿Quién eres?

Y entonces, cuando alguien te tocó el hombro, comenzaste a llorar. Comenzaste a llorar porque hacía meses que nadie te tocaba, porque habías perdido el contacto con el mundo y con la realidad. Comenzaste a llorar porque creíste que si intentabas correr te fallarían las piernas. Pensaste que si querías tocar, te fallarían los dedos. Que si querías hablar, te fallarían las palabras. Y si quieras sonreír, no recordarías cómo hacerlo.

Comenzaste a llorar porque de un plumazo te diste cuenta de que eres un ser fácilmente vencible, que todas tus fortalezas son en realidad tus debilidades disfrazadas. Comenzaste a llorar porque echabas de menos el cosquilleo que dejan en el estómago los buenos momentos, esa sensación como de estar haciendo una suave digestión después de comerte un buen postre. Y comenzaste a llorar porque echaste la cuenta de los amigos perdidos, de las veces que dijiste a tus padres que otro día les llamarías. Comenzaste a llorar porque ya no podías hacerlo y porque en ese mundo de oscuridad superstar que te habías creado solo había sitio para ti, para nadie más. Todo el mundo que tuviera algo sensato que decirte te molestaba, porque no querías escuchar nada más que halagos. Comenzaste a llorar porque te sentiste realmente solo, porque quisiste buscar tu dignidad pero no recordabas dónde la habías dejado. Cómo buscar lo que abandonas cuando no quieres volver sobre tus pasos. Cómo recuperarte cuando no quieres probar el remedio.

Entonces, el último reducto de inteligente autocompasión que aún te quedaba vivo te impulsó a levantarte. Despertaste de ese momentáneo letargo, de esa espinosa letanía inconsciente que te costaba digerir. Despertaste en el mejor momento, justo cuando la irrealidad te condenaba al sueño eterno. Y te levantaste. Tiraste la guitarra, miraste al frente, te fuiste sin pedir perdón. Y saliste a la oscura noche de Madrid. Oliste el suelo mojado, aspiraste el olor a lluvia, abrazaste al frío, te dejaste embriagar. Y comenzaste a caminar, con el único patrimonio que aún te pertenecía, con tu bien más preciado. De la mano solo te acompañaba el corazón, aquel al que le habías dado la espalda pero que se resistía a alejarse de ti. El miedo desaparecía. Todos tus yoes desaparecían quedando únicamente la verdadera expresión de quién eras. Y quisiste correr, y corriste. Y quisiste gritar, y gritaste. Y quisiste volar, y volaste.

Y tan alto llegaste a volar que por primera vez en años te viste los pies en el suelo. Tanto volaste que no tuviste pánico a las alturas. Tan alto volaste que tocaste todas las estrellas que salieron a saludarte. Tan alto volaste que, por fin, encontraste el lugar donde habías escondido tu vida real. Y te la llevaste junto a ti en el descenso.

Tan alto volaste que volviste a sentirte libre.

Y te sentiste libre porque esa noche aprendiste a volar.

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Pilu del Rio visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Entrevista a Pilu del Rio en La Buhardilla de Tierra Trivium

 

Esta semana visita La Buhardilla de Tierra Trivium Pilu del Rio. Sus primeras apariciones como escritora han sido en los Lookbook de colecciones en empresas de moda, en las que da vida a estas, añadiendo un factor humano e imaginativo para darle sentido. Trabaja en el sector de la moda como diseñadora y comercial. Ha escrito desde siempre y ha recibido varios premios de literatura en los centros donde estudió. Siendo las antologías su primer paso para publicar sus relatos. En la actualidad está preparando su primera obra en solitario. Podéis encontrar sus escritos en Instagram (@pilu_del_rio) y en Facebook (Pilu del Rio).

Ignacio J. Dufour García: Bienvenida a esta humilde Buhardilla de Tierra Trivium. Has participado en varias antologías con relatos cortos de diferente temática ¿Qué es lo que te inspira?

PdR: Buenos días Ignacio y muchas gracias por tan grata invitación, es un honor estar entre vosotros.

Imagen propiedad de Pilu del Rio cedida a Tierra Trivium

Me inspira la vida, en toda su magnitud y complejidad.

Por mi trabajo los viajes han sido y son una constante y el estar en contacto con personas muy distintas y en situaciones muy diversas. No soy capaz de volverme insensible ante lo que tengo delante, paso mucho tiempo sola y disfruto de cada ocasión, que si somos un poco observadores, proporcionan estos momentos que te puedes dedicar, esa es una gran fuente también.

La injusticia, la esperanza y la desesperación, los atardeceres y la lluvia, vital… triste.

Me inspira, creo que lo que más profundamente el amor, ese amor tan intenso hacia mis dos hijos, sus gestos, sus alegrías y problemas, su evolución, me resulta fascinante contemplar como se van transformando, sus pensamientos y razonamientos, los cumplidos que me dedican y esa ternura que ya, no tan niños me siguen regalando.

IJDG: Háblanos de la experiencia de participar en dichas antologías.

PdR: No recuerdo mi vida sin escribir, creo que antes de aprender, ya llevaba historias dispuestas a salir de mi lápiz, pero fue Rosa de Mena, quien me empujó a publicar con ella mi primera participación en una antología.

Fue muy gratificante, pasé del miedo a que me leyeran, al interés porque lo hagan. Saber que tus palabras son capaces de llegar a las personas, que entretienen, divierten, ayudan, intrigan, se identifican con ellas resulta muy satisfactorio.

Conocí a muchos mas escritores, a ti por ejemplo y que ahora son grandes amigos, el destino hizo que se cruzaran muchos hilos en aquellas experiencias y cuando me quise dar cuenta, fui el filtro para que algunos llegasen a ser entrevistados en radio para dar a conocer sus libros y trabar así un vinculo especial.

Así que seguí escribiendo.

IJDG: Como Laura Orens, también vienes del mundo de la moda ¿Como compaginas ambos mundos?

Imagen propiedad de Pilu del Rio cedida a Tierra Trivium
Pilu del Rio participando en la presentación de una de las antologías

PdR: Con esfuerzo, ambos ocupan mucho tiempo y hay que priorizar el trabajo, si a ello le sumas ser padre y madre a la vez, el cóctel es explosivo, también he de reconocer que la escritura me ayuda a relajarme, a desconectar del trabajo y tener una vida paralela fuera del estrés de este mundillo, apasionante, pero muy absorbente.

Durante unos años, cambie la moda por la veterinaria, no podía atender a mis hijos, pequeños aún, con mi trabajo y sin apoyo ni el tiempo que necesitaba para desarrollarlo, opté por hacerme auxiliar veterinaria y fui copropietaria de una clínica, descubrí un mundo fascinante, mas humano que animal.

En ese periodo apenas escribía, estudié Naturopatía y medicinas alternativas, Auxiliar de Geriatría y Quiromasaje, campos en los que tuve experiencia laboral.

Mi vida dio un giro inesperado, con ello, volví a escribir y regresé al mundo de la Moda, compaginando como voy pudiendo, mi pasión por la lectura la escritura.

IJDG: ¿Se llegan a mezclar en algún momento?

PdR: Constantemente, es una especie de simbiosis, casi todo resulta un motivo de inspiración, paso el día grabando notas de audio cuando no puedo escribir y cuando puedo llevo un cuadernillo para hacer anotaciones e ideas, incluso fragmentos o microrrelatos, he de confesar que he llegado a escribir hasta en el reverso de facturas de gasolina, ambos mundos se entrecruzan las palabras son armas fundamentales en cada uno de ellos, al fin y al cabo, todo son historias que merecen ser contadas y escuchadas, compartidas o no, según toca en cada momento.

IJDG: Nos podrías hablar de tus referentes literarios.

PdR: Mi iniciación a la literatura fue con la poesía, mis padres eran grandes lectores mi madre tenía una sensibilidad especial para recitar, Lorca y Machado, así como Becquer y el delicioso sonido de su voz, me hicieron amar los libros, mi padre no ponía ningún reparo en aumentar la biblioteca y mi tío, que trabajaba en Planeta, se ocupaba de que no faltasen títulos que incitasen mi curiosidad.

Si soy sincera, Juan Ramón Jiménez y Espronceda fueron mis primeros referentes, junto a los anteriores, más tarde Dante y Kafka me hicieron profundizar en libros mas complejos, creo que Lope y Shakespeare fueron los que hicieron enamorarme de la lectura de teatro.

Julio Verne y Homero, Miguel Delibes, no podría decantarme por pocos, esto sería una novela llena de historias en lugar de una entrevista.

IJDG: ¿Qué te hizo empezar a escribir?

Imagen propiedad de Pilu del Rio cedida a Tierra TriviumPdR: La necesidad de expresar mis sentimientos, sin duda, me cuesta, me ha costado siempre abrirme a los demás y escribiendo me es tan fácil compartirlos… es, como ir quitando piedras de la mochila que llevo colgada.

Tuve la suerte de tener muy buenas profesoras de literatura, que incentivaban a la lectura y la escritura con concursos literarios a quienes tuviéramos a bien presentarnos y me presentaba a todos.

Con el tiempo, esa necesidad fue creciendo y escribí relatos cortos, cuentos para leerles a mis hijos antes de dormir, capítulos de historia en los que mezclaba mitología, leyendas y cuentos populares, que preparaba minuciosamente y memorizaba, para contarles a mis hijos lo que veían en los viajes que hacíamos, era tan gratificante ver su interés que resultó ser puro egoísmo para los tres esa actividad tan privada e intima.

Una vez que empiezas, es difícil parar, salvo cuando murió mi madre, tenia tanto que decir y era tan intimo que no salía una palabra de mi bolígrafo. Puede ser que en esos últimos días, sin papel, escribiéramos juntas el libro mas extenso que haré nunca y gasté todas mis palabras.

IJDG: Novela, relato, microrrelato, cuento… ¿Alguna preferencia?

PdR: Cada cosa en su momento, vivimos en una sociedad de imágenes, donde la lectura corta se ha hecho un hueco muy importante, puedes encontrar autenticas joyas en pocas líneas, acompañadas de fotografías, condición sine qua non, en un mundo digital se hace imprescindible.

Una buena novela hace las delicias de una noche antes de dormir, o en el tiempo libre, así como un relato, no tengo preferencias.

IJDG: ¿Y algún género en concreto?

PdR: La novela histórica, sin desdeñar ningún género, me gusta leer y variar mi lectura.

IJDG: Por último, ¿nos podrías hablar de tus futuros proyectos?

Imagen propiedad de Pilu del Rio cedida a Tierra TriviumPdR: Sigo escribiendo poemas y relatos para antologías o para mi, ya veré, y he comenzado mi primer libro, estoy disfrutando de ello sin prisa y con la calma de no tener que demostrar nada a nadie, solo por puro placer y puesto que montar en globo me parece más complicado en este momento e hijos ya he tenido, va siendo hora de que escriba mi libro.

Ha sido un placer contar con tu presencia en La Buhardilla de Tierra Trivium, te deseamos la mayor de las suertes en tus futuros proyectos, en concreto con tu primera obra en solitario. Nos ha asombrado conocer tus otras facetas.

PdR: Muchas Gracias Ignacio, por invitarme a compartir este rato en esta encantadora Buhardilla

Y con esta grata visita cerramos la primera temporada de La Buhardilla, pero no por mucho tiempo. A mediados de agosto volveremos con las pilas cargadas y más interesantes entrevistas. Mientras tanto os invito a visitar los blogs de mis compañeros y a apuntaros al grupo de Telegram del Grupo Tierra Trivium.

Hasta pronto.

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Entrevista a Iria y Selene

Selene M. Pascual e Iria G. Parente visitan La Buhardilla de Tierra Trivium

Tras este multitudinario 8 de Marzo en el que nuestras invitadas de hoy han llenado la cuesta de Moyano de libros escritos, editados o en los han colaborado mujeres, a fin de mostrar su importancia en la literatura, os invitamos a compartir La Buhardilla de Tierra Trivium con dos de las autoras más potentes del panorama literario, Iria G: Parente y Selene M. Pascual. Autoras de la saga de novelas «Marabilia» (Sueños de piedra, Títeres de la magia, Ladrones de libertad, Jaulas de seda, …), de la saga de novelas «Secretos de la luna llena» (Alianzas, Encuentros y Despedidas), de las novelas Rojo y oro y Antihéroes, así como de su última saga «El dragón y el unicornio» que da comienzo con El orgullo del dragón, recientemente publicada. Ambas son muy activas en las redes sociales y podéis seguirlas en sus Twitters personales (@iriagparente) (@SelenePetalos) , así como en su Twitter literario @iriayselene, también las podéis encontrar en su Facebook  IriaySelene y en su web Creando entre dos.

Ignacio J. Dufour García: Bienvenidas a la Buhardilla de Tierra Trivium en la que deseo que os encontréis como en casa. Mientras preparaba esta entrevista me ha sorprendido encontrarte con que la mayor parte de vuestra obra conjunta son sagas literarias. ¿Es algo que prevéis al crear una nueva historia, si va a ser el inicio de una nueva saga o una novela aislada?

Iria G. Parente: Depende. Algunas historias sí que tenemos claro que formarán una saga desde el principio, igual que otras sabemos que serán autoconclusivas.

Imagen de Elena Diaz, facilitada a Tierra Trivium por Iria y Selene
Fotografía realizada por Elena Díaz

Selene M. Pascual: En ciertos casos, sin embargo, a medida que vamos desarrollando la historia nos damos cuenta de que tiene demasiados matices como para desarrollarlas en un solo tomo. Nos pasó con la saga Marabilia, por ejemplo, que al terminar de escribir Sueños de piedra nos percatamos de que había una historia mucho más grande que contar que simplemente el primer volumen. Y nos volvió a pasar con El orgullo del dragón, que al principio de todo iba a ser autoconclusivo y en cuanto empezamos a desarrollar a los personajes supimos que no habría manera de encajar sus historias si no era en una bilogía.

IJDG: A la hora de empezar a crear una nueva saga como en el caso de «El dragón y el unicornio», ¿Qué es lo primero que os planteáis?

IGP: Con cada saga es diferente. En el caso de esta última, lo primero que nos planteamos fue el mundo y las dos naciones que lo dominan. Nos esforzamos por construirlas desde cero y marcar sus diferencias.

SMP: Creamos ambos países por separado, como si fueran dos universos completamente diferentes, incluso si se encuentran en el mismo planeta, separadas por un océano. Creamos sus paisajes, sus ciudades, sus costumbres e incluso sus comidas. Nos inventamos celebraciones y religiones e intentamos que se diferenciaran a base de todas esas características.

IJDG: Siguiendo con vuestra última novela, durante las últimas semanas habéis ido publicando algunas cosas sobre las sociedades en las que se desarrolla la novela, una de las cosas que más me ha sorprendido han sido los calendarios. ¿Cómo de importante es el calendario en una historia de fantasía?

IGP: Los calendarios, como el lenguaje mismo o nuestras creencias, no dejan de ser una construcción humana, arbitraria. ¿Por qué hemos decidido que nuestro año se componga de 12 meses? ¿Por qué hay meses con 28 días, 30 o 31? Así que decidimos que si queríamos crear un mundo desde cero también teníamos que crear su propio calendario.

SMP: Sus propios calendarios, porque es de esperar que si dos países dentro de ese mundo no tienen relación, tampoco lo tenga su manera de medir el tiempo. Al final es otro más de los elementos que diferencian Gineyka de Viria. Otra más de las cosas que separan a estas dos naciones.

IJDG: Además del tema de los calendarios, me resultó curiosa la idea de las frases con las que abrís cada capítulo ¿cómo se os ocurrió?

IGP: La novela bebe en gran medida de las novelas decimonónicas, así que decidimos hacer nuestro propio homenaje. Tomamos las frases iniciales de novelas, relatos, poesías y ensayos del siglo XIX y las adaptamos para que sirvieran de inicio a cada uno de los 50 capítulos de la novela.

SMP: Al principio era muy divertido, pero hacia la mitad empezó a ponerse difícil, sobre todo porque aunque se conservan muchísimos textos de ese siglo, era complicado que nos sirvieran para nuestro propósito sin que se notaran metidos con calzador.

IJDG: Una de las cosas que más me sorprendió cuando os conocí en Twitter, fue la forma en la que anunciáis cada nueva novela. Creando una historia como en el caso de la presentación de Antihéroes con el pasajero del metro que parecía salido de otro siglo, o dando pequeños avances de la novela llegando a publicar los primeros capítulos de la misma. ¿De dónde surge esta forma de presentar vuestras obras?

SMP: Eso hay que agradecérselo a la vena original y publicista de Iria, que tiene ideas para todo…

Imagen de Elena Diaz, facilitada a Tierra Trivium por Iria y Selene
Fotografía realizada por Elena Díaz

IGP: Es simplemente que me gusta el marketing y que creo que una campaña anunciando un libro no debería ser simplemente dejar la cubierta o la sinopsis y esperar a que la gente se fije en ella. ¿Por qué no hacerlo más interesante? ¿Por qué no involucrar al público lector desde el primer momento? Llama mucho más la atención y es entretenido tanto para ellas y ellos como para nosotras.

IJDG: Al hilo de Antihéroes, que es una de vuestras novelas que no pertenece a ninguna saga, ¿os habéis planteado escribir otra novela de esta misma temática?

IGP: La novela queda cerrada y, a la vez, hay cabos de los que podríamos tirar. Somos conscientes de ello y de que hay gente que nos pregunta mucho si habrá una segunda parte de Antihéroes, aunque fuera otra novela independiente, con otros personajes, simplemente tomando como base el mismo mundo.

SMP: Pero lo cierto es que no, que de momento no tenemos nada planeado así. Hay otros proyectos primero.

IJDG: ¿Que os llevó a ambientar una historia de fantasía en Madrid?

IGP: ¿Por qué no hacerlo? En la literatura fantástica anglosajona un montón de historias se ambientan en países de lengua inglesa para que su público lector se sienta identificado y para traer la magia a su mundo. ¿Por qué las escritoras y escritores españoles no podemos hacer lo mismo?

SMP: El hecho de que nos llegan un montón de referentes culturales extranjeros (especialmente estadounidenses) ha creado un imaginario en el que parece que la historia de fantasía no se pueda ambientar en nuestro país, pero lo cierto es que tenemos un montón de rincones fascinantes y una mitología riquísima que está todavía por explotar. Traigamos más historias a España; traigamos más magia a nuestras ciudades.

IJDG: Al diseñar un mundo de fantasía, ¿a qué le dais más importancia a que acompañe a los personajes o a que tenga una coherencia propia independiente de los personajes?

IGP: No creemos que sean dos cosas que estén reñidas. Los personajes y el mundo tienen que estar en sintonía: se supone que ellos viven en ese lugar y, por tanto, han crecido influidos por él, así que son inseparables de esa tierra, de sus costumbres, de su lengua y de su forma de vida.

SMP: Y, al mismo tiempo, el mundo ha de tener una coherencia independientemente de los protagonistas de su historia. Se supone que el worldbuilding ha de sostenerse incluso cuando aparece un ente ajeno: las reglas no cambiarán.

IJDG: Iria este año eres jurado del certamen 2000Romanticos, ¿Qué nos puedes contar de la experiencia?

IGP: En realidad llevo siéndolo ya varios años seguidos y es algo que me hace muy feliz. Me encanta ver que hay gente joven con tanto talento e iniciativas como esta que la apoya y trata de ayudarla. La experiencia de escuchar los relatos recitados por sus autores y autoras, además, es indescriptible.

Imagen de Elena Diaz, facilitada a Tierra Trivium por Iria y Selene
Fotografía realizada por Elena Díaz

IJDG: Hablando de premios literarios, ¿os esperabais ganar un Templis con vuestra novela Alianzas?

IGP: ¡Para nada! Era nuestra primera novela publicada por editorial y ni de lejos esperábamos que tuviera tan buena acogida. La revista El Templo de las Mil Puertas es un referente nacional en lo que a literatura juvenil se refiere y que se fijaran en nuestra novela y consideraran que no solo era digna de estar nominada sino de también ganar el premio fue algo impensable para nosotras.

IJDG: ¿Cómo recibisteis la noticia?

IGP: ¡Con incredulidad! Y con mucha ilusión, por supuesto.

SMP: Tenemos el diploma en el salón y yo a veces aún me quedo mirándolo, sin creérmelo. Cuando nos lo dieron dije que no me lo creía y a día de hoy creo que sigo sin hacerlo.

IJDG: Siendo tan activas en las redes sociales, ¿cómo lleváis el tema de que cualquiera de vuestros lectores os pueda decir si le ha gustado la novela y con qué parte o personaje se ha sentido identificado?

IGP: Es algo que nos gusta muchísimo. Para nosotras el contacto con nuestro público lector es una oportunidad de mejorar y de entablar debate. Esta relación tan cercana entre autor y lector era mucho más difícil hace unos años, así que creemos firmemente en que debemos aprovechar la oportunidad.

SMP: Además, saber que hay personas ahí fuera a las que nuestras novelas llenan o que pueden servir para pasar malos momentos o que se identifican con nuestros personajes es el mayor de los halagos.

IJDG: Por último, quisiera cerrar esta entrevista con una serie de preguntas sobre vuestra relación con la escritura. ¿Cuáles son vuestros referentes literarios y artísticos en general?

IGP: Probablemente tenemos demasiados como para enumerarlos todos. Pero creo que nuestra forma de concebir la literatura sería diferente sin todas las autoras que vinieron antes de nosotras, que el tiempo y el canon literario ha silenciado durante años.

SMP: También son muy importantes para nosotras nuestras compañeras de profesión. Nuestras amigas dentro del sector de la literatura juvenil, sin ir más lejos, a quienes apreciamos un montón y que nos enseñan cosas cada día y nos contagian su pasión por la escritura y por tratar de hacer de este tipo de literatura un lugar seguro en el que se promueva la tolerancia y la inclusividad.

IJDG: ¿A la hora de escribir sois más de mapa o brújula?

IGP: Somos brújula, sin duda, aunque de vez en cuando intentamos planificar un poco de antemano.

SMP: Y siempre nos suele salir mal. Nuestros personajes tienen demasiado carácter y no es hasta el momento de escribir que nos damos cuenta de que no podemos controlarlos: al final la planificación se nos cae a los dos capítulos. Aunque tenemos que decir que nos encanta el no saber qué nos depara la historia.

IJDG: ¿Qué os hizo empezar a escribir?

IGP: A mí, que a mis padres se les acabaran los cuentos que leerme. Me dije que si ya no había más, tendría que empezar a escribírmelos yo misma. Y así lo hice. Luego era yo la que se los leía a ellos.

SMP: En mi caso creo que fue que simplemente tenía demasiadas historias en la cabeza. Y me pudo el deseo de ponerlas por escrito.

IJDG: ¿Cómo terminasteis escribiendo novelas a cuatro manos?

IGP: Selene y yo llevábamos mucho tiempo leyéndonos la una a la otra cuando eso sucedió. Tuvimos algunos intentos de escribir juntas que nunca llegaron más allá de algunos capítulos. Lo que sí teníamos eran un montón de historias por separado. Ella había empezado una que a mí me fascinaba especialmente y le di tanto la lata para que continuara que al final se cansó y me dijo que si tanto quería saber cómo continuaba, la siguiese yo misma.

SMP: Y lo hizo. Si hay algo a lo que Iria no se pueda resistir es a un reto. Continuó la historia, que terminamos entre las dos y titulamos Pétalos de papel. Y diez libros más juntas después… aquí seguimos.

IJDG: Novela, relato, microrrelato, cuento… ¿Alguna preferencia?

IGP: Novela, aunque también nos atrevemos con los relatos de vez en cuando.

SMP: Lo bueno de la novela es que nos permite explayarnos. Algo que creemos que queda claro que nos gusta hacer, dado el tamaño de nuestros libros publicados.

IJDG: ¿hay algún género literario que os atraiga más?

IGP: Creo que se nota que tenemos preferencia por la fantasía: la gran mayoría de nuestras novelas pertenecen a este género, al fin y al cabo.

Imagen de Elena Diaz, facilitada a Tierra Trivium por Iria y Selene
Fotografía realizada por Elena Díaz

SMP: Lo que no significa que no queramos explorar más géneros, con el tiempo. Al fin y al cabo nunca nos hemos cerrado en banda a nada, y tampoco queremos quedarnos en un género para siempre: nos gusta probar cosas nuevas y experimentar.

IJDG: Y para terminar, ¿nos podéis hablar de vuestros próximos proyectos?

IGP: En este momento estamos escribiendo la quinta y última parte de la saga «Marabilia», que se publicará a finales de año, y después nos pondremos manos a la obra con la segunda parte de El orgullo del dragón.

SMP: Además, tenemos algunos proyectos más en mente, con los que todavía no hemos empezado pero a los que estamos deseando hincarles el diente, entre ellos uno de ciencia ficción.

Muchas gracias por concedernos este rato tan agradable charlando de fantasía y de literatura juvenil. Os deseamos la mayor de las suertes con vuestros futuros proyectos y estaremos encantados de volver a contar en la Buhardilla de Tierra Trivium con vuestra presencia cuando presentéis vuestra próxima novela. Y solo deciros que estamos encantados de conocer a autoras que además de crear su propia obra rescatan referentes literarias ajenas al canon literario oficial y crean acciones como la de ayer por la mañana en la cuesta Moyano. (De la que no hemos hablado en esta entrevista al haberse producido posteriormente a la realización de la misma).

La próxima semana tendremos nueva invitada sorpresa en La Buhardilla de Tierra Trivium que espero que os guste.

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Sara Levesque en La Buhardilla de Tierra Trivium

Entrevista a Sara Levesque en La Buhardilla de Tierra Trivium

Empezamos mayo con la visita a la buhardilla de Tierra Trivium de la poeta y escritora Sara Levesque (Madrid, 1987), en su web Bohemia… te adoro se define como una artista de las palabras cuya gran pasión es escribir. También cuenta que empezó a escribir para superar el desamor, a modo de terapia. Como no lo consiguió, permaneció agarrada al lápiz, por si las moscas. Se considera una bohemia romántica que no tiene remedio, ni lo quiere. Es audioprotesista por dinero y una excusa, soñadora por culpa de una musa, y escritora por Amor al Arte y a su naturaleza inconclusa. Comenta que lo primero es un trabajo para ganarse la vida, lo segundo es su estilo de vida, y lo tercero es lo que le mantiene con vida.

Charlaremos con ella de su participación en la antología Cuadernos de Medusa, su implicación en el centenario de Gloria Fuertes y de otras facetas artivistas de su obra. La podéis encontrar en Facebook (Sara Levesque), Twitter (@SaraLeveque36) y en su página web Bohemia… te adoro.

Imagen cedida a Tierra Trivium por Sara Levesque.
Sara Levesque firmando un ejemplar de Cuadernos de Medusa.

Ignacio J. Dufour García: Bienvenida a esta humilde buhardilla. ¿Nos puedes contar cómo llegaste a participar en esta preciosa antología?

Sara Levesque: Gracias por invitarme. Mi participación fue casualidad. Gracias a mi amigo Ramón, contacté con la editorial del libro para mandarles el manuscrito de mi primera novela No sigo el guion. Mientras la estudiaban, me preguntaron si quería participar en un proyecto que estaban diseñando (Cuadernos de Medusa) y acepté de inmediato.

IJDG: Me ha emocionado mucho leer tu relato con ese tono de confesión íntima. ¿Qué te lleva a escribir esta historia?

SL: Una vieja espina. Siempre digo que no escribo relatos, sino abrazos. Gracias a una gran persona, conocí el término Apapachar. La espina en cuestión dolía. No me gusta sentir dolor. Lo único que hice fue sacarla del Corazón, usar la sangre como tinta para escribir la historia y remendar la cicatriz con palabras, cerrando la herida para siempre. Apapachar significa «abrazar con el Alma». Eso es este relato, un abrazo con el Alma.

IJDG: Uno de los aspectos que más me ha sorprendido de tu relato es que te deja con la sensación de haber estado leyendo un poema, ¿fue algo buscado o simplemente surgió al escribirlo?

SL: Surgió sin más. Las palabras aparecían rodeadas de ese halo poético. Solo les di forma para contar algo íntimo con lo que cualquiera pudiera sentirse identificado.

Imagen cedida a Tierra Trivium por Ignacio J. Dufour García, autor de la misma.
Presentación de Cuadernos de Medusa en Nakama Lib. De Izquierda a derecha (Victoria Irene Borrás Puche «editora de Cuadernos de Medusa», Erika Okumura, Sara Levesque e Inma Claudio)

IJDG: En la presentación de Cuadernos de Medusa en Madrid, decidiste leer el relato acompañada por… ¿Cómo se te ocurrió esa mezcla tan interesante?

SL: Por Erika Okumura, autora del relato El mito de Hi’Haka. La primera vez que nos reunimos los autores, no estábamos todos. Los que asistieron me cayeron bien muy pronto. Pero me sentí identificada con el carácter que mostraba Erika. Sonriente pero tímida cuando le tocó hablar. A mí me cuesta mucho hablar en público, y pude ver que a ella también parecía sucederle lo mismo. Nos caímos bien en seguida. Pensé que si presentábamos las dos este proyecto tan hermoso, podríamos disfrutarlo sin dejarnos llevar por el «miedo escénico», apoyándonos en el relato de la otra.

IJDG: Además de cultivar la prosa, como en el caso de este precioso relato que se incluye en Cuadernos de Medusa, también eres poeta. ¿Cómo decides si una historia es un poema o un relato?

Imagen cedida a Tierra Trivium por Ignacio J. Dufour García, autor de la misma.
Acción reivindicativa por la Biblioteca de Mujeres en el Espacio de Encuentro Feminista.

SL: La propia esencia de la historia me lo sugiere. Si se basa en algo fugaz, la visto de poema; si es algo más intenso o que me cuesta más trabajo exteriorizar, la convierto en relato.

IJDG: Hablando ahora de obra poética, ¿cómo te gusta definirte, como poeta o como poetisa?

SL: Dado que no puedo decantarme solo por un género, prefiero definirme como Escritora. Lo que más trabajo es la prosa y narrativa, pero también poemas… No puedo elegir un único género.

IJDG: ¿Qué tal fue la experiencia de participar en los actos del 8 de marzo del Espacio de Encuentro Feminista con tu obra poética?

Imagen cedida a Tierra Trivium por Ignacio J. Dufour García, autor de la misma.
Sara Levesque en el Espacio de Encuentro Feminista

SL: Fue muy enriquecedora. No pude estar presente al 100%, pero tanto lo que yo vi como lo que me contaban las compañeras fue que mi obra recibió una calurosa acogida. Además María Ángeles, una de las mujeres que trabaja en el Espacio, me dio un valioso consejo para hablar en público el día que fui a presentar mi obra allí: que no me dejase llevar por la timidez y mirase a los asistentes mientras leía. Debido a los nervios, ese día leí un relato sin despegar los ojos del papel. El consejo me ayudó mucho desde entonces.

IJDG: Siguiendo con tu faceta más activista, háblanos de tu participación en el centenario de Gloria Fuertes, en el acto La Gloria está fuera de los armarios y en la acción Creadoras, reivindicando a las escritoras en la calle Huertas.

Imagen cedida a Tierra Trivium por Ignacio J. Dufour García, autor de la misma.
Sara Levesque participando en La Gloria está fuera de los armarios en la plaza Gloria Fuertes.

SL: Todo ello fue algo que jamás hubiera pensado que podría realizar. Desde Órbita Diversa me dieron la oportunidad de colaborar con mi trabajo. En el centenario conocí a personas muy interesantes que siempre recibieron tanto a mi Arte como a mí misma con una sonrisa. Paloma y Cass me invitaron a diversos eventos relacionados con Gloria Fuertes, y disfruté muchísimo de compartir con ellas algo tan mágico. Conocí a Inma, guitarrista formidable del grupo Criaturas del aire, y después a Ana, la vocalista. Sobre el acto La Gloria está fuera de los armarios, tuve la oportunidad de leer en la plaza de Gloria Fuertes pedacitos de mi trabajo y compartirlo con más artistas. Y la acción en la calle Huertas fue algo muy original, que me dejó con ganas de alargarlo hasta que acabara el día. La autora que elegí fue Concha Espina, leí un pequeño fragmento de La esfinge Maragata, y después un mini texto mío basado en ella. Puedo decir que en los tres actos me sentí como en familia. Y todo ello siempre acompañada por el cariño de Matteo, César y Ofelia. Todos los actos fueron muy importantes para mí, tanto a nivel profesional como personal. Me sirvieron para ir aprendiendo poco a poco a hablar en público, que la gente no muerde y que no hay que tener miedo a decir lo que piensas.

IJDG: También colaboraste en la redacción de una de las entradas del Fanzine Creadoras, que está disponible en la librería Tierra Trivium. ¿Por qué elegiste a esta autora? ¿Qué nos puedes contar de esta experiencia?

SL: Elegí a Concha Espina porque, salvo Gloria Fuertes, no conocía bien al resto de autoras propuestas. De Concha había leído poquito, pero me gustó. Me pareció interesante profundizar en su obra y mostrar en la acción la importancia que se merece. El momento de compartirlo con los compañeros y las personas que se nos iban uniendo fue inmejorable.

Imagen cedida a Tierra Trivium por Ignacio J. Dufour García, autor de la misma.
Sara Levesque escribiendo una cita de María de Zayas en la calle Huertas.

IJDG: ¿Cuáles son tus referentes literarios?

SL: Muchos, H. D. Thoreau sobre todo. Jeanette Winterson, Malú Urriola, Emily Dickinson, Joe Simpson (el alpinista), Tagore, Gloria Fuertes, María Recrea, Oriana Fallaci, Stephen King…

IJDG: Sara, ¿qué es lo que te llevó a escribir?

SL: Supongo que, como soy tímida y a veces me cuesta hablar, me expreso mejor escribiendo. Es algo que aprendí en casa. Mis padres siempre leían. Cuando aprendí a hacerlo, devoraba libros sin parar. Después pensé que sería buena idea crear yo uno, para que quien lo leyera sintiera la misma emoción que sentía yo al leer. A modo de anécdota, me gustaría compartir que, cuando era pequeña y me portaba mal, mis padres me castigaban sin leer.

IJDG: Levesque no es tu verdadero apellido. ¿Qué te llevó a usar seudónimo? ¿Y cómo te decantaste por Sara Levesque?

Imagen cedida a Tierra Trivium por Sara Levesque.SL: Me pareció buena idea protegerme detrás de un seudónimo. Quise reflejar este aspecto en una de las protagonistas de mi novela, Sylvie. Elegí Sylvie Levesque. Cuando acabé la novela me di cuenta que me gustaba para mí, así que al personaje le puse otro y yo adopté este. Es un apellido francés. Casi todo lo que escribo está ambientado en diferentes partes de Francia. Como no podía ser de otra manera, mi seudónimo tenía que ser francés también.

IJDG: Poesía, relato, novela… ¿Tienes algún género preferido? ¿Alguno en el que te sientas más a gusto?

SL: Me siento cómoda con los tres, pero sobre todo con la novela. Después con el relato y luego con la poesía.

IJDG: Por último, antes de dar por finalizada esta agradable velada, ¿nos podrías hablar de tus futuros proyectos?

SL: Por supuesto. Colaboro desde hace más de un año con la web lesbicanarias.es, con tres relatos semanales. Mantengo al día mi propia web con relatos cortos y algún poema. Tengo escritos tres libros de relatos cortos en prosa poética y el cuarto viene de camino. Además de la novela mencionada al principio de la entrevista, tengo una segunda novela en marcha. Estoy ahora mismo con la promoción de Cuadernos de Medusa y deseando volver a publicar con ellas cualquiera de mis trabajos.

Imagen cedida a Tierra Trivium por Sara Levesque.IJDG: Muchas gracias, Sara, por concedernos un rato tan agradable en La Buhardilla, de Tierra Trivium. Aprovechando tu admiración por Gloria Fuertes, te animamos a participar en la antología que estamos preparando en la editorial por el ciento un aniversario de su nacimiento (Bases Colección Mementos: Gloria Fuertes). Ya sabes que esta es tu casa, y estaremos encantados de que visites cuando quieras.

SL: Muchas gracias a vosotros por esta gran oportunidad. Así me he sentido… Como en casa. Acepto la participación en la antología. Un abrazo.

La semana que viene, siguiendo con la poesía nos visita el poeta, actor, autor y director de teatro Francisco Cenamor, con el que además de hablar de su obra poética y teatral hablaremos de su blog asamblea de palabras en el que cada día publica un poema de un autor diferente y que os recomiendo como forma de conocer poetas de otros lugares.

Por cierto, si queréis ser los primeros en leer las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium os invito a uniros al grupo de Telegram del Grupo Tierra Trivium donde publicamos todas nuestras novedades.

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Tierra Trivium entrevista a Juanjo Ramírez Mascaró II

2ª parte de la visita de Juanjo Ramírez Mascaró a La Buhardilla de Tierra Trivium

 

Como adelanté hace dos semanas, continuamos con la entrevista al polifacético Juanjo Ramírez Mascaró. Del que os recuerdo donde podéis encontrarle en redes sociales: en twitter (@ramirezmascaro), facebook (ramirezmascaro), instagram (@demasiadovioleta) o en su blog (nanasnegras).

Hoy nos adentraremos en sus facetas más audiovisuales y metaliterarias, así como en los referentes de su obra. Así que prepararos para visitar, como diría Juanjo, su sótano más oscuro y tenebroso.

IJDG: Juanjo, en general todas tus novelas tienen un velo de oscuridad, ¿es algo buscado?

JJRM: Todas ellas tiene bastante oscuridad porque no concibo escribir sin dejar salir cierta oscuridad, es cierto que en algunas hay una oscuridad más densa o menos densa. Creo que lo que al final determina el computo global es la visión del mundo que refleja.

Hay algunas que me han salido creo que bastante devastadoras, desesperanzadoras en cuanto al fin del mundo y a la naturaleza del ser humano; otras por el contrario, son completamente esperanzadoras y optimistas, supongo que todo depende del estado de animo con el que las escribo.

IJDG: Documentando me para esta entrevista he visto que también ilustras.

JJRM: Bueno a veces lo hago, pero obviamente no de manera profesional, eso lo considero más bien un hobbie. Una afición que a veces uso para dar rienda suelta a impulsos creativos, pero sin tener la presión o el respeto que la escritura siempre impone, al dedicarme a ello de manera profesional. Parece que uno acaba cogiendo ciertos vicios, cierta autoexigencia, que cuando dibujo simplemente me olvido de ellos. Cuando dibujo soy un aficionado a dibujar que simplemente dibuja sin someterse a demasiadas presiones internas.

IJDG: ¿Qué surge antes la ilustración o el relato asociado a la ilustración?

JJRM: Normalmente cuando hago dibujos asociados a relatos suelo hacerlos luego ex professo para el relato, muchas veces para intentar mover lo por editoriales de una manera un poco más vistosa. Obviamente como una versión beta de lo que luego podría hacer un ilustrador con más formación y más talento.

Sí creo que a veces en una imagen se puede expresar bien el tono de lo que quieres transmitir a quien normalmente no va a tener el tiempo para detenerse a leer una obra entera tuya. Entonces si consigues hacerles un esbozo de ese tono, de esos sentimientos, que luego van a estar implícitos en una novela o en una recopilación de relatos, creo que a lo mejor facilita que pueda darle más oportunidades dentro de esa montaña de manuscritos que todos imaginamos en la mesa de cualquier editor o de cualquier agencia.

IJDG: A nivel artístico, ¿tienes algún referente?

JJRM: Referentes, pues gente que es inalcanzable para mi. No los cuento como referentes sino que te podría hablar de ilustradores por los que siento especial aprecio, empezando obviamente por el grandisimo Francisco de Goya, sobre todo por su periodo de las pinturas negras, siguiendo por gente como Quentin Blake.

Hay un ilustrador que para mi es de los mejores que hay ahora mismo en activo, tuve la suerte de trabajar con él en un proyecto. Es el danes John Kenn Mortensen, le considero bastante deudor de Edgar Norick, pero llevando las cosas a un terreno completamente suyo.

IJDG: Cambiando de tema, ¿cómo te surge la inspiración para crear los hilos de Twitter?

JJRM: La verdad es que ahora mismo son válvulas de escape. Ahora mismo en mis ratos libres estoy escribiendo una nueva novela y estoy bastante volcado en ella, pero claro lo que tiene hacer este trabajo árido que todavía no puedes compartirlo con nadie hasta que no lo tengas todo armado es que uno tiene mono de escribir cosas que pueda compartir al instante. Y en Twitter encuentro esa relación bidireccional con el lector, ese feedback, esa inmediatez que me permite improvisar historias, muchas de ellas en una tarde. Y en las que muchas veces lo que más tiempo me lleva son los foto montajes ya que no son mi especialidad, .no soy diseñador gráfico.

Al final es una tarde divertida, a veces dos, en las que poder pergeñar una pequeña ficción de juguete y testearla sobre la marcha.

Luego, algunas de ellas voy viendo, según las voy desarrollando, que pueden pertenecer a un mismo universo. Por ejemplo, todo en miniatura. Entonces las voy interelacionando un poco por jugar con ello.

La verdad es que lo hago casi como comentábamos antes sobre el dibujo. Es algo que no considero del todo mi especialidad, ya que es un formato multimedia en el que no domino todas las facetas, que me permite divertirme más y constreñir me menos que al escribir novelas.

A veces bromeo diciendo que escribir novelas era más fácil cuando no sabías escribirlas. Cuanto más experiencia voy adquiriendo en este tipo de escritura más me cuesta parir cada una de ellas, más autoexigente soy. Entonces sigue siendo pasión, pero también tiene algo de sufrimiento o de atrevimiento y eso, a veces, me lo curo con estas válvulas de escape que son las gamberradas de Twitter.

IJDG: Últimamente tus hilos de Twitter están teniendo bastante repercusión. ¿Te lo imaginabas?

JJRM: No, la verdad es que no, de hecho, tampoco han tenido una repercusión altísima, pero si que es verdad que fue inesperada.

El primero que hice de ciencia ficción lo improvisé en una tarde libre, que estaba aburrido y no se, necesitaba jugar. No pensé que lo fuesen a leer tanta gente. A partir de ahí ya uno empieza a encariñarse más con este formato. De momento, creo que tienen una repercusión discreta, pero a la vez satisfactoria para mí.

Me han supuesto contactar y conocer a gente que no conocía antes y sobre todo sentir que esto también les parece importante. Comprobar como algo que sale de tu cabeza le gusta y lo aprecia gente que no te conoce de nada.

En esto hay una cosa que siempre me frustraba al principio, cuando escribía, que era eso de que solo te leyesen tus amigos, porque claro no es un barómetro objetivo. Luego pasamos a una fase más satisfactoria que es cuando hay gente con la que ahora tengo una buena relación e incluso se han convertido en amigos después de leer lo que escribo y encontrar ahí un vínculo. Bueno, para mi el siguiente paso que creo que todo escritor desea o debería desear es cuando tus obras van por ahí, por sitios por donde tu ni imaginas que están deambulando, y que las lea gente que a lo mejor no conoces ni conocerás, ni sabrás su opinión ni falta que te hace.

IJDG: Siguiendo con el absurdo. Tu primer largometraje Gritos en el pasillo está protagonizada por cacahuetes.

JJRM: Con está película tuvimos la suerte de tener más repercusión de la que esperábamos, la cosa fue creciendo sobre una pirámide invertida. De una iniciativa casi anecdótica cada vez se fue sumando más gente y, se fue tomando cada vez más en serio, de tal modo que cuando salió tuvo una repercusión que sin ser tampoco tremenda fue mucho mayor de la que esperábamos. Por lo menos eso me permitió seguir adelante en lo audiovisual. De hecho, al final, con esta clase de cosas he acabado dedicándome más a lo audiovisual que a la literatura pura que era mi vocación inicial.

Yo empecé a escribir relatos y novelas antes de escribir guiones, pero al final uno se va especializando, se va centrando tu vida profesional con aquello que le ayuda a uno a pagar el alquiler.

IJDG: ¿cómo se te ocurrió contar una historia ambientada en un manicomio con cacahuetes?

JJRM: Básicamente era una película que queríamos hacer con muy pocos personajes, principalmente dos, mi socio Alby Ojeda y yo en la isla de Fuerteventura, que es donde los dos nos hemos criado. Entonces nadie hacía cine allí, ahora mismo va a rodar Robert Zemekis, Riley Scott, Terry Guilliam, las películas de Star Wars, Wonder Woman… Por lo que necesitábamos algo que en la peor de la coyunturas pudiésemos hacer nosotros dos solos. Necesitábamos algo sin actores y hacerlo posible con objetos muy muy pequeños y fáciles de manipular.

La primera idea fue hacerlo con Playmovils, pero teníamos miedo a que los derechos de imagen de Playmovil fuesen un obstáculo. Así que tiempo después se me ocurrió el concepto de cacahuete del mismo modo que contaba antes [en la primera parte de la entrevista] me ha pasado con el hipopótamo, de una manera totalmente surrealista y sin ninguna justificación racional. Entonces se empezó a hacer esa historia del manicomio. Por su puesto la historia previa que queríamos hacer no transcurría en un Maní-comio sino que era una historia más de ciencia ficción que nunca llegó a hacerse.

IJDG: Hablanos un poco de tu experiencia como director y guionista de Gritos en el pasillo.

JJRM: Yo primero empecé a escribir y luego quise ser director de cine. Cuando empecé con la comunicación audiovisual me di cuenta de que no tenía estomago para la dirección. Así que decidí que lo que quería era escribir novelas, de ahí acabé escribiendo guiones y luego no tuve más remedio que dirigir de vez en cuando. Al final muchas de las cosas a las que me dedico, lo hago no tanto por decisión personal sino por que la vida me ha llevado a ello.

IJDG: Entrando ya en la recta final de esta entrevista, no podemos dejar de preguntarte por tu colaboración con El Mundo Today ¿Cómo es la experiencia de participar en uno de los medios más conocidos y que más bromas ha generado cuando algún medio se ha tomado en serio sus noticias?

JJRM: Es magnifica, El Mundo Today trabaja de una manera muy orgánica, ahora todo el mundo intenta definir todo lo que está haciendo diciendo que es muy orgánico y creo que casi nadie sabe lo que significa que algo sea orgánico. Yo creo que en el Mundo Today si que se trabaja de una manera muy orgánica. Hay un libro de estilo digamos como una linea editorial muy concreta y muy definida, pero dentro de eso la metodología que es bastante abierta. Yo creo que el gran secreto de El Mundo Today no es otro que son gente con un talento desmedido. Yo me siento allí muy pequeñito y bueno llevo más de un año colaborando con ellos, pero aun me siento indigno de estar ahí. Pienso que a lo mejor estoy allí por que les desgravo en la declaración de la renta.

Vamos es una experiencia muy satisfactoria y de la que aprende uno muchísimo. El Mundo Today tiene una cosa maravillosa que es que intenta huir de la payasada y de la caricatura e intenta que el contenido sea muy delirante, pero la forma sea bastante seria imitando lo que es el periodismo de verdad.

IJDG: Ya hemos hablado de tus referentes artísticos. A nivel literario, ¿cuáles serían?

JJRM: Además de los anteriormente citados, para mí uno de los mas importantes en mi vida ha sido Ray Bradbury, es mi debilidad; también Edgar Allan Poe, Lewis Carroll. Descubrir en la adolescencia El Señor de los Anillos de Tolkien, obviamente, también me cambió la vida. Aquí en España me apasiona Espronceda sobre todo, El estudiante de Salamanca. Además Stephen King, Clive Barker, las cosas que he leído de Alejandro Barico me llegan muy dentro. La verdad es que muchos, también va por épocas, en una juventud más temprana adolescencia disfrutaba mucho a Kafka y a Hoffmann, y ahora no puedo con ellos. En su día Los tres Mosqueteros de Alejandro Dumas fue de los mejores libros que leí y no se como reaccionaría si lo leyese ahora. Creo que cada autor e incluso cada libro tiene su propia época. Y creo que hay algunos que van dejando más poso que otros.

IJDG: ¿Qué te hizo empezar a escribir?

JJRM: Creo que escribir, esto va a sonar un poco pedante, realmente escribía bastante antes de empezar a escribir. Cuando era niño salía a la calle, mis padres me decían a donde vas y yo les decía me voy a pensar. Para mi ir a pensar era corretear por las aceras e imaginaba historias. A lo mejor que estaba en una nave espacial o una historia de piratas, quizás no era el protagonista de la historia sino que me imaginaba historias. Nunca imaginé que yo quería ser escritor ni mucho menos, era inventarme historias, pero yo vengo mucho de esto. Por parte de madre vengo de una familia de científicos y yo siempre asumí que soy científico. De pequeño quería ser paleontologo, de adolescente quería ser astrofisico, fue ya en la última etapa la adolescencia cuando ya empecé a interesarme por escribir primero relatos y después por hacer cortometrajes. Creo que eso cambió un poco mi brújula dentro. Si es cierto que cuando pedían redacciones o relatos o poesía en el colegio era con lo que más disfrutaba, pero nunca me lo planteé como una meta profesional hasta ya casi la mayoría de edad.

IJDG: Novela, relato, microrrelato, cuento, teatro, microteatro, guión, corto, largo… ¿Alguna preferencia? 

JJRM: Depende de para que tipo de historia, pero si es verdad que disfruto mucho escribiendo relato y disfruto mucho escribiendo novela, bueno junto con la poesía, de más joven escribía más poemas y ahora rara vez lo hago. Me gustan esos géneros porque son los únicos en los que puedo hacer lo que yo quiero tal y como yo quiero, sin ceder a otros condicionantes como pueden ser de presupuesto o de opiniones sobre la historia distintas a la mía. Eso no quiere decir, que no me parezca bien, de cuando en cuando, recoger un trabajo en equipo de tu visión mezclandola con la de otros, de hecho, es por lo que me suelen pagar. También es una experiencia magnifica y creo que muchos escritores, de eso tan solitario como la novela o el relato, deberían probar para también saber lo que es acostumbrarse a que la visión de uno no tiene necesariamente por que ir a misa. Si que es verdad que disfruto cuando me tiro todo un ciclo profesional escribiendo a la vera de otro, vomitando ideas que a lo mejor me motivaban y a las que uno renuncia con la profesionalidad y la madurez necesarias, necesita luego tener esa cosita con la que consolarse, que para mi son los relatos y las novelas. 

IJDG: ¿Hay algún género literario o cinematográfico que te atraiga más?

JJRM: Mis dos favoritos son la comedia y el terror, que es en los que suelo trabajar casi siempre, sobre todo cuando de mi depende. A veces, incluso, acabo combinándolos ya que combinan especialmente bien. Y quien dice terror, dice todos sus primos hermanos ya sea el thriller, el misterio, el suspense, o la intriga en general, son los que mas me gustan. En eso sigo siendo adolescente.

IJDG Para ir finalizando esta entretenida entrevista, ¿nos puedes hablar de tus próximos proyectos?

JJRM: Ahora mismo estoy terminando, bueno en realidad llevo el cincuenta por ciento de una nueva novela de ciencia ficción combinada con género fantástico que me motiva bastante. Luego estoy haciendo los guiones de una serie y un par de largometrajes con varios directores, cruzando dedos y tocando madera para que alguno llegue a buen puerto. Mientras tanto sinceramente lo que más me motiva es hacer la novela, que es mi criaturita mimada.

Muchas gracias Juanjo por aceptar nuestra invitación a esta humilde buhardilla, ha sido un placer tener esta preciosa charla de tantos y tan diversos temas. Te deseamos la mayor de las suertes en tus futuros proyectos y seguiremos enganchados a tus hilos de Twitter.

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Pilar Astray Boadicea visita La Buhardilla de Tierra Trivium

Esta semana nos visita la poeta, directora y activista Pilar Astray Boadicea, tras la última edición del Certamen Literario Leopoldo de Luis al que tuve el honor de asistir. Autora de los poemarios El lenguaje de la gravedad, Diez poemas medicina para que papel venza a piedra y de Aquelarre, además ha publicado No estoy hecha para pertenecer, Vengo del agua, Man de Camelle y un jardín marino en el fin del mundo y La Queimada en los que mezcla su poesía con la pintura. También dirige Mundos Flotantes. La podéis seguir en sus redes sociales: Facebook (Pilar Astray Boadicea), Twitter (@Boadiceagarden), Instagram (@boadiceaescribe) y Youtube (Pilar Astray Boadicea).

Ignacio J. Dufour García: Bienvenida Pilar, para dar comienzo a esta entrevista me gustaría recordar la ceremonia de entrega de la XI edición del Certamen Literario Leopoldo de Luis, el pasado 21 de noviembre, ya que una de las cosas que más me sorprendieron y muy gratamente fue que se hiciese una representación de las obras ganadoras tanto en la categoría de relato corto como en la categoría de poesía. ¿Cómo surge la idea de añadir a la entrega del premio una representación dramatizada de la obra?

Pilar Astray Boadicea: Hola Ignacio, muchas gracias por entrevistarme.

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

Cuando obtuve el premio residentes en Tetuán, en la categoría de poesía, que anteriormente se llamaba: accésit Leopoldo de Luis, se me propuso por parte de la organización ser la encargada de poner en escena la obra del poeta que había obtenido el premio Leopoldo de Luis. Ese año fue para Javier Vázquez Losada por su obra Versos portátiles. Se consideró que siendo yo comunicadora audiovisual, habiendo realizado videopoemas y además, poeta, podría poner en escena la obra con garantías de entender el proceso creativo del autor y así, poder plasmarlo en un videopoema. Esta oportunidad para mí fue tan agradable como cuando me notificaron que había obtenido el premio.

Sin embargo, tengo entendido que se llevaba haciendo años anteriores lo de las puestas en escena, lo que no sé es de dónde partió la idea original, ya que diferentes empresas han pasado por la organización del certamen. No sé si fue idea de la Junta de Distrito de Tetuán o bien, de alguien ajeno. No hay que olvidar que esta ha sido la undécima edición.

IJDG: En la ceremonia de entrega de premios también se proyectó un fragmento del documental De aquí no se va nadie que produces y diriges sobre Leopoldo de Luis, ¿Qué te lleva a hacer este documental?

PAB: Cuando decidí presentarme al premio Leopoldo de Luis de poesía, no sabía quién era Leopoldo de Luis. Simplemente iba caminando por el barrio y vi un cartel de la convocatoria del premio. Decidí presentarme en la categoría de residentes en Tetuán, porque soy del barrio y porque no me consideraba preparada para ganar el premio más grande, que sería el que ahora se llama Leopoldo de Luis. En ese momento aún no tenía ni veinticinco años y consideraba que los premios los ganaban poetas consagrados, o que los premios estaban comprados, cómo se suele decir. Yo también había caído en el tópico y me presenté, con muchas dudas, un día que empezó a llover de manera salvaje y tuve que proteger el manuscrito, llegando a duras penas casi cuando estaban a punto de cerrar la junta de distrito. Fue todo muy literario, casi de película.

Fue entonces cuando me empecé a preguntar: ¿Quién es Leopoldo de Luis? Luego, llegaron las buenas noticias y entonces, surgió el conflicto. Asistí a la entrega comprobando como la figura y la historia de Leopoldo de Luis no estaban allí. El certamen se llamaba así, pero nadie contaba su historia, no había logo, ni página web, hasta que cogimos nosotros (Mundos Flotantes) las riendas. La gente recibía un premio meramente nominal, y luego dependía de ellos investigar. Tampoco asistió en esos años (desde que yo descubro el premio hasta que paso a organizar la entrega de premios) su hijo Jorge Urrutia. En definitiva, no me gustó cómo se estaba haciendo, ya que me había encariñado con la figura de Leopoldo, también al ser mi primer premio importante.

Sentía mucha conexión con su vida, algo casi mágico. Y decidí empezar a hacer una serie de vídeos pequeños, de divulgación, tras comprobar también que en el barrio mis vecinos, mis amigos, le desconocían. Cuando estaba enfrascada en estos vídeos, pensé: «Esta historia no se puede contar fragmentada, es necesario que se conozca de otra forma, a otro nivel». Y así, surgió el documental De aquí no se va nadie.

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

IJDG: ¿Cuál fue tu primer contacto con Leopoldo de Luis?

PAB: Como te he contado, el premio. Y precisamente por eso, quise ponerle remedio, por muy ambicioso que suene, quería y quiero contribuir a que su obra y vida sean mucho más conocidas de lo que ya son.

IJDG: Para la financiación del documental creasteis desde Mundos Flotantes (luego entraremos en detalles del porqué de ese nombre tan curioso) un crowdfunding, ¿qué tal ha sido la experiencia?

PAB: Como estrategia de publicidad, no estuvo mal, pero la intención era conseguir fondos para hacer el largometraje sin penurias, y poder dedicarme tanto yo como mi equipo al documental al cien por cien. No tuvimos la acogida esperada, y aunque llegamos al objetivo marcado, no era un objetivo suficiente ni realista, entre impuestos (afectan también a los crowdfunding) y las recompensas a los mecenas, realmente no es viable hacer un documental en el que tenemos que viajar, trabajar muchas horas, con lo obtenido en la campaña de micromecenazgo. Estamos sacrificando nuestro bolsillo, para qué mentir. Aún así, estamos muy agradecidos a los mecenas. Son el impulso del proyecto, nos hizo ver cuánta gente estaba interesada. Pero siendo sincera, y hablando en nombre de mi equipo como directora, necesitamos ayuda de instituciones o alguna subvención. El cine es un oficio caro, lo hemos hecho apenas sin medios, pero lo hubiéramos hecho mejor y más felices de otra forma. Ha sido una lucha, ya que, como Leopoldo, nos vemos obligados a trabajar en otras cosas para financiar este proyecto.

IJDG: Y entrando a fondo en el proceso de realización del documental, ¿qué es lo que os ha producido más satisfacción?

PAB: He conocido a gente maravillosa, a poetas a las que admiro muchísimo como Juana Castro. He aprendido mucho. Jorge Urrutia ha sido un guía estupendo, muy generoso y atento conmigo y con el resto del equipo. Recuerdo que es mi primer largometraje, por lo que pienso que será algo que recordaré siempre, por muchos años que lleve en el oficio.

IJDG: ¿Hay algo que os haya sorprendido durante la creación del documental?

PAB: Todo el mundo nos habla bien de Leopoldo de Luis. Cuando estás pintando un retrato de alguien, al fin y al cabo, un documental es eso, esperas que la figura que pintas tenga aristas, sombras. Con Leopoldo eso no ha sucedido. Y eso ha hecho que le quiera mucho más. Empecé siendo un poco escéptica respecto a este hecho de que nadie dijera nada ya no malo, sino polémico, diferente al discurso habitual sobre su persona. Pero tras años de trabajo en su obra y vida, puedo decir que es real. Leopoldo era una bella persona y por eso, esto merece la pena.

IJDG: Volviendo al tema del nombre de Mundos Flotantes, ¿cómo surge ese nombre tan evocador?

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

PAB: Corriendo por la Dehesa de la Villa, muy cerca de donde vivía Leopoldo. Estaba corriendo allí (es mi deporte favorito) y empecé a pensar nombres para una serie de fanzines que hacíamos mi socio Masles Roy (pintor y montador del documental) y yo. Comenzamos llamando a lo que era una publicación mensual: Pinturas y poemas. Ya que mezclaba sus pinturas y mis poemas. Sin embargo, era obvio que necesitábamos un nombre. Yo ya llevaba años queriendo montar mi propio negocio, y Roy y yo llevábamos años trabajando juntos. Nos hicimos realmente socios en ese momento en la Dehesa de la Villa, cuando empezamos a soltar nombres, y encontramos la chispa, lo que mejor nos definía. Fue un momento muy especial.

IJDG: He intentado encontrar la forma de definir Mundos Flotantes, pero ni es una productora, ni es una editorial, ni es solo un gestor cultural, es todo esto y mucho más. ¿Qué os impulsó a crear Mundos Flotantes?

PAB: Realmente la falta de oportunidades para los jóvenes formados en disciplinas como la nuestra. La falta de oportunidades en general. No podíamos esperar a que alguien nos diera trabajo, o seguir siendo los eternos becarios. Tampoco somos de estar quietos. Decidimos lanzarnos a la piscina. Y está siendo agridulce, aunque estamos donde queremos estar.

IJDG: ¿Cómo podemos definir a Mundos Flotantes, ya que son muchas cosas a la vez?

PAB: Es una agencia de comunicación que genera cultura. Con el añadido de que somos especialistas en el mundo del libro, y tenemos la parte audiovisual, por lo que queremos ser ese servicio que necesitan las editoriales y los autores para que su obra llegue a más gente: a través de planes de medios, estrategias de publicidad, vídeos, eventos culturales.

IJDG: Otra de las cosas que me ha sorprendido de Mundos Flotantes son las obras: No estoy hecha para pertenecer, Vengo del agua, Man de Camelle y un jardín marino en el fin del mundo y La Queimada en las que unes tus poemas con cuadros, ¿cuál es el origen de esta colaboración?

PAB: Roy y yo nos conocemos desde hace once años. Hemos crecido juntos. Nos encontramos en la universidad, cuando yo fundé un grupo de literatura (es una larga historia) y de alguna forma, sabíamos desde que nos vimos por primera vez, que íbamos a hacer algo juntos. Cuando estábamos estudiando, Roy para sorprenderme ilustró un poema mío, casi adolescente, titulado: El lobo estepario. Entonces me di cuenta de que sin decirnos nada había entendido perfectamente lo que yo tenía dentro. Fue sobrecogedor, porque el poema me resultaba doloroso. Entonces supe que, aunque somos muy distintos, como pareja artística conectábamos a un nivel muy profundo, como si fuéramos hermanos de sensibilidad.

Esto se fue cuidando, alimentando, y un día, de forma natural tras tanto recorrido, empezamos con los fanzines, buscando dotar al lector de una experiencia distinta, en la que la pintura y la poesía estuvieran al mismo nivel, fusionadas.

IJDG: ¿Cómo es el proceso creativo de estos libros? ¿Es algo conjunto?

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

PAB: Las ideas: el feminismo, el agua/la Atlántida como metáfora, el fuego o la Queimada, la historia de Man de Camelle. Son cosas en las que ambos estábamos interesados, cosas que nos llamaban. Incluso nos hacían llorar, como la historia de Manfred. Una vez estando de acuerdo en las líneas generales, Roy pintaba por su cuenta y yo escribía. Y de forma milagrosa, todo cuadraba, sin mucho esfuerzo. En Vengo del Agua, yo recibí sus cuadros y luego escribí. Todo esto era muy rápido, porque lo hacíamos mes a mes. En el caso de Man de Camelle, yo me fui a Galicia a investigar su historia de cerca para poder escribir y Roy pintó por su cuenta. Y en La Queimada, Roy recibió el texto y luego pintó. No estoy hecha para pertenecer fue una danza, el origen de la explosión creativa. Esto ha podido hacerse así tras conocernos mucho y años de amistad. No sé cómo hubiera sido con otra persona.

IJDG: Siguiendo con tu obra poética, como nos has mencionado, tu poemario Diez poemas medicina para que papel venza a piedra fue reconocido en una de las anteriores ediciones del Certamen Literario Leopoldo de Luis, ¿te esperabas terminar siendo la directora de un documental sobre Leopoldo de Luis?

PAB: Para nada. Solo quería expresar el dolor que sentía al tener a una persona que quiero en el hospital. Es un canto a la amistad. Es un sentimiento que valoro mucho, y me parece que está menos tratado que el amor en la poesía, se le da menos importancia, y para mí, es algo casi sagrado.

IJDG: Tu obra tiene una fuerte carga emocional y reivindicativa, ¿cuál es tu proceso creativo?

PAB: Cuando era más joven, todo surgía por combustión espontánea y yo me sentía orgullosa de ello. Consideraba que manipular el poema, intervenirlo, era hacer «trampa». Achacaba escribir buena poesía a la práctica y la lectura, pero no me gustaba corregir. Me parecía que le restaba pureza. Veía a gente hacer poesía con el diccionario, por pura estética, como cirujanos, y les detestaba, porque siempre he considerado que un poeta nace, no es algo que se pueda forzar, aunque sí trabajarse.

Con el tiempo, encontré el término medio. Ahora puedo rumiar una idea durante días, incubarla, hasta el momento justo en el que noto que tiene que nacer. Normalmente voy por la calle y me van viniendo los versos, o en la ducha. Porque estoy totalmente conectada al lenguaje poético, pueden aparecer en todo momento. Para pasarlos a papel, ahora prefiero estar en un estado mental más sereno, haber dejado que la idea me reconcoma un poco, y luego sembrarla. Otras veces estudio, investigo, tengo la metáfora de un mecánico y leo cosas sobre mecánica, cuando me he empapado bien, me dirijo al verso con la pasión de la idea, y la información mezcladas. Sin embargo, hay muchas cosas que siguen surgiéndome como si tuviera un volcán dentro, a veces oigo una música con mucho ritmo dentro de mí y no dejo de escribir hasta que esa música no para. Entonces sé que el poema ha terminado.

IJDG: ¿Consideras que la poesía tiene que remover al lector?

PAB: La poesía que a mí me gusta, sí. Si me deja indiferente, casi podría decir que me enfada. No leo poesía para que no me renueva, para permanecer igual. Necesito que el arte me sacuda, me muestre un camino, me toque. Me gusta hacerme preguntas y estar en continuo movimiento. Necesito poetas que me lleven al borde del precipicio mental, necesito conmoverme continuamente, sentirme abrazada con la creación ajena.

IJDG: ¿Cuáles son tus referentes artísticos?

PAB: Estoy muy influida por el simbolismo y la mitología, desde niña. En cine, adoro el trabajo de Maren Ade, Robert Rossen, Godard, Agnès Varda, Jim Jarmusch y David Lynch. También me siento muy atraída por la obra de Almodóvar. Y tengo muchas ganas de ver lo nuevo que harán Paula Ortiz y Carla Simón, ya que también me han fascinado. Consumo mucho cine y muy distinto, creo que es importante que así sea. Lo mismo intento hacer con la música, con la poesía. Me gusta que me saquen de mi zona de confort.

IJDG: ¿Has sentido que se te han ocultado las obras de muchas autoras relevantes solo por el hecho de ser mujeres?

Fotografía de Pilar Astray Boadicea cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea

PAB: Por supuesto, recuerdo en el instituto, el colegio. Salvo a Rosalía de Castro no tratábamos a ninguna poeta. En Historia del Arte en Bachillerato, no había pintoras en el contenido para selectividad. Tenías la sensación de que no existían. Por lo tanto, cómo podías tener la esperanza de lograrlo tú. Me di cuenta de lo que pasaba cuando tenía quince años, acababa de ganar el premio literario de poesía y relato del colegio, por segundo año consecutivo y me habían dado un vale para comprar libros. Cayó en mis manos el libro de Las Olvidadas de Ángeles Caso. Era 2005. Nadie me había hablado de Sofonisba Anguissola, Mme. de Staël o Luisa Roldán, mucho menos de Safo. Era un bicho raro por ser feminista en clase, no encontraba a nadie que abiertamente lo fuese. Ahora las cosas han cambiado un poco, las jóvenes tienen contacto con el feminismo por casi todas partes. Saben que existe el movimiento.

No hay que olvidar que las manifestaciones multitudinarias en torno al feminismo son de hace apenas tres años. Cuando yo era adolescente, no teníamos aún redes sociales. No podíamos acceder al contenido feminista tan fácilmente. Fue el libro de Ángeles Caso el que despertó mis ganas de investigar a las mujeres olvidadas, las artistas que me habían negado conocer.

El feminismo me salvó.

IJDG: No sé si has seguido con atención la reivindicación de que hubiese autoras en la Calle Huertas, que como recogimos en La Buhardilla en marzo se puso la primera y a día de hoy contamos con las citas de Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro y María de Zayas, ¿te parece concebible que se haya tardado tanto en conseguir?

PAB: Fanny Rubio, hablando de la poesía de posguerra, me dijo que cada generación está llamada a hacer lo que está llamada a hacer. Hay cosas que no podían haber sucedido en otro momento, por eso no sucedieron. Lo que quiero decir es que claro que me parece inconcebible que haya tenido que pasar tanto tiempo para que las mujeres estemos cerca de la igualdad, porque la igualdad no la tenemos, ni en nuestro país, ni en el resto del mundo. Esto aún va a tardar, hay que trabajar mucho. Mujeres y hombres tenemos que trabajar por ello. Me pone triste pensar que ni yo misma conoceré esa igualdad de derechos y oportunidades en nuestro país. Pero lucharé para que las niñas del futuro se atrevan a soñar cómo merecen, y puedan lograr sus sueños sin tener que pagar un precio por ser mujeres. Por eso son tan importantes las maestras, maestros hemos tenido muchos. Necesitamos mentoras, mujeres que tiendan la mano a las que empiezan, referentes y por supuesto, rescatar nuestra genealogía y darle el lugar que ha sido borrado.

Espero que sea este el momento de conseguirlo.

IJDG: Volviendo un poco al lado menos mundano de la creación artística, ¿a la hora de crear cómo eliges la forma que vas a emplear, bien audiovisual, bien textual, …?

PAB: Todo es texto. Todo puede leerse. No te sabría decir, supongo que por instinto. Te diría que los guiones los veo, los oigo y los siento, pero la poesía también la veo, la oigo y la siento. La poesía es música, aunque es más que eso.

Fotografía de Pilar Astray Boadicea realizada por Enrique Rollán, cedida a Tierra Trivium para esta entrevista
Pilar Astray Boadicea (autor: Enrique Rollán)

IJDG: Y para ir finalizando, cuéntanos un poco de tus futuros proyectos:

PAB: Mover el documental e intentar llevarlo lo lejos que sea posible. Estoy ensayando un proyecto teatral, creado con una amiga poeta y otra dramaturga. Esperamos que vea la luz muy pronto. También quiero publicar mi tercer poemario, seguir creando eventos culturales como No Somos Musas, Artistas por la Igualdad, o Maestras (en el que me gustaría contar con referentes como Juana Castro, Ana Rossetti, Luz Pichel) y cuando pase todo esto, mi segundo largometraje no será un documental, será ficción. Y hasta aquí puedo leer.

Muchas gracias Pilar por esta entretenida y completa entrevista. Estaremos atentos al estreno de De aquí no se va nadie, y estás invitada a volver a visitarnos cuando te apetezca para hablarnos de todos los proyectos que nos mencionas y de aquellos que se han quedado en el tintero.

Y la semana que viene vuelve el Relato Caleidoscópico, no os lo perdáis.

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El Relato Caleidoscópico

Para este día de los Inocentes en vez de hacer una broma como es costumbre y anunciaros una nueva participación en el Relato Caleidoscópico y repetir la entrada del otro día, os guardo un regalo. En esta entrada os recopilo todos los relatos caleidoscópicos que hemos tenido e iré a incluyendo los que vendrán, ya que a las aventuras de Elíseo aun les queda cuerda para rato. Y como esta va a ser una entrada muy extensa no me voy a alargar más, sólo añadir Felices Fiestas y nos vemos en 2020.


Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

El monótono sonido de un ventilador rompía la tranquilidad del edificio. Lentamente Elíseo recuperó el conocimiento. Sentía como si la cabeza le fuese a estallar con cada latido de su corazón y el zumbido del ventilador no ayudaba a superar dicha sensación. Poco a poco fue abriendo los ojos y sintiendo el teclado del ordenador aplastado contra su mejilla derecha, en concreto la tecla Intro del mismo. Se enderezó poco a poco en su silla. No había ni rastro de su ordenador, la pantalla aún estaba encendida. Su cerebro seguía sin regir con claridad, había una laguna en su memoria desde la pasada tarde. La claridad empezaba a filtrarse por entre las cortinas que cubrían el ventanal del fondo de la oficina.

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Se levantó, mirando a su alrededor, y no había nada ni nadie. Solo alguna telaraña en el techo agonizante, un poco de polvo tras las puertas acumulado. Y, de repente, salió corriendo del edificio, bajando de dos en dos las escaleras, golpeándose contra la soledad acrecentada entre tanto silencio. Bruscamente, paró. Un silbido le iba acompañando a lo lejos. Un silbido dulce, suave, de mitológica sirena. Elíseo seguía sin recordar, pero escuchaba el sonido de la lluvia en los silbidos, la verdad en cada escalón no bajado. Quieto, como de piedra, en aquella soledad impertinente, solo sus piernas dirigían su destino.

Rosario Curiel

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Ignoraba que el papel iba dirigido a personas que presentaban un analfabetismo digital, y únicamente para casos de primera necesidad. Elíseo estaba confuso. A su alrededor: la ciudad, los hombres y la robótica se entremezclaban maquillados de blanco y negro; colores, que bordaban el paisaje decorado de caras serias marcadas por un pliegue en la frente, y por robots que dirigían el ritmo.

Captaron su atención unos ventanales que difuminaban una luz multicolor. En estos se podían elegir los productos deseados y segundos después, motivados por la presencia de una tarjeta, caían en la cesta.

Elíseo, maravillado, se mezclaba entre la gente y tropezó con una alfombra eléctrica. A su lado, algunas personas permanecían en modo estático y otras en movimiento acelerado. Miró hacia el techo pensando que esa era la entrada a otro Mundo, y atrapado entre las redes míticas de la curiosidad esotérica siguió avanzando, guiado por los de la «Generación Y». Creyó que serían soldados y que debería seguirlos. De esta manera, tomó pie en la arteria central subterránea que trasladaba a cada ciudadano a su destino. Sin rumbo fijo y en soledad, su corazón latía por miedo o por emoción, aún no lo sabía.

Día 5 (José Jesús García Rueda)

El diario que antes había querido comprar pasó volando frente a él, impulsado por un viento sin aire. Las páginas revoloteaban a su alrededor, como queriendo dejarse atrapar, y Elíseo alargó un brazo y tomó suavemente entre sus dedos una de las hojas. Estaba en blanco.

Entonces todos paramos. Todos nos detuvimos, alfombra, personas, la arteria entera. Y empezamos a movernos hacia atrás, rebobinándonos en el tiempo. Él no, sólo nosotros, todo lo demás. Hasta que volvimos a dejarlo en su oficina, el lugar donde en el principio había abierto los ojos.

Y se vio a sí mismo dormido… No, dormido no, desplomado sobre una tecla Intro de un ordenador. El ordenador que, como antes, no estaba.

-¿Dónde está? – preguntó.

-¿El qué? – respondimos.

Él comenzó a mirar (a escuchar) en todas direcciones.

-¿Quién habla?

-Tú eres el ordenador.

-¿Cómo?

-El ordenador eres tú.

-¿Quiénes sois?

-Los que vivimos en tus circuitos de memoria, aquellos a los que tus algoritmos dan vida.

Se sentó en el suelo, la espalda contra la pared. Su voz apenas formaba sonidos al hablar.

-¿Qué está pasando?

-Eso es lo que debes descubrir.

Sólo entonces se dio cuenta de que el papel seguía entre sus manos. Una frase había aparecido en él: «EL ORDENADOR EN SUEÑOS».

Día 6 (Ana Vigo)

En el instante en el que Elíseo leyó aquellas palabras, el suelo empezó a temblar, y con él todo a su alrededor. Asustado, quiso huir de nuevo. Con la sacudida, las estanterías habían caído y bloqueado la puerta. Solo le quedaba la ventana como alternativa para salvarse. Era arriesgado, pero más lo era permanecer allí.

Se encaramó al alféizar con el corazón al galope. Era una altura considerable, pero podía hacerlo. Quería vivir, y descubrir el sentido de nuestra revelación, sobre la que apenas había podido reflexionar. Necesitaba entender lo que sucedía, por qué de repente su mundo se había vuelto tan extraño, y sobre todo, recuperar en su memoria los hechos de la tarde anterior.

Respiró hondo un par de veces, y cuando la propia pared a la que se aferraba comenzaba a resquebrajarse, se dio impulso y saltó al vacío.

Día 7 (Ana Boyero)

 Elíseo no se estampó contra el suelo. Con los ojos cerrados, escuchó una voz femenina.

 —Tranquilo, cariño.

 Elíseo abrió los ojos y se encontró suspendido en el aire, en una especie de gravedad cero sobre la que flotaba ligero. Movió las piernas y dio una brazada que hizo que, en las calles, el reguero de ciudadanos y robots se acelerase.

 —Debes encontrar a tu hermana. No nos queda mucho tiempo.

Pero Elíseo estaba demasiado fascinado con su repentina capacidad de volar y no hizo preguntas; ser hijo único tampoco ayudó a que se interesase por la orden. Siguió nadando sobre la ciudad, fantaseando con la posibilidad de cruzar la frontera y, por qué no, ver por fin el mar. Pasados diez minutos, distinguió los famosos tanques de zinc de la Fábrica Nacional de Petróleo. En su interior se cocía una pasta oscura y densa sobre la que creyó ver un par de piernas desnudas de mujer que fueron engullidas entre burbujas pastosas. En ese momento, el volumen del altavoz interno de su cabeza se multiplicó por cinco y un coro de treinta voces gritó al unísono:

— Elíseo, no nos jodas.

 Y Elíseo comenzó a caer, a plomo.

Día 8 (Juanjo Ramírez Mascaró)

Intentó aferrarse a cualquier cosa para frenar su caída, pero sus manos sólo hallaron lo que ya estaba en ellas. El papel azotado por el viento, vibrando como ala de insecto. Cuatro únicas palabras en su superficie: EL ORDENADOR EN SUEÑOS.

El suelo se acercaba. La colisión era inminente. Elíseo no tenía tiempo de pensar, y no lo hizo.

Se limitó a rasgar el folio en dos…

… y al hacerlo, rasgó en dos el mundo entero.

Se rasgó el asfalto de esa calzada con la que estaba a punto de impactar, generando una grieta. Se rasgó en dos cada edificio, cada coche, cada tanque de zinc, cada sombra, puede que cada átomo.

Y sintió cómo él mismo, desde sus profundidades más recónditas, también se desgarraba.

Media décima de segundo más tarde (también las décimas se habían fragmentado) Elíseo notó cómo una mitad del mundo se alejaba de su otra mitad. Noto cómo una parte de él mismo se distanciaba del resto de su ser, ensanchando la grieta. La mitad femenina de Elíseo vio a su mitad masculina perderse en la distancia. En su mano, el trozo de papel rasgado en dos, luciendo dos únicas palabras: EL ORDENA.

Día 9 (Laura Orens)

Su memoria borrada —por aquellos que se definían en plural— también se partió en dos. Así, un fragmento descompuesto de sus recuerdos perdidos, se dibujó de nuevo y prendió en su mente. Apenas una chispa. Un fogonazo de aquello que estuvo enterrado.
Quizás fuera el momento de despertar. Sí. Muy en el fondo sabía que aquello no era una vida, no al menos la que rozó antes del olvido.
Supo que le extirparon el dolor, el sufrimiento que Elíseo creyó insoportable, pero no se lo arrancaron todo. Quienes se definían en plural también podían equivocarse.
Quedó el germen, que no era más que su voz luchando por sobrevivir.
¿Qué fue aquello tan insoportable de lo que quiso liberarse?
Lo que deshumanizó a tantos otros convirtiéndolos en autómatas de lo global, de miradas ajenas.
Elíseo lo supo.
El orden. El orden siempre fue su talón de Aquiles, pensó. Contra el caos, contra las emociones, contra aquella mujer que se llevó parte de él.
Pero ésa, no fue su batalla, sino la de su padre. Quien se arrancó la pérdida, e hizo lo mismo con tantos otros, que, de no recordar, acabarían estampados contra el asfalto.

Día 10 (Miguel Rodríguez)

Sin saber cómo ni por qué, el escenario cambió radicalmente. Sus ojos abiertos se encontraron con una luz blanca cegadora que le obligó a cerrarlos para que sus retinas no se vieran quemadas para siempre. No era el sol ni ningún otro astro, pues su luz no calentaba. Se concentró en su respiración. Notaba algunas gotas de sudor resbalando por su pecho. Algún tipo de tela le cubría desde el estómago a los pies. Estaba tumbado. De repente, todo volvía a ser muy humano. Intentó recordar la tarde anterior. Nada.

Un silbido. Otra vez. No, era un pitido. Intermitente. Elíseo entreabrió los ojos con cuidado. La luz permanecía, pero un poco menos dañina. Intentó mover la cabeza. Notó su cuello muy rígido. Le costaba, aunque no notaba dolor. Consiguió girarla lo justo para percibir que en aquella sala apenas había negrura, aparentemente la nada. Pero sí notó una luz azulada a su costado. La luz de una pantalla.

Proyecto El Ordenador en Sueños. Software preparado. Si desea continuar, ejecute la orden pulsando la tecla INTRO. Si no, presione la tecla CANCELAR.

Elíseo quiso incorporarse. No pudo. Algo retenía su cuello contra la camilla.

Día 11 (Lara Fernández R.)

Intentó alargar el brazo para pulsar la tecla «CANCELAR», le parecía lo más seguro, pero no pudo. Algo metálico también retenía sus muñecas a la camilla y enseguida notó el mismo frío en los tobillos.

Empezó a respirar más y más deprisa, se le aceleró el corazón y entró en pánico, no veía modo de huir de aquél sitio que ni si quiera sabía qué era. Elíseo no lograba entender ni recordar nada. El pitido de fondo fue acelerándose y agudizándose, y el dolor de cabeza empezaba a asomar cuando escuchó una puerta abrirse a sus espaldas.

Una voz femenina le saludó con maldad en el tono

—Ya despertaste, querido. ¿Cómo te encuentras? ¿Puedes recordar ya algo? —dijo mientras una pequeña risa con sorna salía de sus labios color carmín

La mujer se acercó a él, le miró a los ojos, comprobó el estado de sus pupilas y después se dirigió a la pantalla, movió el mueble con ruedas que la sustentaba, Elíseo se percató en ese momento de que éste estaba lleno de cables.

—¿Sabes Elíseo? Quizá tú no sepas nada de nosotros, pero nosotros lo sabemos todo de ti —le iba contando ella mientras colocaba parches de electrodos en el pecho del hombre, que aún tenía expresión de pánico en el rostro y continuaba respirando de manera acelerada.

Día 12 (Paqui Ortega)

—¡Tiene que ser un sueño! —musitó Elíseo con la voz entrecortada.

—Adelante, compruébalo —le animó su interlocutora, que portaba una tarjeta en la solapa de la bata gris con el número 223, mientras pulsaba la tecla INTRO.

En la pantalla azul, colocada a su izquierda, apareció el siguiente mensaje:

EL ORDENADOR EN SUEÑOS SE ACTIVARÁ EN 5 SEGUNDOS.

Elíseo intentó recordar cómo había llegado hasta aquí, qué había sucedido, algo; pero le fue imposible. Solo sentía decenas de electrodos bullir por cada centímetro de su cuerpo.

Transcurridos los cinco segundos, la pantalla mostró imágenes distorsionadas que se iban descomponiendo hasta transformarse en manchas inconexas, menguantes, barridas por un fundido en negro. Mientras tanto, el pitido se acrecentaba más y más. Parecía que le iba a taladrar los tímpanos. Se revolvía en la camilla como una tortuga indefensa.

PROCESO FINALIZADO CON ÉXITO

Anunció la pantalla y el pitido, por fin, cesó.

—Los Nuevos Humanos carecéis de memoria. Tus recuerdos fallidos impiden al software registrar los sueños correctamente. ¡De ahí la pantalla en negro! —bramó 223 con la vena del cuello palpitante.

«Si grito acabaré despertando de esta pesadilla», pensó Elíseo.

—¡Soco…

Cuando intentó rematar su alarido de auxilio, las cuerdas vocales se le congelaron.

—El lenguaje también os esclaviza.

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Día 13 (Juan Manuel Sánchez Moreno)

Desprovisto de memoria y oprimido por el lenguaje, Elíseo, al principio acobardado, se vio en cierto modo redimido de una gran carga, ya que también perdía la moral y la censura, y allí, sobre la camilla, atado de pies y manos, esperó a que 223 se relajara y moviera ficha.

—Ya está, eres libre. Es una manera de decirlo, en realidad estás desenganchado de toda actualización. Cada vez que te reinicies serás incapaz de recordar lo sucedido en la sesión anterior, y eso debido al bloqueo de la retroverbalización. Visualizarás imágenes, pero no sabrás explicarlas, como si fueran cuadros abstractos. Y tu expresión se limitará a «sí» y «no».

—Pero ahora me estás entendiendo, nos estamos comunicando, ¿no es cierto?

—No te confundas, esta conversación no ocurre sino en tu mente. Soy una representación de tus perversiones, por eso voy vestida de enfermera y de vez en cuando dejo entrever mis senos. Por eso mismo se han dilatado tus pupilas y estás tan excitado. ¿Entiendes?

—Sí.

Decididamente, Elíseo había navegado por el lado más siniestro de la red, del que no conservaría más que una huella primaria, instintiva. Sin el menor pudor y sin palabras, dejó que 223 se despojara del uniforme y se soltara el cabello.

—¡Sí, sí, sí…!

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Female_nude_portrait.jpg

Día 14 (Jordi Rosiñol)

Al ver completamente desnuda a 223, se felicitó a si mismo por el buen gusto que siempre había tenido a la hora de imaginar envoltorios de piel femenina, y pensó que después de tan incomprensible y angustioso trajín futurista, se merecía aprovechar las circunstancias que se le iban descubriendo para relajarse entre los brazos de 223.

La fue observando detenidamente, el tiempo estaría detenido mientras él quisiera, y la prisa delante de semejante diosa no existía. A través de los ojos ardientes sostenía la mirada en el abundante cabello cayendo ensortijado sobre la desnudez de unos hombros perfectos, desnudos y mullidos. El cuerpo despojado de ropa de Eliseo temblaba de calor, se humedecía perlado de sudor bajo la lujuriosa y dominante mirada de 223, la piel abrazaba débil sus carnes, su respiración acelerada le mareaba, y bajo su vientre cosquilleaba sensual de gusto. Una medio sonrisa dibujaba la comisura de los carnosos labios de ella, un gesto libidinoso le hacía controlar la situación, él la había vestido humana, por 223 le iba hacer sentir lo que nunca, ni él mismo había conseguido en sus más locas noches de pasión a solas con su imaginación. Picara, 223 apartó un mechón de pelo que tapaba la oscura y gran aureola presidida por un pezón turgente sobre el pecho desafiante a la ley de la gravedad, él seguía paralizado cuando ella le cogió la mano y la acercó despacio, lentamente la atrajo hacia su seno, y a pocos milímetros, sintiendo ya el fuego que desprendía, suavemente le freno, no había contacto físico, pero aun así comenzaba a sentir un placer como nunca le sucedió antes del despertar en la nueva dimensión.

Description English: Portal Math Banner Background from Georgian Wikipedia Date 16 January 2014, 16:08:55 Source https://ka.wikipedia.org/wiki/File:Portal_Math_Banner_ka.png Author User:Alsandro

Día 15 (Estibaliz Burgaleta)

—¿Una enfermera pícara de pechos turgentes, Elíseo?, ¿en serio? Si llego a saber que tenías una imaginación tan anodina elijo a otro sujeto. Esperaba más de los Nuevos Humanos, la verdad.

Elíseo, hecho un lío, comprobó si seguía maniatado: pues sí. Pero frente a él ya no estaba la enfermera sexy, sino una mujer de más de sesenta años, en absoluto turgente y que le recordaba a alguien, aunque no acababa de saber quién. Elíseo se sentía mareado, confuso y además le dolían los huevos después del calentón. No entendía nada.

—No entiendo nada —dijo, lógicamente.

La anciana suspiró. Ella tampoco parecía muy feliz. Entonces cayó en la cuenta. Esa expresión de hastío y profunda decepción de ella hizo saltar un clic en su interior:

—¡Coño! La señorita Inmaculada.

—Al menos me has reconocido —dijo ella.

Ni Nuevos Humanos ni ordenadores de sueños, esto era una pesadilla. Sin más. ¿Por qué si no iba a soñar con la profesora de matemáticas que tuvo en primero de Bachillerato en Salesianos?

—¡Cancelar! ¡Cancelar! ¡Cancelar! —gritó Elíseo con desesperación.

14_Tamara_de_Campos_Hospital_San_Juan_Jerusalen_Museo_lou Description Español: Támara de Campos (Palencia, España). Sede del Ayuntamiento en el edificio románico que fue la iglesia de la Orden de San Juan de Jerusalén. Estancia dedicada a museo etnográfico. Pupitres de la antigua escuela. Date 10 August 2014, 12:44:39 Source Own work Author Lourdes Cardenal

Día 16 (Marina Ezama Botas)

La escena pareció desdibujarse para comenzar a tomar la forma de una clase de escuela. De la escuela de los Salesianos que recordaba a la perfección, un lugar en el que prefería no pensar pues en él se guardaban sus más profundos miedos, esos demonios privados que Elíseo tanto se había esforzado por enterrar y encerrar bajo siete candados.

Poco a poco, para terror de Elíseo, la escena a su alrededor se volvía más y más nítida y familiar y los recuerdos por tanto tiempo reprimidos comienzan a desarrollarse, como si de una obra teatral se tratase, delante del encadenado e impotente espectador, observó como su versión más joven se dejaba arrastrar por el mar negro de las emociones reprimidas y como las invisibles puñaladas que eran los comentarios hirientes comenzaban aquella macabra danza que le horrorizaba y fascinaba a partes iguales.

Quería gritar, instarle a su otro yo a luchar y a reaccionar, a levantarse contra los demonios de los sueños que convertían su vida en aquel peculiar infierno. Pero fue entonces cuando la figura dejó de mirar al escenario y se giró, echando a andar hacia Elíseo al tiempo que sonreía burlón y murmuraba:

—Recuerda.

Día 17 (Eduardo S. Aznar)

Lo había dicho 223: los Nuevos Humanos carecéis de memoria. Sin embargo, Elíseo RECORDABA haber escuchado esa frase. ¿Un fallo de sistema? ¿Un bucle de protección roto? ¿O una oportunidad? ¿Quizá la única oportunidad?

Cerró los ojos con fuerza hasta que todo se apagó. Los párpados le dolían mientras trataba de incendiar de luces su oscuridad, sumando imágenes una tras otra. Las mesas del colegio de los Salesianos, los pechos turgentes de 223, la ciudad a vista de pájaro, retazos de su sueño y aquella forma sin nombre pero con tacto sólido: el diario de papel que aún quería leer. Una tormenta de flashes parpadeaba locamente en su pantalla interior hasta colapsarla. Pero cuanto más recordaba, más se suavizaba su respiración, más se aflojaban sus ligaduras metálicas y una sonrisa se abría cada vez más en su rostro.

Hasta que, de pronto, en su frente se aclaró el nombre del periódico, dónde y, sobre todo, por qué encontrarlo. Sin ataduras ni peso que lo retuvieran, Elíseo se levantó de la camilla, dio dos pasos y alcanzó el umbral de la habitación. Clavadas al suelo, la señorita Inmaculada gritaba con aspereza, 223 mostraba sus pechos turgentes y una silueta pixelada con millones de puntos grises tecleaba con furia frente a un monitor.

Mas todo en vano. Elíseo salió de la estancia y cerró la puerta por fuera.

Día 18 (Jacobo Feijóo)  

Su dedo pulsó el punto. Quizá el final, quizá el punto y aparte.

—Vaya volada llevas, hermano —le espetó un colega rastafari que estaba tirado en el sofá sacando humo de un cigarrillo de extraño olor.

Elíseo se quedó mirando la pantalla. Eso de hacer una novela caleidoscópica como las de Italo Calvino se le estaba yendo de las manos. Su cerebro procesaba a velocidad de resacoso y lo único que pudo hacer fue rascarse el culo. —Y encima no has dejado ni un trago de vodka negro— añadió una choni desde el cuarto del fondo, acompañada por una risa de sonido tabernario de dios sabe quién.

Elíseo (cuyo verdadero nombre era Ignacio, pues Elíseo era su nick) miró de nuevo la yema de su dedo, la del punto. Dirigió ese dedo hasta la ventana del navegador que tenía el Twitter abierto y escribió: «Dios es un concepto de bar que mora en todos nosotros». No había terminado de escribirlo cuando ya alguien le estaba llamando fascista, otro le invitaba a unirse a su secta y un tercero amenazaba con denunciarlo.

—Los autores en calzoncillos sois escojonantes —interrumpió al fondo la voz de risa tabernaria justo cuando empezaba una canción de Los Pitufos Makineros.

Elíseo apuró lo que quedaba de vodka negro y le dio el último beso a su petardo de marihuana. —Joder —pensó—. La que voy a liar ahora pulsando de nuevo el INTRO…

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Día 19 (Patricia Martín Rivas)

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación. 

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente. 

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos. 

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.

Día 20 (Sara Levesque)

—¿Cómo resucito si no estoy muerto?

—Estás muerto en vida. ¿No lo ves? —Elíseo, cada vez más confuso, observaba a 223—. Esas cadenas te las has acomodado tú sólito. Solo tú posees el valor de abrirlas y liberarte. Pero, por lo que acabo de ver, solo tienes huevos para hincharlos pensando en mis tetas. ¿Me equivoco?

223 se acercó mutando hasta Elíseo. Daba un paso disfrazada de enfermera sexy y, a la siguiente pisada, era su antigua profesora.

Elíseo palideció, no sin sentir una breve punzada de excitación por debajo de la cintura al pensar de nuevo en aquellos pechos repletos de sabores. Abrió la boca, pero su intangible voz le traicionó. No así su expresión.

—¿Quieres respuestas, pequeño? —223 hablaba con una golosa sonrisa satánica mientras le acariciaba la frente.

Elíseo afirmó con la mirada. Al mismo tiempo, asombrado, frunció el ceño al sentir la piel tan avinagrada de 223, de tacto desigual, como si le palpara con papel de lija.

—Esos grilletes son tu pasado. Tú mismo has permitido que te amarren, aferrándote al ayer porque te asusta lo que está por llegar. Por eso creas mundos diferentes. Por eso eres un autor mediocre. Por eso añades eslabones a tu esclavitud con cada tecla que aprietas.

Los ojos de Elíseo intentaban adentrarse en los de 223. Saltaban del derecho al izquierdo y vuelta a derecho, con movimientos cada vez más desesperados. Sentía como si hubiera una barrera entre ellos. No conseguía profundizar en su mirar.

—Dime ahora —223 pegó su tajante nariz a la del muchacho—, ¿para qué tienes huevos?

Día 21 (Alberto Blanco Rubio)

Elíseo se quedó mirando a 223 sin saber qué palabras debía utilizar. Tal vez fuese verdad que nunca había tenido valor para enfrentarse a sus propios miedos. Siempre había jugado a cobijarse entre líneas de tinta sin puntos, pero con muchas comas.

—¿No vas a decir nada, Elíseo? —223 observaba a su interlocutor con el gesto fruncido y un extraño brillo en sus ojos.

—Me vas a perdonar, 223, pero ya que dices que soy un escritor mediocre, tú también deberías mirar en tu interior y aceptar, de una vez, que no eres más que la luz de la imaginación de un genio. Jamás tendrás una forma definida más allá de los libros. —Elíseo hizo una pausa antes de continuar hablando. Poco a poco, comenzaba a recuperar el orgullo que había perdido unos minutos antes—. Y no trates de engañarme con tus disfraces. Tus caricias son los susurros de las hojas al unirse y tu corazón solo entiende de renglones abstractos.

223 guardó silencio. No se esperaba aquella respuesta por parte de Elíseo. El joven puso el capuchón a su bolígrafo, no sin antes haber escrito un punto sobre el papel. Después, dejó que la noche le atrapase en la página 223 de aquella misteriosa obra sobre la vida y la muerte.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Elíseo estaba a punto de dormirse cuando una idea cruzó por su mente— si me duermo olvidaré lo poco que recuerdo —hizo todo lo posible por intentar mantenerse despierto sin llegar a conseguirlo.

Se despertó en una habitación deshabitada de paredes que una vez fueron blancas, en las que se intuían las sombras de los antiguos muebles que una vez la poblaron, como los retazos de recuerdos que poblaban su mente de Nuevo Humano.

Recordaba vagamente el despertar del día anterior en la que creía que era su oficina, su vagar por distintos planos de la consciencia sin estar seguro de que había sido realidad y que había sido una ensoñación.

Las marcas en tobillos y muñecas eran lo único que le podía indicar que el encuentro con 223 había sido en este plano de la realidad, pero justo esa parte del día anterior era la que se había corrompido en la mente de Elíseo.

Se levantó y un tintineo le alertó de la caída de lo que tenía en el regazo, eran el bolígrafo y hoja que asía antes de que el sueño le venciese. En el papel se intuían restos de unas palabras, «DOP F/ SU NO?» que no le decían nada.

Continuará…

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Las flores de Dana

Relato escrito por Miguel Ángel Rodríguez Chuliá.

 

—Daniels, Jack Daniels.
—Encantado de volver a verte, pero no hace falta que todas las noches hagas lo mismo y te presentes como un puto agente secreto. Ya sé quién eres, nos conocemos de hace años.
Lo chungo no es hablar solo, lo chungo es que todos los días, cuando vuelves a casa, prepares tu vaso con un hielo grande y, justo al llenarlo con bourbon, este cobre vida, te hable y que tú le contestes. Pero, mira, una noche sin los fantasmas que Iberdrola, Enagas, DGT y el IBI del ayuntamiento me enviaban puntualmente para quitarme el sueño noche tras noche, desaparecían gracias a que mi amigo Jack los hacía huir de mi mente hablándome desde dentro de un vaso de alcohol, hasta convencerme de que era hora de dormir. Tener amigos así, es de agradecer, os lo aseguro.
La mañana siguiente fue tan genial como siempre: dos gramos de paracetamol, cambiarme la ropa de ayer con la que había dormido, y una ducha. La ducha antes que la ropa, ducharse vestido es incómodo, aunque a veces, necesario.
Después, la tristeza diaria de saber que mi amigo Jack había muerto la noche anterior, y el duro trabajo de enterrar su cadáver vacío y transparente, en mi cementerio particular para los Jacks: una bolsa de basura de comunidad abarrotada de ellos.
Era mi oportunidad, después de estar cuatro años en el paro presentando currículos, por fin, y sin que sirviera de precedente para los demás en mi misma situación, recibí un correo electrónico en el que un semanario digital me enviaba un contrato de trabajo por obra o servicio determinado, es decir, me pagarían por cada artículo que me pidieran que les enviara, o por cada página de opinión, la mía, cuando les interesara que se la diera. Todo un triunfo, a pesar de la mierda que prometieron pagarme.
Después de imprimir el contrato, firmarlo, escanearlo y volverlo a mandar a la dirección info.rrhh@… lo que fuera el servidor, que no recuerdo ya, recibí a la mañana siguiente un SMS en mi móvil comunicándome que ya estaba de alta en la SS, y me sentí casi tan poderoso como cualquier oficial nazi recién ascendido.
La primera misión que me encargaron fue informar, a través de una crónica o un artículo de opinión, sobre la prostitución callejera, especialmente en las rotondas de la autovía V31 de entrada a Valencia, artículo que, si después de pasar el filtro de la redacción del semanario digital en cuestión, era considerado adecuado a su línea editorial, me consagraría como uno más de los cientos de miles de trabajadores precarios del mundo, con un contrato, que si lo hubiera podido ver el diablo, hubiera llamado inmediatamente a su abogado para recriminarle que fuera tan blando, y que bajo pena de condenación eterna modificara inmediatamente los suyos, esos que se firman con sangre y que te hacen perder el alma; los que firmas con los empresarios de ahora te hacen perder la dignidad. Y lo del alma, ya vendrá, pero lo de la dignidad de cada uno, se siente más terrenal, si la tienes, la tienes ahora; el alma, ya veremos.
Sabía lo que tenía que hacer, salir con mi coche a la una de la madrugada y dejarme ver por las rotondas que dan acceso o salida a los pueblos que flanquean la autovía, yo vivo en uno de esos pueblos, así que el coste de la inversión para conseguir ser un fracasado con trabajo fijo no sería alto, la autovía estaba a menos de cinco kilómetros de mi casa. Y así lo hice aquella noche, cogí mi coche y merodeé por las rotondas, entrando y saliendo de la autovía.

De vez en cuando, paraba en alguna de ellas con el motor en marcha, y en todas se me acercaba alguna chica, probablemente menor de edad o cercana a haberla superado, que por señas me indicaba que bajara la ventanilla, y cuando lo hacía me preguntaba si podía subir, mientras me enseñaba un pecho o directamente se levantaba la falda enseñándome su sexo, etiquetando todo el pack con un precio susurrado con una voz casi infantil y una fingida sonrisa: veinte euros.
La conversación no era posible, o compras el producto o no, el tiempo es oro. Me asombré de la cantidad de sillas de plástico blancas de terraza de bar que había en las rotondas: las vacías significaban que eran de algunas chicas que habían conseguido vender su producto; las que tenían algo personal encima de ellas, era porque la chica estaba no lejos de allí intentando vender “el pack”.

A las cuatro de la mañana, me marché de allí un poco descorazonado. No había conseguido nada más que cuatro o cinco nombres, nombres que seguramente no eran los suyos, precios que hacían públicos sin más, y un catálogo de sexos y senos que, de haberlos podido yo fotografiar, hubieran sido un magnífico comienzo para una página web erótica en internet. Tendría que inventar alguna historia, sólo me quedaban dos noches más, después tenía que mandar mi crónica a mis contratadores.
Improvisar es una de las habilidades de un profesional del periodismo y, como ya nadie va a las bibliotecas desde que existe Yahooo respuestas y Wikipedia, que son nuestras fuentes de información más fiables, y así nos va, cuando llegué a casa después de trastear la web en busca de respuestas, comencé el que sería mi primer magnífico artículo después de tantos años de inactividad.
“La oscuridad alumbra la pasión del sexo mercenario y del amor fingido comprado con menos de lo que alguien necesitaría para llenar una cesta en la verdulería. Las mafias se mueven entre bastidores sin dejarse ver, pero su presencia es intuida por todos, y todo eso a menos de un kilómetro de donde pasas con tu choche cuando vas a recoger o a llevar a tus hijos al circo en navidad, o a la sesión de las diez del cine del centro comercial más próximo, después de cenar en una franquicia de comida basura.
La tenebrosa falsedad del placer a euro el minuto, hace resplandecer, como si fuera alumbrado por un potente foco de discoteca, el desencanto de una sociedad en la que los hombres pagan con dinero lo que quizá, con un poco de encanto, podrían conseguir con una sonrisa, una agradable conversación y una cena. Enfermedad viral que…”
Ya seguiría después. Mi amigo Jack me esperaba en la nevera. Sólo tenía dos noches más para enviar el artículo, así que, mañana volvería a merodear por ese mundillo e intentaría captar detalles, matices y sensaciones suficientes que me ayudaran a completar la información que había encontrado en la web, a ver si a través de un artículo merecedor de premio, ganaba en el concurso de la vida, el primero, en forma de: “un puto sueldo fijo de mierda para toda la vida” ¡Enhorabuena, usted es el ganador!
Al día siguiente, la mañana empezó a las ocho de la tarde, entre que llegué a casa pasadas las cuatro de la madrugada, y que mi conversación con Jack se había prolongado hasta casi las diez de la mañana, por lo que nos habíamos echado de menos la noche anterior, no tuve más remedio que cerrar las persianas a cal y canto, y dormir.
Cuando entré a un bar chino, de esos que apestan a orín, cazalla y delito, y pedí un café con leche, me percaté de lo kafkiano de la escena: parados de larga duración con una barriga que haría desmayar de envidia a cualquier reportero somalí -si en Somalia hay de eso-, viendo el fútbol con una cazalla en la mano, mientras sus hijos menores trasteaban en la máquina de apuestas, pagando el primer plazo de su billete a la perdición, cuando sus padres les daban un euro para que no les molestaran mientras veían a su equipo y se emborrachaban con dinero que no tenían, y los pobres chavales lo apostaban teniendo la mala suerte de ganar.
Nuestro sistema es una puta mierda: el sistema cree que la única forma de maltratar a un menor es violándolo, prostituyéndolo o pegándole palizones. Se equivoca, hay muchísimas formas de hacer daño, y ninguna de las más íntimas y dañinas es detectada por la ley.
Apuré rápidamente mi consumición y puse mi coche rumbo a la autovía, y repetí la operación del día anterior con el mismo resultado: nombres falsos, precios, senos, sexos y sillas de bar, unas veces llenas y otras vacías.

Después de casi tres horas haciendo el tonto, contemplé en directo una maravilla de la naturaleza aquí en Valencia: empezó a llover con una intensidad que parecía que estaban tirando el agua a cubos, y no se me ocurrió otra cosa que intentar arrimar mi coche a una cuneta cercana a una rotonda, y me quedé en el intento, porque las dos ruedas de la parte derecha de mi vehículo se hundieron en ella y me quedé bloqueado.
Todas las sillas quedaron vacías, y fue por la lluvia, no porque el consumo de sexo hubiera repuntado al alza. Estaba allí solo, dentro del coche, casi al lado de una rotonda, maldiciendo el momento en el que dejé que Jack me liara tanto la noche anterior, porque recordé que el móvil se había quedado en la mesita de noche.
Sólo se veía una luz a unos cien metros de allí, era una casa de esas que hacen los mendigos con hojalata y tejados de uralita rescatados de algún vertedero, y desde lo que parecía una puerta abierta en aquella pintoresca construcción, a contraluz, una silueta femenina me hacía señas indicándome que me acercara. Después de quince minutos, entendí, o quise tener la esperanza, que quería ofrecerme refugio; tardé un poco en decidirme, pero finalmente recorrí los cien metros bajo la intensa lluvia corriendo. Necesitaba un móvil.

Entré en aquella caseta con la cabeza agachada y, cuando la levanté, vi a mi anfitriona. Era una de aquellas chicas, me invitó a sentarme en uno de los dos cajones de naranjas vacíos que, junto a otro puesto de pie, le hacían de recibidor. Yo le di las gracias, pero le indiqué amablemente, mirando un colchón de matrimonio tirado en el suelo sin más canapé que una manta gruesa debajo, y sin más ropa de cama que una sábana fina encima, que no tenía dinero con que pagar sus servicios, y que si ella quería, volvería al coche. Las carcajadas de la chica debieron oírse hasta en la siguiente rotonda.
—Ya he terminado de trabajar. Me da miedo la lluvia y he pensado que aquí estabas mejor, pero si quieres irte puedes hacerlo. No eres mi prisionero.
Y rio otra vez. Vi clara la oportunidad de escribir un buen artículo, aprovecharía el tiempo que estuviera con esa chica para sonsacarle acerca de su origen, sus jefes y las motivaciones que le habían llevado hasta aquí. No tendría más de veinte años. Después de dos o tres horas de animada conversación, en la que ella me contó su historia y yo iba anotando mentalmente los detalles más importantes para estructurar mi futura narración, caí en la cuenta de que en una esquina de aquel cuarto había una maceta repleta de bellísimas margaritas.
—¿Te gustan las margaritas?

Me dijo que le encantaban y que en su país estudió jardinería, y que había muchos tipos y colores de margaritas, pero que todas eran caléndulas. Yo me quedé pensando en si la chica había metido en la conversación alguna palabra en su idioma sin darse cuenta, y ella se percató de mi “flash facial”, y me aclaró que ese era el nombre de todas las margaritas, fueran del color que fueran. El nombre de la familia de esas flores era ese: caléndulas, que significaba calendario en latín.
Me contó muchas cosas sobre esas flores, las que ella cultivaba florecían todo el año y, justo cuando moría una, otra abría ese mismo día sus pétalos y se veía igual de bella o más que la anterior y que a ella le parecían bellas y eternas. Había conseguido unas semillas de una especie perenne de su país el año anterior para que pudieran decorar todos los meses del año la casa con su color.
Me dijo también que no le gustaban las flores de las floristerías, eran flores muertas que la gente se llevaba a casa para tener su belleza durante un tiempo muy limitado y así crear la ilusión de la vida a través de un cuerpo muerto, vegetal, pero muerto, y que eso lo aprendió de un profesor que tuvo. Ella creía que las flores debían cultivarse para amarlas todos los días y así admirar su belleza y colaborar en la creación de esa belleza a través de cuidados que iban mucho más allá de ponerlas en un jarro de vidrio y ver cómo, a los pocos días, se marchitaban y morían.

La lluvia no paraba y la chica me había contado tantos detalles escabrosos de su infancia a orillas del mar negro y de su pubertad aquí, que ni el mismísimo Truman Capote hubiera podido superar mi futuro artículo de novela negra. Debía irme, pero no podía; la chica tenía móvil, pero no saldo, y me resigné a dormir sentado en aquel cajón de naranjas hasta que ella se quedó en ropa interior y me dijo, señalando el colchón, que lo mejor era dormir ya. Yo me quedé flipando y ella me miró sonriendo y me dijo:
—No te preocupes, no me avergüenza estar desnuda. De hecho, si no me lo quito todo es por ti, no te violaré ni nada, sólo ayúdame a darle la vuelta al colchón y durmamos.
Me explicó que ella daba la vuelta al colchón todos los días, porque utilizaba una de sus caras para trabajar y la otra para dormir, y a mí me pareció un recurso disociativo muy eficaz. Se acostó en el colchón y me pidió que me acostara a su lado, y así lo hice. Después me pidió que la abrazara, porque en esa cara del colchón no había lugar para el sexo, y me explicó que, hoy que podía pagar ella los servicios de alguien con un colchón seco y un techo, echaba de menos el cariño, y eso era exactamente lo que quería esa noche. Decidí ser su puto y abrazarla de verdad como se quiere a una hija y, a pesar de no tener ninguna, no me costó nada imaginarme que ella lo era, o que podría haberlo sido.

Cuando al rato de abrazarla noté que lloraba, respeté su dolor y no pregunté nada más, simplemente la besé en la nuca, acaricié su pelo negro y la abracé más fuerte, y en el contacto de mi cuerpo con el suyo entendí por fin a los “Teletubbies”, cuando no hubo más reacción física en mí que mis humedecidos ojos cuando entendí que iba en serio y que ella sólo quería cariño, porque a veces un abrazo te llena más que un buen polvo.
Dormimos toda la noche, abrazados, y justo al alba, cuando venus ya era visible, me despertó y me dijo que ya pasaban coches porque había dejado de llover. Me prometió que si volvía por allí en unos meses, me regalaría una macetita con un esqueje de sus margaritas. Me dio dos besos y me dijo que se llamaba Dana y no preguntó mi nombre. Me marché a pie de allí.

Tardé casi una hora en llegar a casa, y la historia de sexo, violencia, maltrato y extorsión que aquella chica me había contado me bullía en la cabeza, tenía que plasmar aquello en papel y enviarlo al semanario lo antes posible, pero antes debía recuperar mi coche.
Cuando entré en casa, no esperé ni a sentarme, cogí el teléfono móvil y llamé al seguro, la operadora me indicó que debido a las lluvias torrenciales en la Comunidad Valenciana —eso fue literalmente lo que dijo—, el nivel de llamadas de asistencia en carretera era tan alto que hasta las ocho de la tarde, como mínimo, no podía asegurarme que pudieran sacar mi coche de la cuneta, y que lo mejor que podía hacer era esperar junto a mi coche a partir de esa hora, porque ya estaba dado el aviso para que fuera la grúa, pero no podía garantizar el tiempo de espera.

Pues vaya mierda, pensé. Aproveché para estructurar en papel mi artículo y casi rematarlo con alguna frase genial bajada de internet, y me llevó casi toda la tarde hacerlo, la acumulación de datos de primera mano que aquella chica me había dado, exigía la capacidad de síntesis que todo profesional debe tener si quiere vivir de poner unas palabras detrás de otras y que, teniendo un sentido, a la vez transmitan una imagen y sensaciones a la persona que después las lea.
Ya eran las seis y media y, como colofón a mi artículo, encontré esa frase que necesitaba para rematarlo, en una publicación de Facebook de un amigo. Debía irme ya a esperar a la grúa junto a mi coche, iría como vine: andando; llamar a un taxi era invertir demasiado para lo que me pagaban o lo que iban a pagarme y no había autobuses que te llevaran a ese inframundo.

De camino, ya casi llegando donde estaba mi coche, vi las luces de los coches de la policía y entendí por qué ese día no habían ni sillas, ni chicas, ni clientes: presencia policial. Pero cuando vi una ambulancia, supe por la experiencia que te regala la vida, sin mayor mérito que el de haberla vivido, que algo había pasado. La casa de Dana estaba medio demolida y había algunos fotógrafos de los medios de comunicación locales disparando sus flases sin piedad, y cuatro coches de la Guardia Civil además de la ambulancia, y en el suelo una camilla, y encima de ella una bolsa, y dentro de la bolsa un cuerpo, el de Dana.
A unos metros de allí estaban sus flores, huérfanas ya. Sólo una maceta rota y tumbada, que no había tenido más remedio que dejar libre el cepellón. Saqué el carnet provisional de prensa que había impreso y plastificado el mismo día que había sido seleccionado para ganar el concurso de escritores fracasados metidos a periodistas y me acerqué a los fotógrafos de los medios locales, mientras que la policía rastreaba cada centímetro de la casa de Dana, y les pregunté qué había pasado.

—Nada. Han matado a una puta.
—No era una puta. Se llamaba Dana, estudió jardinería en su país y estoy seguro de que era mejor persona de lo que tú serás nunca. Puta es la mujer que está casada veinte años con un hombre y que le chupa la polla porque no tiene el valor de mandarlo a la mierda. Ella era una mujer muy valiente. ¿Tienes tú una mujer de esas en casa? ¿De las que te chupa la polla por inercia, digo?
Después de que la Guardia Civil nos separara y de que casi nos detuviera y el ATS de la ambulancia completara sus labores de costura en nuestras caras, recogí las flores de Dana y las dejé en el asiento del copiloto de mi coche. Cuando la grúa llegó, sacó mi coche de la cuneta y volví conduciéndolo a casa.

Cuando le conté a mi amigo Jack lo que había pasado, lloró conmigo, es buen tío, y me dijo que, si nadie se había preocupado nunca por saber su historia, no debía mandar el artículo que había escrito porque no merecían saberla, pero si quería que siguiéramos siendo amigos, debía mandar alguno porque, de lo contrario, no podría rescatarlo nunca más de la balda del supermercado, o al menos no todos los días.
Puse las flores de Dana en una maceta que tenía por allí en el balcón, recuerdo del intento fallido de tener un cactus que se me murió por no regarlo más que con orina color Jack cuando este me liaba demasiado. Me senté en el ordenador y me informé con precisión de qué era una caléndula y de cómo se cuidaba, y después abrí mi correo electrónico y ni me molesté en mandar en archivo adjunto el artículo que me habían solicitado, el cuerpo del mensaje me valía, no iba a extenderme mucho.

“Hoy, la noticia ha sido que en la V31, dirección entrada a Valencia, no ha habido prostitutas ni clientes, ayer los hubo y mañana también los habrá, pero eso es lo habitual y, por lo tanto, no será noticia.
Lo realmente triste es que alguien tenga que cortar una flor para que la policía aparezca, y lo más triste es que mañana, cuando la policía desaparezca, aparecerá una nueva flor, tan bella o más que la anterior, igual de frágil a primera vista, pero dura y segura de sí misma, porque ha crecido en terreno pedregoso y seco y es perenne, y dan ganas de convertirse en un misántropo convencido, cuando ves que a nadie le importa que se corten flores en un jardín que no es el suyo.

La flor se llamaba Dana, tenía 19 años, era rumana y gitana. Si esa flor hubiera crecido en el jardín de vuestras casas, la hubierais regado con alimentos, cariño y caprichos y hubiera vivido en un ambiente europeo y civilizado, con la habitación decorada con posters de famosos de baratillo y hubiera tenido su ropa, ropa que vosotros habríais pagado a cambio de nada, plegada en los cajones de muebles de colores infantiles comprados por vosotros, seguramente con la ilusión, años antes incluso de que se hubiera convertido en mujer, de que no le faltara de nada y así hacerla feliz.
Hubiera sido una tragedia que alguien cortara esa flor. Alarma social, todos al suelo. Los muertos no valen lo mismo.

La flor que alguien cortó ayer no tuvo la misma suerte que vuestras flores han tenido, su propia familia subastó su virginidad al mejor postor a los doce años, se casó a los catorce y, a partir de esa edad, el amor de su vida de niña la obligó a subirse a coches de gente como vosotros por el equivalente a cinco euros.
No os contaré nada más de ella porque no merecéis saber más. La noticia es que hoy no hay prostitución. Estad tranquilos, vuestras flores siguen seguras, al menos por hoy, en vuestro jardín.”

Jack me dijo que si lo enviaba estaba loco, pero yo no le hice ningún caso, le di a enviar y ya está totalmente convencido de que al día siguiente recibiría otro SMS diciéndome que ya no estaba en la SS, qué putada, esas siglas tienen mucho glamour, oscuro, pero glamour. Observé las flores de Dana sentado en el suelo, al lado de su nueva casa en forma de maceta, con mi amigo Jack en la mesita de camping del balcón, y vi como una de sus flores empezaba a abrir los pétalos esperando el sol para deslumbrar con su belleza, fuerza y esplendor a un mundo lleno de cardos, cactus y plantas venenosas, y sin molestarla mucho, acerqué mis labios a la flor de Dana y la besé.

FIN