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Érase una vez…

El 22 de enero dará comienzo el seminario ‘Érase una vez…’, en el que Nona Escofet, autora del galardonado blog Martes de Cuento, nos enseñará a cambiar nuestra percepción adulta y abordar la literatura desde un punto infantil, educativo y divertido.
Nona Escofet, además de directora de la sección de Literatura infantil y juvenil (LIJ) de Grupo Tierra Editorial, goza de un extraordinario currículo versado en letras y es docente en la Universidad de Barcelona, impartiendo una asignatura sobre la construcción de los personajes de los cuentos infantiles dentro del máster en Educación Interdisciplinaria de las Artes.
Accede al programa y estudia las posibilidades que este precioso taller te ofrece trasladándote a una realidad mágica y diferente.
¡Todavía quedan plazas! ¿Te apuntas?
Pide más información en tierraeditorial@tierraeditorial.com.
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Las heridas del corazón, de Fernando Pérez

Artículo de Alessandra Roma.

 

Desde Grupo Tierra Editorial queremos presentar a uno de nuestros autores más prolíficos, Fernando Pérez Rodríguez, cuya última novela, Las heridas del corazón, se encuentra ya a disposición de los lectores en nuestra librería, a través del enlace  https://tierraeditorial.com/producto/las-heridas-del-corazon/

Fernando Pérez Rodríguez nació en Plasencia, provincia de Cáceres, siendo el primogénito de una familia humilde y numerosa. Su aspiración sería dedicarse profesionalmente a la escritura, aunque de momento la compagina con su trabajo en el Hospital de Guadalajara, ciudad donde reside en la actualidad.Sin título

Se considera un escritor multifacético, ya que se ha dedicado a distintos tipos de géneros literarios, como la novela, la poesía y los cuentos infantiles. Por estos últimos siente una predilección especial, reflejo de su amor por el mundo de la infancia, que conoce muy bien gracias a los numerosos sobrinos que la vida le ha regalado. Fernando está convencido de que «los niños son nuestro futuro y hay que darles todo nuestro amor y cariño, y educarlos lo mejor posible, para que el día de mañana todos/as nos sintamos orgullosos de ellos/as».

Mantiene también una relación muy estrecha con la poesía, y en un futuro próximo le gustaría  convertir algunos de sus poemas en canciones, con música y voz, y publicarlas en forma  de disco, proyecto para el cual se encuentra ahora mismo buscando colaboraciones.

Sus libros pueden ser adquiridos a través de Amazon,  La Casa del libro y Bubok, y podemos consultar todos los que ya ha publicado en     http://www.bubok.es/autores/phoenixplasencia

También podemos contactar con Fernando a través de las redes sociales:

Por Facebook  en https://www.facebook.com/profile.php?id=100009397095854 

y a través de Twitter en https://twitter.com/Fernandoalcarre

 

-1ª pregunta: Buenos días, Fernando. Nos gustaría que nos contaras acerca de los lugares en los que has residido, porque tenemos constancia de que has estado en ciudades muy diversas, y si también has vivido fuera de España.

Respuesta: La verdad es que no han sido tantos los lugares donde he vivido, aunque haya sido alguna temporada, pero sí que hay varias ciudades o pueblos.  He vivido en Plasencia, la ciudad donde nací, en Malpartida de Plasencia, en Torrejón el Rubio y en Hervás; todas estas localidades están en la provincia de Cáceres en España. También he vivido en Yunquera de Henares, Cabinillas del Campo y Guadalajara;  todas estas ciudades corresponden a la provincia de Guadalajara en España.  ¡No he vivido fuera de España! ¡Eso sí! Tengo mucha familia fuera de España, sobre todo en Latinoamérica; concretamente en Perú, un país que conozco y amo profundamente y aunque yo nací español y siempre seré español, mi corazón se siente “PERUANITO”, pues para mí Perú es mi segundo país y mi casa; allí tengo mucha familia y siempre que voy me siento como en mi casa y para nada me siento extranjero, sino un peruano más.

-2ª pregunta: Sabemos que naciste en Plasencia, ciudad que tiene una fuerte vinculación con la cultura y en especial con la literatura. ¿Crees que puede haberte influido de alguna manera en tu amor hacia las letras?

Respuesta: ¡Puede ser! Pero no lo puedo afirmar al 100%, pues la verdad es que la literatura siempre me ha gustado y desde que era apenas un «mocoso» y estaba en el colegio ya empecé a escribir, pues era algo que me encantaba.

-3ª pregunta: Nos gustaría que nos hablaras del momento en que empezaste aescribir, ¿Recuerdas cómo empezó, si fue algo meditado, a lo que llevabas tiempo dando vueltas, o si en cambio fue algo que surgió de una forma repentina?

Respuesta: Como ya dije antes, yo empecé a escribir en el colegio; la verdad es que yo no era un gran estudiante y las asignaturas que más me gustaban eran Literatura e Historia; ambas eran mis favoritas.

-4ª pregunta: Cuéntanos en qué género literario te sientes más cómodo a la hora de escribir, y si solo te has dedicado hasta ahora a la novela o tienes también alguna experiencia en otros géneros, como la poesía, el teatro o el ensayo.

Respuesta: Yo comencé escribiendo poesía, un género literario que últimamente parece ser la hermana pobre de la literatura, y es una auténtica pena. Habría que potenciar y dar aconocer y leer más poesía, pues la poesía son sentimientos, emociones y vida. Sin poesía ¿qué sería del mundo? Después y poco a poco fui incursionando en otros géneros y actualmente tengo libros de novelas, cuentos infantiles y poesía.

-5º pregunta: Nos gustaría conocer qué tipo de literatura te gusta leer, y cuáles son tus autores y obras preferidas, en cualquier tipo de género.

Respuesta: La verdad es que no leo todo lo que quisiera, pues yo no soy un escritor profesional, sino un autor amateur o independiente como han dado a llamar algunos; me encantaría poder vivir de mis libros, pero en la actualidad no es así y para poder vivir tengo que trabajar en el Hospital de Guadalajara, como celador sanitario.

Algunos de los autores que más me gustan son autores súper conocidos, como Miguel de Cervantes Saavedra, Benito Pérez Galdós o Mario Vargas Llosa. Aunque quizás para algunos sea un autor menos conocido, me gusta mucho  José María Gabriel y Galán, nacido en la provincia de Salamanca y que murió y vivió prácticamente toda su vida en Extremadura, hasta el punto de ser considerado allí un Extremeño más. Para todas aquellas personas que no conozcan a José María Gabriel y Galán, les invito a que lo lean, pues estoy seguro que les va a sorprender gratamente.

-6ª pregunta: Quisiéramos también que nos informaras de cuántas obras llevas escritas y cuántas publicadas hasta la fecha, y si ahora mismo te encuentras en el proceso de creación de una nueva.

Respuesta: En la actualidad tengo varias obras publicadas; todas se encuentran en Amazon y se pueden encontrar tanto en el formato de papel como en el digital, a unos precios muy asequibles. Tengo novelas, cuentos infantiles y poemas. En la actualidad estoy trabajando en un libro de poemas, los cuales me encantaría convertir en canciones tipo balada y canciones de amor; este es mi proyecto actual, aunque tengo alguna que otra cosa ya escrita pero aún no publicada.

-7ªpregunta: Infórmanos acerca del proceso de elaboración de tus obras. ¿Cómo realizas las preparaciones previas? ¿Utilizas siempre el mismo método de investigación y recopilación de documentación, o lo vas adaptando dependiendo de qué tipo de obra se trate?

Respuesta: La verdad es que no sigo un proceso o método concreto para escribir mis obras; muchas de ellas salen de la imaginación de mi cabeza, pero también de lo que vivo y veo cada día a mi alrededor. Intento siempre escribir como ya he dicho anteriormente, conforme a lo que me dicta mi imaginación, pero siempre teniendo muy en cuenta lo que vivo y veo. Intento siempre escribir de una forma clara y sencilla, de una forma que el lector que tenga a bien leer mis libros entienda y comprenda perfectamente lo que está leyendo en cada instante.

-8ª pregunta: Hablemos ahora del libro que has publicado con el Grupo Tierra Editorial, Las heridas del corazón. ¿Te has inspirado en alguna situación concreta que hayas conocido de cerca? ¿Has tenido que realizar muchas labores previas de documentación, investigación y estudio antes de afrontar su escritura?

Respuesta: Las heridas del corazón es una novela dura e intensa, pero en los tiempos que vivimos es POR DESGRACIA NECESARIA. Esta novela es una denuncia al maltrato, venga de donde venga: al maltrato machista, a la violencia de género y al maltrato de pareja. La verdad es que yo directamente no he vivido hasta el día de hoy nunca esta situación, pero trabajo en un hospital y por desgracia allí he visto más de un caso como los narrados en la novela.

La investigación para esta novela la he llevado a cabo a través de artículos que he leído en la prensa, de la misma televisión y de otros medios de comunicación, incluidos los medios existentes en internet, y, como he dicho antes, a través de diversos casos que he visto muy de cerca en mi trabajo en el hospital.

-9ª pregunta: ¿Has recibido ya alguna opinión acerca del contenido de Las heridas del corazón por parte de alguna persona cercana a ti que haya tenido ya la oportunidad de leerlo? ¿Cuál es la impresión que te han transmitido una vez finalizada su lectura?

Respuesta: De momento no he recibido ninguna opinión acerca de Las heridas del Corazón.  Espero recibir muchas opiniones, pues eso sería una buena noticia, ya que, al menos, mucha gente la habría leído y eso para mí sería una grandísima noticia; y si aparte el lector me deja su opinión, para mí sería una enorme satisfacción poder leer los comentarios de los lectores.

-10ª pregunta: Explica a los lectores por qué deben leer Las heridas del corazón, qué enseñanzas o conocimientos piensas que les va a aportar y qué sensaciones yreflexiones crees que van a perdurar en ellos tras haberlo leído.

Las heridas del corazón es una novela dura e intensa; una novela que, por desgracia, en pleno siglo XXI es necesaria, necesaria para denunciar la violencia, venga de donde venga; una novela que pretender abrirnos los ojos ante este gravísimo problema, que por desgracia es la violencia de género o dentro de la pareja, y que aún sigue existiendo en nuestra sociedad: un problema, que entre todos debemos intentar eliminar de nuestra sociedad.

¡Ante este gravísimo problema, no podemos permanecer callados, quietos y sin decir ni hacer nada, debemos actuar y denunciar estos hechos para así intentar que nunca más se vuelvan a repetir!

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Oferta formativa

Enero es el mes de los nuevos propósitos. ¿Cuál es el tuyo?

Te presentamos talleres de escritura trimestrales, impartidos mediante videoconferencia por un profesor experto en el tema, cómodos, económicos y educativos. Los cursos se adaptan a diferentes horarios y existe la posibilidad de asistir desde cualquier lugar del mundo, con una ventaja fundamental: se pueden visualizar off line por aquellos interesados que no tengan la disponibilidad horaria que se requiere.

De este modo, durante el 2018 Grupo Tierra Editorial presentará una variada oferta formativa que permitirá a los alumnos adentrarse en los distintos aspectos de la escritura creativa, participando en un modelo innovador de ruptura de barreras geográficas.

Carlos Augusto Casas, Rafael Caunedo, Rosario Curiel, Nona Escofet, Carmen F. Etreros o Miguel Ángel Rodríguez Chuliá, serán algunos de los profesores que participarán en este sistema educativo excepcional y diferente.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Accede a la Academia Tierra y escoge el curso que más te guste. Disfrutarás de una manera novedosa, cercana e internacional de participar de la literatura.

¿Cómo es un taller virtual? Únicamente necesitas conexión a internet y soporte. Todo lo demás, lo hacemos nosotros. Te enviaremos un enlace a tu email para que puedas conectarte y directamente la plataforma te llevará a la sala donde se celebrará el curso.

Para cualquier información, escribe a tierraeditorial@tierraeditorial.com.

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Crónica negra de ‘El peor de los tiempos’

Por Alessandra Roma.

La confortable librería Burma, ubicada en pleno barrio madrileño de Lavapiés, acogió a un nutrido  grupo de lectores de Alexis Ravelo para acompañarlo en la presentación en el foro de su última novela publicada, El Peor de los Tiempos. Tras una cálida introducción a cargo de Chus, que junto a Alfredo dirige la librería, el autor se dirigió a los asistentes con la simpatía y la espontaneidad que lo caracterizan, haciéndonos enseguida sospechar que íbamos a pasar un rato muy agradable, y la expectativa  se cumplió con creces.

La intervención del autor canario resultó amena y al mismo tiempo seria, profundizando en los asuntos que siempre le interesan  y que no faltan en sus obras, como son las realidades sociales ocultas, que parece que tanto las administraciones públicas como  los medios de comunicación se esfuerzan en ignorar, y en segundo lugar la actualidad política, que en el caso de El peor de los tiempos se sitúa a finales de 2016, tras la muerte de Fidel Castro.

Lo primero que Alexis nos quiso advertir, como viene haciendo siempre, es que su novela contiene un gran número de palabras malsonantes, de las cuales se hace responsable de su autoría, y otro buen número de opiniones políticamente incorrectas, de las cuales responsabiliza exclusivamente a los personajes que las formulan.

A través de la entretenida lectura de cinco fragmentos de la novela,  Alexis nos introdujo en la historia de Pepiño Frade, antiguo compañero de sus tiempos de marino mercante de nuestro viejo conocido Eladio Monroy, protagonista de cuatro más de sus libros.

Eladio ayudará a Pepiño, que presiente cercana la muerte, a encontrar a su hija Elvira, desaparecida hace años en la búsqueda de un futuro más luminoso que aquél que le estaba destinado, futuro que primero la encandiló y que después, según avance la novela, descubriremos que terminó abrasándola como a una inocente luciérnaga.

Este relato sirve de pretexto para presentar ciertas realidades sociales, la mayoría incómodas y dolorosas de leer, pero que es necesario conocer si queremos contribuir a eliminarlas.

Ravelo nos muestra la vida de las mujeres de los barrios del extrarradio de Las Palmas de Gran Canaria, ciudad con cuya descripción se abre la novela, presentándose desde el principio como una de sus protagonistas; madres jóvenes y con frecuencia solteras, que abandonaron sus estudios al quedar embarazadas, con trabajos poco cualificados, largas y agotadoras jornadas y sueldos que ni siquiera alcanzan para comprar ropa y juguetes nuevos para sus hijos; chicas en la flor de la vida, que abandonaron sus ilusiones en el patio del instituto o en un sórdido rincón del barrio.

Junto a este desolador panorama que desgraciadamente no es ficción sino parte de la sociedad palmense y extrapolable a la mayoría de ciudades peninsulares, encontramos el mundo de la economía sumergida, dentro del cual se mueve Eladio Monroy como pez en el agua, para complementar su pensión de jubilación, y que desgraciadamente también es un signo de identidad de las Palmas.

En cuanto a la realidad política, Eladio se muestra en aquel final del año 2016 desesperanzado;  tras cinco años de esforzado activismo y movilización, y de ilusiones y esperanzas puestas en un nuevo movimiento político, cae de nuevo en el escepticismo y el pasotismo , al darse cuenta de que esos cinco años “ fueron los tiempos en que todo pudo haber cambiado , pero fueron también los tiempos en que nada cambió. “, y se lamenta de que “ había pasado los últimos años haciendo el gilipollas “.

Después de la lectura y posterior explicación de los cinco fragmentos de la novela, que nos sirvieron de aperitivo antes de aventurarnos en su lectura completa, los asistentes compartimos unos vinos, unos selfies y unas interesantes  conversaciones con Alexis, de entre las cuales extrajimos la frase que puede resumir la filosofía de Eladio Monroy y quizás también la de su propio creador:  que  la vida es una larga tarde de domingo.

Dicho lo cual, nos despedimos con el firme propósito de aprovecharla, antes de que caiga la noche.

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®CLIC gratuito

El 2018 se inicia para Grupo Tierra Editorial con muchas novedades. Entre ellas, la más importante, es que el Club de Lectura Internacional Caleidoscopio va a ser gratuito. Tan solo habrá que suscribirse a esta página web y enviar un correo a tierraeditorial@tierraeditorial.com indicando las sesiones en las que se quiere participar. Dado que el aforo es limitado (25 personas por aula), esta nos parece la mejor opción.

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¿Qué es ®CLIC?

CLIC es la marca registrada de Grupo Tierra Editorial  para aunar a diferentes personas en todo el mundo desde sus soportes (pc, tableta, móvil, etc) conectados a internet, con el fin de reunirse en una sala virtual y hablar de LITERATURA. El suscrito recibirá un enlace con el día y la hora a la que se tiene que conectar. Llegada la fecha, deberá pinchar el link y directamente accederá a una sala en la que compartirá su interés con otras personas desconocidas mediante un COORDINADOR de Grupo Tierra Editorial que dirigirá las sesiones. Por lo general, se hablará de un libro concreto y se le ofrecerá al propio autor la posibilidad de asistir.

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No se requiere de ningún elemento adicional. Si algún suscrito dispusiese de micrófono, podría participar en el evento con voz, pero hay total posibilidad de intervenir escribiendo.

Al participante NO SE LE VE. Únicamente se ve lo que escribe, de la misma manera que en cualquier red social.

El objetivo está CLARO: lograr que los impedimentos habituales que obstaculizan la literatura (DINERO, desplazamiento, incapacitación, enfermedad, horarios, TIEMPO, etc) se conviertan en el menor de los problemas. Las letras merecen una oportunidad por parte de todos.

Grupo Tierra Editorial queda a vuestra disposición para cualquier consulta respecto a este método de participación.

LITERATURA A GOLPE DE ®CLIC

 

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Dos lenguas y un solo idioma: la poesía

Artículo escrito por Alessandra Roma.

El pasado sábado 16 de diciembre tuvo lugar en la Residencia de Estudiantes de Madrid la presentación de los libros de poemas A puerta cerrada, de Luis García Montero, y Un asombroso invierno/ Un hivern fascinant, de Joan Margarit, ambos publicados por Visor Libros (la edición únicamente en catalán de Un hivern fascinant ha sido publicada por Ediciones Proa ).

IMG_6762.JPGLos más de doscientos asistentes al acto, entre los que se encontraban numerosas personalidades del mundo de la cultura y la política, como Víctor Manuel y Ana Belén, Benjamín Prado, Miguel Ríos, Cándido Méndez, Inés Sabanés o Ángel Gabilondo, tuvimos el privilegio de presenciar el emocionante y emocionado encuentro entre los dos poetas, no sólo compañeros de profesión sino también amigos, de la mano del crítico literario Jordi Gracia, que nos transmitió sus impresiones sobre los poemarios antes de invitar a ambos autores a leernos algunos los poemas incluidos en ellos.

Jordi Gracia quiso hacer hincapié en la admiración y el respeto mutuo que siempre ha existido entre los dos poetas, que comparten la extraordinaria cualidad de ser algo más que poetas líricos, de ir siempre más allá, fieles a su compromiso hacia la sociedad con la que conviven. Gracia puso de relieve que este es el rasgo que siempre ha caracterizado a ambos creadores, la solidaridad y el intento de comprender mediante la lírica los cambios sufridos por nuestra sociedad a través de la historia.

No obstante, el crítico ha percibido que se ha establecido una diferencia entre ambos autores en su actitud frente a estos cambios sociales. Aunque ha observado que en ambos prosigue un denodado intento de buscar formas de sentirse seguros a pesar del fundamentalismo y la radicalidad que nos rodean, se ha dado cuenta de que, seguramente debido a la edad y al paso del tiempo, uno de ellos está empezado a mostrar su desaliento.

Mientras que ha vislumbrado que la herida de estar vivo de Joan Margarit sigue abierta, al mismo tiempo se ha percatado de que el desengaño, la melancolía y la decepción comienzan a asomar en los poemas de García Montero. Jordi Gracia piensa que el poeta granadino está iniciando una etapa de descreimiento y reflexión, y que este libro, A puerta cerrada, supone un punto de inflexión en su vida, tanto a nivel literario como personal.IMG_6763.JPG

Tras las observaciones y las reflexiones realizadas por Jordi Gracia, ambos poetas nos deleitaron con la lectura de algunos de sus nuevos poemas. Joan Margarit realizó la lectura en castellano, ya que él mismo se ha encargado de traducirlos desde el catalán, comenzando su intervención con un guiño a la ciudad donde se celebraba el acto con un poema dedicado a la Cuesta de Atocha y otro a la Estación de Chamartín.

Las composiciones leídas por García Montero nos confirmaron las impresiones transmitidas por Jordi Gracia de que ha comenzado una etapa de desencanto y reflexión sobre su pasado y su presente. Antes de empezar su lectura, quiso recordar que ese mismo día, 16 de diciembre, de hace 90 años, el grupo de poetas que después fue conocido como la Generación del 27 se reunió por primera vez, en el Ateneo de Sevilla, con ocasión de la conmemoración del tercer centenario de la muerte de Góngora, en lo que significó su acto constitutivo como grupo literario. De esta forma García Montero realizó su humilde pero emocionado homenaje a ese grupo de grandes creadores, muchos de los cuales mantuvieron lazos muy estrechos con la Residencia de Estudiantes e incluso habitaron en ella.

Los dos autores nos regalaron un recital repleto de vitalidad, de fuerza y de esperanza, pero también de recuerdos melancólicos y de frases sentenciosas. García Montero nos recordó aquélla de su añorado mentor Ángel González de que «conviene aprender a perder para no darse nunca por vencido», en tanto Joan Margarit se lamentó de que «ahora han hecho un túnel que atraviesa el pasado».

García Montero destacó especialmente su poema El lobo, que según él mismo supone una metáfora de vigilancia sobre su propia vida, y en el que nos desvela pensamientos tan íntimos como que se siente «tachadura sobre papeles amarillos» o «víctima y responsable de un amargo suspenso general». Mientras tanto, Joan Margarit, al recitar su emocionado poema Coraje, se quejaba de que «la guerra ha terminado pero la paz no llega» y nos transmitía el sabio consejo de su abuela de que «sin coraje no es posible amar».

García Montero también nos recordó que el amor y la poesía son dos estrategias para superar todas las vicisitudes y conflictos que nos rodean y no dejarnos vencer por ellos, y nos regaló varias de sus citas magistrales, que podemos encumbrar a la categoría de aforismos, al proclamar que «hoy es ayer para decir mañana» y rogar que «la poesía nos indulte de la fealdad y el mal que nos rodea».

Su intervención finalizó con la lectura compartida del célebre poema de Margarit La Llibertad/La libertad. Su autor leyó versos en castellano, mientras que García Montero se ofreció generosamente a recitarlos en catalán, y así de esta forma los fueron intercalando hasta alcanzar el conmovedor último verso, «Una forma de amor, la libertad», tras el cual se fundieron en un emotivo abrazo, que los presentes también percibimos como símbolo de aproximación entre las dos lenguas, la castellana y la catalana, y, por extensión, de intento de aproximación entre dos posturas que a día de hoy continúan enfrentadas, y en cuya reconciliación ambos poetas tratan de poner su humilde pero valioso granito de arena.

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Tierra en Monrelat. Una estupenda experiencia.

Gracias a la amabilidad y empatía de Elvira de los Ángeles, Grupo Tierra Editorial estuvo en el programa Monrelat, de Canet Ràdio, hablando de los obstáculos y facilidades que encuentra una editorial utópica dirigida por madres y abuelas a lo largo del camino empresarial. Una editorial ‘humanista’, como nos definió Angie, dirigida por dos banderas fundamentales: los valores sociales y el entusiasmo.

unnamed.jpgAquí podréis escuchar la entrevista completa en la que, durante media hora prolongada, se trataron temas cruciales como la importancia de los libros con mensaje, la imposibilidad que tiene el autor de vivir exclusivamente de la literatura o los obstáculos que encuentra la mujer de hoy en día para permanecer en la carrera literaria.

Escuchar la entrevista.

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Aún puedo vomitar

Texto de Antonio Florido Lozano.

Huele a tejido recién pintado, a trazos deshechos, rugosos, a líneas desleídas en el fondo del lienzo imitando una atmósfera de ceniza irrespirable; apesta a muerto ya descompuesto, a gente huida a toda prisa, a túneles cerrados por sorpresa y sin motivo aparente; los escalones se derriten en la cuesta que baja hasta el andén; mi cuerpo, absorto y desconocido, avanza solo, sin que nadie -ni yo mismo-, se lo ordene, en un progreso hacia ninguna parte, hundiéndose en un ambiente lechoso de sofoco y de ausencia; llego al último escalón, un pasillo mugriento se abre a la derecha; otro, igual de sucio y pestilente, lo hace hacia el otro lado -estúpida armonía de los pasillos callados, sosa simetría del mundo-, nada en el aire, solo silencio…y las pisadas ahuecadas en las losas podridas; avanzo tocando las paredes, rozando con la punta de mis dedos los últimos escombros de esta tierra que se hunde sin remedio; fuera quedan pocas cosas, acaso algún ser viviente que todavía no se ha enterado de qué va la película; hace frío, el viento del norte que desgaja las alheñas se convierte en un gélido aliento aquí adentro, bajo tierra, entre estos infinitos callejones por donde la gente solía caminar cabizbaja, ¡qué tiempos!Sin título.jpg

Antes éramos muchos, decenas, cientos, miles de personas las que caminábamos por aquí, cada uno a su destino, todos mirando hacia el suelo, cada uno apresado en su propia envoltura, como un cascabullo, igual que un cascarón que protege la individualidad y la sacraliza; todos íbamos deprisa, las bolsas colgadas de los hombros, los billetes en las manos cerradas, pintando un mosaico multicolor lleno de impaciencias y vacíos, pero esos días desaparecieron, ahora no me encuentro con los amigos ausentes de todos los días, soy el único que continúa esperando la llegada del tren de las 7:30, el que pasa por Candem y llega hasta Kennington para luego girar al oeste en busca de Morden; allí me bajaba a diario, tomaba el camino de las piedras brunas junto a las últimas casitas de madera y me iba al centro de la tierra para arañar los últimos restos de carbón; la tierra por dentro es dura como el alma de un desesperado; recuerdo que cavábamos todo el día sin parar, hasta llenar nuestros pulmones de humo negro, se oían toses por todos lados pero nadie hablaba, nadie cruzaba una sola palabra con el obrero de al lado porque, perder el tiempo en aquellos años, significaba desaprovechar toda esperanza de vida y de futuro; hoy ha pasado ya la hora, arrecia el aliento de la cueva, la brisa, dulcificada por las paredes gravitadas, acaricia mi rostro y una pincelada de pintura, de grumo acumulado en mi cara, se desliza hacia abajo borrando mi sonrisa; llego al andén; no hay nadie; en efecto, la soledad de este sitio es tan densa que hasta el sonido se atemoriza y huye de aquí; oigo el lamento de las paredes, de los techos curvos, de los pasillos infinitos, de las esquinas ansiosas; el desequilibrio de todo un mundo de estertores se funde con mi alma y me siento el ser más solo del planeta; por la derecha se abre una garganta oscura con el techo arqueado; parece que no puede con el peso de los años y por eso las líneas verticales, grises, opacas, se doblan hasta darse la mano por encima del cielo; en lo alto reina la oscuridad, nadie sube hasta allí para limpiar los hedores de los cientos de miles de personas que respiramos allí durante tanto tiempo; por el otro lado se abre una escalera transversal que en tiempos servía para que los pasajeros saliésemos al exterior, no sin antes cruzar infinidad de pasillos y escaleras eléctricas; hoy aparece tapiado; lo han hecho con ladrillos de cobre herrumbroso, verdes, ocres, rojizos; la pared asoma a medio acabar, ya no había tiempo para tan delicada tarea, ya nadie pasa por allí y ya ningún suspiro se quedará atrapado en las juntas de los azulejos; sin embargo, en el centro de la garganta sigue horadado el hueco con los raíles; me acerco y compruebo que las culebras continúan con la postura elegante de siempre, paralelas, calmas, cansinas, sin ganas de moverse y sin motivo tampoco para hacerlo; dos metros, casi, de espacio vertical insalvable que me separa de la pared de enfrente, un abismo abierto en el suelo a base de martillazos, arrancando los dolores de un parto que excavó esta línea de metro con miles de brazos sudorosos; me pregunto por qué sigo Sin título2.jpgviniendo aquí todas las mañanas, y yo mismo me digo que tal vez sea para recordar la podredumbre que cubría la tierra por aquel entonces; luego, cuando el tiempo pasó, alguien cogió en sus manos un pincel alargado, de muelles hebras y con él dibujó el rostro y la silueta que me da la vida; ese pintor lo hizo sacando del alma el dolor que nos acompaña toda la vida, respirando quedamente, procurando con la muñeca giros misteriosos, alejándose, acercándose al lienzo, sonriendo cuando una cualquiera de esas pasadas quedaba a su agrado; parece que yo mismo le veo en su estudio, intentando expulsar de su pecho las contradicciones de sus días, dudando si seguir con el rostro o por un brazo, extraviando sus miradas en las líneas difusas lanzadas al lienzo que tiene delante; yo no soy más que un figurante de un cuadro ocre y mohoso, una escasa y diminuta efigie apenas trazada con cuatro o cinco pinceladas; no tengo cara, mi perfil es abierto, para que todo el que lo vea se imagine lo que quiera; me gusta así; no quiero destapar mi carne ante cualquier idiota que se detenga frente a mí a tratar de desnudarme; me gusta tanto que desde este plano misterioso le doy las gracias al artista y recojo los restos de hiel que él mismo desparrama por el lienzo; aunque me hubiera gustado estar acompañado ¾no deseo negarlo¾, quizás con alguien más joven, con alguien que aún tuviera algo que añadir a esta historia sin principio y sin final; quién sabe, al fin y al cabo, quién soy yo para decidir si este cuadro está acabado; puede que mañana, a las 7:30 en punto, se acerque mi tren y deba de nuevo llegar hasta el camino de piedras para seguir arañando con mis dedos los estratos podridos; oigo el latido del túnel, desde el banco donde me encuentro sentado percibo el zumbido ancestral de las capas del suelo, de esas alfombras dormidas que los hombres se afanaron un día en despertar; es un sonido sordo, profundo, armónico, acompasado con el latido de mi propio corazón; me distraigo olvidando a la gente que conocí allí afuera, intentando recordar una a una todas las caras cercanas para luego lanzarlas al mar del olvido, escupiendo cada vez que a mi mente se asoma un ser estúpido al que conocí un buen día; quizás por eso vengo aquí a diario; fuera, ¿qué hay que pueda servirme de algo?, ¿tal vez alguna esperanza sincera, algún anhelo diferente que llene más que todos los que pasaron por mi vida?; ya no resisto más a la gente ni aguanto la vulgaridad de sus risas, ni las locuras de sus pensamientos; ahora soy yo el que manda: lo he decidido.IMG_20171130_212816.jpg

Después de varias horas deambulando como un espectro por estos pasillos, asomándome a la fosa que tengo delante, esperando en vano la llegada del tren que no viene, salgo a la calle a respirar el aire frío del invierno; llueve, llueve en esta ciudad de cristal, de acero y de ladrillos; la atmósfera es rojiza, tenue, difuminada; no se ve a diez pasos de distancia pero me conozco cada uno de los edificios de memoria y sé, supongo, colijo y barrunto que están allí, altos, hieráticos, orgullosos, mirando desde lejos las diminutas hormigas que somos los hombres; algún despistado pasa junto a mí a toda prisa y continúa calle adelante; no se miran ya los hombres, todos callan, tal vez por la vergüenza de saberse semejantes; ese animal tan lacrado que nació como una excrecencia sobre la tierra, que se levantó vanidoso durante algunos años esperando la llegada de la vejez, ese mismo ser que volvió a la tierra y enmudeció para siempre…; no hay nadie más a mi alrededor, solamente la boca oscura del metro de donde salí hace unos momentos, el mismo orificio que me tragará pronto cuando vuelva a esconderme en las entrañas de la nada.

De nuevo respiro la profunda emoción de este oculto subterráneo, mis nervios se agitan moviendo los brazos, las piernas, los músculos, en un intenso vaivén donde las contracciones son las que mandan y las que dirigen mis movimientos; las paredes, estáticas, me miran por los cuatro costados y experimento la soledad del huérfano, del que se sabe aislado de todos, del indolente que un buen día renunció a la vida y a esta sucia rutina que constituyen los días repetidos; oigo de nuevo el zumbido de la tierra bajo mis pies, de las piedras que se remueven, que se rozan unas a otras a cientos de metros hacia abajo, hacia la sima más profunda y oculta; ahora aguzo el oído y creo escuchar a mi lado unas pisadas suaves que avanzan hacia mí; mi cabeza se mueve y, aunque me faltan algunos trazos para poder reafirmarme, mi cuello voltea sobre mis hombros y observo con ansia el origen de estos sonidos; una luz difusa se contonea en el borde del último escalón, alguien se acerca, me tiembla el pulso, no quisiera por nada del mundo que la gente de fuera volviera a esta alcantarilla donde sólo las ratas, las miserias y yo mismo debemos estar; los sonidos aumentan, la luz se define, alguien está abandonando ya la bajada que le separa del mundo; pero lo primero que veo no son los pies o las manos de ese alguien; una escuadra de madera asoma suspendida en el aire, soportada por alguna fuerza desconocida, la forma se concreta, se vuelve definida, nítida, clara; es un rectángulo de tela extendida en un marco de pino; por el borde percibo unos dedos encorvados que sostienen el peso de esa masa extraña; en pocos instantes aparecen los pies bajo la tela inflamada; por encima vuelan cabellos ligeramente encrespados y morenos; es un hombre ¾me digo¾, un hombre el que transporta una especie de caballete al fondo mismo de la cueva ¾algo totalmente sin sentido, la locura misma libremente expresada, el mundo excéntrico que retorna¾; yo continúo sentado y ansioso, me extraña tanta elegancia en el porte del bulto; miro el reloj que anuncia la llegada de los trenes; nada, como siempre, parado en el mismo minuto, en el mismo segundo, eternamente esperando la llegada de un tren que nunca me llevará a mi destino; el desconocido se ha colocado a tres metros de mí; es relativamente joven, y sus manos son enérgicas, vivaces; todo su cuerpo se contorsiona mientras coloca el caballete a mi lado; luego coloca una bolsa sobre el extremo de mi banco y extrae de ella pinceles, botes de pintura irregulares, una paleta muy usada…

No cesa el misterio; espero a que por lo menos tenga la deferencia de saludarme, espero y espero y me cargo de paciencia, pero es como si estuviésemos en planos distintos, en universos diferentes, paralelos, aislados; el hombre se atusa el cabello y mira hacia los lados como si estuviese buscando algo, no sé si la inspiración que no llega o alguna sensación que sólo él conoce; de pronto se aparta a un lado igual que cuando alguien se cruza contigo y te toca sin querer un brazo, momento en el que sientes la violencia del que inunda tu espacio y te apartas, pero allí no hay nadie, nadie salvo él y yo; coloca ahora el caballete en la posición deseada, toma un pincel desnudo entre sus dedos, lo aleja, lo acota, como si estuviese midiendo alguna distancia, después mira hacia la escalera; se ha quedado observando la pared a medio levantar, seguro que los ladrillos herrumbrosos le causan, como a mí, desasosiego; deja el pincel en el banco y toma otro con su mano derecha; la paleta la sostiene con la otra mano, acerca las cerdas a la pintura y comienza a desplazar el pincel por el aire, después sobre la tela extenuada; de pronto y de manera muy suave la luz del túnel comienza a deshacerse en pequeñas fibras desnudas, observo las lámparas y compruebo que no son ellas las causantes de este nuevo colorido, todas siguen igual, pendientes del cielo, oteando desde la altura los sucesos del suelo,  las miserias de lo profundo y divisando desde la distancia la negrura que sale de las bocas del metro; todo se vuelve gris, un gris nauseabundo que inunda el espacio donde nos encontramos; los ladrillos de enfrente adquieren una tonalidad más rojiza, más real, como si unos obreros invisibles los estuviesen ahora mismo colocando, y los ojos del túnel nos observan ahora con más fulgor y con más hondura que antes; el hombre pinta un cuadro y lo hace con dolor, parando de vez en cuando para respirar, para apartar la mirada de las pinceladas marcadas a fuego sobre la tela, se ve que el artista sufre con su labor; me levanto, intento ver qué paisaje lleva entre manos, cuál es su estilo, por qué pintar en este sitio tan olvidado, pero cuando me acerco a su figura el artista parece alejarse y alejarse; y pienso que posiblemente sea una sensación mía, un efecto personal de mi propio ser ¾de tanto tiempo como llevo esperando a que me saquen de aquí¾, porque sin duda que sus dedos continúan dibujando extrañas figuras, densas capas, signos y líneas confusas; me retiro a un lado y trato de colocarme detrás de él para ver así mejor la obra; sobre sus hombros observo el mismo paisaje que tengo delante y que tanto conozco; a un lado el hueco perfecto del túnel que se expande como un sufrimiento hacia el otro lado, desapareciendo en lo negro; delante la pared infinitas veces analizada por mis ojos cansados, en medio la zanja insalvable y, además, todos los detalles que rodean el escenario de este cuento sin principio y sin final, de este cuento de la desesperación que intenta salvar un alma perdida de las inmundicias de lo que no comprende; el virtuoso ha expresado hasta el aire inerte que respiro, impregnando con extraña técnica todo el ambiente de un color ceniciento y sucio, como si toda la tela estuviese manchada por algo ruin y malévolo; admiro la destreza de esos dedos ágiles, de esas manos obedientes que se mueven al impulso del corazón, pero me desazonan sus ojos muertos, sus labios tirantes, su alma agrietada que intenta sepultar en la tela todo el odio que siente hacia el mundo; ¿seré acaso yo una figura más de su cuadro?, ¿es que la realidad no es más que eso, una farándula de colores donde nadie es libre y donde todo lo llevamos marcado en la sangre?Sin título3.jpg

Me duele la cara, la toco con los dedos y compruebo que mi silueta se disuelve, se ahoga en este aire gélido de realidad creada; siento miedo; por primera vez el terror invade mi alma y encoge mi cuerpo; quisiera poder hablar con este pintor para decirle que no me borre del mapa, que aunque yo sea solamente una figura, quiero seguir estando; que me conformo con ese poco de calor que me ofrece con sus suaves pinceladas; ¡quisiera decirle tantas cosas!, pero la realidad es la que es y el artista sigue pintando y yo continúo transformándome sin remedio.

Al cabo de un buen rato el pintor recoge todos sus bártulos y se va como vino, lanzando al aire sus suaves pisadas, sus tímidos coqueteos con el espacio, en un avance decidido y ligero; me duermo; el banco sostiene la parte de mi rostro que aún conservo, también mi espalda, mis brazos y mis piernas descansan; el túnel está iluminado e irradia una eterna vigilia sobre mis párpados; me duermo sin remedio, al fin, agotado por el cúmulo de emociones vividas; sueño con mi trabajo, me veo, desde fuera, bajando a la mina, erosionando con la pica y el martillo la frágil pared de azabache; y oigo toser a mis compañeros de fatigas; un cuerpo cae de pronto al suelo; el sonido es sordo, un cuerpo laxo no deja apenas huella cuando cae al fondo del esfuerzo, esas piernas y esos brazos no cavarán más las entrañas de la materia, no sufrirán más por todos nosotros; me duelen los huesos, cambio de postura y entonces, al girar la cara me hundo en el banco, despertándome; me falta ¾lo noto¾, un lado del rostro, apenas soy una silueta abstracta, una línea difusa, una pincelada obscena; mis ojos atraviesan los listones del asiento y veo perfectamente el suelo con las hormigas andando y alguna que otra cucaracha que busca un lugar para cobijarse; miro de nuevo el reloj y compruebo desesperado que no avanza, que el tiempo se ha detenido, que la infinitud me ha tomado en sus brazos y me lleva lejos de mi mundo; quiero morir, morir de una vez por todas, quizás para no mendigar un poco de vida sin sentido durante el resto de la eternidad.

Aún me queda la boca para poder vomitar, y los recuerdos para conformar y rehacer el ambiente que me envuelve a su capricho; mientras nos queden bolsas de hiel que expulsar de nuestro interior seguiremos vivos, aunque este tipo de vida no sea más que una farsa, un problema sin solución, una esperanza quemada; ha transcurrido el tiempo; lo sé por la cantidad de desesperanza que llena mi alma; el reloj continúa parado en la hora eterna, las 7:30; pero ya he olvidado el día en que vivo, la semana, el año; ignoro si soy viejo o joven, porque en este esófago oscuro de hierro soy incapaz de valerme por mí mismo y camino de un lugar a otro como un recién nacido, desequilibrado y abstraído; lo único que parece real es la materia que me rodea y que da forma y sustancia al espacio concreto; si no fuera por la mecánica elasticidad de las formas nada tendría sentido, porque los pensamientos se esfuman, se moldean, se transforman, y en el mejor de los casos, desaparecen; ¡qué dolor! ¡qué dolor más infinito el de ver volar ante ti una esperanza que te cobijó durante toda la vida!; es el momento de enfrentarte a la existencia y al misterio de su fin, de su definida distancia, el momento de mirarte sin el espejo de siempre y de confesarte que has sido constantemente un iluso sin los pies en la tierra; por qué pensar cuando un simple pensamiento no es más que un jirón de tu propia piel, una tira arrancada que alimenta los sueños de los demonios; ¿quién ha querido que pensemos ¾me pregunto¾, que reflexionemos a lo largo de los años?, ¿quién puede haber deseado esta perversa ilusión de los deseos que nos embriagan y nos mienten?; tal vez la vida misma con sus grises matices, con sus grumos y pinceladas gratuitas; o quizás la imperiosa necesidad que todos hemos albergado de sabernos a salvo de la mediocridad, de ese insulso estado donde todo lo que hacemos o pensamos es semejante, armonioso, carente de originalidad, donde cualquier idea muere nada más haber nacido, sin haber tenido la oportunidad de rebelarse a los demás, sin haberse hecho un hueco en la masa mísera del mundo.

Dejo a un lado mis sueños recurrentes y me levanto del banco para comprobar una vez más que todo sigue igual y que las sombras recorren el túnel, los sonidos profundos continúan emergiendo de las entrañas de la tierra y que continúo estando solo, solo en medio de esta brisa amortiguada que entra por la escalera vecina; mi cuerpo eterniza la forma de una simple silueta dibujada con leves trazos confundidos en el aire; ¿es esto la muerte?, ¿una espera eterna?, ¿un vacío lleno de sollozos?; creo que ya no es hora de lamentarse sino de remontar el vuelo y vivir de nuevo, aunque esta vida sea creada por otro; y pienso en el artista, en su apartada distancia, en su trabajo obcecado, en la ilusión que acumula en cada trazo; pienso en él y le echo de menos y deseo que su cuerpo asome por la boca de entrada, rompiendo el equilibrio de luces y de sombras, creando, él mismo, una nueva realidad, una sustancia distinta, un momento diferente que anule todos los anteriores y me salve de esta eterna vigilia; espero sentado de nuevo sobre el banco; miro las lámparas altísimas, los techos ocultos en la negrura, la garganta del túnel que se acerca y se aleja formando con esta dicotomía una absurda paradoja de todo lo que es, de todo lo que se levanta para luego morir; y grito en medio de la nada, grito hasta que el pecho me duele, hasta que mis nervios se aploman y el aire se me acaba; luego llega el reposo y callo, miro hacia el suelo, observo las diminutas hormigas en procesión bajo mis pies, y me sacude una envidia terrible de no poder ser como ellas, civilizadas, trabajadoras, condenadas de por vida a un esfuerzo en el que no deben valorar nada más, sólo el trabajo, la tarea rutinaria, el pensamiento yermo y el sentido de sus días vacíos y sin esperanza; al menos ellas tendrán la oportunidad de morir aplastadas un buen día por cualquier trozo de materia o simplemente engullidas por otro ser de mayores dimensiones; pero tienen un último día, una postrera ráfaga de luz que entrará por sus ojillos y que será la señal tantas veces esperada; yo, sin embargo, sólo dispongo de la espera sin fin, del perpetuo incomprensible hecho realidad, materia, algo tangible; y por eso, la única esperanza que me queda es que el artista me salve; sólo él dispone de mi vida; lo único que necesito es que un buen día, mientras esté ultimando este cuadro inmundo y sin apenas sentido, decida que todo ha sido un sueño asqueroso; y en ese estado de comprensión y de generosidad ¾un estado en el que las almas, cuando lo alcanzan, se muestran en plena disposición de amor hacia el hombre¾, tome el pincel y deshaga todo lo hecho, rompiendo la tela en pedazos, destrozando las formas y disolviendo las líneas y los colores; sólo de esta manera mi realidad será liberada y podré descansar en paz, sin encarnar una pesadilla de nadie, sin dejar de ser yo mismo…

El artista pinta; no me he dado cuenta de nada; puede que lleve un buen rato coloreando las fantasías y los miedos de su alma; puede incluso que lleve allí de pie, junto a mí, toda una vida pintando y mostrando la vanidad y la arrogancia en cada pincelada; el experto deshace sus miedos en cada trazo, en cada vahído sacado de dentro; sus miedos, al fin, pueden ser expuestos plásticamente a la vista de todos; y luego, cuando la obra esté terminada, el pintor descansará como un niño hasta que de pronto otra angustia asalte su alma y se yerga sobre sí misma impidiéndole respirar, sembrando sus noches de pesadillas y de sueños insufribles; entonces habrá llegado el momento de bajar a la tierra con otro lienzo bajo el brazo para intentar recoger sobre la tela desmayada todas las miserias del hombre; asomo mis ojos de nuevo tras su figura; el corazón me late frenético; sus hombros mueven los brazos armados con el pincel azul de la desgracia; su mano perfila un ser anónimo sin ojos, sin rostro, sin figura donde la esperanza de ser reconocido pueda aferrarse; este ser mira hacia una mesa transversal donde cuatro o cinco siluetas examinan su paso por la tierra; un tribunal de odio y de herejía que abre sus fauces tragando la libertad y la cordura de los hombres; un episodio que se repite una vez y otra llenando las existencias terrenales de sombras alargadas, de nichos abiertos, de fosas húmedas, cálidas, vaporosas; son como tributos a un más allá venidos de pronto; los trazos se marcan suaves, rozando, acariciando la tela reticulada, apenas unas líneas difuminadas en forma de hombre; y cuando compruebo que ahora se trata de una obra nueva me echo a temblar y siento odio por este ser que me mata sin remedio, condenando mi espíritu, anclándolo en el seno mismo de unos hilos cruzados y sucios; siento odio por mí mismo, por todo lo que me rodea, por este hombre que busca en el arte una mejor forma de vivir y de morir, un camino expedito hacia la nada, una esencia sin fondo que le salve de la rutina que constituyen sus días y sus noches, una manera distinta de salvarse o al menos de intentarlo; y le aborrezco sobre todo por no darse cuenta de que lo que él crea con el color esparcido es otra materia real, con vida, con alma, con sabores dulces y amargos, por todo esto le odio y por saber que la ignorancia la lleva prendida en cada matiz expresado, en cada misterio que le procuran los colores con todos sus matices; miro de nuevo el reloj de mis noches a la luz tenue de los faroles encendidos, y me sorprendo pensando que ahora ya la eternidad se comprime en medio de su propio ser, ahora la infinitud deja un resquicio a la esperanza; el rectángulo numerado, vivo y elocuente -con su plateada elegancia, con sus dígitos esquinados, rojos, dolientes, encendidos en medio del negro aroma de la muerte-, marca por fin la hora esperada: las 7:31.

 

 

 

 

 

 

 

 

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«Tot el que defineix a la humanitat es preserva gràcies a l’art». Úna Fingal

És el pseudònim que Isabel Laso (Lleida), va triar per signar la seva obra. Úna, el nom celta de Juno, i Fingal, que en irlandès antic significa «tribu estrangera».

La seva vinculació al món de l’art, no es limita a l’escriptura. Úna transmet el seu món interior mitjançant els seus llibres i també com actriu. Perquè tot i que actualment es dedica pràcticament en exclusiva a escriure, en el passat va està molt vinculada al cinema i al teatre.

A més, a la seva trajectòria professional, s’ha de sumar la seva col·laboració com a articulista de la columna setmanal “El Mirall” al «Diari de Vilanova». Sigue leyendo «Tot el que defineix a la humanitat es preserva gràcies a l’art». Úna Fingal

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Una casa de fieras… artísticas

Ayer, en la biblioteca Eugenio Trías —antigua Casa de Fieras de El Retiro—, tuvimos el honor de asistir a nuestra primera presentación  en Madrid como Grupo Tierra Editorial. Una celebración en un lugar emblemático, gracias a la amabilidad de sus directores, y un encuentro artístico en el que literatura y música se aunaron emitiendo un desgarrador grito de esperanza. No. No todo está perdido. La sala estaba llena, la sonrisa de los asistentes fue infinita y la charla literaria, distendida y cercana. Y todo esto es gracias a vosotros. A aquellos que creéis en el proyecto que acaba de iniciarse y que para el año 2018 pretende darlo todo por demostrar que no todo está perdido, que aún queda gente  que ama el arte en sus diferentes facetas y que se involucra en su difusión.

Bajo la dirección de Albahaca Martín Gon, Rosario Curiel nos habló de su novela Subway Placebo, que todavía tiene mucho que enseñar a pesar de tener más de tres años de vida, y Miguel Ángel Rodríguez Chuliá de Un hombre tranquilo, escrita en 2016 y con una interesante proyección nacional que podréis seguir en nuestra web. Ambos con un importante contenido de denuncia social, tratada desde el punto de vista de la distopía o de la novela negra, en función de cada caso.

Asimismo, Sergio Canard llenó la sala con la melodía de las canciones Frío y miedo, Interestellar y Ni una sola vez.

Esperamos que os haya gustado y confiamos en que, los que no habéis podido venir, os animéis a la próxima fiesta. Ya sabéis que toda la información está en Próximos Eventos, en nuestra web.