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COMUNICADO

Por motivos de calidad, Grupo Tierra Trivium deja de trabajar con el modelo de Autoedición.

Gracias y disculpad las molestias.

SEMBRAMOS

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Yo, culpable

Yo, culpable

yo, culpable

Haré una confesión de agárrate y no te menees. A veces no puedo evitar alterar mi plano zen y sentir cierta envidia por los Escritores nóveles a los que sí les leen. Por el tipo que crea música con la transpiración de sus pies, sin sudar siquiera una rivera aunque eso suponga que le abucheen, parapetado en el sofá de su casa acariciándose el badajo como un marqués. Por la que narra a gritos sus trapos más sucios, esnifándose el talento de los demás en unas rayas igual de largas que peronés. Por los que pusieron de moda ensalzar a los protagonistas de los vídeos por internet: para calmar la sed el fino libro infestado de clichés, la canción como bocadillo o canapé, y el plato fuerte que sea una película exprés, mientras el resto arañamos migajas por todos los parqués. Eso me tortura, saturando mis letras de estrés.

Soy culpable de la impotente tirria más normal, producto de este revés. Soy culpable por quemarme en casa comiéndome los mocos no una vez, sino cien. Mi condena es arrastrar la sentencia de vagar en un intangible halo de porqués, como el Errante Holandés.

No me gusta ser así. Hoy me hago una promesa de esas que ni te la crees. Hoy me amputo ese traspié. Porque fui culpable ayer y hoy, pero no lo voy a ser después.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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El Relato Caleidoscópico de Alberto Blanco Rubio


Vigesimo primer Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

En esta vigesimo primera semana de El Relato Caleidoscópico el encargado de continuar la historia ha sido Alberto Blanco Rubio. Os recuerdo que podeís comentar esta entrada con el hashtag #RCaleidoscópico21, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook.

Para no romper la tradición, paso a recopilar los enlaces a las entradas anteriores, antes de dar paso al texto de Alberto.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

Día 7 (Ana Boyero)

Día 8 (Juanjo Ramírez Mascaró)

Día 9 (Laura Orens)

Día 10 (Miguel Rodríguez)

Día 11 (Lara Fernández R.)

Día 12 (Paqui Ortega)

Día 13 (Juan Manuel Sánchez Moreno)

Día 14 (Jordi Rosiñol)

Día 15 (Estibaliz Burgaleta)

Día 16 (Marina Ezama Botas)

Día 17 (Eduardo S. Aznar)

Día 18 (Jacobo Feijóo)

Día 19 (Patricia Martín Rivas)

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación.

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente.

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos.

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.

Día 20 (Sara Levesque)

—¿Cómo resucito si no estoy muerto?

—Estás muerto en vida. ¿No lo ves? —Elíseo, cada vez más confuso, observaba a 223—. Esas cadenas te las has acomodado tú sólito. Solo tú posees el valor de abrirlas y liberarte. Pero, por lo que acabo de ver, solo tienes huevos para hincharlos pensando en mis tetas. ¿Me equivoco?

223 se acercó mutando hasta Elíseo. Daba un paso disfrazada de enfermera sexy y, a la siguiente pisada, era su antigua profesora.

Elíseo palideció, no sin sentir una breve punzada de excitación por debajo de la cintura al pensar de nuevo en aquellos pechos repletos de sabores. Abrió la boca, pero su intangible voz le traicionó. No así su expresión.

—¿Quieres respuestas, pequeño? —223 hablaba con una golosa sonrisa satánica mientras le acariciaba la frente.

Elíseo afirmó con la mirada. Al mismo tiempo, asombrado, frunció el ceño al sentir la piel tan avinagrada de 223, de tacto desigual, como si le palpara con papel de lija.

—Esos grilletes son tu pasado. Tú mismo has permitido que te amarren, aferrándote al ayer porque te asusta lo que está por llegar. Por eso creas mundos diferentes. Por eso eres un autor mediocre. Por eso añades eslabones a tu esclavitud con cada tecla que aprietas.

Los ojos de Elíseo intentaban adentrarse en los de 223. Saltaban del derecho al izquierdo y vuelta a derecho, con movimientos cada vez más desesperados. Sentía como si hubiera una barrera entre ellos. No conseguía profundizar en su mirar.

—Dime ahora —223 pegó su tajante nariz a la del muchacho—, ¿para qué tienes huevos?

Día 21 (Alberto Blanco Rubio)

Elíseo se quedó mirando a 223 sin saber qué palabras debía utilizar. Tal vez fuese verdad que nunca había tenido valor para enfrentarse a sus propios miedos. Siempre había jugado a cobijarse entre líneas de tinta sin puntos, pero con muchas comas.

—¿No vas a decir nada, Elíseo? —223 observaba a su interlocutor con el gesto fruncido y un extraño brillo en sus ojos.

—Me vas a perdonar, 223, pero ya que dices que soy un escritor mediocre, tú también deberías mirar en tu interior y aceptar, de una vez, que no eres más que la luz de la imaginación de un genio. Jamás tendrás una forma definida más allá de los libros. —Elíseo hizo una pausa antes de continuar hablando. Poco a poco, comenzaba a recuperar el orgullo que había perdido unos minutos antes—. Y no trates de engañarme con tus disfraces. Tus caricias son los susurros de las hojas al unirse y tu corazón solo entiende de renglones abstractos.

223 guardó silencio. No se esperaba aquella respuesta por parte de Elíseo. El joven puso el capuchón a su bolígrafo, no sin antes haber escrito un punto sobre el papel. Después, dejó que la noche le atrapase en la página 223 de aquella misteriosa obra sobre la vida y la muerte.


La semana que viene volverán las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium y en en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.



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Lluvia, café… y tú

Lluvia, café… y tú

lluvia, café... y tú

Amo tu libertad y tu capacidad para desvincularte de manera tan sencilla de aquello que a los demás nos enmaraña el pensamiento.

Esa excarcelación de la niña buena la siento en tu despertar, en el regalo de tu primer “buenos días”, tu primer bostezo, tu primera sonrisa, tu primavera, tu confusión mañanera…

Eres mi amanecer preferido. El Sol brillará más desde tus ojos. Te haré cosquillas hasta que llores de la risa y esa será la lluvia bajo la que querré mojarme. Me besarás y el aire de tu boca será el viento que más me refresque. Sentiré que tiemblo pero será por el terremoto más arrasador –en el buen sentido–: el de los latidos de tu Corazón. Me entrarán ganas de nadar en el mejor mar que existe, el que nace de placer entre tus piernas. El mejor camino para llegar hasta él me lo indicarán los lunares de tu cuerpo. Y si me entrase frío, la mejor manta que podría echarme por encima será la de tu piel. Y, por supuesto, la luz que me iluminará a lo largo de este Gran Viaje será la que tiene forma de media Luna: tu sonrisa.

Compartir un café contigo en silencio, en un día lluvioso… Esa es la mejor libertad que nos podemos regalar.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Dones més enllà del temps i la història: Federica Montseny


Avui parlarem d’una dona amb una vida molt peculiar des de petita i de gran lluitadora pels drets socials des de molt jove. La seva implicació en el moviment anarquista, ha fet fins i tot que alguns l’anomenin com ‘La pasionaria anarquista’.
Però anem al principi perquè la seva infantesa ja no és com la dels altres nens, neix a Madrid el 12 de febrer de 1905, filla de dos anarquistes catalans processats vàries vegades per les seves idees llibertaries. Uns pares peculiars fundadors de les revistes ‘La revista blanca’ i “Tierra y libertad’. Els seus pares eren Juan Montseny i Teresa Mañé coneguts en el món llibertari com Federico Drames y Soledad Gustavo.
La Frederica no va anar a l’escola, va ser la seva mare, mestre, qui li va impartir els estudis, tot i amb això, estudia la carrera de Filosofia i lletres a Barcelona. D’aquesta manera un fort sentit de la llibertat, impregna tots els seus estudis, i ja amb dotze anys comença a participar amb els seus pares, acompanyant a sons pares en l’activitat militant, mítings i manifestacions, però sobre tot, qui marca el seu ideari és la seva mare, qui li transmet les idees de llibertat personal, poder de decisió i elecció de la forma de vida, del seu pare va recollir el pensament d’estendre l’educació a tots els grups socials que era l’eix fonamental per a l’alliberació d’homes i dones.
Tot aquest aprenentatge la porta a conèixer a personatges com Salvador Seguí, El noi del sucre, el sindicalista del moment, i a Lluís Companys que després seria president de la Generalitat, més tard conèixer la Àngel Pestaña, i amb tots ells compartiria els convulsos moments pre cop d’Estat i guerra civil.
Es te coneixement de dues obres, escrites quan era molt jove, la primera amb quinze anys Peregrina de amor i una altra sobre la Barcelona obrera, La tragèdia d’un poble, que ella mateixa va cremar.
Amb 17 anys i amb el pseudònim de Blanca Montsant, comença la seva col·laboració amb la premsa anarquista. Amb divuit anys, ingressa a la CNT (Confederació Nacional del treball), la gran central anarquista de l’època, afiliant-se a Cerdanyola al ram d’oficis varis. És en aquest moment, quan l’Àngel Pestaña li ofereix treballar en el diari Solidaritat Obrera on tindria al seu càrrec la secció de Relleus socials.
També s’incorpora a l’òrgan directiu de la Revista Blanca, òrgan teòric de l’anarquisme espanyol fins l’any 1936, revista en la que a la seva primera època, fins 1905, col·laboren, escriptors com Unamuno, Clarín, Baroja, Pérez Galdós o Pablo Iglesias. És aquí on es dóna a conèixer, juntament amb una revista setmanal de sàtira El luchador.
Des de 1932, FEDERICA comença a participar en moltes gires per tot el país, divulgant les idees sindicalistes i revolucionàries.
El 1933 neix la seva primera filla, Vida, fruit de la seva relació amb l’anarquista Germinal Iglesias. Però això no l’allunya de les seves tasques de divulgació i d’escriptora. Va escriure uns 50 relats a la Revista Blanca, recollits com: La novela ideal i La novela libre i és en dos d’aquest relats: La victòria y El hijo de Clara, on aborda el problema de la llibertat femenina que va marcar tota la seva vida i la seva obra, fet que es veu molt clar en la novel·la autobiogràfica, La indomable.
Membre de la FAI, el moviment més radical dintre de l’anarquisme, va mantenir un gran enfrontament dialèctic amb els més moderats anomenats Treintistes, mantenint postures més properes a García Oliver, Ascaso i Durruti.
I és just en aquest moment on te que prendre la decisió més dura, Largo Caballero li proposa entrar al seu govern per aturar el cop i la guerra i ella es troba en mig dels més radicals que pressionen perquè no ho faci i el més moderats per que accepti. Finalment es converteix en la primera dona ministra d’Espanya, encara que hi ha qui ho porta més enllà i diu que d’Europa e inclòs del món.
Ostenta el ministeri de Sanitat i Assistència social, entre el 5 de novembre de 1936 i el 17 de març de 1937. Malgrat que la situació de guerra i de lluites dins el propi govern feien difícil qualsevol decisió, va promulgar mitjançant decret la llei d’avortament i és va dedicar als refugiats.
El 26 de gener de 1939 tota la família Montseny marxa cap a l’exili francès, però allà tampoc ho va tenir fàcil fugint del nazis que anaven ocupant territori francès, però malgrat tot el 1942 és detinguda, i es lliura de les presons espanyoles pel fet de estar embarassada, el que no la lliure de estar un temps a presó, i en aquest any neix la seva filla Blanca.
Desprès de l’alliberament de França la família s’instal·la a Tolouse, però fins la democràcia a Espanya el 1977 no pot tornar a Espanya, fet que no està clar si va arribar a fer, finalment, mor a Tolouse el 14 de gener de 1994 als 88 anys.
Però cal a dir que ni un instant de la seva vida, deixa l’nactivitat política de la forma que sigui i deixa molta obra publicada, molta dedicada a la dona, com són els titols: Mujeres en la carcel (1949), Cien días de la vida de una mujer (1949), Heroinas (1964), El éxito. Pasión i muerte de los españoles en el exilio (1969), i les que es consideren les seves memòries Mis primeres 40 años, que apareix al 1987, quan contava ja 80 anys. I no val oblidar que es ella junt amb el seu company Germinal Església qui fonda el setmanari L’Espoir.
Fins aquí la vida d’una dona que neix lluitant i no deixa de fer-ho fins l’últim instant, per aquí segons paraules de la seva filla Vida, la lluita es sempre davant de tot i només la marca la mort de la seva altra filla. Un exemple de lluita fins les darreres conseqüències, un exemple que avui més que mai les dones hem de conèixer per seguir lluitant pels nostres drets.

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Reseña de Reina roja de Juan Gómez-Jurado por Laura Orens

Reseña Reina roja de Juan Gómez-Jurado

Esta semana por diferentes razones no os acampañará ni La Buhardilla de Tierra Trivium ni El Relato Caleidoscópico, pero os voy a dejar en manos de nuestra autora Laura Orens, que ha sacado un momento para hacer una reseña a uno de los libros del momento, Reina Roja de Juan Gómez-Jurado; que fue una de sus adquisiciones el pasado Sant Jordi en Barcelona donde ambos autores estuvieron firmando ejemplares de sus novelas. Sin más preambulos le cedo la pluma a Laura Orens:

Imagen de  un ejemplar de la novela, cedida a Tierra Trivium

REINA ROJA. De Juan Gómez-Jurado.

«Antonia sólo se permite pensar en el suicido tres minutos al día».

Con estas palabras arranca la última —hasta el momento— novela de Juan Gómez-Jurado. En ese rincón que anuda la vida y la muerte, de sus distintos significados que van mutando a lo largo de la trama hasta enfrentarse a nuevos caminos y significantes.

Antonia Scott es una mujer especial que se define por lo que piensa, por lo que hace y por lo que tiene, pero también, por lo que le falta. Por todos sus silencios. Y son éstos los que alimentan la trama y la tensión. Como contrapunto, su compañero Jon Gutiérrez —que no está gordo— pero sí lleno de información que no reprime, que no silencia.

Entre ambos se anudan y desanudan muchos mundos, los de cada uno, los que tienen que resolver y los que se enganchan en una investigación en la que Jon pasa hambre. Somos más de uno, y de dos, quienes hemos acabado el día con antojo de kokotxas de la amatxo, seguro.

Antonia no es una investigadora al uso con buen olfato para el crimen, no tiene, sino más bien una ágil máquina registradora que trata de no sentir demasiado no sea que se desborde, pero como en la vida, el clímax va creciendo con la intensidad de su investigación, de la posible amistad que se va construyendo con su compañero y con las desconfianzas que los rodean.

Y partiendo de un lugar real y nada amable como es la muerte, van aconteciendo los rostros del mal que se silencian y se enmascaran, es lo que tiene el poder, desdibujando el panorama en un caleidoscopio para acabar por reconstruirlo.

Al otro lado, las víctimas de la trama, sus fantasmas, y la sucia oscuridad que araña la vida de portada y la manicura perfecta que se intuye de Carla en un rincón sin tiempo ni más esperanza que la que ella misma cree, resonando los ecos de vidas más o menos prescindibles y en función de qué valor se vive cada una. Al otro lado del gran dilema, su padre Ramón Ortiz, multimillonario empresario textil, quien, sufre y lo hace profundamente en un lugar improbable y lejano para el común de los mortales. Son un menú de digestión lenta que genera contradicciones y estimula las ideas, los pensamientos políticamente correctos o todo lo contrario y sus posibles consecuencias.

A Antonia y Jon los acompañan en el trayecto de alguna forma: Mentor, quien resuelve con la eficacia necesaria para que las ideas y ejecuciones de Antonia no se queden en simples cabos sueltos y la abuela Scott, que respira humanidad y que, desde la campiña inglesa se conecta virtualmente a la realidad de Antonia a través de la confianza de hablar sin tapujos y cariño, con la dureza de saber lastimado a quien se quiere y se hiere regodeándose en el fango, haciendo de sus miserias, alimento.

Para quienes tengan la curiosidad despierta, además de la trama que va creciendo en personajes y complejidad, podrán encontrar interesantes ideas que propone el autor, como la colección de palabras de Antonia, de las cuales Ajunsuaqq del inuit «morder el pez y encontrar dentro sólo cenizas» se ha convertido en un lugar muy potente para quien esto escribe.

También hay mucho cine detrás de esta novela. En el ritmo y en la ambientación. Se intuye a Kubrick en la puesta en escena de la brutal pulcritud del primer crimen, que inesperadamente recuerda a La naranja mecánica. Sin embargo, ese lugar aséptico contrasta con la ferocidad y el bestialismo de la caza que arranca con el segundo crimen. De la desesperación del cazador cazado y de la supervivencia de una mujer que intuye la muerte pero no se resigna a ella. Y así, nuevos paisajes que son metáfora y distopía como las tripas de la tierra, las alcantarillas que siempre tendrán sabor en blanco y negro como en el de la Viena de final de los años cuarenta, donde la decadencia física y moral se encontraba entre ratas y un hedor insoportable. Allí donde El tercer hombre, trató no sólo de salvar su bolsillo, sino su propia existencia como en la trama de Reina roja, se descomponen esos lugares que no suelen asomar a la luz del día, que resultan incómodos y malolientes incluso para quien no tiene olfato, incluso para quien retrasa el clímax como una buena comida o las confesiones que se dan con el sabor y el saber de una despedida.


Por Laura Orens

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¿Que por qué te escribo?

¿Que por qué te escribo?

bastante

¿Por qué te escribo?

No me hace falta una excusa para convertirte en mi musa.

Aunque no nos conocemos tanto como deberíamos, me gustas. Puede que leas esto y me mandes a la mierda, pero eso no me asusta.

Quisiera recitarte al compás del piano, que tu mirada brilla más que el Sol todo el verano. Al soñarte no me siento más sola que la Luna, ¿es muy atrevido si digo que como tú no me hace sonreír ninguna?

Encender el móvil y que me salte tu “buenos días, pequeña”; le basta a esta ilusa para volverse una risueña.

Te escribo por si se pone a llover y quieres calarte conmigo. Darnos un abrazo de esos de “ojalá yo contigo…”. Un arrebato de dos idiotas que se quieren tocar solo para dejar de temblar. O quizá para hacerlo a la par.

Sonrisas, miradas, caricias, sed, quedarse con las ganas o arriesgar por una vez. Reír sin temores, tu pelo entre los dedos; hablar con las manos, callando los miedos. Encendernos los días y acabarlos entre poesías… Ojalá llegue pronto ese momento, ojalá no muera con la silueta de este cuento.

 

¿Que por qué te escribo?

No existe una respuesta. Tú, preciosa, eres el motivo.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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DONES MÉS ANLLÀ DEL TEMPS I LA HISTÒRIA: ROSALIA DE CASTRO


Avui, parlem d’una dona que pot ésser admirada per molts motius, en primer lloc, no va tenir una vida personal gens fàcil, la malaltia la va perseguir sempre, filla de mare soltera que pertany a la baixa noblesa i diuen que d’un capellà, fet que no s’ha pogut demostrar mai.
Els estudis sobre la seva infantesa són incerts però els més recents, parlen de que la passa amb la seva mare a Padrón i en data desconeguda es traslladen a Santiago. El que sí està clar és que amb 17 anys ja figura com a partícip de les activitats del Liceo de San Agustín. En aquella època li agradaven el dibuix, la música i la declamació , i va participar en obres teatrals per aficionats.
Es casa amb Manuel Murguia, reconegut cronista a qui coneix a Madrid, i malgrat estar ja malalta de tuberculosi, te sis fills, dels que en perd un amb dos anys, fet del que mai es recuperaria.
Donada la professió del seu marit van viure a molts llocs i encara que la seva obra era ja coneguda, que no reconeguda, sempre es va negar a assistir a actes socials.
Però el que més ens importa d’aquesta gran escriptora, diuen que la escriptora gallega més universal, es la introducció del gallec, fins aquell moment menyspreat a la literatura, amb dues obres cabdals ‘Follas novas’ i ‘Cantaires gallegos’. És per aquest fet que se la reconeix com a precursora del Rexurdimiento amb el que es posa fi a molts segles en què el gallec no s’utilitzava a la literatura. La publicació al 1863 del llibre ‘Cantaires gallegos’, suposa un esdeveniment de primer ordre en el panorama literari gallec. En ell representa la vida del poble.
Però és a ‘Follas novas’ on es destapa amb la seva darrera col·lecció de poemes en gallec, i conté la seva manera de viure la vida, la seva essència vital i el seu missatge de denúncia social.
Malgrat tot això, la seva obra no es reconeguda en el seu temps, fins que no es rescatada per la generació del 98, quan ella ja és morta doncs mor jove el 1885, als 48 anys d’un càncer d’úter. Però el que més sobta d’això, probablement produït per la melangia de falta de reconeixement, en saber que moria, va demanar als fills que a la seva mort cremessin tot lo no publicat d’ella, cosa que van fer, i quan va arribar el pare va dir: ‘Heu cremat la gloria de la vostre mare y la vostre fortuna’.
Però hi ha una faceta seva, que els que tenim més anys ens preguntem perquè mai se li ha donat la rellevància que es mereixia, i és que Rosalia de Castro també va ser una dona avançada als seus temps reclamant l’empoderament de la dona.
De Rosalia de Castro el que menys es coneix es la seva prosa, ja reptant els canons de l’època es va dedicar a una professió adjudicada exclusivament als homes, però hi ha més, darrera la seva prosa troben a una dona abanderada ja del feminisme.
El pròleg de la seva obra “La hija del mar”, un dels seus llibres més intimistes, suposa tot un llegat empoderament femení i una reivindicació. Amb frases com ‘porque todavía no se les permite a las mujeres escribir sobre lo que sienten y lo que saben’ ho afirmaria en aquest llibre de 1859.
Els seus personatges femenins són sempre contraposats: o sotmesos o revelant-se contra el rol imposat. Aquestes últimes, incompreses, aïllades i censurades, vivint amb el si de convertir-se en solterones.
En el poema ‘Yo soy libre’ queda ben clara aquesta postura:
‘Cuando los señores de la tierra me amenazan con una mirada, o quieren marcar mi frente con una mancha de oprobio, yo me río como ellos se ríen y hago, en apariencia, mi iniquidad más grande que su iniquidad. En el fondo, no obstante, mi corazón es bueno; pero no acato los mandatos de mis iguales y creo que su hechura es igual a mi hechura, y que su carne es igual a mi carne. (…) Yo soy libre. Nada puede contener la marcha de mis pensamientos, y ellos son la ley que rige mi destino’
Aquestes paraules estan recollides a Lieders, un text publicat al ‘Album del Miño de Vigo’ el 1858, i el seu discurs, precoç, crític i feminista, queda plasmat com una de declaració d’intencions. Fou pionera doncs del feminisme literari a Espanya i Portugal.
Acabarem amb unes paraules de Maria Xosé Agra Gallego, en el seu article ‘Fills do mar: o feminisme da Rosalia de Castro”: ‘Hay que contemplarla con el reconocimiento de una deuda con ella, al mismo tiempo que devolviéndole su originalidad e universalidad, desmitificándola contra la manipulación que sufrió por ser mujer y escribir en gallego, sacando a la luz el patriarcalismo en la literatura”
I vull acabar amb una frase de la pròpia Rosalia de Castro que diu molt: ‘El patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud”.

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El Relato Caleidoscópico de Sara Levesque

Vigesimo Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

A modo de celebración de estas veinte semanas de Relato Caleidoscópico, hemos invitado a nuestra compañera Sara Levesque, de la que podeís leer sus colaboraciones cada viernes. Como es costumbre, os invitamos a comentar este relato con el hashtag #RCaleidoscópico20, tanto en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium) como en el Facebook.

Como no iba a ser de otra manera en esta vigesima entrada volvemos a recopilar los enlaces a las anteriores entradas del relato caleidoscópico, seguidas del texto de Sara Levesque.

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Día 3 (Rosario Curiel)

Día 4 (Dolores Ordóñez Pérez)

Día 5 (José Jesús García Rueda)

Día 6 (Ana Vigo)

Día 7 (Ana Boyero)
Día 9 (Laura Orens)
Día 12 (Paqui Ortega)
Día 14 (Jordi Rosiñol)
Día 18 (Jacobo Feijóo)
Su dedo pulsó el punto. Quizá el final, quizá el punto y aparte.
— Vaya volada llevas, hermano — le espetó un colega rastafari que estaba tirado en el sofá sacando humo de un cigarrillo de extraño olor.
Elíseo se quedó mirando la pantalla. Eso de hacer una novela caleidoscópica como las de Italo Calvino se le estaba yendo de las manos. Su cerebro procesaba a velocidad de resacoso y lo único que pudo hacer fue rascarse el culo.
—Y encima no has dejado ni un trago de vodka negro — añadió una choni desde el cuarto del fondo, acompañada por una risa de sonido tabernario de dios sabe quién.
Elíseo (cuyo verdadero nombre era Ignacio, pues Elíseo era su nick) miró de nuevo la yema de su dedo, la del punto. Dirigió ese dedo hasta la ventana del navegador que tenía el Twitter abierto y escribió: «Dios es un concepto de bar que mora en todos nosotros». No había terminado de escribirlo cuando ya alguien le estaba llamando fascista, otro le invitaba a unirse a su secta y un tercero amenazaba con denunciarlo.
—Los autores en calzoncillos sois escojonantes —interrumpió al fondo la voz de risa tabernaria justo cuando empezaba una canción de Los Pitufos Makineros.
Elíseo apuró lo que quedaba de vodka negro y le dio el último beso a su petardo de marihuana.
—Joder —pensó—. La que voy a liar ahora pulsando de nuevo el INTRO…

Volvieron los silbidos. Los silbidos. Los silbidos acusadores de la infancia son los cuchillos invisibles del presente. Los silbidos en la escuela.

[Onomatopeya de un silbido.]

Te silbaban por ser diferente, Elíseo. Por eso ahora estás maniatado. Por eso tu calvicie, estéril y aceitosa. Por eso los panes multiplicados que rodean tu cintura.

[Onomatopeya de todos los silbidos, simultánea, dolorosamente.]

223 miraba con satisfacción resbaladiza los recuerdos hirientes de Elíseo. Sabía que, para los Nuevos Humanos, recordar enladrillaba el camino hacia la sanación.

—No recuerdes, Elíseo. Olvídame. Olvida los indomables fueguitos de los silbidos.

Elíseo se obcecaba pretéritamente, obsesionado con los silbidos, inmovilizado por 223, /silbidos/, ciego, /silbidos/; y se retorcía en la camilla.

—Date cuenta, querido, de que el pasado está solidificando tu presente.

Y entonces los silbidos se agudizaron y se convirtieron en zinc, en tanques de zinc, y 223 carcajeó con malicia, en una risa que se hacía eco entre los silbidos.

—Hasta que no te desprendas de tu pasado, no podrás pasar a la categoría de Nuevo Humano, Elíseo. Borrarte la memoria de poco sirve, pues tu cerebro la recupera. Has vuelto a esta aula como si nada. ¿No te das cuenta?

—¿Y qué puedo hacer?

—Resucitar.

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Día 20 (Sara Levesque)

—¿Cómo resucito si no estoy muerto?

—Estás muerto en vida. ¿No lo ves? Elíseo, cada vez más confuso, observaba a 223. Esas cadenas te las has acomodado tú sólito. Solo tú posees el valor de abrirlas y liberarte. Pero, por lo que acabo de ver, solo tienes huevos para hincharlos pensando en mis tetas. ¿Me equivoco?

223 se acercó mutando hasta Elíseo. Daba un paso disfrazada de enfermera sexy y, a la siguiente pisada, era su antigua profesora.

Elíseo palideció, no sin sentir una breve punzada de excitación por debajo de la cintura al pensar de nuevo en aquellos pechos repletos de sabores. Abrió la boca, pero su intangible voz le traicionó. No así su expresión.

—¿Quieres respuestas, pequeño? 223 hablaba con una golosa sonrisa satánica mientras le acariciaba la frente.

Elíseo afirmó con la mirada. Al mismo tiempo, asombrado, frunció el ceño al sentir la piel tan avinagrada de 223, de tacto desigual, como si le palpara con papel de lija.

—Esos grilletes son tu pasado. Tú mismo has permitido que te amarren, aferrándote al ayer porque te asusta lo que está por llegar. Por eso creas mundos diferentes. Por eso eres un autor mediocre. Por eso añades eslabones a tu esclavitud con cada tecla que aprietas.

Los ojos de Elíseo intentaban adentrarse en los de 223. Saltaban del derecho al izquierdo y vuelta a derecho, con movimientos cada vez más desesperados. Sentía como si hubiera una barrera entre ellos. No conseguía profundizar en su mirar.

—Dime ahora 223 pegó su tajante nariz a la del muchacho, ¿para qué tienes huevos?


La semana que viene volverán las entrevistas de La Buhardilla de Tierra Trivium y en en dos semanas volveremos a tener un nuevo relato de Elíseo.

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Amaneceres

Amaneceres

amaneceres

Te imagino con un vestido paseando por una playa de guijarros. Un fino vestido del color que tanto te gusta: el del mar. Un vestido ceñido a tus curvas. Imagino cómo el vuelo del bajo de tu prenda baila con la brisa marina, cómo me quedo prendada sin compasión de ti, del cuadro que pintas ahí, junto al día.

Llevas puesta tu sonrisa impecable, inmutable, inalterable, inseparable. Ese gesto marca la mejor curva de tu cuerpo. Y yo, cautivada por la estampa que luces junto al inicio del océano, en ese punto en que la ciudad se queda atrás jugando al escondite con su propia sombra, ese lugar en que el mar se besa con el horizonte, ese instante en que el clímax del día es el Sol despertándose… En ese momento llego a la conclusión de que la sonrisa es la prenda que mejor te queda, la que más te hace brillar, la que más me apetece Amar. ¿Existe un beso mejor que el de tu media luna al amanecer?

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.