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Rosa sobre blanco: Exegi monumentum aere perennius

En este segundo miércoles de cuarentena Rosa García-Gasco nos trae un homenaje a Horacio, siguiendo con este díptico sobre el paso del tiempo que empezó con La Rueda el pasado 12 de marzo. Así que para amenizar este nuevo día de #YoMeQuedoEnCasa os dejo con Exegi monumentum aere perennius.

Exegi monumentum aere perennius

 Esto querrás que permanezca
cuando se quiebre el filo de los años.
Levanta al aire un monumento
tan duro como el plomo, que no pueda
llevárselo en sus garras la criatura
que lo devora todo, ni las garras
del polvo o los gusanos.
Y no lo enterrará la arena junto al Nilo
si no es para alumbrarlo en la postrera
llama que te llevara hacia la pira.
No morirás del todo, ni tu esencia.
Tu voz, tu cuerpo, tu memoria
hecha de letras y de versos
se le vetó a la muerte. Irá creciendo
tu nombre al resonar de los aplausos
o vivirá como los juncos en el agua
aunque los siglos corran al arrullo
de guerras y de hambrunas y de virus.
 Puedes ser inmortal, te lo aseguro,
mientras recuerdes la erupción de Tera,
el año sin verano en lagos suizos.
Mientras que guarde Roma en sus tejados
el rojo del tramonto, y aunque uno,
tan sólo uno,
se acuerde de tu nombre como bronce. 

Por Rosa García-Gasco

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Rosa sobre blanco: La rueda

Engranajes de un reloj

Esta semana Rosa García-Gasco nos trae una reflexión sobre el paso del tiempo y este mundo que cada vez parece que va más rápido sin dejarnos tiempo de asimilar lo sucedido para tener que está asimilando otra cosa nueva y sin más preámbulos os dejo con La rueda.

La rueda

 Detente, para
de oír la vida en bucle,
de masticar oxígeno,
de desear tu propio fin y tus gusanos.
Para, si puedes,
De andar girándote en la rueda de las horas,
de descontar y de contar, de hacerte trizas,
de componerte con cristales rotos,
de estar callada porque estás más guapa,
de revivir con el contacto de los viernes
porque estás muerto entre semana.
Detente, para
de hacer sonar el claxon de tu ira,
y de mentir y de escurrir el bulto,
y de vivir a medias y tibiezas,
de que tu tiempo se parezca tanto
a tu esqueleto o a sí mismo,
a tu silueta, doble sombra, en el espejo.
 Un día igual a otro se sucede
y ya te vas, si no te paras, acercando
a la disolución.
                                    Detente.
                                                           Para.

Por Rosa García-Gasco

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Rosa sobre blanco: Mundo de plástico

Volvemos a estar a miércoles y Rosa García Gasco nos deleita con una nueva poesía, esta vez hablando de este mundo de plástico en el que vivimos.

Mundo de plástico

 Todo es de plástico, menos el plástico. 
Hasta el amor de acero inoxidable
vuelto de roca en agua que me envuelve,
avanza, se retuerce y desbarata
mis huesos en la arena, que es de plástico.
Micropartículas en ondas expansivas
en mares calmos, yermos, cementerios
de peces y de barbies que se agarran
a su cuenta del banco por no ahogarse
en un ciclón de números de plástico.
Es plástico la carne de tu plato,
las historias del instagram, las fotos,
el bótox, el deseo, el tiempo, el aire,
las letras, las canciones,
el arte a fuego rápido
y tus botas a juego con el bolso.
Flotan agonizantes en el plástico
los versos que volcaste en el teclado
de usar y de tirar.
 Todo es de plástico. También el plástico
y hasta la imagen fija de tu espejo.

Por Rosa García Gasco

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Rosa sobre blanco: En perspectiva

Esta semana Rosa García Gasco nos trae un nuevo poema visto en perspectiva con cierta relación con la historia de nuestro bardo de la semana pasada, disfrutarlo.

En perspectiva

 Antes no me gustaba la cerveza
(los sabores amargos los rechaza
quien no conoce ciertas amarguras),
ni el chocolate negro, ni mis ojos
de este color insulso
que no es ni el del carbón ni el de la noche.
Odiaba el pan, el vodka y mi melena
capaz de retorcerse en espirales,
indómitas raíces desplegadas
para atarme a las nubes.
Antes (de niña) odiaba el café helado,
la sacarina, el té y el turrón duro,
la calle quieta que se cierne al alba,
el silencio encogido. Mis caderas,
demasiado redondas, según dicen,
para los escenarios,
la nariz recta que aspiraba a todo
y la boca entreabierta en el ensueño.
 Quise quemarlo todo en una hoguera,
por deshacerme de mí misma. Y lo que obtuve
fueron cenizas, barro, arcilla fresca
con la que modelarme,
con la memoria viva y ese viento
que me peina las canas y la risa
conservada en los hoyuelos que no amaba.
 Miro poco hacia atrás a estas alturas. 
Y las veces que miro
beso siempre la frente de la niña.
Nos guiñamos un ojo.
“Nos veremos”, decimos. Reconoce
su efigie en perspectiva.

Por Rosa García Gasco

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Rosa sobre blanco: Nana de la fiebre

Esta semana Rosa García-Gasco nos trae una nana para esas noches de insomnio por culpa de la fiebre.

Nana de la fiebre

Duerme, dragoncillo, duerme,
cierra los ojos velados
de fiebre.
Duerme, duerme, que no es cierto
que el volcán que son tus labios
que el hálito de tu sueño,
vaya a librar un tornado
de fuego.
Duerme, mi espejismo, duerme,
guarda el calor que aletarga
tu frente.

Por Rosa García-Gasco

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Rosa sobre blanco: El palacio del Sueño

Una semana más Rosa García-Gasco nos trae un nuevo poema, esta vez sobre un lugar al que todos acudimos cada noche, El palacio del Sueño.

El palacio del Sueño

Hay una cueva en un profundo retiro,

monte hueco, morada secreta del Sueño vago…

Ovidio, Metamorfosis, XI 592-3
Umbrales encharcados de neblina,
jirones de negror velan los ojos
de todo el que se allegue.
Ríos que ni al susurro más callado
se atreven. Sus corrientes silenciosas
estrechan el palacio,
huecos salones que la luz condenan.
Muy hondo, en el país de los cimerios
los Óniros habitan.
No va a cantar el gallo ni la lengua
humana a profanar la siesta sacra.
Hasta las piedras duermen.
Adormideras brotan y el Olvido
riega con sus meandros las paredes
del cuarto en que dormitan
los seres que han cruzado al otro mundo
por descuido, adheridos a las redes
de araña de los sueños.

Por Rosa García-Gasco

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Rosa sobre blanco: Resurges

Inauguramos el año con Resurges, un poema de Rosa García-Gasco, a modo de declaración de intenciones para este 2020 que ya no es de ciencia ficción y en el que habrá que seguir luchando contra la violencia sobre las mujeres.

Resurges

Te presto mi garganta para que resurjas,
te presto el agua cuando estés sedienta.
El correr de los ríos,
el delta de las fuentes,
el oxígeno exótico de las selvas.
 
Y cuando vuelvas a gritar tu nombre,
a gritar claro quién eres
-yo soy, yo existo, brillo, luzco-,
y tu cabello sea
los rayos de otro sol que se despliegue,
y cuando tu voz baile
la música de la corriente,
se le unirán todas las voces
-hermana, yo te creo,
hermana, no estás sola-,
y cuando emerjas de un silencio antiguo
y sacudas el agua de tus alas,
entonces
-yo soy, yo existo, brillo, bailo,
grito, ilumino, descompongo,
quemo el miedo, aniquilo
la mano que me asfixia-,
resurges
y el miedo es, al fin, como un espectro

hecho de aire y de nada.  

Por Rosa García-Gasco

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Rosa sobre blanco: La noche en que se quebró la luna

Esta semana Rosa García-Gasco nos trae un poema sobre la perdida de la inocencia.

La noche en que se quebró la luna

 Tú me llevabas de la mano aquella noche,
pero se te quebró la luna entre los dedos.
Puede que fueras a ofrecérmela
para que la guardara en la buhardilla
como un candil,
debajo de las fotos cenicientas.
Yo, a cambio, te daría
mi silencio de niña,
los dientes apretados,
unas mejillas blancas
y un amor al abordaje.
Querías regalarme la luna
para tapar con ella tu silueta monstruosa,
señor de laberintos y de hachas.
Y yo, que no era nadie
-una niña, una sombra, pies inquietos
tal que la pólvora-,
y yo, que no tenía en mis entrañas el descaro
de una Afrodita Urania,
me quedé gris, transparente,
allí, tendida,
en tu diván de aprisionar incautos
que devoran semillas porque aspiran
a no ser más mortales.  

Por Rosa García-Gasco

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Rosa sobre blanco: Bella durmiente

Esta semana en Rosa sobre Blanco tenemos un nuevo poema de Rosa García Gasco con aires de cuento de hadas de una Bella durmiente en el siglo XXI.

Bella durmiente

 Despertaste en la ciudad
de la noche hecha de miles.
Veinte años arañados en la carne.
La casa olía a limpio y las cortinas
a soledad. Octubre
no venía acuoso como antes.
Por las aceras caminaban
dioses del inframundo, cucarachas,
cambios climáticos, efectos
invernaderos que abrazaban
una muerte pequeña en cada esquina.
 
Allí estaba tu figura hecha de puntos
suspensivos y goteras.
Al otro lado, pared por medio
un loco insulta a gritos a tu sombra.
Allí estaba la rutina, disfrazada
de guadaña o media luna.
Ya no estaba mi sonrisa de aspirante
a todo, ni aquel peinado
de niña bien con hoyuelos.
 
Pero estaba aquel aroma a madera tratada.
Estaban los cuadernos, cien, a medias.
Dedos cansados
que siguen mal el ritmo de un disco de rock sucio.
 
Luego, también estaba
la impresión de haber dormido
diez mil inviernos. 

Por Rosa García Gasco

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Rosa sobre blanco: Procne y Filomena

Una semana más Rosa García Gasco nos acompaña con un nuevo poema en su sección Rosa sobre Blanco, y sin más dilación os dejo con Procne y Filomena.

Procne y Filomela

 De silencio están tejidos los tapices
de su cuarto. Cuando canta
va arrancándole la piel a tiras el recuerdo
y la noche le desgarra la garganta.
Golondrina insomne,
rota, tartamuda.
La pared de Procne
construida de pedazos de inocencia
se derrumba con el moho de los siglos
que enraízan los barrotes de su jaula.
Bajo el sol se vuelven rejas y cuchillos
los hilos que bordan
tiempo a trompicones.
Procne ya ni llora.
 El espejo está agrietado de mil rostros. 
Filomela, en una huida que no acaba,
y tras ella, la jauría deseosa
de llevarse el último jirón de voz que guarda
en su vestido
de silencio viejo,
ruiseñor dormido. 

Por Rosa García Gasco