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Este cariño maldito

Este cariño maldito

este cariño maldito

Te sueño constantemente, igual que una aficionada al sado. Como si disfrutase haciéndome daño a mí misma. Como si no fuera ya bastante cruel saber que es otra la que te despega las bragas, la que come de ti, la que te acompaña hasta el final. Otra con la que te sentirás feliz y no querrás saber de nadie más. Otra cuyo nombre explotará del fondo de tu garganta cuando disfrutes un orgasmo. Otra a la que acariciarás el pelo mientras la ves dormir. Otra que fue valiente y puede deleitarse con tu amor. Como si eso no fuera suficientemente cruel. Este cariño maldito, tan real como el mundo real.

 

Me cortejaste con los ideales que ilustrabas tras tu sonrisa eterna, embustera. Y yo me dejé engañar. Quedé atrapada en tus promesas, que no se sostenían por ningún lado. Tus palabras ocultaban un significado que no conseguí adivinar. Las mías también. Llegué a decirte “te quiero” con voz sorda para tus oídos, que se habían quedado mudos. Me alegro de que seas feliz. En realidad, no. Pero una de las dos tiene que serlo. Prefiero que seas tú.

 

Ahora que sigues tan lejos, todo sería más fácil para mí, si no le hubiera enseñado a mis canciones preferidas a acordarse de ti, a pincharme con sus acordes más agudos, a estrangularme un poco más fuerte cada vez que llega el estribillo. A vivir dentro de una contradicción que es un afecto condenado. Un cariño que, en vez de ser reconfortante, es embaucador y maldito.

 

© Sara Levesque

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8 de marzo

8 de marzo

8 de marzo

Hago mi lucha a través del Arte antes de que la absurda brutalidad te obligue a marcharte. Es el terreno que domino, el que se despliega en mi camino, donde al miedo arruino, donde mis colores no relucen albinos.

Cuido mis derechos a mi manera, lucho sin violencia por no caer en el silencio; será esta idea tan frágil como una quimera pero yo la toco, la presencio, me la agencio.

Aborrezco la política, no me gustan los debates. Prefiero la astucia metafísica bebiendo un buen par de mates.

No eres reina para que así alguien se adjudique el rol de consorte. Que nadie te endiñe el papel de bruja del Oeste o la loca del coño buscando su norte. No eres la reina de los corazones morados, no se trata de una partida de cartas. Eres el Corazón morado que reina sobre los interiores más desamparados cuando sus afiladas lenguas atacan.

Si tienes que ser reina que sea porque tu sonrisa gobierna a sus anchas por el descampado de las Almas sin Vida. Ten presente que yo desenvainaré mi lapicero para remendar con firme suavidad todas nuestras heridas.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Te escucho

Te escucho

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Eres como un vendaval arrollador pero discreto. Igual que un temporal lluvioso que guarda entre las gotas tus acordes en secreto. Como una ventisca a finales de julio del que llueve tu música y versos a la guitarra. A veces suaves y profundos, a veces con ira y eterna garra.

Yo prefiero arriesgarme por una vez en lugar de permanecer sin hacer nada. Empaparme con tus palabras cantadas mientras te enamoro con mi mirada. Y confesarte que estás más guapa recién levantada y toda despeinada. Que lo que más Amo de ti  es escucharte la sonrisa libre y destapada.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Mucho mejor, corazón

Mucho mejor, corazón

mucho mejor, corazón

Mi corazón se expresa mucho mejor después de destrozar el huevo, el cascarón. Alguna vez tenía que ser la primera, prefiero antes de que me muera. Río ahora sin parar, deseando abrazar lo que esté por llegar. Íbamos juntas por un trayecto inverso sorteando cada una su particular capítulo perverso, escondiendo idénticos anhelos por todo el universo.

Al final comprendimos lo que nos susurramos a miradas bajo la luna, con mi prosa lobuna aullando a tu melodía oportuna. Siempre que miro a la perla del refugio nocturno, rápido surgen las estrellas fugaces de turno. Y aprovecho para repetir sin parar el mismo deseo. “Ojalá sigamos compartiendo cualquier ciudad bajo nuestro propio cielo”.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letrras.

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El límite del horizonte

El límite del horizonte

el límite del horizonte

Escribo a lo lejano, al abrazo que nunca nos dimos porque nuestro destino es manco, a la Musa inalcanzable, al Amor imposible, a la traición de la razón… a tu Corazón.

Me atrae lo difícil. Mi Corazón no se excita si se lo dan todo hecho. Aun así, los obstáculos que pone la Vida en medio me sirven para aprender a escalar desde el nivel más básico, el de las propias conmociones. Esas que se esconden en el límite del horizonte y a las que, a diario, te expones. Las mismas que te provocan una frustración de cojones. Aquellas que no se resuelven discutiendo sino con acciones.  Acciones en las que te ves obligado a esforzarte y estirar todos los tendones aunque, en el intento, se te caigan los pantalones. Aunque se te queden sin aire los pulmones.

Nosotros somos los auténticos ladrones cuando nos dejamos robar todas las emociones.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Las palabras de un relato

Las palabras de un relato

las palabras de un relato

Un relato con el que no volver al punto de partida, a reiniciar el bucle. Busco un relato para viajar a tus pies, hecho por una pobre escritora risueña a ratos, bohemia siempre. Unas palabras que, todas juntas y ordenadas, reflejen cómo dejé escapar mi gran oportunidad y, ahora que la tormenta ha pasado, solo le queda esperar la llegada del siguiente ciclón de recuerdos.

Quiero regalarte una idea, dos relatos, tres palabras e infinidad de novelas y textos desde el foso de mi Alma. Tú fuiste el poema todo el tiempo. Tanto buscar las palabras adecuadas… Y no salían de tu boca sino de tus pupilas, inspiradas desde una sonrisa.

Busco un relato para antes de marcharme. Una novela que refleje lo que un día brilló en mí. Un verso desde el ventanal. Un poema de la chica cobarde de Madrid que tropezó con el paso que debía dar una noche de abril. Quiero dar vida a la vida con una rima y que tú le otorgues la entonación que se te antoje.

Un relato capaz de cerrar a versos las cicatrices del “quizá”, “tal vez”, “ojalá”, “¿y si…?”. Que todas las dudas se mueran mientras gimen a la luna. Un relato con el que lanzarnos a bailar y regalarnos el abrazo que nos alcanzamos a negar. Un abrazo que a ti se te ha llegado a olvidar y en el que yo no me paro de ahogar.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Yo ya no soy yo

Yo ya no soy yo

yo ya no soy yo

Yo ya no soy yo, sino una loca que se me parece. Una demente perdida entre recuerdos deformes. Distorsionados por el paso del tiempo. Un paso que, a medida que avanza, me atropella otra vez. Un paso que no se detiene por compasión, que no sabe de lágrimas o risas, de felicidad o sonrisas. Un paso, en definitiva, que hace lo mismo que tú: pasar.

© Sara Levesque 2020

 

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Voz de seda

Voz de seda

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Tu voz de seda puede ser una manta o una cruz; si la escucho al trasluz, es una voz que no me aparta con una coz. Una voz que multiplicada en un altavoz, para nada desprende energía feroz.

Es voz de risueña entonación, la que más escasea en este mundo tan bribón y, también, la más necesaria cuando te conviertes en tu propio ladrón.

Una voz que intensifica el tono café de tus ojitos por las orillas. Para que brote de nuestra sangre color vino la agitación menos atroz, tu voz es la semilla. Una voz que me invita a acariciarte el Corazón con mil besos a hurtadillas. Que me incita a arruinarte las pesadillas abrazándote las lágrimas que se te deslicen por las mejillas, para amar tu Alma mientras le hago el Amor a tus escozores, abrasando de paso todos tus temores –tranquila, yo llevo las cerillas–.

No soy capaz de borrar el brillo de tu mirar de mi órgano de pensar, y ojalá nunca suceda. Mucho menos si llueve; ahí, tu voz de seda debe oler tan sabrosa como quedarme a vivir en tu delicada arboleda. Si alguna vez te sientes perdida en una sombría vereda, por favor, no permitas que tu voz retroceda. Tienes dentro de mí un hogar con la puerta siempre abierta para que accedas.

A mí se me metió a traición tu sonrisa de ensoñación en mis pupilas de cartón. Y no sé si quiero sacarla, me hechiza su atracción. Aunque eso suponga la aniquilación de mi desnutrido Corazón, prefiero volver a arriesgarme y confesarte al oído que tu voz de aspecto dulzón se me clava muy dentro como un delicioso arpón, aunque solo sea para escucharte destrozar una canción.

© Sara Levesque 2020

 

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Recuerdo cuando recitabas poesía

Recuerdo cuando recitabas poesía

recuerdo cuando recitabas poesía

Recuerdo cuando recitabas poesía. La propia y la ajena. La leías con cierta entonación. Lenta, acentuada. A mí, que nunca había escuchado un poema en voz alta, me pareció algo ridícula. Luego, la ridícula fui yo, con mi monótona forma de hablar de cada día.

Ahora, años después, sólo puedo sentir de verdad un poema si le añado el eco de tu voz. Eco que empezó aquella noche entre los diablos azules del bar. Junto a una cerveza, me enseñaste un mundo nuevo, repleto de estrofas y versos cantados. Allí descubrí los más especiales: los tuyos.

Escribir sin pelos en la lengua me lo enseñaste también, cuando a mí me temblaban las palabras en la boca.

Y cuando llueve, no me importa que las gotas me picoteen o termine calada. Porque para mi cuerpo es como si le recitaras una poesía más o menos extensa, depende de la cantidad de agua. Rimas nada frías ni aburridas. Solo estrofas y versos cantados.

© Sara Levesque 2020

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Navidad y nostalgia empiezan por “n”

Navidad y nostalgia empiezan por “n”

Navidad 2

Este es un relato triste, ya te aviso.

Tengo que hacer un esfuerzo terrible para no echarme a llorar por la pena de no verte. En realidad, tampoco podría; ya no me quedan lágrimas. Soportar las Navidades contigo en la otra punta del mundo, en otro hemisferio, o incluso en el país de al lado es tremendamente duro. Se me hace tan cuesta arriba como subir una montaña vertical por completo, como escalar por una aguja.

Así me resultan estas fechas. De por sí me espantan. Demasiada alegría es preocupante. Y si a eso le sumas que vuelves a faltar tú, ya no me queda gran cosa para sentir felicidad. Por eso en esta época noto la nostalgia más afilada. Ni siquiera sé cuál es tu color favorito…

Fuera llueve, pero es tan fría tu ausencia que hasta la calle la padece y ha helado. Nieva. Es una nieve de blanco roto, sucio. Tan sucio como el olvido. Tan roto como un corazón lleno de nostalgia en Navidad.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.