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Enfermedad autoinmune

enfermedad autoinmune

Enfermedad autoinmune

Existe una enfermedad. Es la más contagiosa porque concentra en ella toda su maldad. Una pandemia que se presenta en ambos sexos sin importar la edad. Ataca el cerebro y los músculos, pero en especial la bondad. Su naturaleza es más oscura que la soledad. Tan colérica como una insaciable tempestad. Contagiosa y grave en su totalidad.

A día de hoy resulta imposible de curar debido a su complejidad. Lo único que existe contra ella es un destello de piedad capaz de suavizar su perversidad. La terapia consiste en aprovechar el tiempo que te reste con la máxima serenidad mientras avanzas sin dar prioridad a que tú puedas incrementar el índice de mortalidad. Así disfrutarás más de tus días sin agobiarte al recordar que también tienes fecha de caducidad.

¿De qué sirve saturarte el pensamiento con esa toxicidad? Mejor que tus reflexiones floten con total impunidad sin estar atadas a una cadena, en cuya bola pone ANSIEDAD.

Qué malo es enfermar de miedo. ¿Verdad?

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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De mayor, quiero ser feliz

De mayor, quiero ser feliz

de mayor, quiero ser feliz

Ya es bastante duro ser siervo del dinero para vivir.

Quiero ser capaz de no guiarme por la codicia del dinero, sucio dinero. Saciarme de detalles y momentos inmortales, que ese sea mi tesoro y no el dinero, macabro dinero. Alegrar mis oídos al escuchar el eco metálico de aguas manantiales, no el tintineante aullido del dinero, estruendoso dinero.

Pasar con lo justo y beber la sabiduría de la Vida sin ahogarme por la coacción apremiante del dinero, censurable dinero. Prefiero sentir la presión de hacer malabares con calderilla que construir figuras y torres de monedas y billetes, amontonando más y más dinero, absurdo dinero.

Me llena más mezclar mantequilla y harina barata que amasar sin escrúpulos tanto dinero, asqueroso dinero. Escalar una montaña modesta con mis escasos recursos que atesorar montañas de dinero, amoral dinero. Opto por alardear de contar nuestros cabellos plateados mientras nos abrazamos antes que enumerar la plata del dinero, puto dinero.

En el fondo, todos sabemos que la causa de tanta violencia es por culpa del dinero, opresor dinero.

Ya es bastante duro ser siervo del dinero para vivir. Aunque me suponga ser objeto de burla, de mayor quiero ser feliz. No entra en mis planes dar prioridad al dinero, dependiente dinero.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Festival de (cál)culos

Festival de (cál)culos

festival de (cál)culos

A veces siento que si no escribo sobre tetas, coños húmedos o folleteos varios, no se me nombra ni interesa lo que tenga que expresar…

Estoy hasta el gato de semejante actitud superficial, tanto de hombres como de mujeres y viceversa. Yo tengo el otoño húmedo, sudado, empapado y chorreante de tanto sacrificio invisible, errante. De sentir culpa porque no plagar la pulpa de mis escritos con vulvas de tonos blanditos. Y es que cuando eres una cara desconocida es tan complejo sobrevivir en una jungla repleta de porno como cocinar un bizcochocho en el horno, (perdón, a veces sufro tartamudeo lingüístico).

Parece como si no nos hubieran destetado. No es repulsión, es que a veces da rabia que solo importe eso, coño. Tanta es la frustración que se me humedecen las lágrimas y se me nubla el corazón.

Si afirmara ser una conformista que prefiere dejar el mundo como está, mentiría y me crecería la nariz como a Pinochocho (¿veis? Ya me ha vuelto a pasar).

No me interpretéis mal. A mí me vuelve cuerda un follaje en particular. Pero detrás de su matorral existe una persona de verdad, por la que merece la pena luchar. Por eso afirmo que no todo en esta Vida es el tema carnal.

Si a alguien le resulta ofensiva la sinceridad, mis más irónicas disculpas, de verdad.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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La lluvia se parece a mi Amor

La lluvia se parece a mi Amor

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Amo la escritura. Amo contar los esbozos de tus gotas de lluvia. Chispas frías, dispersas. Calan, empapan, entristecen, el cielo llora agua a destiempo, las nubes suspiran un chaparrón de muchas lágrimas. Pero tu tormenta de  recuerdos me encanta, a pesar del quebranto del llanto que lleva asociado. Es gris y me inspira. Inspiro. Y respiro mejor si escribo.

Jamás he negado cómo eres. Eres ese amor, esa lluvia que me empuja a un cigarro, que me incita a tener un orgasmo en la hora de la siesta, que me sugiere correrme despacio, que me tienta a escribirte en blanco y negro hasta dormirme en los laureles o entre unas piernas que no son las tuyas. Y así tu amor para mí: mojado, húmedo, inundado, disfrutado, escrito, recitado. Y soñado.

La lluvia se parece a mi amor. Y también a ti, porque la idea de hablar desde la lluvia la creaste tú.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Besar la lluvia

Besar la lluvia

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Cae en la ciudad una lluvia seca bajo la que nunca nos besamos. En la boca, me refiero –las mejillas no cuentan–. Una lluvia que cala muy hondo y arrasa con todo menos con tu recuerdo. Ese recuerdo no admite cordura. No es locura, sino vesania. Te apropiaste de un pedazo de mi vida sin permiso, a hurtadillas; yo no pude remediarlo porque eres hermosa, única…, pero de pesadilla.

Me golpeaste de verdad el corazón, haciéndole sangrar por donde no debe, rajándolo, abriéndole una válvula extra para que se desangre a tus anchas. Encanto, para que entres en mi interior debes tener talento. Y demostrarlo si quieres salir desde tan dentro.

Yo sigo acumulando libros sobre ti en una mesa de tres patas. Sonrío, aunque el cielo no lo haga. Y cuando llueve beso el agua, me da igual si parezco una tarada. Por si acaso te marchas de nuevo con uno de tus cuentos tan verdaderos, como una cruel repetición de la jugada.

Y cuando tengo ganas de escribir, preciosa, solo hay un poema al que deseo ir. Eres la joven llamada Fe, la no tan joven llamada Sol, la mujer llamada Amanecer, la del apellido Contradicción.

De mil maneras te llego a querer. Desde el despertar del Sol hasta el hundido, taciturno, intenso, acentuado anochecer. Y en todo ese tiempo qué te voy a decir, mujer; escribir sobre cómo se besa la lluvia que me inspiras es lo que mejor sé hacer.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Brujería

Brujería

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TRES VOCES:

“Esperando a que me cuelguen las carnes. Esperando a que mi marido muera. Esperando la liberación. Esperando a que mis pechos se caigan deformes. Esperando a que me case. Esperando a tener un orgasmo de una hora. Esperando a echar un buen polvo que me deje las piernas temblando. Esperando a que me achuchen, ¡cojones!”

Y YO VOY AHORA:

“Esperando a que algo cambie, esperando tu llamada, esperando mi valor, esperando a dejar de esperarte, esperando no volver a barrer desiertos. Desesperándome por ti otra vez…”

 

“Esperando…” Lo decían todo como un mantra. Parecían realizar un conjuro, un ritual. Tres mujeres vestidas con ropa normal pero negra. Y yo espiándolas como un ratoncito desde un mullido sofá. Hablaban con voz firme y serena ante unas velitas del Ikea blancas en una sala bohemia a rabiar. A veces hablaban por turnos, a veces las tres a la vez. Me dieron ganas de sumarme a ellas diciendo “se me ha metido una mujer en los ojos, ¿puedo invocarla con vosotras?”. Yo, apartada en un rincón por el miedo de la nueva situación, me repetía a mí misma mis propios “esperando”.

Temía interrumpirlas por si las sacaba del trance. En cambio, mientras las escuchaba, miraba un cartel de “abraza a un árbol” que no sé muy bien qué sentimientos me inspiraba, e iba desarrollando mis “esperando”. Saqué mi cuaderno y el boli con la tinta anémica, apuntando en él tan peculiar y maravillosa escena. Decirlo en voz alta parecía liberador, pacífico, una buena forma de cerrar cualquier capítulo.

Lo practicaré en casa para ver si puedo dejar de esperarte de una vez.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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La triste pero breve vida de un cigarro

La triste pero breve vida de un cigarro

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Permanecía en silencio, con el cigarrillo olvidado en sus labios temblorosos. El furioso viento lo fumaba por ella. Dos gruesos ríos encharcaban el maquillaje de sus mejillas. Lloraba sin pronunciar ningún sonido. Sin aspavientos. Lloraba muerta en vida. Era un llanto enigmático, mudo, casi anónimo.

Recordó cómo Mimi, durante años, se expresó con tanta seguridad en sí misma que la creyó. Siempre habló mucho, pero nunca dijo nada. Igualmente, se tragó sus mentiras.

Observó, con el aire otoñal bailando en estado salvaje junto a su pelo castaño, cómo su otra mitad se alejaba cada vez más calle arriba. Así veía su futuro en aquel momento: cuesta arriba.

Se sacó de la boca lo que quedaba del cigarro y lo arrojó al suelo con furia, apuñalándolo hasta la muerte con el tacón de su zapato. Con el otro pie pisó su propio corazón, que Mimi había dejado resbalar hasta el suelo. Entonces empezó a llover. Cayó en la ciudad un chaparrón de recuerdos en forma de afilada y afónica llovizna. Las nubes escondieron el cielo. Llenaron el día de oscuridad. Era algo más que negro, parecía el antónimo de la luz. El agua acabó por enterrar los restos del pitillo, poniendo punto y final a dos historias de amor que empezaron donde lo hacen todas: en los labios de alguien especial.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Hoy es un buen día para escribir

Hoy es un buen día para escribir

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Hoy es un buen día para escribir. Para alegrarme por ti y por mí. Para recordarte sobre este papel que me hace existir. Para comprender que marcharte a otro país es lo que te hace feliz. Para percibir cada gota de lluvia como un beso tuyo en mi nariz. Solo tú con tu sonrisa, encanto, haces un buen día para escribir.

No te voy a mentir, tan solo deseo decir que, gracias a ti, la vida no se me vuelve a escurrir. Aunque a veces se nos antoja ignorarnos, no debemos confundir que fue mejor sincerarnos de una puta vez y dejar de huir, sanando cualquier cicatriz.

La escritura es la mejor arma para vivir una vida que merece la pena. Por eso ando sobre el papel, porque hoy es un gran día para escribir. Aquí es donde te siento más cerca de mí. Aquí es donde me enseñaste a sonreír.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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La perturbación de los sueños

La perturbación de los sueños

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–Dime una cosa –me pidió.

–¿Qué?

–¿Has tenido fantasías conmigo alguna vez?

Contesté inmediatamente. No tenía nada que perder, salvo la oportunidad de ser sincera.

–Sí… He sufrido todo tipo de sueños contigo, de mil formas, colores y dimensiones. Hasta en blanco y negro. Siempre aparecías tú. He temido pesadillas asfixiantes; sueños románticos y empalagosos; alucinaciones sin sentido de lo que habíamos vivido; apariciones bucólicas; espejismos entrañables a veces y utopías en que las dos éramos las jueces. Y muchas, muchas fantasías eróticas. He logrado notar tu lengua acariciando la mía, el murmullo secreto de nuestros labios, casi podía tocar su sonido al despegarse. Recuerdo saborear el olor de tu aliento, el perfume de tu piel, el aroma de tu pelo. Y he llorado de pena, de dolor, de ruina al despertarme y comprobar que solo era producto de mi imaginación, que te echa mucho de menos, a pesar de que nunca te ha tenido.

Llegada a este punto, hice una pausa para respirar; para no dejar mis lágrimas resbalar.

–Tu boca me vuelve loca. He soñado tantas veces que nos besábamos que mi cerebro está intoxicado de ausencia. Tiene adicción a la ficción. He desquiciado al pobre Freud. He soñado tanto contigo que soy incapaz de distinguir si te tengo delante, o solo sufro otra terrible pesadilla.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Superviviente

Superviviente

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Eres una superviviente de la Vida. Tu Corazón en temas del corazón es fuerte, pero no sabes verlo. Sus poderosos colores son tu mejor luz, tu mayor firmeza. Es valiente porque late con un poco de miedo; eso no le impide avanzar y luchar. Es tu órgano más corpulento. Y posee tantas habitaciones como estaciones caben en un año.

Dos de ellas, las más calurosas, pintan sus paredes de colores soleados y viven gracias a la Libertad, al Amor, a la Vida, a saber reír entre lágrimas… Las otras dos están coloreadas de tonos bajos, y laten gracias al miedo (a la Libertad), al temor (al Amor), a sufrir (en la Vida), al susto (de reír entre lágrimas). El truco SIEMPRE es el equilibrio. Es sano experimentar cambios opuestos en el mismo camino: calor–frío; primavera–otoño; cóncavo–convexo; verano–invierno…

Igual que el año no existiría solo con los períodos más gélidos, así ocurre en tu Corazón. Sin saborear el MIEDO no hallarás plena LIBERTAD. Sin darle la mano al TEMOR no podrás abrazar el verdadero AMOR. Sin llegar a SUFRIR no se aprenden las lecciones de la VIDA. Sin ASUSTARTE no se vence al llanto con la RISA. Esa armonía mental también ayuda a mantener en equilibrio los pasos que nos permiten avanzar, crecer, madurar.

Por eso eres una superviviente de la Vida. Y yo te Quiero más cada día.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.