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Al revés (II)

Al revés (II)

abrazos desde el corazón - besos en verso - lo-cura

Si te asusta el matrimonio, ¿te quieres divorciar conmigo? ¿Quieres que digamos “no” a todo lo negativo? Vamos a deshacernos el amor, a ponerle un cinturón de castidad a nuestra pena. A asustarnos del rebose de fortuna con precaución y a no temer que las cosas puedan torcerse. A ser felices en los días más grises. Hagamos las tareas deprisa y también con calma y riámonos de lo que no es apropiado. Atrevámonos a bucear en un monte y, si no sabes cuál, yo te enseño a hacerlo en el de Venus.

Sobre todo, vamos a construir las cosas bien aunque empecemos por el tejado. Pero vamos a hacerlas de una vez.

© Sara Levesque 2019

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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Háblame de la lluvia

Háblame de la lluvia

háblame de la lluvia - juegos - arte

Háblame de la lluvia es el mejor libro para desafiar a los días en blanco y negro. Al abrirlo llueven versos recitados desde las nubes. El más lindo temporal, el menos melancólico, la única tormenta bajo la que sí apetece bailar y sumergirse hasta el alma. Poemas nacidos desde un tierno corazón, baladas que invitan a soñar entre sus letras repletas de inspiración. Una artística llovizna nada gris, un chaparrón tan cautivador que parece entonado desde París. La lluvia no suele gustar, pero ésta afirmo que sí. Cada gota caída del cielo susurra un verso peculiar, y todo el aguacero crea el más radiante poemario que jamás se recitará.

Chispas de poesía, de rocío menudo, gotas que resuenan y componen un temporal nada crudo; mucho menos mudo. Un sinfín de versos semejantes a una canción. Un poemario escrito desde y con el corazón.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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El puto horizonte

el puto horizonte

El puto horizonte

“The Nose” impone.

Su perfil es enorme y poderoso. De lejos parece una gigantesca nariz. Una tocha infinita. La montaña más lisa, preciosa y peligrosa que he visto. Como tú. Con tu pelo liso, también eres preciosa. Y peligrosa. Como la montaña.

A solas en la explanada, decidimos tumbarnos sobre el césped. Frondoso. Mullido. Me hace recordar partes del cuerpo que no vienen a cuento.

Te miro de reojo. Tienes la vista alzada al cielo. Hacia el horizonte. El puto horizonte que tanto te gusta. Es tan eterno… el puto horizonte.

Quiero empezar la escalada, pero tu hipnótica figura me impide despegar los ojos de ti. Entonces, te giras y me besas. No me lo esperaba, a veces me desconciertas. Nos besamos. Sólo existen nuestros labios, y el deseo de ambas lenguas juguetonas. Toco tu camiseta turquesa, pensando que estarías mejor sin ella, queriendo de repente escalar tu peligrosidad en vez de la de la montaña.

“The Nose”, con su roca lisa, infinita hasta el puto horizonte, ha desaparecido.

Sin esperarlo, te separas y corres con los pantalones llenos de raquíticas briznas de hierba, a ponerte tu material, dispuesta a comenzar la ascensión. Tu impulsividad me deja perpleja. Una vez más. Te observo con la boca abierta, con cara de tonta.

Delante de mí, el azul de tu camiseta. Arriba, el azul del puto horizonte. Y tú, con el paisaje, si te desnudaras formarías el conjunto ideal para que Reverón te incluyera en su período azul.

Corres muy rápido. Saltas, vuelas, con esa encantadora forma de mirar al cielo con los brazos abiertos.

Adoro pillarte mirando el puto horizonte.

© Sara Levesque

 

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De ti aprendí

De ti aprendí

de ti aprendí

De ti aprendí que era mejor decir algo y quizá, quizá, obtener un “no”, que callar y vivir un silencio tras otro junto a un sinfín de suposiciones en preguntas sin respuesta. Que era mejor aprovechar a besarte cuando compartíamos la ciudad, que no poder abrazarte la boca en tu nueva localidad.

Y es que te guardo tan dentro de mí que ya no te alcanzo.

© Sara Levesque

 

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No quiero verte más

No quiero verte más

no quiero verte más

No quiero verte más veces triste.

No es que me moleste sentirte así, pero cuando me miras y tus ojos están ahogados en dolor, se les funde todo su furor, como si su color padeciera un tumor cegador.

No quiero verte más veces escondida con el Alma dolorida, ni que sostengas la sospecha de que la única solución es la huída de la Vida. No transitas una senda torcida. Las lecciones a veces son jodidas; si te ocultas a escondidas acabarás con la amargura abierta y descosida, lamiéndote la herida con la respiración podrida por haber ignorado la mano que te quiso levantar de la caída.

No quiero verte más veces traicionada por ese miedo paralizante, exijo que empuñes las riendas y te pongas al volante, mires atrás y te descojones del pasado con tu poderosa risa tronchante. Puedes caminar por el mundo tan campante, como si fueras un errante. No pasa nada por sacudir de tus hombros el polvo y las manchas con talante.

 

Sé que regalarías tu Alma si se pudiera donar, sin pensar ni dudar de si a alguien le puede incomodar. Tu fuerza no se rinde jamás, cuando sientas temor alza tu valor y grita más fuerte que los demás, porque taciturna no quiero verte más.

© Sara Levesque 2019

 

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Háblame

Háblame

hablame 2

Háblame de lo que quieras, de mil formas, a gritos o a susurros. Con tus pupilas o incluso en silencio.

Háblame de la lluvia, de tu tormenta interior, de esa chica que te vuelve loca, de la que por ti pierde la razón.

Háblame, cuéntame, coméntame cuando estés triste o contenta a rabiar, y cuando no tengas fuerzas para hablar.

Háblame, explícate ahora, mañana o dentro de una semana.

Háblame de tonterías o de cosas serias.

Háblame, Cielo, que yo siempre querré quererte y escucharte las penas y las risas.

Háblame con tus poemas, con tus melodías a guitarra, con tus carcajadas o desde tu infierno peculiar.

Háblame aunque estés llorando un mar; no te preocupes, sé nadar.

Háblame siendo tú misma; pero, por favor, nunca me dejes de hablar.

© Sara Levesque

 

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Punto de partida

Punto de partida

punto de partida

Estoy en un punto de mi vida en el que ya he aprendido a no enfadarme por tonterías, a no discutir si no es contigo encima, a que no tiene nada de malo llorar si se necesita, a intentar ser feliz porque la vida es bien cortita.

Y a no hacerla más jodida.

© Sara Levesque

 

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Póker de ti

Póker de ti

póker de ti

Y de vez en cuando te observaba a hurtadillas mientras me entretenía jugando al póker, bailando un ojo en las cartas y otro en tu escote. El palo de mi última baza lo logré sumando mi corazón bañado por la suerte de un trébol de cuatro hojas, junto al tuyo más valioso que cualquier diamante tras tu sonrisa de dama pícara. Me lo jugué con vistazos en tu dirección, plantándole cara a los palos entre vasos de absenta y alguno de ron.

Un póker de tantas cartas como letras tiene tu nombre abreviado, como puntos cardinales indican la dirección del cielo coloreado, como besos para ti guardo camuflados, como suspiros que espiro cuando tus cariños me resoplan agobiados.

Y a todo ese ambiente le faltaba Sabina tarareando al fondo del bar, raspando oídos con su voz irregular. Invitándonos a desparramar las cartas por la mesa y luego la ropa sin importar lo que nos tuviéramos que apostar.

Me encanta jugar con los corazones de las cartas pero no con el tuyo, que vale por dos cuatro. Uno por cada punto cardinal señalado por sus latidos innatos. Un pulso al que acudo de inmediato, aunque en el camino se me desgasten los zapatos.

Si tuviera que apostar algo, apostaría por ti. Porque no existe miedo que me asuste, obligándome a huir, por comprometerme con la Vida y con lo que tu Corazón me quiera latir.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

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La búsqueda del lugar ideal

La búsqueda del lugar ideal

la búsqueda del lugar ideal 1

Aunque parezca que abuso de mi imaginación, busco un lugar ideal.

Donde no haya reggaetón ni reggaetontos apropiándose de cada esquina como si fuese su propio bar.

Donde las personas no vayan embutidas en sus teléfonos móviles jugando al Candy Crush al andar.

Donde reunirte con amigos para tomar algo o solo charlar sea la mejor red social.

Donde la tecnología no viaje tan lejos como para anular el formato del libro tradicional.

Donde la gente, para hablar, te mire a los ojos y se deshaga del puñal.

Donde una sonrisa con autenticidad se valore de verdad.

Donde no importe que caigas bien o mal, que eso no implique cargar con un estúpido bagaje emocional.

Donde no sometan a votación tu culo con una mirada procaz, ni cuánto podrán rebotar tus tetas al pasear.

Donde el agua sea tan pura que cobije aroma a hogar.

Donde el viento goce de su propia identidad pero sin nacionalidad.

Donde puedas sentarte a meditar sin que un desconocido te venga a molestar.

Donde no importe que el reloj se llegue a parar.

Donde los colores no se pongan rojos de vergüenza por desear bailar al azar.

Donde, después del miedo, resurja la bondad.

Donde todo sea tan intenso que el Sol haga el Amor con el Mar.

 

Aunque no sepa por dónde empezar a buscar, sé que existe ese rincón ideal.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

 

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Home

Home

Home

Una canción de melodía lenta, muy suave, con una voz aún más calmada, como el propio Océano templado. Así, con esa tranquilidad, es como quiero acariciarte. Así, con esa dulzura, es como quiero acunar tu cuerpo junto al mío. Así, con la misma paz que transmite esta música, quiero espantar tus dudas y temores más profundos. Así, con esa quietud, quiero recoger tus lágrimas y abrazarte con todo mi Corazón. Así, con esa esponjosidad, similar a la de las nubes, quiero ser tu almohada por las noches y a deshoras. Así, con ese sosiego, quiero besar tus labios y cada rincón de tu cuerpo. Así, pequeña, con esa apacibilidad, quiero que disfrutes los mejores orgasmos de tu Vida. Así, con esa pureza, nos quedaremos enamoradas con el Corazón, no con los ojos, que son traicioneros. Así… pero siempre junto a ti.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.