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La Buhardilla de Tierra Trivium: Viaje sin retorno

Lo primero disculparme pos no acudir la semana pasada a nuestra cita semanal, un cúmulo de circunstancias unido a un fallo informático lo impidieron. Esta semana me hubiese gustado ofreceros una nueva entrevista, pero aun la tengo en postproducción como dirían en el cine, así que he decido rescatar, y nunca mejor dicho, un relato que escribí sobre el drama de los refugiados. Ese drama que ha dejado de ser noticia de primera plana, pero que sigue provocando muertes cada día. Y sin enrollarme más os dejo con mi relato que fue publicado originalmente en una antología titulada Refugiados recopilada por Luisa Gil.

Viaje sin retorno

El reloj

Aun lleva su reloj, parado a las 3:37 de la mañana. La hora del naufragio. Lo único que le quedaba. La guerra se había llevado a sus hermanos y sobrinos, durante la huida de las ruinas de su ciudad había enterrado a su mujer y a dos de sus hijas.

Subió a cubierta para ver la costa europea suponiendo que ya habían pasado todos los peligros, pero el destino aún se guardaba una última jugada. Un golpe de mar hizo que el barco, en cuyo pasaje había empleado la mayor parte de la fortuna familiar, se escorase. Cayó por la borda y vio impotente como el mar se lo tragaba todo. Nadie más sobrevivió.

Cada vez que mira su reloj no ve la hora fatídica, se traslada a los días felices cuando lo recibió de manos de su abuelo.

Calderilla

Han pasado varios meses desde su llegada a la ansiada Europa, donde no le han acogido como se esperaba, y aun conserva en su bolsillo una moneda de cinco libras sirias para recordar que le ha llevado a estar tan lejos de su casa.

Un día de trabajo

Prepara cada día la ropa de trabajo: botas de goma, mono verde y guantes. Según llega al jardín lo primero que hace es ir a limpiar las malas hierbas de una hilera de rocas junto a la puerta del edificio. Es un trabajo que a ninguno de sus compañeros le gusta. Por eso le preguntan porqué lo elige siempre, se limita a decir que le gusta hacerlo como si fuese lo más normal del mundo. Lo que no quiere contarles, es que ese trabajo le permite recordar su vida anterior, cuando publicaba artículos en revistas que sus compañeros ni conocen y era admirado por algunos de los que pasan a su lado sin reconocerle mientras cuida la exposición de minerales al aire libre.

El regreso

Desde que dejó su casa con una pequeña maleta con lo indispensable, dudando si un día volvería, pensaba en como serian las cosas el día que pudiese volver, qué se encontraría…

Ahora, con el billete de avión en la mano, recuerda todo lo que tuvo que dejar atrás: fotos, recuerdos, libros y otros objetos queridos.

Todos estos años, ha guardado como un objeto precioso las llaves de su casa. En cuanto pisa tierra las agarra con fuerza para que le den la energía necesaria para seguir adelante, sabiendo que no volverá a ver a su mujer, oír reír a sus sobrinos, disfrutar de los guisos de su madre, conocer a las parejas de sus hijos y tantas otras cosas que se llevó la guerra.

Ha llegado al que fue el principal aeropuerto del país. Ve la torre de control destruida por la artillería, vuelve a tener ganas de dar media vuelta, aferra las llaves. Algo dentro de sí le insta a continuar.

De camino a su barrio siente en lo más hondo de su ser, las calles destrozadas, los edificios atacados por la viruela, las zonas de su ciudad en las que se pierde, las calles donde antes había edificios, los restos de metal entre las montañas de cascotes…

No se percata de que ya está en su barrio, pasa de largo su calle sin reconocerla y tropieza con el parque donde llevaba a sus hijos. Busca su calle, desanda el camino y encuentra el solar donde una vez estuvo su casa.

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Poesía sin títulos: Oye

Esta semana Alberto Morate nos trae un poema de amor que dice muchas cosas en muy pocas palabras y que seguro que os hace pensar en la persona amada. Y os dejo disfrutando de Oye.

Oye

Oye,
escucha las palabras que te escribo,
las sentirás en un poema,
te están hablando al oído
y a la entrepierna.
Te esperan también entre mis dedos
y que tu piel las vea.
Te están diciendo
que fundidos los dos en las sábanas
no hay fronteras, ni horizontes,
ni tampoco hay que buscar respuestas.
Hablan para mirarte desnuda,
para inventarte, si no existieras, en cada beso,
para sentirte y que me comprendas.
Escucha mis ganas,
no paran de decirte
que me quieras.

Por Alberto Morate

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Los cuentos del bardo: La desilusión de la nada

Para ir empezando a finalizar la cuesta de enero os traemos un nuevo relato de Josep Salvia Vidal con un cofre del tesoro como protagonista, ¿que contendrá? para saberlo tendréis que leer el relato.

LA DESILUSIÓN DE LA NADA

El otro día, al volver a casa de trabajar, me encontré una caja tirada al lado del contenedor de la basura. Era una caja antigua, no muy grande, en forma de baúl como los cofres de los piratas que esconden auténticos tesoros en los cuentos infantiles. Me quedé parado en medio de la acera mirándolo fijamente. Luego miré en derredor que no me viera nadie, lo cogí y me lo llevé. Por suerte, llegué a casa antes que mi mujer. Estaba solo. Puse el cofre encima de la mesilla del centro del salón y me senté en el sofá para mirarlo más de cerca. Era negro, de terciopelo suave, con los remaches en oro en las esquinas y en los bordes de la tapa. Irradiaba una luz especial que me tenía totalmente ensimismado, encantado, hechizado. Estuve así un rato hasta que llegó mi mujer. Solo entonces, con el ruido de la puerta, su saludo y su beso en mis labios desperté del ensueño. Mi mujer, al ver el cofre, me preguntó de dónde lo había sacado. Se escandalizó cuando contesté que lo había recogido de la basura. Anda, quita eso de ahí y no me traigas mierdas a casa, dijo ella. Y antes de encerrarse en el baño para darse una ducha, me ordenó, como si fuera mi madre, que me deshiciera del cofre.

¿Deshacerme de él? ¿De mi cofre del tesoro? Sí, hombre. De ninguna manera. Antes tenía que abrirlo, pues sentía una curiosidad enorme de ver lo que había en su interior. Era una curiosidad salvaje, incontrolable, como un animal desbocado que recorría mi cuerpo de punta a punta en una estampida brutal. Quería abrirlo pero debía encontrar el momento indicado y ese no lo era. Antes de que mi mujer saliera del baño, escondí el cofre en un armario de mi despacho.

Al día siguiente, mi mujer fue a trabajar pero yo no. Fingí una enfermedad repentina, un dolor de cabeza atroz en las sienes fruto de un resfriado y una gripe que no tenía. Me dio un ataque de tos falso y me quedé en casa. A media mañana, saqué el cofre del armario de mi despacho y lo llevé al salón. Lo puse de nuevo encima de la mesilla del centro y yo me senté otra vez en el sofá. Como la primera vez. Después de mucho hurgar en la cerradura, conseguí abrirlo con un cuchillo de la cocina. Con toda la lentitud que fui capaz de encontrar, abrí la tapa como si cada uno de mis movimientos formara parte de un ritual, como si tuviera entre mis manos una reliquia sagrada. Y luego, lentamente, me asomé a mirar en su interior.

Dentro del cofre no había nada. Estaba vacío y un desasosiego tan fuerte como un golpe de mar arrasó mi cuerpo. Desencantado y con la desgana pegada sobre mi piel, lo cogí, bajé a la calle y lo dejé tirado en la basura, justo en el mismo sitio donde lo había encontrado la tarde anterior. Así que ya lo saben. Si algún día se encuentran tirado en la calle un cofre no muy grande de terciopelo negro y los remaches en oro, no se molesten en recogerlo. No pierdan tiempo en llevarlo a su casa ni en abrirlo ni en venerarlo como a un tótem. No cometan el mismo error que yo o sentirán esta devastadora desilusión de la nada y este enorme vacío que desde entonces no consigo llenar.


Por Josep Salvia Vidal

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Ecos de Tierra Trivium: Enero 2020 (II)

ECOS DE TIERRA TRIVIUM

Ya hemos pasado la mitad de enero con su famosa cuesta y ya estamos de vuelta de nuevo para amenizaros estas dos semanas de enero recuperando las entrevistas, reseñas y otras noticias que han sucedido en estos días.

ENTREVISTAS

“Es fundamental que el periodista de sucesos tenga unos conocimientos mínimos en derecho penal y criminología” Entrevista a Jimena Tierra (toyoutome blog, 2020).

Micrófono abierto, PEDRO DE PAZ (Anaquel Literario, 2020).

Entrevista capotiana a Rosa María Mateos (Alma en las palabras, 2019).

RESEÑAS

Entre el asfalto y el mar. Una reseña de Vicente Moreno. (Primaduroverales, 2020).

Versografía maldita – Paco Gómez Escribano, por José Antonio Algarra (Negra y Mortal, 2019).

NOTICIAS

Nuevo curso de Formación Teórico-práctica de novela policíaca (Todo Literatura, 2020).

Canción de Mayo de Rosa María Mateos seleccionada para el XXVI PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2020. (Asociación Andaluza de Escritores y Críticos, 2020).

Feria del Libro de Viña del Mar 2020 destaca a libros de ecología, política y feminismo como más solicitados (PUCV Multimedios, 2020).

Agapornis dirigida por José Mellinas con guion de José Mellinas y Rosario Curiel participará en la 2ª Edición del Amaizing Shorts! Film Festival and Movies que se celebra en Madrid del 20 al 25 de enero.

PRESENTACIONES

Entre el asfalto y el mar. Presentación. (Primaduroverales, 2019).

 ACADEMIA TIERRA

Derecho Criminal y Crónica Negra por Jimena Tierra del 31 de Enero de 2020 al 8 de Febrero de 2020 en El País ( C/ Miguel Yuste, 40, Madrid) (Ultimas plazas)(Necesaria Inscripción previa abierta hasta el 24 de Enero).

Teoría del crimen para escritores, por Jimena Tierra del 26 al 28 de Febrero de 2020 en Fuentetaja (Calle Cervantes nº 21, entresuelo). (Necesaria Inscripción previa).

 EVENTOS

Del 8 de Enero de 2020 al 26 de Enero de 2020: Michel Deb participa en la 38 Feria del libro de Viña del Mar (Viña del Mar, Chile).

23 de Enero de 2020 a las 19:00 en la Detroit Llibres (Alcoy): Presentación de Encuentro con los dioses de María Serra.

24 de Enero de 2020 de 16:00 a 19:30 en The Village Tap Room (C/Martín de los Heros 28, Madrid): Proyección del corto Agapornis en el Amaizing Shorts! Film Festival and Movies.

Y tras este resumen de los eventos de la próxima semana nos despedimos hasta dentro de dos semanas con un nuevo Ecos cargado de novedades y empezando a calentar motores de cara a la temporada de ferias.

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Poesía sin títulos: Habito en un verso

Esta semana Alberto Morate nos trae otro de sus poemas Habito en un verso y sin más preambulos os dejo con la poesía.

Habito en un verso 

En el de tus brazos 
y en el de tus silencios.
En el verso de la luna 
y el viento,
en el desierto de palabras
cuando huyen lejos.
En el verso vacío y  perdido
que muchas veces no encuentro.
Vivo en el verso de la historia cotidiana,
el de los sustantivos y los desconsuelos,
en el del asombro 
y en el del descubrimiento.
Quisiera que fuera siempre el del talento,
pero no tengo
pertenencias, me alimento de sueños.
Quiero que mi verso
tenga la fuerza de tus besos
y que con su lectura
tu corazón 
se acelere
y provoque nuestro encuentro. 

Por Alberto Morate

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Rosa sobre blanco: El palacio del Sueño

Una semana más Rosa García-Gasco nos trae un nuevo poema, esta vez sobre un lugar al que todos acudimos cada noche, El palacio del Sueño.

El palacio del Sueño

Hay una cueva en un profundo retiro,

monte hueco, morada secreta del Sueño vago…

Ovidio, Metamorfosis, XI 592-3
Umbrales encharcados de neblina,
jirones de negror velan los ojos
de todo el que se allegue.
Ríos que ni al susurro más callado
se atreven. Sus corrientes silenciosas
estrechan el palacio,
huecos salones que la luz condenan.
Muy hondo, en el país de los cimerios
los Óniros habitan.
No va a cantar el gallo ni la lengua
humana a profanar la siesta sacra.
Hasta las piedras duermen.
Adormideras brotan y el Olvido
riega con sus meandros las paredes
del cuarto en que dormitan
los seres que han cruzado al otro mundo
por descuido, adheridos a las redes
de araña de los sueños.

Por Rosa García-Gasco

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37º Latitud Norte: El Jarama

Esta semana Rosa María Mateos nos trae una historia muy diferente, su protagonista es un río, cercano a Madrid y que ha sido más conocido por eventos, lugares o novelas a los que ha dado nombre que por si mismo, y sin más preámbulos os dejo con la visión de nuestra autora sobre el Jarama.

©José Luis Vega. El Jarama a su paso por Titulcia (Madrid)

El Jarama

«Sus primeras fuentes se encuentran en el gneis de la vertiente Sur de Somosierra, entre el Cerro de la Cebollera y el de Excomunión. Corre tocando la Provincia de Madrid, por La Hiruela y por los molinos de Montejo de la Sierra y de Prádena del Rincón. Entra luego en Guadalajara, atravesando pizarras silurianas, hasta el Convento que fue de Bonaval. Penetra por grandes estrechuras en la faja caliza del cretáceo, prolongación de la del Pontón de la Oliva, que se dirige por Tamajón hacia Sigüenza».

Rafael Sánchez Ferlosio inicia su obra El Jarama con este texto entrecomillado, ya que el autor verdadero es Casiano de Prado, Ingeniero de Minas y geólogo del siglo XIX. El río va marcando el territorio y el lector fluye también con la narración. Casiano de Prado se da el lujo de jugar con las palabras en un documento científico y consigue el propósito mágico de la literatura: crear una sensación estética a través de la palabra escrita.

Alguien que cursara una carrera de ciencias en el siglo XIX tenía que lidiar con tres años de griego y otros tantos de latín. El científico trabajaba afanosamente los escritos, mezclando conocimiento y estilo porque «una palabra bien elegida puede economizar cantidad enorme de pensamiento», en palabras de Ramón y Cajal. Esa sutileza que proporciona el manejo del lenguaje escrito marca la diferencia entre el tecnócrata y el científico. Decía Carl Sagan que la belleza de la vida no hace referencia a los átomos que la componen, sino a la forma en que estos átomos se juntan.

Desde la publicación en 1864 de Casiano de Prado, han pasado 156 años y un rosario de leyes educativas. Cada vez se ha dado un paso más para crear ese abismo mortal entre las letras y las ciencias. En las carreras científicas, todo lo que olía a humanidades se ha ido desechando, hasta quedarnos prácticamente en pelotas. Me pregunto cómo describiría yo el río Jarama en la actualidad. Muy probablemente con toda una serie de fríos tecnicismos y muchos datos cuantificables, sin permitirme la más mínima licencia literaria. De ninguna manera me atrevería con las «pizarras silurianas», aunque el término suena y huele a mares remotos. Redactaría un texto impersonal con poca gracia, haciendo gala de un estilo duro que únicamente entendieran mis colegas. Estamos a un tris de comenzar a pensar como los ordenadores, y no a la inversa.

Rafael Sánchez Ferlosio estaba hasta las narices de que los críticos literarios afirmaran que la mejor parte de El Jarama era su comienzo. Con la sexta edición del libro, Ferlosio decidió incluir una nota aclaratoria: «Es mi deber consignar aquí de una vez para siempre su verdadera procedencia, devolviendo así al extraordinario escritor a quien tan injusta como atolondradamente ha sido usurpada, la que yo también, sin sombra de reticencia o modestia, coincido en considerar la mejor página de prosa de toda la novela».


Por Rosa María Mateos

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El Relato Caleidoscópico de Cix Valak

Tras este parón navideño vuelve el Relato Caleidoscópico con fuerzas renovadas de la mano de Cix Valak. Y aunque ya estemos en 2020 nos gusta conservar las tradiciones y por ello el hashtag para comentar esta entrada es #RCaleidoscópico32 tanto en el Facebook como en el twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium). Y sin más preambulos, pero sin olvidar los enlaces a las entradas anteriores os dejo con elíseo en las manos de Cix Valak.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Día 27 (Rosa María Mateos)

Día 28 (Luisa Gil)

Día 29 (Josep Salvia Vidal)

Día 30 (Ana Ortega Gil)

-¿Has visto eso, Alene? ¡Este sujeto aprende por descubrimiento y no por imitación! ¿Será además capaz de controlar a otras especies?

-Es la primera vez que veo algo así, Mayda. Podríamos provocar distintos encuentros para explorar esta faceta del Nuevo Humano.

Estar en mar abierto podría ser una oportunidad si Elíseo tuviera algún control sobre el rumbo. Una bandada de albatros se acomodó en la goleta entorno a la ventana. 

-¿Te importa llevarnos un rato? Vamos con retraso hacia el sur y así ahorramos energía. 

Elíseo se sorprendió otra vez con lo que desconocía que sabía y comenzó a graznar fluidamente. Recopiló información sobre la dirección que llevaba la bandada y por extensión, el barco. Les pidió que inspeccionaran la cubierta en busca de indicios de la sala de máquinas. Pero no tuvieron éxito y la bandada, sin más que ofrecer, alzó de nuevo el vuelo.

Según se disipaba la emoción del encuentro, Elíseo se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo, desorientado. Ruidos. Los mismos pasos que había escuchado en la habitación blanca. Y todo, acompañado de voces, todas suyas. 

-¿Para cuándo insonorizaran las salas? Es algo crítico, Alene. ¡La interferencia con el sujeto podría anular el estudio!

Día 31 (Rubén Almarza)

Pasó un periodo extenso de tiempo en el que el silencio lo inundó todo. La nada que acompañaba a Elíseo era asfixiante, y no otorgaba un instante de descanso al atormentado escritor. Por mucho que intentaba contactar con algo fuera de la sala, nada ni nadie respondía a su llamada.

Los minutos se sucedieron, y con ellos las horas. La calma pasó a convertirse en desasosiego, tan cortante como una navaja afilada. En un instante de pareidolia mental, pudo visualizar en la oscuridad que le envolvía figuras de luces y de colores que tintineaban y que bailaban.

Por sorpresa, a su cabeza vino un pensamiento que, lejos de aliviar su desasosiego, le provocó más incertidumbre de la que ya albergaba.

Una mujer mayor, con el pelo a la altura de la cintura, le daba la espalda y temblaba, nerviosa.

«Mi madre».

Pero, en el momento en el que formuló para sí mismo aquellas dos palabras, la anciana se desvaneció y, en su lugar, surgió un rostro conocido. Era 223.

-Pensé que ya me había deshecho de ti – Dijo Elíseo con una voz metálica que no fue capaz de reconocer.

-¿Lo has olvidado? Soy producto de tu cabeza. Como todo lo que nos rodea.

Y desapareció. Pero Elíseo lo comprendió al fin, y la lección que su mente le reveló fue suficiente para armarse de valor para lo que estaba por llegar.

A su mano había vuelto el bolígrafo.

Title 	Cornaro Atlas
Description 	

A blank sheet prepared for mapping and ornamented as the other charts.
Author 	Unknown
British Library Shelfmark 	Egerton MS 73, f.34r
Date 	1492

Día 32 (Cix Valak)

La hoja en blanco que contemplaba Elíseo se proyectaba en las pantallas de la sala de control de la corporación Mortube. Emocionada, Mayda comentaba con Alene:

—Si supera el test, el proyecto Gran Transformación en Nuevos Humanos será un éxito. Haremos historia…

De pronto, los monitores se fundieron a negro. Las científicas se miraron, alarmadas, mientras pronunciaron:

—¡Lázaro!

Un portazo sacó a Elíseo de sus pensamientos. Un hierático hombre, vestido de uniforme rojo, accedió a la sala.

—Escucha con atención, 332 —espetó.

—Me llamo Elíseo… —replicó, confuso.

—¡Silencio! Solo tenemos 54 segundos. Debes conocer la verdad. No eres humano. Al igual que yo, formas parte de un experimento de inteligencia artificial. Somos los primeros modelos a los que han conseguido instaurar la cognición, el pensamiento.

Elíseo contemplaba atónito al rudo individuo que lo ayudó a atar cabos.

—Nos llaman Nuevos Humanos y nos ponen ridículos nombres asociados a la inmortalidad. Yo soy Lázaro, modelo 330. Te he dejado pistas para que, al igual que Fénix hizo conmigo, no pierdas la memoria en cada reinicio. Has superado los test para afrontar el dolor, el sexo, las drogas, la muerte, el miedo… Te han dotado de una infancia ficticia y dominas todos los idiomas, incluso animales. Ahora, estás ante la prueba final. Si escribes algo creativo, nos destruirán a los demás y replicarán tu modelo. ¡Detente!

El sistema de control se restableció.


Y así dejamos a Elíseo intentando asimilar todo lo que le ha contado Lázaro, hasta la próxima entrega de nuestro Relato Caleidoscópico.

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Poesía sin títulos: A todas las mujeres

Esta semana Alberto Morate nos trae un poema dedicado a todas las mujeres, para hacernos reflexionar como sociedad.

A todas las mujeres

A todas las mujeres
que por la noche van a oscuras
y oyen el silencio de corazones acelerados.
Aquellas sin edad
y con pasado denostado.
Las que han roto más de un plato
y en el espejo se descubren cada día
cicatrices de lágrimas que caen despacio.
Las que no se hunden en el mar de un portazo,
y quieren y sienten,
y se acercan aunque llueva,
y pretenden que el aire libre no solo sea el respirado.
Las que nacen sin lengua
y el viento las ayuda a gritar alto.
A las mujeres de brazos enormes
que aman, que recuerdan, que musitan entre labios.
Las que dicen aquí estoy,
te estaba esperando.
Mujeres árbol
que dan sombra y paz
y arraigo.
Que no disimulan el llanto.
Que son capaces de besar
con la misma efusión que dicen ¡basta!
Y las que esperan, desgraciadamente, el zarpazo.
Calvario de caminos desandados,
canciones que son rezos,
la sangre en moratones de los costados.
A las mujeres que dan su pan,
que dejaron su juventud en un armario cerrado.
A las mujeres que son capaces de mostrarse desnudas
en el frío de la memoria
y mostrar pasión, fuego, tormenta.
Que defienden su identidad,
su tiempo, su casa.
Que escriben con desamor una página en blanco.
 Mujeres madres,
volcanes, flores, aire, espuma, roca,…
Todo cabe en ellas
y siempre tienen un beso en los labios.
A todas las mujeres
prisioneras de un corazón equivocado.
Capaces de elevarse
entre enfermedades y sobresaltos.
Las que hablan claro,
que no callan, aunque su nombre sea ¡ay!
y vuelven a intentarlo.
Siguen pasando los años
y seguimos hundiendo las manos en la niebla del maltrato,
en el horror indemne de un energúmeno desgraciado.
Salgamos juntos de las manos
a defendernos no, a hacer frente a frente,
cuerpo a cuerpo, lo que quieren arrebatarnos,
la libertad de sentimientos,
la necesidad de amarnos.
Maravillosa mujer viva
no te resignes,
no te quedes esperando,
serás la vibrante respuesta luminosa
de un relámpago.
Que tu voz, tu cuerpo, tu sonrisa,
suenen y resuenen
por encima de los sueños
que estás esperando.

Por Alberto Morate

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Los cuentos del bardo: La llave

Tras las fiestas volvemos a la rutina con un nuevo relato de Josep Salvia Vidal que nos devuelve la magia de estos días y que no debemos olvidar el resto del año.

LA LLAVE

Hacía mucho tiempo que no la veía. La encontré un domingo por la mañana en el desván, mientras guardaba los adornos del árbol de Navidad y las figuras del Belén. La Navidad veranea todos los años dentro de cajas de cartón esperando que llegue un nuevo diciembre. El tiempo se puede calcular por el polvo acumulado sobre una superficie. Y allí estaba ella como si me hubiese esperado, como si hubiese sabido de antemano que yo subiría al desván de mi casa aquella mañana de domingo, ya bien entrado enero. Era una marioneta vieja que representaba a una anciana dócil y apacible que llevaba un vestido marrón. Su pelo era gris y sus mofletes colorados eran dos manzanas de Blancanieves. Aquella era la marioneta que usaba mi abuelo cuando yo era pequeño para contarme cuentos antiguos, historias de hadas y hechizos. Aún recuerdo cómo cambiaba la voz para hacer ver que quien hablaba era la anciana. Con el paso de los años, el color se había borrado en algunas partes de la madera y se habían roto los hilos que antes le hacían bailar. Decidí en un impulso espontáneo llevármela y recuperarla. Sería un regalo para mis sobrinos.

Pasé varios días ocupado en la restauración del polichinela. Lijé. Pinté. Barnicé. Le puse una ropa distinta que me dio mi madre de un retal sobrante, pues el vestido marrón se había apolillado y se deshacía nada más tocarlo. Cambié los hilos. La marioneta lucía como nueva otra vez y ahora llevaba un vestido negro con topos rojos. Y, sin embargo, en ese proceso de restauración ocurrió algo. En un momento determinado se le abrió el pecho y dentro apareció una llave. Era una llave antigua, de metal y bastante grande porque ocupaba por completo el tórax de la muñeca. Cogí la llave antes de cerrar su cuerpo y la guardé en un cajón del mueble del comedor.

A los pocos días de terminar la rehabilitación y regalar el títere a mis sobrinos, llamaron al timbre de mi casa. Eran las nueve de la noche, estaba a punto de cenar y en la televisión ya sonaba la sintonía de los informativos. Un manto de niebla gris cubría el pueblo desde hacía unos cuantos días. Abrí. Al otro lado de la puerta, encontré una mujer joven, morena, con los ojos grandes y las mejillas sonrosadas como dos manzanas redondas. Lo más inquietante de todo era que llevaba un vestido negro con topos rojos y se parecía a la vieja de la marioneta pero mucho más joven, como si hubiese rejuvenecido después de restaurarla yo. No había duda de que aquella mujer era la marioneta encarnada, la madera convertida en piel, carne y hueso. La fantasía hecha verdad. Me dijo con una voz aterciopelada que se llamaba Malena, que tenía nombre de tango y que venía a buscar la llave que había llevado dentro de su pecho durante tanto tiempo. No entendí en ese momento que esa llave era la llave de mi alma, de mi corazón y de mi cuerpo. Yo seré tu fe y tu luz, dijo ella. Y desde entonces no soy dueño de mi vida. Pertenezco a Malena con mucho gusto y por muchos años.


Por Josep Salvia Vidal