Esta semana volvemos a tener la visita de Rosa María Mateos con una nueva y divertida historia que quizás al final no sea tan descabellada, y que nos debería hacer reflexionar a todos. Así que os dejo en manos de La cebra, el cocodrilo y la pantera de Rosa María Mateos, eso sí no me hago responsable de los posibles bocados.
La cebra, el cocodrilo y la pantera
Mi amiga Laureana (alias la Loren) lleva un par de meses en Laponia estudiando el Calentamiento Global, y eso que la muchacha es de un pueblo de Sevilla, que saben un rato del tema. Me ha enviado esta foto de una cebra merodeando por el bosque de su casa, donde ya han caído las primeras nieves. La Loren siempre ha sido muy envidiosilla y seguro que ha leído lo de la pantera de Granada y el cocodrilo del Pisuerga. Laponia no iba a ser menos…
El mundo se ha vuelto loco. Puede ser el Coronavirus, el Calentamiento, los Ciclos solares, Trump, el Punto G o el 5G, pero hay una realidad innegable: los animales han decidido aparecerse como la Niña de la Curva. Los expertos lo llevan advirtiendo hace mucho tiempo: nos estamos cargando los ecosistemas y vamos de cabeza hacia la Sexta Extinción. Normal que los animales se tomen la revancha ahora que nos ven agazapados.
Esto no ha hecho más que empezar. Mientras los humanos andamos arrodillados ante un ser microscópico con un ARN diabólico, cumpliendo los delirantes dictámenes de nuestros líderes, ellos –mamíferos, reptiles y otros bichos terrenales– han visto el campo abierto. ¡Ancha es Castilla! Gritan al unísono. Afortunadamente, al no tener derechos tampoco tienen obligaciones y, por primera vez a escala mundial, nosotros estamos más jodidos que ellos.
Jamás un mundo tan globalizado había tenido tantos territorios. Con el virus se ha cumplido un objetivo muy esperado: democratizar la ignorancia, que ya es tan válida como el conocimiento. Entre mercachifles, salvapatrias, opinadores, traficantes, odiadores e iluminados, ya no cabe un listillo más en este Arca de Noé. ¿Qué tal se vive enjaulado y con bozal? Preguntan nuestros hermanos cuadrúpedos. Con estas apariciones «marianas», la Naturaleza envía emisarios para comprobar que seguimos bajo su yugo. Se venga así de una especie depredadora y adicta a la salvación.
Envidio a esa cebra loca de la Loren que salta meridianos y paralelos sin obedecer a razón alguna. Quizás solo quiera conocer el Polo Norte y dejarse mecer en la banquisa al vaivén de las olas. Mi amiga dice que la escucha aullar por las noches, con un llanto seco de sabana africana. Mucho me temo que sea una mutación cebril.
Al cierre de esta reflexión, la pantera de Granada y el cocodrilo del Pisuerga han iniciado una historia de amor. Se les ha visto por los olivares comiéndose (literalmente) a besos. Como esto siga así, me tiro al monte a ver si encuentro uno de esos leones de cabellera suelta y me reconcilio con la Naturaleza.
La libertad es no tener miedo, que decía Nina Simone.
Por Rosa María Mateos