Los cuentos del bardo: El guante de Rita

En este miércoles de mediados de Julio nuestro querido bardo nos trae una de sus reflexiones mientras escribe su relato para la revista, esta vez con un recuerdo a Rita Hayworth y su actuación en Gilda, sin olvidar ese giro final marca de la casa. Así sin más preambulos os dejo con El guante de Rita por Josep Salvia Vidal.

Imagen de Rita Hayworth en Gilda mientras se quita el guante.

EL GUANTE DE RITA

Es la noche de un día cualquiera de verano. Las manecillas del reloj marcan obedientes las diez. Encima de la mesa, un plato y dos cubiertos atesoran los restos de la cena como un tesoro sucio. Un poco más allá, mi ordenador portátil que aún está caliente después del trabajo ahora descansa. Hace un rato que he terminado un relato para esa revista virtual con la que colaboro con mis historias. Me falta otro porque envío dos cada mes. Recojo. Friego. Limpio los cacharros y ordeno la cocina mientras le doy vueltas al cuento que ya he escrito y al que me queda por escribir. Después me desplomo en el sofá y me hundo en él como si estuviera hecho de arenas movedizas. Yo mismo siento que estoy hecho de barro. Será el cansancio que pronto se convertirá en sueño. Será la necesidad del descanso.

La televisión lleva bastante tiempo encendida sin que le haya prestado la más mínima atención. Para qué. Los informativos mejor sería no verlos. Cojo el mando a distancia y saltando de canal en canal tropiezo con una película en blanco y negro. Es Gilda y justo acaba de empezar. Apenas Johnny Farrell ha lanzado sus dados trucados por primera vez en los arrabales de Buenos Aires. Sonrío. Me pongo cómodo. Dejo el mando a un lado. Ya tengo plan. Un plan inesperado.

La película transcurre entre la luz y la sombra de la monocromía y llega la escena clave, el momento cumbre. Gilda, borracha, interpreta sobre la pista de baile del casino de Buenos Aires la canción Put the blame on Mame. Luciendo un largo y ceñido vestido negro y dos guantes a juego, Gilda se quita el derecho y lo tira al público en un sensual y escueto striptease. Me seduce por completo. Por eso, la bofetada que Johnny Farrell le atesta tras anunciar que después se desnudará por completo me duele también a mí.

La película termina con Gilda y Johnny Farrell dándose una nueva oportunidad para el amor. Nunca está todo perdido. Apago la televisión, enciendo las luces y me levanto del sofá dispuesto a irme a la cama mientras tarareo la canción. Put the blame on Mame, boys, put the blame on Mame. Evidentemente, ella lo hace mejor que yo. Miro el reloj y son casi las doce de la noche. La hora bruja. La esquina donde doblan los días y se unen en la cadena interminable del tiempo. Avanzo solo unos pasos porque descubro que hay algo extraño en el suelo. Es un trozo de tela negra. Me agacho. Asombrado, descubro que es el guante de Rita. Me lo pongo y decido dormir con el guante puesto a pesar de que me aprieta un poco. Mañana tendré una marca en el brazo derecho y en esa marca estará la inspiración para escribir otro relato.


Por Josep Salvia Vidal

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