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Una chica tumbada en una cama

Relatos al calor de la hoguera: Viaje (II)

Esta semana Jaguar Negro nos trae la continuación de su relato Viaje, en el que nos dejó con el corazón en un puño con el final. Así que sin poder desvelaros nada de la continuación os dejo con Viaje (II).

VIAJE (II)

No había contado nunca con esta posibilidad. Y no tengo ni idea de cómo buscarlo. ¿Y si me arriesgo a salir de este, de Shane, y luego no puedo retomarlo? Al fin y al cabo, Shane se murió, supongo que si abandono este cuerpo, quedará sin vida. Resucitar no es una capacidad propia de los viajes astrales. Ya me he saltado demasiado los manuales, al ocupar un cuerpo ajeno. ¿Cómo voy a encontrar mi cuerpo? Sólo se me ocurre una posibilidad. Que haya sido ocupado por un alma errante. Y si es así, hasta no encontrar paz ella, yo no podré volver a mi cuerpo. Sí, pero, ¿por dónde empezar? Me tumbo en mi cama, con Shane aún al volante. He leído algo sobre ocupar otros cuerpos. Hay poco en la materia, pero lo que se conoce es que el resultado final siempre es desastroso. Busco mis libros sobre los viajes astrales, desesperada y sollozando, leo los índices, en busca de alguna respuesta. Nada. NO encuentro ni un solo caso similar. Tendré que actuar por mi propia intuición. Y esta me dice que no será fácil. ¿Por dónde empezar? ¡Ah, claro, ir a la policía y denunciar mi desaparición! Perfecto. Salgo a toda prisa a comisaría y de camino recuerdo que no tengo relación de parentesco conmigo misma. Necesito a mi madre. Voy por ella, se lo explicaré.

No ha sido tarea sencilla explicarle a mi madre mi situación. Desconsolada, viene conmigo a comisaría y ponemos la denuncia. Para que nos hagan caso hemos dicho que yo sufría depresiones graves y tememos por mi vida. La policía ha diseñado el dispositivo de búsqueda. Ahora hay fotos mías repartidas por sitios clave de Madrid. Al día siguiente, se recibe una llamada anónima. La joven ha sido vista en un hostal. Se ha registrado con un nombre inglés. La policía la encuentra y la lleva a interrogar. Cuando se encuentra cara a cara con mi madre, la joven, ahora llamada Alexandra, afirma no conocerla de nada. Tampoco lleva documentación. Como extranjera indocumentada es detenida y pasará el máximo de setenta y dos horas, tres días, en el calabozo. Mientras tanto, los agentes intentan por todos medios averiguar su identidad. No parece bastante la palabra de mi madre, de modo que recojo mi DNI y mi pasaporte y acudo de nuevo a comisaría. El comisario comprueba las huellas digitales, efectivamente, coinciden con la documentación. Deciden tratar el caso como enfermedad, y nos entregan a Alex, con mi cuerpo, tras ser entrevistada por la psicóloga, con el consejo de ir a un centro psiquiátrico.

Estoy agotada y derrumbada. A la fuerza traemos a Alex a un hospital. Tras reconocerla, el informe médico afirma que padece estrés post traumático, probablemente la causa de su amnesia. La dejan ingresada en observación, veinticuatro horas. Exactamente el tiempo del que yo dispongo para recuperar mi cuerpo. He pedido a los médicos que me dejen quedarme con ella, pero como no tengo relación familiar no me lo han consentido. Pero he convencido a mi madre, pobrecita, después de todo lo que ha pasado… Va a pasar la noche con Alex, y yo puedo subir un ratito por la mañana. Tengo unas horas para diseñar un plan.

Después de releer todos mis manuales sobre viajes astrales y buscar en Internet sobre intercambio de cuerpos y posesión, no encuentro nada más que cosas macabras, de demonios. No es mi caso. Tendré que actuar por intuición. Y eso me dice que debo lograr poner en máxima sedación a Alex, para que pueda bajar a un nivel profundo de sueño, y allí, donde el alma es más liviana y la mente vaga por mundos ajenos a la realidad, estará en su punto de máxima vulnerabilidad. Me cargo de somníferos, de un compuesto que ya he tomado antes y no me hace daño. Sé la dosis exacta para pasarme un poquito de la raya, sin provocar daños. Se lo he dado a mi madre, con la consigna de suministrárselos a las once de la noche, cuando pida un vaso de leche. Eso me asegura que a las nueve de la mañana seguirá profundamente dormida.

Llego por la mañana al hospital, subo a visitarla. Efectivamente, está en un sueño profundo. Me tumbo a su lado. Comienzo la regresión.

10, 9, 8… 3, 2 1. Imagino mi propio cuerpo, sus sensaciones, su peso, su olor. Dirijo toda mi fuerza mental hacia mi cuerpo, tumbado y sedado a mi lado. Salgo del cuerpo de la drogadicta Shane, y veo la escena desde un ángulo superior. Ambos cuerpos tumbados en paralelo en la cama del hospital, la puerta cerrada con un sillón. Mi alma, ahora de nuevo errante, intenta colocarse en su sitio, pero no puedo. Mi cuerpo me rechaza, ya está ocupado. Lo intento varias veces, con toda la fuerza mental que poseo. Nada. Mi cuerpo es una fortaleza inexpugnable. Paso una hora vagando por la habitación. No puedo admitir la situación. Pero no sé cómo volver a mi cuerpo. Dirijo mi atención al cuerpo tendido de Shane. Me acerco a ella. No tengo entidad física, no puedo tocarla. Su aspecto me asusta. Decido, al fin, volver a ser huésped del cuerpo de Shane.

¡¡Shane está muerta!!


Por Jaguar Negro

Un comentario en «Relatos al calor de la hoguera: Viaje (II)»

henar.tejero

Magnífico relato, lleno de imaginación. Esperaremos ansiosos la tercera parte. Felicidades amiga.

9 marzo, 2021 a las 8:09 pm

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