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37º Latitud Norte: Tarde de serenatas

En este cálido domingo de agosto Rosa María Mateos nos trae una nueva historia, esta vez no hay ficción en sus palabras, nos habla de la visita que la dos veces premio novel Marie Curie y su hija Ève hicieron a Granada en abril de 1931. Una visita que desconocía y que me ha alegrado conocer de su existencia, y más el contenido de las declaraciones que hizo Marie Curie.

Tarde de serenatas

La visita de Madame Curie y su hija Ève a Granada (1931)

Hilvanar con pequeños retazos lo ocurrido hace 89 años en el brevísimo periodo de tiempo que discurre entre dos atardeceres primaverales, representa una tarea minuciosa. La visita a Granada de Marie Curie y su hija Ève, el 28 y 29 de abril de 1931, apenas dejó vestigios, salvo unas breves reseñas en el periódico El Defensor de Granada, una fotografía en el Patio de los Leones, y unos sucintos comentarios de la propia científica en sus cartas personales.

El contexto en el que se produce la visita es muy singular, apenas 14 días después de la proclamación de la Segunda República Española, y en un ambiente de ilusión y euforia por transformar y modernizar el país. La revolución espiritual europea contra el aire sofocante y enrarecido de lo tradicional acabó contagiando a España. Aquél fue un ambiente de entreguerras donde lo novedoso y extravagante era bienvenido; un periodo trepidante en el que la gente recibía con entusiasmo los descubrimientos y adelantos científicos, que eran objeto de debate en las tertulias de los cafés. Madame Curie y Albert Einstein eran personajes públicos de alcance internacional; tan conocidos como lo son hoy Messi y Cristiano Ronaldo. Marie Curie resume así su impresión de nuestro país en una carta que dirige a su hija Irène: El ambiente que vemos en la joven República es de alegría, y emociona ver qué confianza tienen en el porvenir los jóvenes y muchos de los mayores. Deseo muy sinceramente que no sufran demasiadas decepciones. No sabía la pobre mujer lo que nos tenía preparado el futuro, a los europeos en general, y a los españoles en particular.

Aunque el viaje por España tenía un carácter privado, el gobierno provisional de la República, encabezado por Niceto Alcalá-Zamora, puso a disposición de la científica un vehículo del Servicio Rápido Militar, con chófer incluido. Lo de Rápido era una sutileza republicana. Marie Curie tenía 64 años, y su joven hija apenas 27. Se sabe que el coche pasó a las siete en punto de la tarde del 28 de abril por la Calle Real de Pinos Puente, procedente de Córdoba, y que llegó a las puertas del Hotel Alhambra Palace de Granada poco antes que desapareciera la luminosidad de la tarde.

Dado el carácter reservado y un tanto hosco de la polaca (Einstein decía de ella que tenía el alma de un arenque), no quiso anunciar ni dar conocimiento alguno de su llegada. Pero no contaba la señora con el espíritu resuelto y emprendedor de los andaluces a la hora de agasajar, quiera o no el invitado. El chivatazo partió del Sr. Antonio Gallego Burín, profesor de la Universidad de Granada, que ocupaba entonces el cargo de delegado del Patronato Nacional de Turismo. Don Antonio envió un telegrama anunciando la visita de las Curie y, en tan solo unas horas, las autoridades granadinas improvisaron un desfile estudiantil para recibir a tan ilustre visita. Al descender del automóvil un grupo de estudiantes del primer curso de Medicina recibió a las recién llegadas dispensándoles una cariñosa acogida. Según parece, la tuna de Medicina salió al quite con unas cuantas serenatas, y se pueden imaginar la cara de sorpresa de las dos damas ante unos jovenzuelos con capa pegando panderetazos al ritmo de Clavelitos. Después de esta profunda emoción, lo mejor les estaba esperando en el vestíbulo del hotel: a su entera disposición señoras, dirían con una reverencia todos los caballeros ilustres de la ciudad.

A la mañana siguiente, la comitiva estaba de nuevo esperándoles para visitar la Alhambra. En este punto deben fijarse en la fotografía. Marie Curie es una mujer mayor, que viste de manera espartana y un tanto humilde; ¿cómo pedir glamour a una señora que ha pasado la vida en la penumbra de un laboratorio? Tiene un semblante serio y sostiene con desgana un ramo de flores que parece que va a echar de un momento a otro a los leones. En su lenguaje corporal se interpreta que está hasta las narices de tanto agasajo. A su izquierda está Ève, ausente, mirando al infinito, evitando robar el protagonismo a su madre. La joven Curie despertó gran admiración entre los estudiantes y en la prensa granadina: Como teníamos anunciado, ayer tarde llegó a nuestra ciudad la ilustre científica Marie Yhlodovoska (sic) de Curie, acompañada de su bellísima hija. Nuestra cordial bienvenida a la preclara doctora y a su simpatiquísima hija. Todo son superlativos para la niña. Más tarde, en sus cartas personales, Marie Curie reconoce las conquistas de su hija en este viaje por España.

Las Curie fueron huéspedes ejemplares: visita corta y marcha rápida. En el vehículo de la República se alejaron aquellas dos mujeres que volaron por los aires todos los esquemas de una época. Lean la despedida que les dedicó la prensa granadina: Nuestras autoridades cumplimentaron a la insigne viuda de Mr. Pedro Curie y a su hija, despidiéndose momentos más tarde .

Mr. Pedro Curie llevaba 25 años criando malvas en un cementerio parisino, pero aún recogía el buen hombre los laureles del reconocimiento. Ya lo dijo Einstein: una de las claves del éxito es saber mantener la boca cerrada.


Por Rosa María Mateos

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