Un hombre midiendo la longitud de la falda de una bañista de principios del siglo XX

37º Latitud Norte: Amor de entreguerras

Este domingo mientras seguimos en casita, Rosa María Mateos nos trae una historia de hace un siglo, cuando había metrocensores en las playas. Y poco más os puedo decir sino que disfrutéis de este Amor de entreguerras de Rosa María Mateos.

Amor de entreguerras

En un encuentro de escritores noveles, que no jóvenes, donde casi todos superábamos lo que mis amigos mallorquines llaman el bell mig de la vida, conocí a una señora muy singular que debía haber cruzado ya la barrera de los setenta. Era de un país de la cordillera andina y arrastraba las palabras –casi sin respirar– en un castellano primigenio. Se dormía entre las pausas porque andaba más preocupada en soñar las historias que en escribirlas. Sin embargo, en los cafés se desquitaba haciendo gala de una literatura oral desproporcionada, rica en matices y alocada en argumentos.

En uno de esos tentempiés me contó la historia de su abuelo Hermenegildo, oriundo de un pueblo costero del País Vasco que limitaba con Francia a través de una secuencia infinita de estratos verticales. En aquel periodo de entreguerras, el pueblo se había puesto de moda como destino veraniego de la burguesía más pudiente. Eran tiempos de apertura al mundo y rupturas tectónicas del orden establecido. Las mujeres europeas dejaron de ser las tímidas mojigatas de antaño para moldear la vida a su antojo. Tiraron los corsés a la basura, se deshicieron de velos y sombrillas, acortaron el vestuario para dejar las piernas y los brazos al viento y se adueñaron del sol con la espuma marina.

El abuelo Hermenegildo era un hombre de bien, sin ninguna aspiración distinta que la de vivir tranquilo. Como funcionario del ayuntamiento aceptó durante los veranos un oficio peculiar que requería de un espíritu sosegado como el suyo: había de asegurar el decoro en la playa y comprobar que ninguna dama llevara las faldas de baño más de diez centímetros por encima de la rodilla. El metrocensor cumplía su trabajo con parsimonia y nobleza cartesiana sin sospechar que su mujer le había trucado el metro para favorecer a las mujeres. Gracias a doña Emma Johnson, entre las capas de roca y las olas de arena, paseaban damiselas con las faldas más cortas que se habían visto jamás en el Cantábrico.

Nadie en el pueblo sabía del verdadero origen de la abuela Emma, poco más allá de que había llegado en un barco inglés años atrás para quedarse en aquella ensenada de pescadores. Ni siquiera el abuelo Hermenegildo sospechaba que su mujer venía huida de la justicia. Se casó enamorado hasta la cinta del sombrero con una de las sufragistas británicas más activas del movimiento. La señorita Johnson era especialista en sabotear líneas eléctricas, corte de ferrocarriles y la mayor experta en la fabricación de bombas caseras. Eso sí, no tenía delitos de sangre porque sus artefactos eran de mucho ruido y pocas nueces.

Esta historia me contó la condoresa andina apurando un café a media tarde. Quería escribir una novela con la biografía de sus abuelos y no sabía por dónde empezar.

—¿Y si me escribe usted las primeras líneas? Para que yo pueda ir tirando del hilo —me dijo.

Y como no puedo negarle nada a una mujer que habla con diamantes en la boca, me animé a escribir este pequeño cuento para ella.


Por Rosa María Mateos

37º Latitud Norte, Noticias, , , ,

Written by Ignacio J. Dufour García

Madrid, 1984. Ingeniero Industrial por la Universidad Carlos III de Madrid. En 1998 obtiene un premio especial en el concurso literario de la Asociación Cultural El Molino, de Alpedrete, con el relato «Max y el país del centro de la Tierra». Entre octubre de 2007 y diciembre de 2007, realiza un curso de escritura creativa con Domenico Chiappe en la Universidad Carlos III de Madrid. Entre 2010 y 2013, colabora en la organización de las semanas del Día del Libro de la Universidad Carlos III de Madrid. En 2013 publica varias reseñas en la revista ORSAI. En enero de 2014 colabora en la revista digital i3 de la Universidad Carlos III de Madrid con un artículo sobre su experiencia en los clubes de lectura. En febrero de 2014 participa en la antología El enemigo interior, de la editorial Playa de Ákaba, con el relato «¿Y quien es él?» En abril de 2014 participa en la antología El doctor Trelawney, de la editorial Playa de Ákaba, con el relato «Un día de playa». En 2015 participa en el concurso de relatos Ojos de cuentista azul, de la editorial Playa de Ákaba, con el relato «El despertar». En 2016 participa en las antologías Generación Subway (IV, V, VI y HUB); Refugiados; Ángel de nieve; Ulises en la isla de Wight; Crímenes callejeros; No me silencies, Escúchame; El oasis de los miedos; Personajes de novela; Cuentos de Navidad II y Semillas de Bosque, de la editorial Playa de Ákaba. Además, participa en la revista «Esencias de Ákaba» y en el libro de entrevistas Hablar de libros es bueno, de la editorial Playa de Ákaba. En enero de 2017 es finalista del concurso de microrrelatos #NavidadCaoba, del blog «La Vida de Color Caoba». Durante 2017 es coeditor de la antología Cosas que nos importan, de la editorial Playa de Ákaba, y participa en las antologías de la editorial Playa de Ákaba Generación Subway VII Y VIII; Ulises en el Festival de Cannes; Mujeres sin Edén. Además participa en la antología Microcuentos 451, de Kelonia Editorial. En enero de 2018 recibe el primer premio del concurso de microrrelatos #AñoCaoba, del blog La Vida de Color Caoba. En 2018 ha cursado el taller de escritura creativa impartido por Rafa Caunedo en Grupo Tierra Trivium y el taller Erase una vez... de Nona Escofet. En la actualidad, compagina la escritura de un libro de relatos cortos de ciencia ficción con las entrevistas que publica quicenalmente en la Revista Tierra. Tiene dos novelas, una de aventuras y otra negra, en proceso de reescritura.

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