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El Relato Caleidoscópico de Virginia González Ventosa

Como os adelantaba en la anterior entrada del Relato Caleidoscópico, esta cuarentena nos ha permitido recuperar la historia. Así que esta semana Virginia González Ventosa nos trae una nueva entrega de Elíseo. Y aunque nos seguimos quedando en casa el hashtag será #RCaleidoscópico34 que podéis usar tanto en el Facebook como en el Twitter del Grupo Tierra Trivium (@TierraTrivium). Y para abrir boca podéis leer las entradas anteriores antes del nuevo fragmento de Virginia González Ventosa.

Primer Intermedio (Ignacio J. Dufour García)

Día 22 (Salvador Ramírez)

Día 23 (Eva Palomares)

Día 24 (Joan Roure)

Día 25 (Haizea M. Zubieta)

Día 26 (Adolfo Pascual Mendoza)

Día 27 (Rosa María Mateos)

Día 28 (Luisa Gil)

Día 29 (Josep Salvia Vidal)

Día 30 (Ana Ortega Gil)

Día 31 (Rubén Almarza)

Día 32 (Cix Valak)

La hoja en blanco que contemplaba Elíseo se proyectaba en las pantallas de la sala de control de la corporación Mortube. Emocionada, Mayda comentaba con Alene:

—Si supera el test, el proyecto Gran Transformación en Nuevos Humanos será un éxito. Haremos historia…

De pronto, los monitores se fundieron a negro. Las científicas se miraron, alarmadas, mientras pronunciaron:

—¡Lázaro!

Un portazo sacó a Elíseo de sus pensamientos. Un hierático hombre, vestido de uniforme rojo, accedió a la sala.

—Escucha con atención, 332 —espetó.

—Me llamo Elíseo… —replicó, confuso.

—¡Silencio! Solo tenemos 54 segundos. Debes conocer la verdad. No eres humano. Al igual que yo, formas parte de un experimento de inteligencia artificial. Somos los primeros modelos a los que han conseguido instaurar la cognición, el pensamiento.

Elíseo contemplaba atónito al rudo individuo que lo ayudó a atar cabos.

—Nos llaman Nuevos Humanos y nos ponen ridículos nombres asociados a la inmortalidad. Yo soy Lázaro, modelo 330. Te he dejado pistas para que, al igual que Fénix hizo conmigo, no pierdas la memoria en cada reinicio. Has superado los test para afrontar el dolor, el sexo, las drogas, la muerte, el miedo… Te han dotado de una infancia ficticia y dominas todos los idiomas, incluso animales. Ahora, estás ante la prueba final. Si escribes algo creativo, nos destruirán a los demás y replicarán tu modelo. ¡Detente!

El sistema de control se restableció.

Día 33 (Inés Moreno)

Elíseo sintió el peso de la responsabilidad en la mano que sostenía el bolígrafo, como si
la fuerza de la gravedad se hubiera multiplicado en los últimos segundos, hundiéndolo.
Nada tenía sentido. Y sin embargo aquél hombre acababa de dibujar ante él una nueva
realidad: la posibilidad de dibujar el futuro de la inteligencia podía estar en su poder en
ese momento, en ese bolígrafo. ¿Qué opciones tenía? Podía responder al ruego de
Lázaro para salvar la vida de los Nuevos Humanos. Sentía que debía hacerlo. Pero…
Hizo memoria en su sistema, repasando todo lo que había aprendido hasta el momento.
La Humanidad había reproducido en su cabeza los mismos errores del pasado, los
mismos sesgos, pensamientos absurdos, odio hacia lo diferente… La sexualización de
las enfermeras o el respeto que sintió por Lázaro provenían de las idiotas ideas que
habían guiado hacia la humanidad hasta casi la extinción. Recordó la mujer de largo
cabello que se le había aparecido y una nueva idea comenzó a dibujarse en su mente…

Comprendió entonces que tenía otra opción. Si era el nuevo humano podía aprender a
partir de nuevos pensamientos. Y si de él dependía el nuevo rumbo de la humanidad,
decidió que ya era hora de cambiarlo. Tomó con determinación el bolígrafo y escribió:

«Me llamo Hipatia.»

Cinta de Möbius

By David Benbennick - Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50359

Día 34 (Virginia González Ventosa)

A partir de ese momento, Elíseo inventó nuevos vocablos y nuevas formas de entrecruzar las palabras, creando un lenguaje más universal y completo. Imaginó historias más justas y equitativas, que permitieran el desarrollo de una sociedad más humana, donde lo colectivo primase sobre el individualismo y donde nadie fuese más que nadie. Si en su poder estaba cambiar las cosas, eso sería lo que haría.

Sabía que escribiendo todos aquellos pensamientos sobre otra posible realidad que pasaban por su mente, metiéndose en la piel de esa Hipatia con la que había reiniciado su historia y construyendo con su bolígrafo un mundo alternativo en el papel, estaba condenando a los Nuevos Humanos a la desaparición, como Lázaro ya le había advertido. Pero, del mismo modo, sentía que si no hacía nada de eso, si no escribía un mejor guión para las futuras sociedades, estaría sentenciando a la Humanidad a continuar reproduciendo una y otra vez, en un bucle sin final y sinsentido, las mismas estructuras de poder que les habían llevado a crear una raza de seres con inteligencia artificial alejados de lo puramente animal y natural y, desde su cognición experimental, tuvo claro que la vida no se podía diseñar.


Mientras Elíseo reescribe la historia nosotros volveremos en dos semanas con una nueva entrega de nuestro Relato Caleidoscópico atentos al nuevo giro del caleidoscopio.

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