Publicado el Deja un comentario

Los cuentos del bardo: Alegría

Esta semana Josep Salvia Vidal nos trae la historia de un tesoro encontrado por un labrador mientras araba y no os voy a contar para no desvelar la historia, disfrutarla con alegría y regocijo.

ALEGRÍA

Justo a la hora de Vísperas, cuando el sol se esconde y la campana de la iglesia tañe anunciando el rezo, regreso a casa con mi mula después de un duro día de trabajo en el campo. La acémila camina pesadamente, arrastrando las patas por el polvo del camino. Arar la tierra es como abrir la piel del mundo y dejar su carne marrón a la vista. Pero a veces la vida esconde sorpresas en sus meandros sinuosos y a primera hora de la tarde he encontrado un libro escondido y enterrado en el campo. Lo he recogido extrañado y he soplado para quitarle el polvo que lo ensuciaba. Lo he guardado en el zurrón y desde entonces parece que palpite dentro de la tela igual que un corazón abierto. Igual que mi propio corazón.

Nada más llegar a casa, les enseño a mi mujer y a mi hija el hallazgo. La niña, que es la única de la familia que sabe algo de letra, lo abre y al instante comienza a bailar. Mi mujer hace lo mismo y se une a su danza. Mueven los brazos y los pies mientras dan vueltas sobre sí mismas y cantan una canción que no conozco. Yo no entiendo nada. Me acerco al libro que queda abierto sobre la mesa y en ese momento mi cuerpo empieza a moverse sin que pueda remediarlo. Estoy danzando yo también. Me dejo llevar. Los tres bailamos y cantamos. La alegría fluye y se desborda cayendo en cascadas preciosas por los alféizares de las ventanas.

Al cabo de poco llegan un par de vecinas curiosas alertadas por el jolgorio que formamos y nada más entrar, se unen a nosotros y comienzan a bailar. Poco después, se acercan a nuestra casa sus maridos y sus hijos y con ellos ocurre lo mismo. Mi casa se va llenado de gente lentamente. Contagiados. Divertidos. Despreocupados. Aliviados. Todos bailamos, cantamos y reímos. La fiesta es absoluta. La diversión. La alegría. El regocijo. La felicidad es un modo de vida. La felicidad a veces es tan corta como un suspiro.

Después de mucho rato llaman a la puerta. Cuesta distinguir el sonido de una mano picando sobre la madera entre el ruido de la algarabía. Abro. Es el cura del pueblo y parece enfadado. Tiene el ceño fruncido y el semblante serio. Está molesto por nuestra fiesta. No soporta que la gente se divierta. Dice que la risa deforma los rostros de las personas y nos convierte en seres endemoniados. Se acerca a la mesa y cierra el libro en un gesto violento. Al instante, todos dejamos de bailar. Resulta que el libro que he encontrado esta tarde es mágico y produce esos efectos cuando se abre. El cura quiere llevárselo para enterrarlo de nuevo como ya hizo una vez. No lo permito. Se lo arrebato de las manos y a empujones lo echo de mi casa. El cura se va más enfadado aún. A voz en grito me amenaza con la excomunión y el infierno pero me da igual. Nadie nos quitará los bailes y las canciones. Nadie nos robará la alegría en tiempos de hambrunas, malas cosechas y este yugo feudal porque casi es lo único que nos queda. Seguiremos cantando y bailando cada vez que nos apetezca. Y viviremos. Y seremos felices.


Por Josep Salvia Vidal

Deja aquí tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.