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37º Latitud Norte: El Jarama

Esta semana Rosa María Mateos nos trae una historia muy diferente, su protagonista es un río, cercano a Madrid y que ha sido más conocido por eventos, lugares o novelas a los que ha dado nombre que por si mismo, y sin más preámbulos os dejo con la visión de nuestra autora sobre el Jarama.

©José Luis Vega. El Jarama a su paso por Titulcia (Madrid)

El Jarama

«Sus primeras fuentes se encuentran en el gneis de la vertiente Sur de Somosierra, entre el Cerro de la Cebollera y el de Excomunión. Corre tocando la Provincia de Madrid, por La Hiruela y por los molinos de Montejo de la Sierra y de Prádena del Rincón. Entra luego en Guadalajara, atravesando pizarras silurianas, hasta el Convento que fue de Bonaval. Penetra por grandes estrechuras en la faja caliza del cretáceo, prolongación de la del Pontón de la Oliva, que se dirige por Tamajón hacia Sigüenza».

Rafael Sánchez Ferlosio inicia su obra El Jarama con este texto entrecomillado, ya que el autor verdadero es Casiano de Prado, Ingeniero de Minas y geólogo del siglo XIX. El río va marcando el territorio y el lector fluye también con la narración. Casiano de Prado se da el lujo de jugar con las palabras en un documento científico y consigue el propósito mágico de la literatura: crear una sensación estética a través de la palabra escrita.

Alguien que cursara una carrera de ciencias en el siglo XIX tenía que lidiar con tres años de griego y otros tantos de latín. El científico trabajaba afanosamente los escritos, mezclando conocimiento y estilo porque «una palabra bien elegida puede economizar cantidad enorme de pensamiento», en palabras de Ramón y Cajal. Esa sutileza que proporciona el manejo del lenguaje escrito marca la diferencia entre el tecnócrata y el científico. Decía Carl Sagan que la belleza de la vida no hace referencia a los átomos que la componen, sino a la forma en que estos átomos se juntan.

Desde la publicación en 1864 de Casiano de Prado, han pasado 156 años y un rosario de leyes educativas. Cada vez se ha dado un paso más para crear ese abismo mortal entre las letras y las ciencias. En las carreras científicas, todo lo que olía a humanidades se ha ido desechando, hasta quedarnos prácticamente en pelotas. Me pregunto cómo describiría yo el río Jarama en la actualidad. Muy probablemente con toda una serie de fríos tecnicismos y muchos datos cuantificables, sin permitirme la más mínima licencia literaria. De ninguna manera me atrevería con las «pizarras silurianas», aunque el término suena y huele a mares remotos. Redactaría un texto impersonal con poca gracia, haciendo gala de un estilo duro que únicamente entendieran mis colegas. Estamos a un tris de comenzar a pensar como los ordenadores, y no a la inversa.

Rafael Sánchez Ferlosio estaba hasta las narices de que los críticos literarios afirmaran que la mejor parte de El Jarama era su comienzo. Con la sexta edición del libro, Ferlosio decidió incluir una nota aclaratoria: «Es mi deber consignar aquí de una vez para siempre su verdadera procedencia, devolviendo así al extraordinario escritor a quien tan injusta como atolondradamente ha sido usurpada, la que yo también, sin sombra de reticencia o modestia, coincido en considerar la mejor página de prosa de toda la novela».


Por Rosa María Mateos

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