fbpx

Frío

Frío

frío, uno diez nosotras, versos para París

Aquí ando, en mi habitación de madrugada. Una habitación algo tibia y demasiado vacía. Yo, en cambio, no tengo frío. Me caliento los dedos mientras tecleo cada uno de tus recuerdos.

Justo antes de meterme en la cama, acostumbro asomarme a la ventana sin intención de suicidarme. Y comienzo a torturarme con tu sonrisa flotando ante mí. Y mi mente, que es muy cabrona, me atormenta suponiendo que estarás cumpliendo cada uno de tus sueños sin mí.

Me siento un poco aislada. También adoro la sensación de saber que con mi soledad logro arte. Y puede que no me colme de riquezas materiales, mucho dinero y lujos en exceso que me rebosen por la puerta de atrás. Pero me llena el corazón de algo mucho más valioso: su esencia. La esencia de ella. De la escritura. De mi musa. Ese halo inasible, como un humo que apenas se ve, como el viento que solo se siente. Esa sensación bipolar, una mezcla de alegría y desenfado, de sonrisas introvertidas y lágrimas sigilosas; no sé por qué, pero me seduce. Es mi momento de intimidad con la escritura.

Cada vez que te transformo en arte me toca “olvidarte otra vez en cada esquina”, como dice Sabina.

Frío es besar a alguien poniéndole tu cara. Es contagiarse de soledad rodeada de gente. Frío es mirarte y no poder verte. Escalofrío.

© Sara Levesque

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0

Tu carrito

A %d blogueros les gusta esto: