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Los cuentos del bardo: Palabras entre la niebla

Esta semana Josep Salvia Vidal nos trae un relato nebuloso, acorde con el tiempo que estamos teniendo.

PALABRAS ENTRE LA NIEBLA

Hace cuatro días que no vemos el sol. Un denso manto sempiterno de niebla gris cubre el pueblo y se pega sobre los tejados de las casas, sobre las aceras, sobre las cabezas de los que osamos caminar bajo ella, atravesándola, desafiándola. Como yo ahora. Regreso a casa arrastrando los pies después de un duro día de trabajo. Ando medio encorvado, con el cuerpo entumecido. Me duelen los hombros, la espalda y las rodillas por culpa de la humedad que penetra dentro y cala hasta los huesos. Las manos en los bolsillos y el cuello del abrigo alzado rozándome las orejas. Me cruzo con poca gente que camina recogida como yo y solo intercambio con ellos saludos escuetos. El frío no permite conversaciones largas por las esquinas. No se ve el final de mi calle, la niebla ensuciada por las luz amarillenta de las farolas la corta de forma abrupta, igual que si hubiese sufrido una amputación traumática a causa de un violento hachazo. Y siento que de algún modo yo también soy un hombre incompleto. Reverbero cuando entro en la calidez de mi casa habitada, con el beso de mi mujer, con los abrazos de mis hijas que me estrujan como si fuera uno de sus ositos de peluche.
Después de cenar me encierro en mi estudio. Tengo que cumplir con mis compromisos de escritor. Debo escribir el relato para esa revista con la que colaboro de forma quincenal. Abro el cuaderno. La página vacía es un desierto blanco sin arena ni dunas que se muevan empujadas con el viento. No consigo llenarlo. La inspiración huye hoy de mí y las musas, que deben ser más frioleras que yo, me abandonan para ir a lugares más cálidos donde poder reencontrar el calor. Aún no soy consciente de ello pero llevo la niebla dentro de mí formando albercas húmedas en mis entrañas, al mismo tiempo que dibuja en mi cuerpo paisajes con visibilidad reducida. Busco las palabras que quiero escribir entre esa niebla pero no las encuentro. No las veo. Se pierden en la urdimbre grisácea del vapor de agua condensado. Y las pocas que consigo hallar se atascan en la punta metálica del bolígrafo. En el desierto blanco de la hoja me pierdo y me extravío. Salgo de él después de una larga travesía inútil y estéril y regreso a la realidad de mi estudio, de mi casa, de mi pueblo, de la niebla.
Al final, desisto. Cierro el cuaderno y decido no escribir el relato aunque sé que desde la redacción de la revista no tardarán en pedírmelo con premura. Lo dejo para mañana, con la esperanza de que salga el sol y desaparezca, aunque solo sea por unas horas, esta bruma tiránica que nos esclaviza y nos condena al frío húmedo. No quiero escribir un cuento lleno de niebla donde no se distingan las palabras, donde no se vea nada. Quiero escribir un cuento resplandeciente que se desborde de luz por sus cuatro esquinas.


Por Josep Salvia Vidal

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