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La vida en las solapas de mis libros: Cosecha roja

COSECHA ROJA de Dashiel Hammett

7 de agosto de 1972

Leyendo Cosecha Roja de Dashiel Hammett, la primera novela de este autor americano de serie negra que antes de escribir fue detective privado, empezó una nueva etapa de mi vida que cambiaría totalmente mi forma de pensar. El estilo de Hammett, también guionista de Hollywood y famoso borracho, me cautivó por su capacidad de síntesis, sus frases breves y sus diálogos concisos y cinematográficos. Fue todo un descubrimiento. Acaba de terminar la mili con un mal sabor de boca y preguntándome para qué coño servían los militares, aparte de beber y cobrar buenos sueldos. Me encontré de nuevo en mi casa sin ganas de volver a mi vida loca de antes. Tenía 21 años y solo tenía clara una cosa: quería ser actor. Pero el problema es que vivía en una isla llena de hoteles, restaurantes, discotecas y suecas, donde no había sitio para la Cultura. Fue mi madre la que me sacó de aquella especie de permanente resaca diciéndome que en el Auditórium de Palma habían puesto una escuela de Arte Dramático. Vi el cielo abierto. Sin pensármelo fui a las oficinas del Auditórium para matricularme y me dijeron, después de previo pago (mi madre me había dado dinero), que podía empezar al día siguiente. Y allí estaba yo al día siguiente, a las tres y media de la tarde, enfrente del Auditórium, después de haber dejado mi 600 en el aparcamiento. Hasta aquí bien. Pero subir al quinto piso, donde había un pequeño teatro en el que se impartían las clases, fue otro cantar. Llegué a las tres y media y conseguí entrar en el teatro a las cinco, después de haber superado mi terrible timidez y vergüenza. Lo pasé bastante mal dando vueltas como un tonto por el Paseo Marítimo. Cuando entré en el teatro nadie me hizo caso, por lo que me senté en la última fila de butacas. Había como diez filas. Unos quince alumnos estaban haciendo un ejercicio de respiración sobre el escenario. Eran dirigidos por un señor de unos sesenta años, de piel bronceada, con perilla blanca y calvo. Desde el principio Trino Trives me fascinó, no tenía nada qué ver con el brigada Guiscafré. Era de estatura media y vestía con sencillez aunque su clase era evidente. Cuando terminó el ejercicio me hizo una señal de que me acercara y me dijo, sin previo aviso, que subiera al escenario y me presentará. Lo hice con un hilo de voz. «¿Por qué quieres ser actor?» me preguntó. «Siempre lo he querido hacer» le contesté sin pensármelo. «¿Sabes quién es Stanislavski? No, no lo sabes. Pues el método que yo imparto es lo que se llama, Método Stanislavski. Puedes bajar del escenario.» me dijo aquel señor de un tirón sin un ápice de calor. Volví a sentarme con un sentido terrible de ridículo sin saber por qué. Pero lo peor fue que al cabo de una hora le pregunté si podía ir a «hacer de vientre». La carcajada fue general. «Sí, anda, ve al baño.» me dijo condescendiente. Me tiré como media hora en el baño intentando no correr escaleras abajo sin utilizar el ascensor. Me habían ridiculizado, humillado, despreciado. Pero no lo hice, me tragué la mierda y volví al teatro con la cara bien alta y mirándolos a los ojos. Estuve tres años estudiando un promedio de ocho horas diarias de lunes a viernes. En ese tiempo descubrí lo ignorante e inculto que era. Entonces me di cuenta del mucho tiempo que había perdido y decidí ponerme al día con Valle-Inclán, Lorca, Ionesco, Molière, Shakespeare, Ibsen, Chejóv, Miller, Picasso… Descubrí un mundo maravilloso que cambiaría mi vida para siempre. Después de la novela de Hammett leí un libro que me recomendó Trives: Preparación del actor de Konstantín Stanislavski, un ruso genial que revolucionó la interpretación en el mundo. Su método llegó a America en 1947 con la creación del Actors Studio, donde se formaron actores como Paul Newman, James Deen y Marlon Brandon. Me mente se empezó a abrir.


Por Martín Garrido Ramis

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