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Besar la lluvia

Besar la lluvia

besar la lluvia

Cae en la ciudad una lluvia seca bajo la que nunca nos besamos. En la boca, me refiero –las mejillas no cuentan–. Una lluvia que cala muy hondo y arrasa con todo menos con tu recuerdo. Ese recuerdo no admite cordura. No es locura, sino vesania. Te apropiaste de un pedazo de mi vida sin permiso, a hurtadillas; yo no pude remediarlo porque eres hermosa, única…, pero de pesadilla.

Me golpeaste de verdad el corazón, haciéndole sangrar por donde no debe, rajándolo, abriéndole una válvula extra para que se desangre a tus anchas. Encanto, para que entres en mi interior debes tener talento. Y demostrarlo si quieres salir desde tan dentro.

Yo sigo acumulando libros sobre ti en una mesa de tres patas. Sonrío, aunque el cielo no lo haga. Y cuando llueve beso el agua, me da igual si parezco una tarada. Por si acaso te marchas de nuevo con uno de tus cuentos tan verdaderos, como una cruel repetición de la jugada.

Y cuando tengo ganas de escribir, preciosa, solo hay un poema al que deseo ir. Eres la joven llamada Fe, la no tan joven llamada Sol, la mujer llamada Amanecer, la del apellido Contradicción.

De mil maneras te llego a querer. Desde el despertar del Sol hasta el hundido, taciturno, intenso, acentuado anochecer. Y en todo ese tiempo qué te voy a decir, mujer; escribir sobre cómo se besa la lluvia que me inspiras es lo que mejor sé hacer.

 

Gracias a Tierra Trivium por abrazar mis letras.

1 comentario en “Besar la lluvia

  1. Maravillosa, estupenda, se me agotarían los adnetivos, todas piel y alma

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