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Entrevista a Carlos Segovia por su novela Óxido

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Desde el Grupo Tierra Trivium queremos conocer mejor a uno de nuestros autores, Carlos Segovia, cuya última novela, Óxido, acabamos de publicar. Se trata de un escritor con gran formación académica: Graduado en Filosofía, Máster en Filosofía Contemporánea, Doctorado en Filosofía por la UNED. Formado en Narrativa en la Escuela de Escritura del Ateneo de Barcelona. Titulado en Música. Estudios en Historia del Arte, edición y marketing literario. Ha trabajado como editor externo, antólogo y profesor en talleres de escritura. En la actualidad es profesor de música. Ha escrito y publicado novela, relato, ensayo y teatro y ha sido finalista de grandes premios literarios.

Albahaca Martín (A.M.) Me gustaría saber por qué decide en un momento dado ponerse a escribir y emprender el camino literario.
Carlos Segovia (C.S.) La escritura, al menos en el sentido literario que aquí nos interesa, no se elige, sino que es ella la que se impone; es un don, y como tal se puede aceptar o se puede rechazar, pero no se puede elegir. En mi caso concreto, no recuerdo un momento exacto en el que comienzo a escribir, ya que lo hago desde que tengo memoria; pequeñas piezas teatrales en el colegio, artículos en revistas escolares, guiones de cómic en el barrio, cuentos… y cada vez, considerando cada uno de esos textos una anomalía que no se volvería a repetir. Si hablamos del momento en el que el desastre de la escritura se impone, a mí me ocurrió entre 1999 y el año 2000. Durante muchos meses escribí todas las noches, entre las dos y las cinco de la mañana, una especie de diario muy influenciado por el Cuaderno amarillo de Salvador Pániker, en el que, junto a las impresiones del día, insertaba relatos, ensayos breves, análisis de mis lecturas, etc. No era más que una forma de escapar a la locura. Así que entre esas dos posibilidades: la locura y la escritura, me incliné por la opción menos mala. Para resumir, podría afirmar, sin sesgo patético alguno, que la literatura me salvó de volverme loco. Para ser honestos, la escritura y conocer a mi mujer, esto último también ayudó bastante.

A.M. ¿Cómo es el proceso de creación de una de sus novelas?, ¿requiere de mucha documentación, la va escribiendo según van viniendo las ideas o tiene antes de ponerse a escribir la obra ya estructurada?
C.S. Se suele decir que hay dos tipos de escritores, aquellos que escriben por puro impulso, que arrancan sin saber hacia dónde se dirigen, y aquellos otros que necesitan tenerlo todo planificado antes de comenzar. Yo reconozco dos etapas muy claramente diferenciadas en mi escritura, una primera en la que no planifico absolutamente nada, en la que lo único que me interesa es el estilo, el ritmo, que sea la escritura la que marque su propia trayectoria, y una segunda etapa en la que realizo planificaciones muy exhaustivas, siempre con una condición innegociable: la planificación se tiene que modificar a medida que la escritura real lo demande, en ningún caso decide de forma previa por dónde irá finalmente la historia. Ahora mismo manejo las dos opciones, dependiendo del tipo de texto que tengo intención de escribir, sé si necesita planificación, y en qué grado, o si precisa pulsión. Como ya no quiero escribir tanto como solía, lo de trabajar con cierto método y planificación me viene muy bien, me permite tomarme las cosas con más calma, no tener la cabeza todo el día metida dentro de la boca del león. Al final, vayamos por un lado o por otro, lo único que hay que tener claro es que la escritura es siempre un proceso, nunca un resultado inmediato.

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A.M. Ciñéndonos ya a Óxido, la obra que acabamos de publicar en el Grupo Tierra
Trivium: ¿Por qué decide escribir esta novela?
C.S. Me interesa mucho el género literario, pero en absoluto como etiqueta comercial. Siempre digo lo mismo, una cosa es una novela de terror, y otra un terror de novela. Para mí no existe el escritor de género; o eres escritor o no lo eres. Que te acerques más o menos a un género es algo circunstancial. En el caso de Óxido hay una motivación política y de crítica social que subyace de forma muy clara. Pero no quería escribir un panfleto, sino pura ficción que pueda leerse también de la forma más superficial posible. El sentido de la llamada novela negra siempre ha sido ese, ofrecer una crítica social envuelta en un papel de caramelo. Que el lector se coma solo el papel o saboree también lo que ese papel envuelve, es una decisión que solo le compete a él. Recordemos, por ejemplo, los filmes de Claude Chabrol; hay espectadores que los ven como películas policiales, y muchos otros que las entienden como crítica a la burguesía francesa del momento. Por supuesto, estas dos lecturas o visiones no están enfrentadas, sino que se complementan. Para acabar, confieso también un motivo de peso a la hora de escribir Óxido: tenía ganas de reírme un poco.

A.M. ¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de escribirla?
C.S. Tenía como objetivo, desde el principio, subvertir una de las leyes fundamentales del género. Por supuesto, no seré más explícito acerca de esta subversión. Lo que está claro es que no debería parecer un capricho, sino algo inevitable tal como se desarrolla la historia. Una vez finalizado el primer borrador, me encontré con que ofrecía al lector una perspectiva demasiado externa acerca de eso que no ocurre en la novela y que para mí resulta fundamental de cara a todo aquello que sí ocurre, así que escribí una serie de partes nuevas que, como resulta obvio, me obligaron a revisar la novela completa para ajustar detalles de estructura. En fin, no diría que se trata de algo «complicado». Personalmente, me parece complicado componer una sinfonía o salir en un barco a pescar atunes, pero no escribir una novela. Nunca me ha parecido complicado escribir, es cuestión de conocimiento técnico y desarrollo de estilo a base de práctica y lectura. Lo que te demanda la escritura es que le entregues tu vida, una vez que lo haces, todo es muy fácil.

A.M.- Por último, me gustaría saber si tiene algún autor de referencia o que le haya influido especialmente.
C.S.- Hay muchos autores a los que considero influencias directas: Poe, Cortázar, Faulkner, Pascal Quignard, Thomas Bernhard… Pero, si hablamos de novela negra, me interesan mucho esos escritores enormísimos que rebajan su estilo literario para adecuarse a las expectativas del género. Es el caso, por ejemplo, de John Banville cuando se disfraza de Benjamin Black. Incluso yo mismo pensé en firmar Óxido con el pseudónimo de Alfonso Seco, hasta que caí en la cuenta: ¿para qué quiero yo un pseudónimo si a mí no me conoce nadie? Respecto a la trama, la ambientación, cierto ruido de fondo, creo que la influencia más directa, aunque de forma muy sutil, es La hora estelar de los asesinos, de Pavel Kohout.

Muchas gracias, Carlos, por darnos esta oportunidad de conocerte mejor y, sobre todo, por formar parte del Grupo Tierra Trivium, de lo cual nos sentimos muy orgullosos.

Entrevista realizada por Albahaca Martín Gon, editora del Grupo Tierra Trivium.

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