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María Moliner en Mujeres más allá del tiempo y la historia

Mujeres más allá del tiempo y la historia

MARÍA MOLINER

Ilustración de Sara Muñoz para el Dietario Feminista de Tierra Trivium 2018
María Moliner (1900-1981) Ilustración de Sara Muñoz (Cuddlymouse)

Esta mujer, aragonesa, sencilla en apariencia, madre, resultó ser una gota de agua en la roca de la poderosa RAE, y la venció.

Tuvo la suerte, en aquellos años veinte españoles, dónde la mujer tenía un claro cometido, casarse, formar una familia y ocupare de ella, de cursar estudios superiores de Historia, una de las razones que usó la RAE para echarle en cara, que no era especialista en léxico.

Durante la segunda República, se traslada a Valencia, ya casada y con hijos, y aquí me gustaría hacer un apunte, y es que a uno de sus hijos le preguntaron cuántos hermanos tenía y dijo: «dos varones, una hembra y el diccionario». Y con esta aseveración de su hijo llegamos al centro de la cuestión.

Republicana, llegó a ostentar cargos importantes como directora de la Biblioteca Universitaria de Valencia, pero a la par, se dedicó, a que el saber, llegara al mundo rural, dónde los índices de analfabetismo eren muy elevados, por lo que colabora desde su puesto con la creación de las bibliotecas populares, y en colaboración con la Escuela Cossio, inspirada en la Institución Libre de Enseñanza, y especialmente a la organización de Bibliotecas Rurales.

Tras el triunfo del golpe de estado en 1939, como muchos otros republicanos sufrió la purga, y la humillación, y fue apartada de sus cargos, y encargada de la biblioteca de la Escuela de Ingenieros de Madrid, pero quienes la castigaron, no sabían que a la vez, hacían un gran regalo a la lengua española, y convertían su figura en inmortal, ya que según ella, en un trabajo tan rutinario, es cuando la acecha «la melancolía de las energías no aprovechadas», y empieza a fantasear con la idea de elaborar un diccionario mejor y más pegado al uso que el de la RAE.

Y ahí nos viene la imagen de esta mujer, de mediana edad, que además de zurcir calcetines, en medio de un salón en su casa, a la luz de las velas, comienza a escribir en una cuartilla, un diccionario entero con la sola ayuda de un lápiz, una máquina de escribir portátil y dos atriles. Es quizá la imagen que tenemos por las semblanzas que García Márquez gran admirador suyo y de su obra hizo de ella, y no solo eso, llegó a decir que su diccionario era «el más completo, el más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana […] Viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la RAE, y a mi juicio, más de dos veces mejor».

Y esa es la espinita de la Real Academia de la Lengua, ya que, a la autora, le desagradaba, como a muchos otros, singularmente las tautologías del diccionario (el empleo de referencias cruzadas ninguna de las cuales termina de definir nada), y sus muletillas (dícese de…)

Así que puso manos a la obra y lo que pensaba ser una obra de seis meses, resultó siendo 15 años de vivir sepultada bajo miles de pequeñas fichas, nutriéndose de periódicos donde según ella; «viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad».

Su trabajo, se convirtió en el diccionario más usado, ya que no solo describía e término, sino que buscaba especialmente guiar en el uso del español, tanto a los que lo tienen como idioma propio como a los que lo aprenden.

Pero ese gran trabajo, le costó, un enfrentamiento a perpetuidad con la todopoderosa RAE, y aun hoy su figura, no está lo suficientemente estudiada o conocida por los jóvenes, ya que siempre se pone como ejemplo el DRAE, con el que últimamente, se han lucido, incluyendo palabras mal pronunciadas, al uso del español, como «toballa» o «almóndiga», que a más de uno nos ha dejado anonadados, porque es el individuo quien debe aprender el correcto uso de su lengua, que se puede enriquecer con vocablos nuevos, pero no degradar la lengua a palabras que grupos de individuos no pronuncian correctamente por no realzar un mínimo esfuerzo.

En fin, que cuando hubo un sillón vacante en la RAE, corría 1972, que correspondía a esta gran mujer, no se le dio, por ser mujer y porque sus estudios eran en historia, y además había muchos partidarios de que no entrara. Más tarde, se le ofreció un premio que se negó a recoger y finalmente, cuando le ofrecieron el sillón, su respuesta fue un no rotundo, su marido, enfermo, y su propia enfermedad, y se negó a entrar en esta institución de rancio abolengo y en lo de rancio, uso el sentido peyorativo de la palabra.

Cuatro años más tarde Carmen Conde consiguió un sillón, consciente de que el título de primera académica correspondía por derecho a María Moliner.

Como apunte personal, a la historia de esta gran mujer, que incluso pidió perdón a su familia por todo el tiempo dedicado al diccionario y no a ellos, creo que dónde está, estará más que nunca orgullosa de eso «No», dados los disparates, que a mi humilde parecer está cometiendo una institución a la que le hace falta un cambio de verdad, no solo de imagen, pero son tantas, que con añadir «asín» como término bien dicho, es suficiente.


Por Nuria Barnés

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