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Rosario Curiel retoma El Relato Caleidoscópico

Tercer Relato Caleidoscópico de Tierra Trivium

En vista del poco interés que ha tomado la posibilidad de que cualquiera pueda ser el que continúe El Relato Caleidoscópico he decidido volver a cambiar las reglas del mismo. De ahora en adelante me encargaré de invitar a un/a escritor/a a ser quien continúe la historia. Y os invito a opinar sobre la historia en el Facebook del Grupo Tierra Trivium en los comentarios de esta entrada o en twitter con el hashtag #RCaleidoscópico3.

Dentro de dos sábados os presentaré al próximo autor, pero antes tengo que dar la bienvenida como se merece a la polifacética Rosario Curiel finalista del Premio Fernando Lara 1996 y del Premio Nadal 2006, entre otras muchas cosas que ha tenido la amabilidad de sacar un rato para escrivivirnos, como ella misma dice, este tercer día de El Relato Caleidoscópico dándole su toque.

Y antes de dar paso a su texto os recuerdo los dos previos:

Día 1 (Ignacio J. Dufour García)

El monótono sonido de un ventilador rompía la tranquilidad del edificio. Lentamente Elíseo recuperó el conocimiento. Sentía como si la cabeza le fuese a estallar con cada latido de su corazón y el zumbido del ventilador no ayudaba a superar dicha sensación. Poco a poco fue abriendo los ojos y sintiendo el teclado del ordenador aplastado contra su mejilla derecha, en concreto la tecla Intro del mismo. Se enderezó poco a poco en su silla. No había ni rastro de su ordenador, la pantalla aún estaba encendida. Su cerebro seguía sin regir con claridad, había una laguna en su memoria desde la pasada tarde. La claridad empezaba a filtrarse por entre las cortinas que cubrían el ventanal del fondo de la oficina.

Día 2 (Marta Sánchez Mora)

Se levantó, mirando a su alrededor, y no había nada ni nadie. Solo alguna telaraña en el techo agonizante, un poco de polvo tras las puertas acumulado. Y, de repente, salió corriendo del edificio, bajando de dos en dos las escaleras, golpeándose contra la soledad acrecentada entre tanto silencio. Bruscamente, paró. Un silbido le iba acompañando a lo lejos. Un silbido dulce, suave, de mitológica sirena. Elíseo seguía sin recordar, pero escuchaba el sonido de la lluvia en los silbidos, la verdad en cada escalón no bajado. Quieto, como de piedra, en aquella soledad impertinente, solo sus piernas dirigían su destino.

Rosario Curiel

Día 3 (Rosario Curiel)

La tarde anterior era un vacío despeñándose por el hilo de sus pocos años: cuarenta. En el Nuevo Cómputo, eso eran unos diez. Unos diez años de los Nuevos Humanos. Él no era consciente de ello, pero nosotros sí. Elíseo era el nuevo Campo de Experimentación. El borrado de su memoria, la soledad de los pasos recorridos en una mañana que se inauguraba en silencio, solo dejaban espacio a una palabra:

NO

Poco a poco, una lejanía letánica se iba imprimiendo en su cerebro:

No a las armas

No a las almas

No a…

No sabía si tenía que ver con el último vídeo de MorTube, la nueva plataforma de Experimentación que se abría paso en ese mundo alternativo de 2018: nunca nadie habría podido asegurar que en su torpe cerebro cupiera una habitación más.

Nosotros sí.

Desde una orden remota activada por manos desconocidas, Elíseo quiso comprar el diario. El diario. Sí. De papel.


Tras adentrarnos en la distopía de la mano de Rosario Curiel os espero dentro de dos semanas para desvelar quien continuará la historia. Mientras tanto os animo a visitar La Buhardilla de Tierra Trivium la próxima semana.

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