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Federico García Lorca: que 120 años no es nada…

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Tal día como hoy nació hace 120 años en Fuente Vaqueros, Granada, un hombre grande entre los más grandes, humana y literariamente hablando, y desde el Grupo Tierra Trivium no queremos dejar pasar la oportunidad de recordar una vez más su figura, así como destacar el recuerdo y la herencia que ha dejado en todas las generaciones que lo han sucedido, en forma de novelas, ensayos, poemas, canciones, obras de teatro, documentales, películas… son cientos, quizá miles, las creaciones artísticas, no solo literarias, que han querido homenajear a uno de los poetas españoles del siglo XX, si no más brillantes -aunque considero que poca discrepancia puede existir al respecto-, sí más conocidos y traducidos fuera de nuestras fronteras.

Vaya desde nuestra pequeña Editorial nuestro humilde homenaje al gran inspirador que ha sido para aquellos que alguna vez hemos escrito poesía, a la fuente de la que hemos bebido todos los amantes de la palabra, del teatro y de los versos, al autor de tantos y tantos inolvidables poemas, romances, personajes, dramas, tragedias y comedias.

Tarea casi imposible escoger uno de ellos para dedicar un obsequio al inmortal Federico. Mientras no tengamos un lugar a donde acudir a visitar sus restos, a depositar nuestras flores o a recitar uno de sus indelebles poemas, lo cual parece que no va a ser factible en el corto plazo, debemos conformarnos con lanzarle besos al aire, con recitar sus versos mirando hacia el cielo y hacia a la luna lunera cascabelera que tantas noches lo vio cantar, reír, llorar, amar, soñar y, finalmente, morir.

Federico nunca imaginó que no iba a poder ser cumplido el deseo que expresara muchos años atrás en su Memento, perteneciente a su Poema del cante jondo (1921):

Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera,
enterradme si queréis
en una veleta.

Como quiera que es obligado elegir otro poema como homenaje, vaya para ti como regalo, Federico, uno de tus sonetos del amor oscuro, el titulado El poeta dice la verdad, allá donde estés y donde cantes con tu guitarra entre los naranjos y la hierbabuena, sentado sobre una veleta; porque, como te cantó una vez el gran Atahualpa Yupanqui, « no temas, Federico, que la muerte es un ratito y nada más».

Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

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